miércoles, 19 de agosto de 2026

SONETO DEL AMOR UNITIVO y otros sonetos

  

Soneto del amor unitivo
 
 Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,
 
que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y proporciones.
 
En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos,
a pesar de que no diferenciamos,
 
en un juego amoroso que sabemos
sin ganador, porque los dos perdemos,
sin perdedor, porque los dos ganamos.
 
 
 
 Soneto a la doncella lejana
 
 Inaccesible al viento que suspira
por apagar la luz de su cabello,
inaccesible al pálido destello
de la estrella lejana que la mira.
 
Inaccesible al agua que delira
por llegar a la orilla de su cuello,
inaccesible al sol y a todo aquello
que alrededor de su persona gira,
 
la doncella en su mundo de diamante
inclina la cabeza lentamente
para escuchar en el remoto mundo:
 
el eco de un latido muy distante,
la resonancia de una voz ausente
y el sonido de un paso vagabundo.
 
 
 
Soneto lejano
 
Bello sería el río de mi canto,
que arrastra por el mundo su corriente,
si dicho canto no naciera en cuanto
el río se separa de la fuente.
 
Bello sería el silencioso llanto
de la estrella en la noche de mi frente
si dicha estrella no distara tanto
de quien le da la luz resplandeciente.
 
Bello sería el árbol de mi vida
si la raíz de amor lo sostuviera
sin estar alejada y escondida.
 
Bello sería el viento que me nombra
si la voz que me llama no estuviera
perdida en la distancia y en la sombra.
 
 
 
Soneto interior
 
 Aquí donde la tierra es menos tierra,
donde el agua es el agua del olvido,
donde el aire es un aire sin sonido
y donde el fuego ya no mueve guerra;
 
Aquí donde la tierra se destierra,
donde el agua carece de sentido,
donde el aire prefiere estar dormido
y donde el fuego su pasión encierra;
 
el hombre de mirada pensativa
substituye las cosas de su casa;
la tierra, con su carne fugitiva,
 
el aire, con el aire de su aliento,
el agua, con su propio sentimiento,
el fuego, con el fuego que lo abrasa.
 
 
 
Soneto al Niño Dios
 
 Te llamé con la voz del sentimiento
antes de la primera desventura,
te busqué con la luz, aún obscura,
que despuntaba en el entendimiento.
 
Pero siempre, Señor, sin fundamento.
Pero nunca, Señor, con fe segura,
 
porque la luz aquella no era pura
y aquella voz se la llevaba el viento.
 
Fue necesario que muriera el día,
que viniera la noche, que callara
la voz y que cesara la alegría,
 
para que yo te descubriera, para
que la desolación del alma mía
en el llanto del Niño te encontrara.
 
 

 Francisco Luis Bernárdez 

 

Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires, en 1900, y murió en la misma ciudad, en 1978. Hijo de padres españoles, viajó a los veinte años, a la patria de sus ancestros. Allí ejerció el periodismo en Vigo, como redactor de "Pueblo gallego", donde se relacionó con figuras como Valle Inclán, los hermanos Machado y Juan Ramón Jiménez. Retornó a su país natal, donde desempeñó actividades literarias  en la Revista "Martín Fierro", e integró, desde 1928, el grupo de la revista "Criterio". En 1925, vio la luz su obra "Alcántara", año en que lo galardonan con el tercer premio del concurso literario de la Municipalidad de Buenos Aires. En esta época funda la revista "Libra", en colaboración con Leopoldo Marechal, de quien era íntimo amigo.Integró, junto a notables figuras, como Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes y Conrado Nalé Roxlo, entre otros, el grupo "Florida", perteneciente a la corriente del ultraísmo; estética de la que pposteriormente se aleja. Una larga enfermedad le obliga a guardar reposo a partir de 1930, y recién en 1935, se conoce otro de sus poemas: "El Buque", de carácter intimista. A partir de entonces, su obra es sumamente prolífica, destacándose: "Cielo sin tierra" (1937), "La ciudad sin Laura" (inspirado en su esposa, y escrito en 1938); "Poemas elementales" (1942), "Poemas de carne y hueso" (1943) -por estos dos últimos libros se le concede el Premio Nacional de liteeratura.-, "El Ruiseñor" (1945), "Las estrellas" (1947), "El ángel de la guarda" (1949), "Poemas Nacionales" (1949), "La flor" (1951), "El arca" (1954) y "Poemas de cada día" (1963) y La copa de agua (1963). Bernárdez es uno de los muy escasos poetas argentinos que asumió el catolicismo en su creación.

 

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