miércoles, 1 de marzo de 2023

"SOY UN POETA QUE ESCRIBE EN PROSA"

 



John Banville por Juan José Delaney para la Nación, 
Dublín, 2008-Fuente: Revista ADN 


Cuando en 2005 John Banville recibió el prestigioso Man Booker Prize por su novela El mar , hacía ya treinta y cinco años que había iniciado una lenta y prolija producción literaria. Inaugurada con un volumen de cuentos ( Long Lankin ) al que siguió una serie de novelas -entre ellas Kepler (1981), Mefisto (1986), El libro de las pruebas (1989), El intocable (1997), Eclipse (2000) y en 2006, bajo el seudónimo de Benjamin Black, el policial El secreto de Christine -, su obra mereció numerosos premios y la bendición del crítico George Steiner, quien lo juzga uno de los mayores estilistas en lengua inglesa. Sin embargo, ratificando aquella observación de Jorge Luis Borges según la cual los mejores escritores ingleses son irlandeses, Banville nació en Wexford, en 1945, y desde hace años escribe en la hoy ecuménica Dublín. Allí completó su última novela, El otro nombre de Laura (Alfaguara), un policial que firma su álter ego Black y que a principios del mes que viene llega a la Argentina.

Pese al premio Booker, no se trata de un escritor popular ni aspira a serlo; en la tradición de Joyce y de Beckett, su compromiso, más allá del mercado, es con la palabra y sus posibilidades expresivas. Su compatriota Colm Tóibín escribió que Banville "representa un punto de inflexión dentro de la escritura irlandesa contemporánea", y que "una sensación de perplejidad ante la naturaleza del universo llena sus páginas". Por sobre su condición de irlandés -identidad que le provee temas y constituye la columna vertebral de su narrativa-, la crítica ha destacado "el barniz de un cerebral experimentalismo europeo" y lo ha juzgado un novelista filosófico preocupado por la naturaleza de las percepciones, el conflicto entre lo imaginario y lo real y la soledad existencial del individuo.


Llegué a John Banville por un amigo común de University College Cork, Dermot Keogh, con quien el escritor se inició en el periodismo, allá por la década del 70, en The Irish Press . Después, entre 1988 y 1999, Banville fue editor literario del Irish Times . Nos encontramos en la capital irlandesa, donde el autor de El mar vive con su mujer y dos hijos. La cita fue en Dunne & Crescenzi, un restorán italiano situado a un paso del efervescente Trinity College, cuyos nombres simbolizan la conjunción de gentes en que, de a poco, se está convirtiendo la sociedad irlandesa, en otros tiempos importante foco de emigración hacia latitudes varias, la Argentina incluida. Durante la conversación, Banville, que se definió como "un poeta que escribe en prosa", trazó una lúcida mirada sobre el género policial y ofreció algunas claves de su nueva novela. Conservador, criticó el estado de cosas en Irlanda y afirmó que "el IRA [Ejército Republicano Irlandés] destruyó en gran medida la trama moral de este país".

-Usted fue educado por los Christian Brothers. Esa formación debe de haber pesado en su escritura.

-Sí, fui educado por los Christian Brothers y también por curas diocesanos en St. Peter s College. La educación religiosa es importante para un escritor porque lo llena a uno de mucha culpa y el sentido de culpa es bueno para un narrador de ficciones. Me dieron una educación, un sentido del deber, un mandato categórico sobre el trabajo bien hecho: insistir hasta lograrlo. Fue una buena influencia. Y por supuesto que también nos pegaban y maltrataban, pero como no conocíamos otra cosa eso no nos importaba, estaba aceptado, era lo normal, ni siquiera les contábamos a nuestros padres porque la respuesta hubiera sido: "¿Por qué te quejas? Seguramente hiciste algo malo". Todo eso dio lugar a abusos. Para los irlandeses católicos la religión es muy maniquea: las cosas son blancas o negras. Si te castigaron fue por algo. Si te maltrataban, seguramente lo merecías. Era lo lógico.


-¿Hasta qué punto se siente usted un escritor irlandés?

-Bueno, ésta es una cuestión muy sutil. Los escritores nacen en ciertos lugares y escriben de acuerdo a la lengua de esos lugares. Lo que resulta particular en mi caso, y en el de otros escritores irlandeses, es que escribimos en inglés de un modo singular, escribimos en hiberno-inglés, que es enormemente rico y distinto del inglés-inglés o del inglés-norteamericano.

