sábado, 20 de junio de 2026

SIESTA EN XBALBA



(Nota bene: Leer biografía)

Siesta en Xbalba 
y el retorno

Dedicado a Karena Shields

(Fragmentos)

I.

Sol tardío abriendo el libro
             página en blanco como la luz, 
palabras invisibles sin trazar 
             sintaxis imposible 
del apocalipsis—
             Uxmal: Nobles Ruinas 
Sin construcción-


dejar que la mente se desmorone.


—Uno podría pasar preciados meses 
y años tal vez toda una vida
haciendo nada recostado en una hamaca leyendo 
prosa con palomas blancas
copulando mas abajo 
y monos ladrando en el interior 
              de la montaña 
y yo he sucumbido a esta 
              tentación—

(...)

     mi alma podría estallar 
ante la sensación de un momento 
     primal del vasto 
movimiento de la divinidad.

Mientras me reclinaba sobre un árbol 
     dentro de un bosque 
expirando un amor imaginado, 
alcé la vista a las estrellas distraído, como 
     si estuviera buscando 
algo más en la noche azul
     a través de las ramas 
y por un instante me vi a mí mismo
     apoyado contra un árbol...

...y de vuelta el ruido de una gran fiesta
     en los departamentos de Nueva York, 
pinturas a medio hacer en las paredes,
     fama, chupadas de verga y lágrimas, 
dinero y discusiones sobre grandes
     temas, la cultura de mi generación...


     mis toscas imaginaciones de la noche, 
mis toscas anotaciones sobre mi alma
    tomadas en momentos de soledad, 
sueños, punzadas, secuencias de pensamientos
    nocturnos y primitivas iluminaciones


-extraño sentimiento el gato blanco 
    durmiendo sobre la mesa 
abrirá sus ojos dentro de un instante 
   y me mirará—.

Uno podría quedarse en esta Chiapas 
registrando las apariciones en el campo 
   visible desde la hamaca
mirando a través de la sombra de los pastizales 
con toda su semejanza a la Eternidad

...un diminuto techo de paja 
mas abajo sobre la hierba de una loma hundida 
bajo una alta y densa vegetación
   esperando en el margen salvaje: 
la sombra larga de la montaña mas allá 
   en cercana distancia, 
su precisa línea de árboles 
trazada oscura y lina siguiendo la cresta
   contra la transparente luz del cielo, 
grietas y agujeros en el aire azul
   y destellos ámbar de las nubes 
esfumándose en la otra ladera 
   hacia el Sur...

(...)

Un crujido en los cuartos me sobresaltó.

Algún tipo de pájaro, vampiro o golondrina,
     huye con ruido de alas de papel sobre la 
cumbre de su propio aire sin preocuparse 
por el gran árbol de piedra en que me encaramo.

      Continuo zumbido metálico 
de chicharras,
     luego un chirriar mas bajo 
de grillos: 5 toques
     de un silbato.
El crujido de una puerta
     abriéndose en el bosque, 
una clase de canto raro de pájaro 
     o croar de reptil.


Mi sombrero tejido de sisal
     sobre el piso de piedra 
como una hoja sobre las aguas, 
     tan de efímero;
mi vela se agita continuamente 
     y pronto se apagará.



Uxmal pálida,
    ahistórica, como un sueño,
Tuluum reluciente en la costa en ruinas;


Chichén Itzá desnuda
    construida sobre una planicie; 
Palenque, capillas rotas en la bóveda 
    verde de un monte;
Kabah solitaria sobre la ruta;
    Piedras Negras enterrada de nuevo 
por arqueólogos oscuros;
    Yaxchilan
resucitada en la espesura, 
y todo el limbo de Xbalba aún desconocido—


    pisos bajo techados de rama, 
de cimiento a ornamento
    derrumbados para las flores, 
pirámides y escalinatas
    brocado de liana, 
ménsula de piedra caliza
    abatidos en un río de árboles, 
pilares y corredores
    hundidos bajo el diluvio de los años:


Lento muro del tiempo impuesto
    sobre el firmamento de la mente, 
como si una radiante catarata de hojas y lluvia
fuera erigida sólida desde el cielo sin fin por la cual 
    ningún pensamiento logre pasar.


Un gran gallo gordo rojo 
encaramado arriba de un tronco 
en la tarde verde,
¡el ego de esos mismos campos 
grita en la luz sagrada del sol!


—No puedo pensar con esa supersónica 
intensidad de gallo 
crucificando mi cráneo 
con su sueño imaginario.

