martes, 27 de noviembre de 2012

El camino de los sueños




Creí que la memoria era una cascada cayendo

desde un despeñadero, una corriente que me arrastraría
consigo al océano. No la insistencia del agua sobre la materia,
el goteo, el trabajo de años para dejar
una muesca insignificante sobre la piedra inerme.
Hubiera deseado conocerte antes:
dos chicas tendidas al sol de una terraza,
en la siesta de provincia, quietas y alertas a la vez,
como la vegetación del desierto,
que parece dormir o estar muerta y en cambio, cada verano
deja surgir entre las hojas algún color sorprendente.
A veces te miro distraerte de mí,
inclinada hacia el interior de tus propios recuerdos, atenta
como un animal asomando la cabeza
dentro de un pozo. Trato de descubrir en tus ojos el contorno
del objeto prodigioso que estás viendo,
y no alcanzo a distinguir de él más que su efecto:
un cambio de intensidad en tu expresión,
el temblor, la reverberación del agua
tras la caída de una piedra muy pequeña. Estamos lejos.
Hasta mí llega la imagen ya disuelta,
ya velada, en la historia que cada noche vas contándome,
hilo tras hilo del tejido recompuesto, que no puede
compararse siquiera a la espléndida trama original,
de la que estoy, aunque no quiera, ausente.


De El secreto, antología 1997-2007; 
La vista, edición corregida y aumentada, Hilos, 2012.

Claudia Masin (Argentina, Resistencia, Chaco, 1972)