-Pero usted no adapta su inglés para una audiencia británica o norteamericana...

-Cuando escribo, no. Pero es gracioso: cuando voy a Inglaterra o a Estados Unidos hablo un inglés básico que no es el que escribo. El asunto no tiene que ver con el vocabulario sino con la actitud ante el lenguaje. La lengua irlandesa es oblicua: uno no se expresa de un modo directo. Creo que la lengua irlandesa es más una forma de evasión que de comunicación. Y si bien hemos perdido nuestra lengua, se puede afirmar que hay una gramática profunda en nuestro cerebro: hablamos y escribimos inglés sobre la base del hablante gaélico.

-¿Han traducido sus libros al irlandés?
-¡No! Nadie lo haría. Yo estoy sindicado aquí como un west brit , expresión peyorativa que alude a un irlandés cuya sensibilidad es, en realidad, inglesa. Y ciertamente creo que lo soy.

-Long Lankin, su primer libro, es una colección de cuentos. ¿Abandonó el género?

-En aquellos días, empezábamos escribiendo relatos breves con la ambición de que fueran publicados en pequeñas revistas literarias. Era una manera de empezar, aunque los escritores jóvenes sabíamos que los editores no querían cuentos porque, según decían, no podrían venderlos. Nosotros igualmente escribíamos relatos, y por supuesto que el gran modelo era Dublineses , de James Joyce. Todos habíamos leído esa obra. Finalmente abandoné el cuento porque lo que me atraía era la novela. Aunque en realidad tampoco me interesan las novelas, no me gustan y, de hecho, no me considero un novelista. Me doy cuenta de que, a medida que envejezco, soy un poeta que escribe en prosa. Esto, por supuesto, aleja a muchos lectores porque la poesía, según se dijo, es la única obra de arte que uno toma o deja, a diferencia de lo que puede ocurrir al observar un cuadro o escuchar una sinfonía pasivamente al tiempo que se piensa en otra cosa. Yo trato de escribir prosa en ese sentido; los lectores no pueden relajarse mientras la leen, y a muchos eso no les gusta, no quieren esa literatura.

-Sin embargo, su obra es conocida y El mar llegó a ser una especie de best seller

-Eso se debió al premio otorgado a ese libro relativamente simple. El anterior, Imposturas , es un texto oscuro y difícil, y en la práctica nadie lo leyó Probablemente sea mi mejor obra.

-¿Qué lo llevó a ocuparse de Copérnico, Kepler y Newton en algunos de sus libros? ¿Qué relaciones encuentra entre la ciencia y la literatura?

-Cuando a principios de 1970 escribí mi segunda novela, Birchwood , que trata sobre Irlanda desde la época de la Gran Hambruna hasta el presente, me dije: "Bueno, éste es mi libro irlandés. ¿Qué voy a escribir ahora?" Pensé que tenía que alejarme de Irlanda y también recordé haber leído a Arthur Koestler durante mi adolescencia. Volví a él y a los argumentos que creó a partir de Copérnico y Kepler. Y eso fue una inspiración. Aunque yo también quería escribir sobre la creación, sobre el proceso creativo, que me fascinaba. También estaba interesado en la ciencia y en las ideas. Copérnico y Kepler creían en un orden secreto que rige el mundo y eso es lo que los artistas buscan constantemente.

-¿Es posible afirmar que la trilogía integrada por El libro de las pruebas, Ghosts y Athena lo acercó al género policial?

-No las concebí como novelas policiales aunque, en un sentido, todas las novelas son detectivescas por cuanto buscan descubrir algo, resolver una cuestión, y rondan un enigma: el de la condición humana, el del comportamiento humano Si pensamos en Samuel Beckett Beckett era un gran lector de literatura noir.