 
             —estaba recordando 
con ojos cerrados
             hacia donde se arrastraron 
como hormigas sobre viejos oscuros
             templos construyendo sus diminutas 
ruinas y desapareciendo en la maleza 
             dejando tantos misterios 
de mortal designio
             para ser adivinados.


Solo yo conozco la gran puerta de cristal 
            de la Casa de la Noche, 
una leyenda de siglos
            —Yo y unos pocos indios.


Y si tuviera ínulas y dinero podría
      encontrar la Cueva de Ámbar 
y la Cueva de Oro
      rumoreada de los acantilados de Túmbala.

Encontré el rostro de uno de
     los Nueve Guardianes de la Noche 
oculto en una choza de caoba
     en la Zona de las Almas Perdidas 
—la primer reliquia de ese tipo para aquel lugar.

Y también encontré una hoja verde
     en forma de corazón humano; 
pero a quién podría enviarle
     este anacrónico san Valentín?


Y aún así estas ruinas me despertaron
     tanto la nostalgia 
por las clásicas estaciones 
     de la tierra, 
el antiguo continente
     que no he visto 
y los pocos años
     de memoria que queda 
antes de la noche final
     de la guerra.
Y como si estas ruinas fueran poco,
     como si el hombre no pudiera ir más
allá antes del cielo
     hasta agotar 
el ciclo físico
     de su propia mortalidad 
en las ciudades oscuras
    ocultas en el inundo que envejece

...las realmente escasas
    extáticas almas conscientes 
seguras de ser halladas, 
    familiares...
regresando luego de años
    a mi propia entorno 
transfigurado:
    para urgir el cambio 
para apurar los años
    en acercarme a mi destino.


Así sueño cada noche con una embarcación, 
    capitanes, capitanes, 
pasillos de hierro, luces de cabina,
    Brooklyn cruzando las aguas, 
el gran barco gris, visitantes, despedidas, 
    el borroso y vasto mar— 
un viaje una vida perdida o ganada:

como Europa es de mi propia imaginación 
    —muchos habrán de verla,
      muchos otros no—
aunque es solo el viejo mundo familiar 
y no un abstracto sueño místico.

Y en un momento de sueño premonitorio
      veo ese continente en lluvia, 
calles negras, noche vieja, un
      monumento que se esfuma...


Y un largo viaje aun no realizado,
      sobre mares antiguos 
arrollando desnudas dunas grises bajo 
      el baldío de la luz del mundo 
en dirección de puertos de pueril geografía 
en los que el barco oxidado 
hará puerto...


Qué noches no habré de ver sin un centavo
      entre los misterios Árabes de pueblos 
sucios alrededor de 
     las alcazabas de los muelles?
Sendas de arcilla, muros de barro,
     el olor de cigarrillos verdes, 
creolina y agua salada estancada—
     mas arriba altas y oscuras estructuras, 
formas de maquinarias y fachada
    de casco: y una lámpara colgando 
encendida en una choza de madera
    frente a sombría
pila de sulfuro sobre el embarcadero. 


    Hacia qué ciudad
habré de viajar? Qué casas salvajes 
    iré de ocupar?
qué cuartos vagabundos y calles
    y luces en la larga noche 
impulsan mis expectativas? Qué geniales 
    sensaciones en viejas 
salas? qué jazz mas allá del jazz
    en futuros salones azules? 
qué amor en los cafés de Dios?


Pensé, hace unos cinco años
    sentado en mi departamento, 
mis ojos abiertos por una hora
    viendo en espantoso éxtasis 
los edificios inmóviles
    de Nueva York pudriéndose 
bajo las mareas del Cielo.


Hay un dios
muriéndose en América
que ya ha sido creado
en la imaginación de los hombres
hecho palpable
para adoración:

hay una previa 
imagen interior 
de la divinidad 
apuntándome hacia 
el peregrinaje.


Oh futuro, Dios inimaginable.


[Finca Tacalapan de San Leandro, 
Palenque, Chiapas,Mexico 1954- 
San Francisco 1955]

(Del libro homónimo,
Ed.Argonauta,2019)
Allen Ginsberg

(Traducción de Leandro Katz)


Siesta in Xbalba
and Return to the States

Dedicated to Karena Shields

I.

Late sun opening the book,
          blank page like light, 
invisible words unscrawled, 
          impossible syntax 
of apocalypse
          Uxmal: Noble Iluins No construction —

let the mind fall down.


