lunes, 11 de noviembre de 2013

BAHÍA OSCURA



IV

Hay una cierta trivialidad en vivir aquí,
Una ligereza, cómica monotonía que intentamos
Socavar con muestras de energía, una devoción

A los caprichos del deseo, mientras que allá
Hay una seriedad, una rígida, inflexible oscuridad
Que cubre el alma al esfumarse, un peso

Que avergüenza nuestra ligereza. Solo mira
Al otro lado del río y descubrirás
Qué indigno eres, a medida que describes lo que ves,

Asido a aquello de lo que se dispone.
Desde la otra orilla, nadie mira en esta dirección.
Están comprometidos con los obstáculos,

Con la textura y los niveles de la oscuridad, 
Con la tediosa representación de la duración. 
Y ellos trabajan, no por alimento o amor,

Sino para perpetuar el balance entre el pasado 
Y el futuro. Ellos son el futuro en la medida en 
Que se prolonga, igual que nosotros somos

El pasado reconciliado. Razón por la cual planchamos 
Las servilletas, y llega a tiempo el postre, y la razón 
Por la que el vaso de leche, fino en su blancura,

Nos ruega que bebamos de él. Nada de esto ocurre
Allá. Lo que nos alivia es visto como
Medroso, símbolo de superficialidad o algo peor.



XVI

Es cierto, como alguien dijo, que en 
Un mundo sin cielo todo es despedida. 
Agites o no tu mano, es despedida

Y si no asoman lágrimas a tus ojos,
Es de todos modos despedida, y si finges no saberlo,
Detestando cuanto pasa, también es despedida.

Despedida, sin importar qué. Y las palmeras, al ladearse
Sobre la verde esplendente laguna, y los pelícanos
En picada, y los atentos cuerpos de los bañistas que descansan,

Son etapas de una quietud final, y el deslizarse
De la arena y el viento y los secretos movimientos del cuerpo
Forman parte de lo mismo, una simplicidad que vuelve todo

Ocasión de duelo, o algo digno
De celebración, pues ¿qué hacer frente
Al peso de las alas de los pelícanos,

La densa sombra de las palmeras, las células que oscurecen 
La espalda de los bañistas? Esto va más allá de las distorsiones 
Del azar, más allá de los efugios de la música. El final



XXXI

Estamos aquí, en Labrador. Siempre había querido
Estar aquí, especialmente contigo,
En esta cabana, y el fuego alumbrando. Llevas

Puesto un traje Calvin Klein y yo visto
La chaqueta de terciopelo del esmoquin de mi padre. Nada más.
¿Por qué? Porque estoy contento. Y atento

Al primer indicio tuyo de que es hora de irnos 
A la cama. Estos momentos previos al amor 
Son los más felices de mi vida. Me pregunto si

Formaremos parte de alguna predicción de lo que 
El mundo pudiera ser en su mejor momento, 
Si en este frío paisaje libre de compras

Nos dirigimos hacia donde va el mundo. 
O si somos parte del registro de lo ya 
Ido, un signo de las profundidades

En las que el mundo se hundió. Tu lujoso traje,
Mi chaqueta raída, esta cabaña sin agua
Corriente, ni una estufa en condiciones, ni estéreo ni televisor

Pudieran significar tan solo una broma en la suma
Final de los logros a reclamar
Algún día lejano. Aun así, aquí estamos

Y eso no pueden quitárnoslo,
Y si se ríen, qué importa, aquí estamos
Felices en Labrador, bailando hasta el amanecer.




Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá 1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)

(Traducción: Jeannette L. Clariond)

Dark Harbor 

IV

There is a certain triviality in living here, 
A lightness, a comic monotony that one tries 
To undermine with shows of energy, a devotion

To the vagaries of desire, whereas over there 
Is a seriousness, a stiff, inflexible gloom 
That shrouds the disappearing soul, a weight

That shames our lightness. Just look
Across the river and you will discover
How unworthy you are as you describe what you see,

Which is bound by what is available.
On the other side, no one is looking this way.
They are committed to obstacles,

To the textures and levels of darkness, 
To the tedious enactment of duration. 
And they labor not for bread or love

But to perpetuate the balance between the past 
And the future. They are the future as it 
Extends itself, just as we are the past

Coming to terms with itself. Which is why .
The napkins are pressed, and the cookies have come
On time, and why the glass of milk, looking so chic

In its whiteness, begs us to sip. None of this happens 
Over there. Relief from anything is seen 
As timid, a sign of shallowness or worse.


XVI

It is true, as someone has said, that in 
A world without heaven all is farewell. 
Whether you wave your hand or not,

It is farewell, and if no tears come to your eyes 
It is still farewell, and if you pretend not to notice, 
Hating what passes, it is still farewell.

Farewell no matter what. And the palms as they lean 
Over the green, bright lagoon, and the pelicans 
Diving, and the glistening bodies of bathers resting,

Are stages in an ultimate stillness, and the movement 
Of sand, and of wind, and the secret moves of the body 
Are part of the same, a simplicity that turns being

Into an occasion for mourning, or into an occasion 
Worth celebrating, for what else does one do, 
Feeling the weight of the pelicans' wings,

The density of the palms' shadows, the cells that darken 
The backs of bathers? These are beyond the distortions 
Of chance, beyond the evasions of music. The end


XXI

Here we are in Labrador. I've always 
Wanted to be here, especially with you, 
In this cabin, with a fire blazing. You are

Wearing a Calvin Klein suit and I am in 
My father's velvet smoking jacket. That's all. 
Why? Because I am happy. And I am ready

For the first sign from you that we should
Get into bed. These moments of giddy anticipation
Are the happiest of my life. I wonder if we

Are not part of someone's prediction of what 
The world could be at its very best, if we, 
In this frigid landscape free of shopping

Opportunities, are where the world is headed?
Or maybe we are part of the record of what
Has already happened, and are a sign of the depths

To which the world sank? Your costly suit, 
My shabby jacket, this cabin without indoor 
Plumbing or decent stove or stereo or TV

May be no more than a joke in the final 
Tally of accomplishments to be claimed 
At some late date. Still, here we are

And they can't take that away from us, 
And if they laugh, so what, we're here, 
Happy in Labrador, dancing into the wee hours.