-¿Chandler, Hammett?
-No, no. Me refiero a las novelas policiales baratas que se adquirían en las estaciones ferroviarias francesas, los pulps . El caso es que si uno analiza las novelas de Beckett, advierte que tienen la forma de un thriller ; por ejemplo Molloy , cuyo protagonista de alguna manera es un detective que finalmente no encuentra lo que busca. Y hay también una sorpresa final en la última página de la novela cuando leemos que Moran volvió a la casa y escribió: "Es medianoche. La lluvia golpea las ventanas. Pero no era medianoche ni estaba lloviendo". Todo se derrumba como un castillo de naipes. Al término de Compañía , tras largas peripecias, el narrador termina diciendo: "Y tú, como siempre, solo". Siempre hay un remate inesperado, como en los relatos policiales. Por eso es que Beckett me entusiasma tanto: al leerlo uno no sabe hacia dónde va.

-¿Y en cuanto a su propia producción?
-Y sí, El libro de las pruebas trata de un crimen, pero este aspecto es el que menos importa. Hace algunos años necesité tomar otra dirección y pensé en probarme como autor de novelas policiales. Ocurría, además, que había empezado a leer a Georges Simenon. No tanto las historias protagonizadas por Maigret, que casi nunca pude terminar porque me resultaban previsibles, sino el tipo de narración que él denominaba roman dur , las novelas hard .

-¿El gato, por ejemplo?
-Sí, y una media docena de narraciones que está entre lo mejor que se escribió en el siglo XX, dentro del existencialismo, como el que Camus y Sartre practicaron: El hombre que miraba pasar los trenes , La nieve estaba sucia , El efecto de la luna , La huida... Hay en Simenon estilo, vocabulario y una economía que pensé que yo nunca podría lograr y que le permitía a él concebir escenas de gran efecto mediante recursos mínimos. Otro narrador de temas criminales que me interesó fue James M. Cain con El cartero siempre llama dos veces , que es magnífica y que escribió durante un fin de semana: una historia carente de sentimentalismo, oblicua, veraz y sombría. Tiene otra novela titulada Serenade que trata de un norteamericano, cantante de ópera, que es asaltado en México y que se involucra con una prostituta con quien se dirige en auto a Acapulco. En el camino, cerca de una iglesia, los sorprende una tormenta y el personaje atraviesa con su automóvil la entrada del templo, estaciona en medio de la nave, cierra las puertas y junto con la mujer vive dentro del automóvil por tres días. ¡Es increíble! Imaginemos lo que puede hacer el cine con eso ¡ Serenade es un libro maravilloso! Y Richard Stark, que escribió una serie con un personaje llamado Parker, criminal sobre el que se hicieron varios films; la gente aún recuerda Point Blank [ A quemarropa ], dirigida por John Boorman en 1967, sobre la novela The Hunter . Es una película asombrosa, sombría y económica en sus recursos. Los argumentos de los libros de Stark son como partidas de ajedrez... También leí mucho a Cornell Woolrich.

-Volviendo a su propio trabajo, ¿por qué El secreto de Christine, policial ambientado en el Dublín de los años cincuenta, aparece firmado con el seudónimo de Benjamin Black?

-Mediante ese recurso procuro que mis lectores sepan que se trata de otra clase de literatura y que no es, por ejemplo, una posmoderna broma literaria. Por supuesto que no pretendo esconder que soy el autor de la obra (de hecho, en la contratapa se me identifica): sólo busco indicar que se trata de algo diferente. Lo mismo hice con la segunda novela de la serie, El otro nombre de Laura , que es una historia situada también en el Dublín de los años cincuenta. La del título es una mujer decente corrompida y traicionada por los hombres que están en su vida: su padre, su esposo, su amante... El misterio de la destrucción de Laura es investigado por Quirke, un patólogo dublinés que también tiene un pasado problemático. Los secretos que descubre son oscuros, desagradables y complejos.

-Por sus intereses y por su preocupación estilística alguna vez se ha vinculado su obra con la de Paul Auster. ¿Está de acuerdo con eso?

-¡No!

La contundencia de esta respuesta se repite cuando aborda el tema de la literatura contemporánea, sobre la que, en general, y por lo menos al principio, prefiere no opinar, exceptuando las menciones a Beckett, Nabokov y Borges. Aun así no se priva de evocar la cita de Nabokov sobre el argentino: "Cuando leí a Borges por primera vez pensé que había descubierto una catedral, pero en realidad era sólo un zaguán".