One could pass valuable months 
and years perhaps a lifetime 
doing nothing but lying in a hammock 
reading prose with the white doves 
         copulating underneath 
and monkeys barking in the interior 
         of the mountain 
and I have succumbed to this 
         temptation —


(...)

        my soul might shatter 
at one primal moment’s
        sensation of the vast 
movement of divinity.

As I leaned against a tree 
       inside a forest
expiring of self-begotten love,
I looked up at the stars absently, 
       as if looking for
something else in the blue night 
       through the boughs, 
and for a moment saw myself
       leaning against a tree...


...back there the noise of a great party
       in the apartments of New York, 
half-created paintings on the walls, fame, 
       cocksucking and tears, 
money and arguments of great affairs,
       the culture of my generation...


       my ow n crude night imaginings, 
my ow n crude soul notes taken down
       in moments of isolation, dreams, 
piercings, sequences of nocturnal thought 
       and primitive illuminations


— uncanny feeling the white cat 
       sleeping on the table 
will open its eyes in a moment
       and be looking at me —.

One might sit in this Chiapas 
recording the apparitions in the field 
      visible from a hammock 
looking out across the shadow of the pasture 
in all the semblance of Eternity


...a dwarfed thatch roof 
down in the grass in a hollow slope 
under the tall crowd of vegetation
      waiting at the wild edge : 
the long shade of the mountain beyond 
     in the near distance, 
its individual hairline of trees 
traced tine and dark along the ridge
     against the transparent sky light, 
ritts and holes in the blue air
     and amber brightenings of clouds 
disappearing down the other side 
     into the South...

(...)


A creak in the rooms scared me.

Some sort of bird, vampire or swallow,
     flees with little paper wingflap 
around the summit in its own air unconcerned 
     with the great stone tree I perch on.


     Continual metallic 
whirr of chicharras,
     then lesser chirps 
of cricket: 5 blasts
     of the leg whistle.
The creak of an opening
     door in the forest, 
some sort of weird birdsong 
     or reptile croak.


My hat woven of hennequin 
     on the stone floor 
as a leaf on the waters,
     as perishable;
my candle wavers continuously 
     and will go out.


Pale Uxmal,
     unhistoric, like a dream,
Tuluum shimmering on the coast in ruins;


Chichén Itzá naked
     constructed on a plain; 
Palenque, broken chapels in the green 
     basement of a mount; 
lone Kabah by the highway;
     Piedras Negras buried again 
by dark archaeologists;
     Yaxchilan
resurrected in the wild,
and all the limbo of Xbalba still unknown —


     floors under roofcomb of branch, 
foundation to ornament
     tumbled to the flowers, 
pyramids and stairways
     raced with vine, 
limestone corbels
     down in the river of trees, 
pillars and corridors
     sunken under the flood of years :

Time's slow wall overtopping
     all that firmament of mind,
as if a shining waterfall ofleaves and rain
were built down solid from the endless sky
     through which no thought can pass.

A great red fat rooster 
mounted on a tree stump 
in the green afternoon, 
the ego of the very fields, 
screams in the holy sunlight!

— I can’t think with that 
supersonic cock intensity 
crucifying my skull 
in its imaginary sleep.

— was looking back 
with eyes shut to
     where they crawled 
like ants on brown old temples
     building their minute ruins 
and disappearing into the wild
     leaving many mysteries 
of deathly volition
     to be divined.


I alone know the great crystal door 
     to the House of Night, 
a legend of centuries
    —I and a few indians.

And had I mules and money I could find 
    the Cave of Amber 
and the Cave of Gold
    rumored of the cliffs of Tumbala.


I found the face of one
    of the Nine Guardians of the Night 
hidden in a mahogany hut
    in the Area of Lost Souls 
-the first relic of kind for that place.


And I found as well a green leaf
     shaped like a human heart; 
but to whom shall I send this
     anachronistic valentine?


Yet these ruins so much
     woke me to nostalgia 
for the classic stations 
     of the earth, 
the ancient continent
     I have not seen 
and the last few years
     of memory left 
before the ultimate night 
     of war.
As if these ruins were not enough, 
     as if man could go
no further before heaven
     till he exhausted 
the physical round
     of his own mortality 
in the obscure cities
     hidden in the ageing world


...the few actual
     ecstatic conscious souls 
certain to be found,
     familiars... 
returning after years
     to my ow n scene 
transfigured:
     to hurry change 
to hurry the years
     bring me to my fate.


