sábado, 22 de octubre de 2016

UN WESTERN DEL FRÍO


























SIGILOSAMENTE

Riego con agua
fresca
el pequeño pino,
el pasto
recién plantado,
la enredadera
todavía
incipiente. Sé
por alguna razón
que los hechos
suceden
a trasluz,
prosperan 
cuando desvío
los ojos.
Como en silencio
los talles
crecen
de manera
invisible,
sigilosamente
con el favor 
del agua
y también
por omisión.



LA ROSA

“no queda más que viento”
(canción de Luis A. Spinetta)

Hoy vino
mi Madre. Me
ha reclamado
que la rosa
china
plantada en un rincón
-la rosa
que enrojece
el verde gris
del muro-
terminará
por eliminar
con sus ramas
al jazmín
del país
que lo circunda.

Una planta
se hunde
para siempre
en la tierra,
es lo que pienso.

Pero un temor
proyecta
el lenguaje
preciso
de los Ancestros.

¿Qué cosas hará el viento?
Acaso
de ese sitio
lateral
haga
un pantano,
un bosque
activo
de filamentos
o de lluvias
crudas y
penetrantes.

El viento
será
un remolino
inhóspito,
un microclima
donde las palabras
flotarán
en las aguas
detenidas
de una densa
humedad.

Hay un viento,
y atraviesa el jardín.
Es el jardín de los ancestros.



AURA

Luego de las luces del amanecer,
de su significado misterioso
y alentador,
se pregunta
por esa energía
que hizo del cuerpo
una acumulación
vertical
un cofre lleno de hielo
cuyas gotas
fueron la quietud
rancia
de la ideología.

Si pudiera acercar su boca
a la áspera carencia del día
para completar
el oxígeno,
pondría su mano
en una zona eléctrica
donde la vecina,
apenas madura,
le entregara
nuevamente
algo de su cuerpo,
y también
un poco de sus palabras,
la bellísima sencillez

y con notable imaginación
la convertiría
en un aura misteriosa
en una narración
fascinante
y oscura
donde afincarse
y sobrevivir
– por unos instantes –
bajo el dulce
amparo
de las horas.



EL DULCE PORVENIR 

Cuando los mejores poetas de mi generación 
curtidos por las drogas 
la grasa y el vino excesivo 
están haciendo pie 
y pueden usar la palabra templanza 
con toda propiedad

reunir poemas 
evaluar con cierta distancia 
sus tesoros 
su cúmulo precioso

cuando cerca de los 50 
la juventud 
es una palabra 
que ha sido usada 
y se puede recordar 
-sí, con alegría- 
las viejas amistades 
los duelos 
los viajes pequeños 

cuando 
el poeta 
de los grandes experimentos 
pero de otros poemas 
mejores aún 
es una increíble 
referencia 
y ahora 
puede 
-finalmente- 
distribuir 
el aire 
y la respiración 
porque ha corrido tanto

yo aún 
el poeta de la familia 
el poeta que 
literalmente 
ha administrado la energía 
el poeta del tenis 
estoy cambiando a mi hijo 
interminable 
en el baño 
posterior de la casa 
y le digo 
“te amo te amo” 
y barro 
bajo los signos y los hábitos 
de antiguos mecanismos 
la ropa la basura y me muevo 
-ya ciego- 
entre escombros de fuego 
y no tengo, lo sé, 
escapatoria 
no puedo ni podré respirar 

amo 
con pobreza 
como pude 

pronuncio “te amo” 
como una 
invocación 
como una oración religiosa 
-polvo del camino- 
la única propiedad 
con base 
en lo real. 




Carlos Battilana


Carlos Battilana. Poeta argentino. Nació en Paso de los Libres (Corrientes), en 1964. Reside en Buenos Aires. Sus libros de poesía son Unos días (Libros del Sicomoro, 1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005) y Materia (Vox, 2010). También publicó las plaquetas Una historia oscura (Ediciones del Diego, 1999) y La hiedra de la constancia (Color Pastel, 2008). Una antología de sus poemas apareció en Presente Continuo (Viajera, 2010);  Narración (Vox, 2013); Velocidad crucero (2014)  y Un western del frío (Viajero insomne, 2015). Poemas suyos aparecieron publicados en diversas antologías (Poesía en la fisura, La voz del erizo, Poesía argentina año 2000, Poesía en el subte, Antología Zapatos Rojos, Hotel Quequén Poesía), revistas (Diario de Poesía, Vox, Hablar de poesía, Tsé Tsé, La Mineta, Crisis, Paredón, Nómada, Blanco Móvil, Carpetas de poesía argentina, La Carta de Oliver, entre otras) y suplementos culturales (Clarín, La Nación, entre otros). Es docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires. Integró el consejo de Redacción de la revista Abyssinia.






IMAGEN: La fotografía del autor fue tomada por Gustavo Gottfried.




4 comentarios:

Anónimo dijo...



Me gustó mucho encontrar a este poeta, desconocido por mí. Bah, encontrar sus poemas. Gracias, Marcelo.

Susana Tosso.

Marcelo dijo...

Gracias a vos, querida Susana por leer y estar siempre ahí del otro lado, con una fe inquebrantable.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Marcelo por incluir estos poemas en tu blog. Abrazo

Carlos Battilana

Marcelo dijo...

De nada, Carlos. Es un libro emotivo y logrado, el tuyo. Dos atributos que no siempre van juntos. Lo disfruté mucho.