-En el momento en que sus historias comenzaron a ser traducidas, Labyrinths , Fictions , quedamos tan sorprendidos -sigue Banville-. Y no sé, ahora me parecen carentes de sangre, de sensibilidad porque la ficción necesita, creo yo, la confusión y el caos de lo cotidiano, y no encuentro eso en Borges. Su escritura es hermosa y placentera, pero ya no leo a Borges. Quizá deba volver a hacerlo.

-¿Y los otros escritores latinoamericanos?
-Últimamente me ha interesado la obra de Roberto Bolaño. Leí tres o cuatro de sus libros y es auténtico. Desprecia la moda del realismo mágico; él es realista aunque con una mirada distinta, su obra tiene un giro extraño. García Márquez fue la causa de que la literatura latinoamericana de algún modo se estancara. T. S. Eliot dijo sobre Finnegans Wake que un solo libro como ése era suficiente. Lo mismo puede decirse, creo, sobre Cien años de soledad el realismo mágico, que por otra parte es una receta muy fácil, ha sido incesantemente repetido. Además, la gente cree que García Márquez fue el primero y se olvida de Alejo Carpentier, que treinta años antes impulsó la novelística latinoamericana.

-¿Qué está ocurriendo en la literatura irlandesa actual?
-En los últimos años he leído poco. No estoy muy al tanto. Y en cuanto a ficción, escribo mucho más de lo que leo. La poesía irlandesa siempre fue muy fuerte y veo que lo sigue siendo. Tenemos excelentes poetas: Seamus Heaney, Derek Mahon, Paul Muldoon Ellos y muchos otros siguen trabajando. Los narradores de algún modo han dejado de lado la voluntad estilística, la cuestión del lenguaje. Es como si dijeran: "Tuvimos ya a los estilistas, tuvimos a los wildes, a los joyces, a los becketts, a los mcgaherns, a los banvilles vamos a comprometernos con el presente, con la vida real". La actual generación está mucho más interesada en cuestiones sociales, políticas y religiosas que lo que estábamos nosotros. Y eso es bueno si logran hacer una literatura permanente, cosa que se sabrá en veinticinco, treinta años, porque a la literatura de ficción le lleva mucho tiempo establecerse.

-Detrás de su trabajo con las palabras debe de haber, ciertamente, una filosofía del lenguaje

-En la década del 60 el debate sobre las palabras, sobre sus posibilidades, estaba muy de moda. Estuve junto a ciertos filósofos clásicos pero ahora soy como un estadounidense pragmático y acuerdo con Emerson, Thoreau, esa gente. En este momento estoy leyendo a William James. Y me siento identificado con la idea según la cual pensar no es negocio para un artista, y trato de no pensar demasiado. Tengo, por cierto, mis recelos en cuanto al lenguaje, aunque no lo desprecio. Cualquiera que se sienta a escribir una carta, a su asesor financiero o a su novia, por ejemplo, sabe exactamente lo que siempre ocurre: al finalizar, la lee y piensa: "Yo no quise decir esto". Es que imaginamos que este instrumento de uso diario, el lenguaje, es simple y directo y que no tiene voluntad propia. Pero la tiene. No soy tan escéptico como para afirmar que las palabras son meros símbolos detrás de las cuales nada hay. Creo, sí, que el lenguaje expresa su significado y encuentra su expresión tanto mediante el vocabulario como a través del ritmo y de las inflexiones.

-Esto se relaciona con su propia escritura.
-Sí, porque me interesa muy poco lo que estoy diciendo. Lo que me importa es cómo lo digo. Curiosamente, me doy cuenta de que si me concentro lo suficiente en mi manera de escribir encontraré la expresión, que no será necesariamente lo que yo buscaba transmitir. Quiero decir que el acontecimiento expresivo ocurrirá. Este fenómeno tiene que ver con la concentración: la cosa, lo que terminará siendo expresión, empieza a resplandecer, empieza a florecer. Esto es lo que la visión artística hace: producir objetos conscientes que revelan su significado.

-¿Cómo se siente en la Irlanda de hoy, inmersa en el despertar del Tigre Celta?

-Eso ha terminado y volveremos a ser pobres y será maravilloso (ríe).

