martes, 18 de octubre de 2016

CORREDORES EN EL PARQUE






FUMAD LA PIPA CON EL DULCE TABACO DE ORIENTE

Fumad la pipa con el dulce tabaco de oriente
ahumado y el del occidente, rubio y encrespado:
nada más puede daros consuelo, capitán:
allá las naves alineadas: a tu lado el turbante de aquel
primer oficial; lejos el arpa y la dinamita del Eire;
lejos la cruel desesperación de las sentinas:
lejos, lejos, remeros
llevando la chalupa hacia la playa ahíta de coral,
de cuerpos,de latas:
la sucia hermandad de la lluvia y la basura.

¡Ah tardes de ebonita! Luego, la luna
alzada por caballos de nieve muerta.
Y la danza de la odalisca,
y el santuario de Jorge o de Ganesha.
Fumad, dragón ajobachado, sulfuroso
imperio en ruinas, torres.



MUJERES QUE CUENTAN SU EXPERIENCIA

Mujeres que cuentan su experiencia,
el alto tejado ajeno, el regreso
a la casa paterna,
el dentista, los chicos ensortijados, altos ya.
El trabajo alienante las ha hecho sentir la distancia
–que en realidad existe– entre lo que se recuerda
y lo que se ve: bolsas negras
para devolver a la tierra
la ropa y el tocador de la madre muerta;
cartas que no se sabía que existían, el dentista,
el plomero, el trastorno de hoy, el auto finalmente
parado en el costado de una calle,
y mirar enfrente a los que corren en el parque.



AHORA, LAS COSAS QUE NO SON FUNDAMENTALES PARA MÍ

Ahora, las cosas que no son fundamentales para mí
forman una difusa legión, como ciertas veces las sombras en el día.
Son, entonces, las cosas realmente importantes y casi siempre inaccesibles.
Ahora, llueve sobre el río: no hay nada más inútil que esta lluvia sobre el agua.
Tal vez nada más fascinante, por otro lado.

Papá se achicó con los años. Aunque no podía contener su ira natural
y tampoco descuidaba su pelo ni su cara, hablaba a veces en italiano
y se mostraba atento a muchas cosas que para él antes no eran nada.



EN LA CASA AÚN VACÍA DE MI HIJA

En la casa aún vacía de mi hija
ni muy nueva ni antigua
de techos altos y muchas habitaciones
la pintura no está bien
y hay detalles de mal gusto 
como ciertos círculos de colores
adheridos a algunos vidrios
o la estufa de leños falsos,
pero es enorme y silenciosa,
se oyen los pájaros en el níspero, 
el laurel, el limonero, las tejas
Mi hija aprecia esa riqueza
inestimable, ese
monte interior, salvaje
y protector,
ese jardín en el que despertó la especie.

Y el gato joven con su leve maullido que asomó 
en una ventana de la galería alta
          y la conventual luz
               y la eternidad sin muebles
Sólo un ligero gesto de angustia muestra
por los detalles
de una no natural decadencia,
siempre en torno de las epifanías

Hablamos en el auto de cómo quitar las calcomanías
con agua caliente y esponja de plástico




II  EL MAR DE GALILEA



5

Pasaste días bajo la manta con la misma ropa,
conocés el olor de esa protectora y siempre a tiempo
                               /detenida descomposición.

Esto son unas estancias, los lugares nuestros,
la propia propiedad donde andamos en pijamas,
así esté en decadencia: la cafetera trajinada sobre la mesa,
papeles, el amontonado confort de la guarida.

¿Cómo lo llamarías? ¿Patria?


11

Una vez más querrías sentir aquel olor
de la cama revuelta y del encierro,
tan viejo, tan tenue, tan humano.
Pero no es posible: como barcazas se alejan
aquellas escenas, y los olores son otros,
otro el encierro, otra la cama.

La verdad está en el flash, te dijo el fotógrafo.
La luz que arroja es lo único que se crea en la escena,
dijo sin ironía, sin retórica, ni intentar la más honesta
comparación. La luz del flash es allí la única cosa nueva.
Y en rigor es lo único que podés crear.


15

Razón no tenían los surrealistas pero estaban cerca.
La poesía no es lo sorpresivo sino lo extrañamente
   próximo, 
           "vinculante".
Un objeto.

En su minuciosa busca Fijman cuántas carillas llenó,
con el membrete del manicomio y caligrafía excelente.
Sólo obtuvo caminar a cinco centímetros del piso
sin que se diera cuenta nadie. 




                                                        (Del Libro "Corredores en el Parque", 
                                                          gentileza de la Editorial Barnacle)


Jorge Aulicino  (Buenos Aires, 1949)






2 comentarios:

Anónimo dijo...



Preciosos poemas. Gracias, Marcelo. Un abrazo.

Susana Tosso

Marcelo dijo...

Y gracias a vos por estar siempre acompañándome, en cualquier medio de la red. Te abrazo, Susana.