sábado, 23 de noviembre de 2013

Una noche fría el físico explica














que todo se equilibra, excepto las pequeñas pérdidas
de calor registradas durante el intercambio de toda
información. Anfitrión angélico, aguarda
en la puerta y sacude las partículas de nieve
de los hombros de los invitados, cada uno agregado
específicamente a la función para ser sustraído
de las posibilidades más frías de la noche.

Einstein afirma en su teoría,
entibiando sus alas frente a una hoguera virtual,
su fe inflamada por la triste conclusión de que x
debe igualar a más de lo que nunca sabremos
creyó que dos naturalezas complementarias —situadas
en puntos extremos del universo—
pueden intercambiar complementos en un instante sin tiempo.

Pero nadie lo ha demostrado; nuestros instrumentos
carecen de tiempo y mundo suficientes para comprobar
lo angélico de una lógica. Y sin embargo, Einstein lo
previó: miro tu mirada a través de la habitación,
y en esa mirada conjugamos cada instante
en el tiempo presente. A través del espacio exterior
intercambiamos las pérdidas involuntarias de calor.

Al observarnos ambos desde las alas,
otros comen y beben para colmar el silencio
que desciende de las nebulosas solitarias
hasta desvanecerse en centelleos
de conversación y constelaciones de alimento.
Pero entre tú y yo, el silencio demuestra
que amamos por leyes que no podemos romper ni probar.



William Wadsworth (E.E.U.U., 1950)

(Traducción: Jeannette L.Clariond)

The Physicist on a Cold Night Explains

that it all evens out, except for small losses
of heat which occur in the course of every exchange
of information. Angelic host, he stands
by the door dusting particles of snow
from the shoulders of each guest, each one uniquely
added to the function to be subtracted
from the colder possibilities of the night.

Einstein he tells us in his study, 
warming his wings at a virtual hearth, 
his faith inflamed by sad conclusions that x 
must equal more than we will ever know
believed that two complementary natures—removed
to opposite reaches of the universe—
may exchange complements in a seamless instant.

But no one has proved this; our instruments 
have neither time nor world enough to test 
angelic logic. And yet Einstein predicted 
us: I glance at your glance across the room 
and with that glance we conjugate every instant 
in the present tense. Across this outer space 
we trade involuntary losses of heat.

As we observe each other from the wings, 
others eat and drink to fill the silence 
that travels down from lonely nebulae 
to melt away among the Bickerings 
of conversation and constellations of food. 
But between you and me, silence is evidence 
we love by laws we cannot break, or prove.