-¿Es muy conservador?
-¡Soy en extremo conservador! Por supuesto que bromeaba cuando hablé de volver a la pobreza No es que yo quiera ver al país empobrecido ni a las nuevas generaciones pasando por lo que yo pasé cuando joven, sin dinero suficiente, con el Estado y la Iglesia unidos para mandarnos de la misma manera que el Estado y el Partido Comunista hicieron en Europa del Este. Nos creíamos libres hasta que conocíamos los Estados que verdaderamente lo eran y entonces comprendíamos cuán privados de libertad habíamos vivido siempre. Cuando antes de 1989 visité los países situados detrás de la Cortina de Hierro pensé: "¡Pero si esto es Irlanda!" De manera que yo no quiero volver a eso. Pero ahora tenemos problemas con la droga, con la violencia Y no culpo totalmente por esto al control de la Iglesia y a su posterior falta de control y colapso, yo hago responsable al IRA, que destruyó en gran medida la trama moral de este país al predicar que por la causa de la libertad se podía hacer cualquier cosa. La de Irlanda del Norte fue una guerra tribal, y los miembros del IRA estaban luchando por sus exclusivos intereses. De hecho, ahora, en la nueva etapa, vemos que muchos de sus integrantes se pasan al mundo del crimen. Entonces, yo culpo al IRA de ser en gran parte responsable de la actual desazón moral del país. No los culpo de todo: la Iglesia tiene una terrible responsabilidad, y los políticos que no hicieron su trabajo, que tomaron dineros públicos y fueron perezosos, también la tienen. Esa guerra destruyó en Irlanda algo que nunca recuperaremos. ¡No los perdono y aún hoy me enfurezco! Y cuando ahora miro hacia Irlanda del Norte y veo que el segundo hombre del gobierno es un terrorista, me digo: "¡Dios mío! ¿Esto fue lo que conseguimos?"

-¿Sufrió la presión de la Iglesia o de la censura cuando empezó a publicar en 1970?

-Oh, no. Llegué tarde para eso, lo cual fue desalentador para mí porque de haber sido censurado me hubiera hecho famoso enseguida. En realidad perdimos, porque el peor obsequio que nos pueden dar es la libertad. Si hay algo que no queremos es libertad. Marchamos y nos matamos por ella y cuando la obtenemos no sabemos qué hacer. La libertad es algo que aterroriza. ¿Qué voy a hacer ahora que soy libre? ¿Quién me va a decir qué debo hacer? Los seres humanos no han nacido para ser libres. Por eso, muchas veces pienso: "¡Traigan de vuelta la Iglesia, traigan de vuelta a los obispos, devuélvanles el poder! ¡Dejen que nos vuelvan a atemorizar!". Por supuesto que ocurrieron cosas graves, pero había respeto, había decencia. Hasta hace diez, quince años, la gente aquí se comportaba de un modo cortés, pero ahora los irlandeses se están convirtiendo en salvajes. Hasta las jóvenes escupen en la calle. Es verdad que se trata de una ofensa menor, pero ¿eso es libertad?

Pese a la fría noche, y acaso porque es viernes, la ventana muestra el creciente ajetreo en las calles que James Joyce retrató para siempre. John Banville alza su copa de vino tinto italiano y, a punto de brindar, exhumo una de las pocas palabras gaélicas en mi haber: " Sláinte! " (¡Salud!). La reacción del novelista es inmediata: "¡Ni siquiera esa expresión ha quedado de la Vieja Irlanda!".




ADELANTO de "El otro nombre de Laura"


POR BENJAMIN BLACK

Quirke no reconoció el nombre. Le pareció conocido, pero no supo ponerle cara. A veces sucedía así. Sin previo aviso alguien ascendía a la superficie desde las profundidades de su pasado alcohólico, y era alguien a quien había olvidado, alguien que se presentaba de improviso para pedirle un préstamo, ofrecerle un soplo infalible sobre tal o cual asunto, o sólo por trabar contacto movido por pura soledad, o por cerciorarse sólo de que seguía con vida, por comprobar que la bebida no había acabado con él. Por lo común se los quitaba de encima murmurando cualquier excusa sobre las presiones que tenía que soportar en el trabajo u otro pretexto parecido. Éste debería haber sido fácil de arrinconar, puesto que sólo era un nombre y un número de teléfono que había dejado en la recepción del hospital, y muy oportunamente podría haber perdido el papelito o haberlo tirado a la papelera. No obstante, algo le llamó la atención. Tuvo una impresión de apremio, de inquietud, que no supo explicarse y que le contrarió.