So I dream nightly of an embarcation, 
     captains, captains, 
iron passageways, cabin lights,
     Brooklyn across the waters, 
the great dull boat, visitors, farewells, 
     the blurred vast sea — 
one trip a lifetime’s loss or gain :


as Europe is my owrn imagination 
     — many shall see her,
       many shall not —
though it’s only the old familiar world 
and not some abstract mystical dream.


And in a moment of previsioning sleep 
        I see that continent in rain, 
black streets, old night, a
       fading monument...

And a long journey unaccomplished 
       yet, on antique seas 
rolling in gray barren dunes under
      the world’s waste of light 
toward ports of childish geography 
      the rusty ship will
harbor in...


What nights might I not see
       penniless among the Arab 
mysteries of dirty towns around
      the casbahs of the docks? 
Clay paths, mud walls,
      the smell of green cigarettes, 
creosote and rank salt water —
      dark structures overhead, 
shapes of machinery and facade
      of hull: and a bar lamp 
burning in the wooden shack
      across from the dim 
mountain of sulphur on the pier.


      Toward what city 
will I travel? What wild houses 
      do I go to occupy?
What vagrant rooms and streets
      and lights in the long night 
urge my expectation ? What genius 
      of sensation in ancient 
halls? what jazz beyond jazz
      in future blue saloons? 
what love in the cafes of God?


I thought, five years ago
      sitting in my apartment, 
my eyes were opened for an hour
      seeing in dreadful ecstasy 
the motionless buildings
      of New York rotting 
under the tides of Heaven.

There is a god
dying in America
already created
in the imagination of men
made palpable
for adoration :

there is an inner 
anterior image 
of divinity 
beckoning me out 
to pilgrimage.

O future, unimaginable God.


[Finca Tacalapan de Han Leandro, 
Palenque, Chiapas,Mexico 1954 
-San Francisco 1955]

Allen Ginsberg (Newark, EE UU, 1926-Nueva York, 1997) Poeta estadounidense. Era hijo de un profesor de inglés y de una maestra de escuela rusa, que permaneció internada durante años en un frenopático. Pasó por la Columbia University, de la que fue expulsado junto con otros compañeros como Jack Kerouac o William Burroughs. Los tres constituyeron el núcleo fundamental del llamado movimiento beat (beat generation), que rompió con la estética académica y llevó a cabo una auténtica revolución cultural claramente marcada por su denuncia del sistema de vida estadounidense. "En  Siesta en Xbalba (1954), un poema tan importante como Aullido o Kaddish, Allen Ginsberg escribe sobre la gran ruina maya de Uxmal: “Imposible sintaxis del apocalipsis”; en 1954, cuando McArty intentaba silenciar a la joven generación y a las generaciones venideras. El poeta nos lleva en un viaje al esplendor del pasado mientras imagina un presente y un futuro en los que lo más íntimo del ser se entreteje a través da la gran colectividad espiritual" (Margaret Randall). El poeta encuentra en las ruinas de la civilización maya un refugio sagrado frente a la destrucción interna que percibe en su propio país.  
La publicación del poema Aullido (Howl, 1956), de Ginsberg, fue el detonante que consolidó la poesía beat y le dio forma concreta, basada en un ritmo muy acentuado, con influencias del jazz, que, en una asimilación ya total de las técnicas vanguardistas y un retorno a cierta concepción romántica, refleja un universo personal hecho de imágenes que muchas veces convierten el poema en una especie de canto salmódico de gran fuerza expresiva. Verdadero alegato beat, Aullido es un canto a la locura y a su lucidez, y una protesta contra la sociedad mecanizada y materialista. Otra gran creación de Ginsberg es el largo poema dedicado a su madre, Kaddish (1961), una confesión personal, casi catártica. Acompañando estos dos poemas, publicó algunas canciones, de metro más corto y expresión más simple, con títulos tan populares como El peso del mundo es amor. A partir de 1960, abandonó Estados Unidos y se dedicó a viajar por todo el mundo para recitar sus poemas, como un auténtico aedo, con barba de profeta, y trabajando en lo que se terciara; su presencia estuvo a menudo ligada al escándalo (en 1966, por ejemplo, fue expulsado de Polonia al publicarse su diario secreto). En 1963 apareció su tercer libro de poemas, Sándwiches de realidad, al que siguieron nuevos títulos, como Planet news (1968) y La caída de América (1972); en 1984 se publicó el volumen Collected Poems, 1947-1980, recopilación de su obra.

Pueden LEER todos los poemas del autor en esta biblioteca: AQUÍ 

 

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