Billy Hunt.

¿Qué fue lo que ese nombre prendió en él? ¿Un recuerdo perdido, o tal vez, de un modo más preocupante, una premonición?

Dejó el papelito en una esquina de la mesa y trató de olvidarlo. En pleno centro del verano, el día era de un calor pegajoso, y en las calles el aire era apenas respirable, cargado como estaba por una fina cortina de humo de tonalidad malva, así que se alegró del fresco y de la tranquilidad que se palpaba en su despacho sin ventanas, en un sótano, en el departamento de Patología. Colgó la chaqueta en el respaldo de la silla y se quitó la corbata sin deshacerse el nudo antes de abrirse dos botones de la camisa y sentarse ante el desordenado, atestado escritorio de metal. Le gustaba el olor familiar que se respiraba allí dentro, una combinación de humo de tabaco rancio, posos de té, papeles, for-maldehído y algo más, algo almizclado, carnoso, que era su aportación particular al conjunto.

Encendió el cigarrillo y la mirada se le fue por sí sola al papelito que contenía el recado de Billy Hunt. Tan sólo el nombre y el número que la operadora había anotado a lápiz, junto con las palabras “Llame, por favor”. La sensación de imploración y de apremio era más intensa que nunca. Llame, por favor.

Sin que se le ocurriese una razón que lo explicara, se encontró recordando el momento en el pub de McGonagle, medio año antes, borracho como una cuba, cuando en medio del estrépito de los festejos navideños había visto su propio rostro, colorado, bulboso, empañados los ojos, reflejado en el fondo de su vaso de whisky ya vacío, y comprendió con una certeza inexplicable que acababa de tomarse el último trago. Desde entonces había estado sobrio. Fue algo que le asombró tanto como desconcertó a quienes le conocían. A su entender, no fue él quien tomó la decisión: ésta se tomó dentro de sí y por su propio bien. A pesar de su adiestramiento, a pesar de los años transcurridos en la sala de disección, tenía la convicción secreta de que el cuerpo posee una conciencia que le es propia, y que se conoce a sí mismo y conoce sus propias necesidades tan bien o mejor de lo que imagina la mente. El decreto que aquella noche emitieron sus intestinos y su hígado hinchado y los ventrículos de su músculo cardiaco fue terminante e incontestable. Había pasado casi dos años sumido de continuo en el abismo del alcohol, cayendo casi hasta los mismos extremos en que había caído dos décadas antes, cuando murió su mujer, y ahora, de golpe, se había interrumpido la caída.

Mirando de reojo el papelito en la esquina de la mesa, tomó el teléfono y marcó. Sonó el timbre a lo lejos, al otro extremo de la línea.

Después, por pura curiosidad, había vuelto del revés otro vaso de whisky, esta vez uno que no había apurado él, por si de veras fuera posible verse en el fondo del vaso, pero no apareció ningún reflejo.

El timbre de voz de Billy Hunt no le sirvió de ayuda; no lo llegó a reconocer más de lo que había reconocido el nombre. El acento era al tiempo llano y cantarín, con las vocales abiertas y las consonantes amortiguadas. Un hombre del campo. Notó una ligera agitación en su tono de voz, un leve temblor, como si estuviera a punto de echarse a reír, o de echarse a lo que fuera. Algunas palabras las chapurreó, como si pasara deprisa por encima de ellas. Tal vez estuviera achispado.

-Ah, entiendo. No te acuerdas de mí -dijo-. ¿Verdad?

-Pues claro que me acuerdo -mintió Quirke.

-Billy Hunt. Alguna vez me dijiste que el apellido sonaba a germanía rimada. Estudiamos juntos. Yo estaba en primero y tú ya estabas terminando. La verdad es que no contaba con que te acordaras de mí. Salíamos con pandillas distintas. Yo estaba loco por los deportes, el hurling, el fútbol y todo eso, mientras tú salías con los que tenían afición por las artes. Tú andabas siempre con la nariz metida en un libro, o en el Abbey Theatre o en el Gate Theatre cualquier noche de entre semana. Dejé los estudios de Medicina. No tenía estómago para eso.

Quirke dejó pasar un breve silencio.

-¿Y a qué te dedicas ahora? -preguntó.

Billy Hunt soltó un suspiro sordo, desmadejado.

-Eso da igual -dijo, y pareció más cansado que impaciente-. Lo que cuenta es tu trabajo.

Por fin empezó a formarse un rostro en la denodada memoria de Quirke. Una frente ancha y despejada, una nariz sin lugar a dudas partida, una mata de cabello rojizo y crespo, pecas. El hijo de un tendero de algún sitio del sur, Wicklow, Wexford, Waterford, uno de los condados que empezaban por W. Un tipo tranquilo, aunque propenso a las agarradas ante la menor provocación. De ahí que tuviera el tabique nasal aplastado. Billy Hunt. Sí.

-¿Mi trabajo? ¿A qué viene eso? -dijo Quirke.

Hubo otra pausa.

-Es la mujer -dijo Billy Hunt. Quirke oyó una bocanada de aire engullida con sequedad, que silbaba en aquellas cavidades nasales aplastadas-. Acaba de poner fin a sus días.


John Banville (Wexford, Irlanda, 1945)

[Traducción: Miguel Martínez-Lage) 





sábado, 31 de diciembre de 2022

FIN DE AÑO 2022



A los seguidores, a los poetas, a los lectores va mi deseo que tengan
un año nuevo más feliz y sobre todo más próspero que el año que
pasó. Porque no está mal desear: se desea lo que no se tiene y
no se sabe si se va a tener. Pero qué sería de nosotros sino 
deseáramos, no?


Felicidades para todos.

La Biblio, como es habitual, entra en receso y permanecerá inactiva los meses de enero y febrero. Mientras tanto pueden leer o releer las entradas ya publicadas.

Nos reencontramos en marzo.

Un abrazo cordial,

M.L.


 

miércoles, 28 de diciembre de 2022

POEMAS Y ANIMALES SUELTOS


 GARY SNYDER


Rastro de conejos,
rastro de ciervos, ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos en la noche helada, 
   bajo los pinos,
recitando el poema de Leopardi 
con memoria vaga, viendo 
las estrellas limpísimas que acaso 
anuncian la aurora boreal?
Rastro de osos,
rastro de linces, ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos cuando la nieve quieta cubre los vidrios 
y sólo se oye el sonido del cielo, afuera, lejos?
Rastro de alces,
rastro de nutrias, ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos a la mañana siguiente, en cuclillas, 
contemplando el lago donde el zorro se mojó la cola 
sólo para demostrarnos que hay cierta verdad 
en las palabras?



AMOR

¿Seré acaso la campana que soñaste, 
ese fragmento de materia ciega 
venido de otro tiempo para tañer despacio, 
opacamente y solo —tal vez— para tu oído?

¿Seré ese caballo desbocado que sin freno 
atravesó el paisaje en pleno mayo 
para caer a tus pies?

¿Ese destino esquivo
de una campana antigua y su leyenda?

¿Un caballo en el fondo de un pozo 
en la noche perfecta?
(del libro: Poemas y animales sueltos,
Ed. Pato en la cara, 2005,
Gentileza de la autora)


Teresa Arijón




Teresa Arijón nació en Buenos Aires. Es poeta, traductora y editora. Publicó ocho libros de poesía, una obra de teatro, un experimento en tragedia, escritos sobre arte, crónicas de viaje, más de cincuenta traducciones, una Teoría del cielo (biografías mínimas de autores latinoamericanos, con Arturo Carrera) y, en 2011, Óstraca, su poesía reunida. También ideó y editó Puentes/Pontes, primera antología bilingüe de poetas argentinos y brasileños contemporáneos traducida por poetas, junto con Heloisa Buarque de Hollanda y Jorge Monteleone. Codirige, con Bárbara Belloc y Manuel Hermelo, el proyecto editorial efímero pato-en-la-cara y, junto con Belloc, la colección Nomadismos (pensamiento y ensayo de artistas y escritores latinoamericanos) con sede en Buenos Aires, Cuenca y Río de Janeiro. 
Fue escritora residente en el IWP (Iowa, Estados Unidos). En 2014 recibió el Premio Konex por su trayectoria como traductora literaria. Su poesía ha sido traducida al inglés, portugués, bahasa melayu y neerlandés.


(Biografía tomada de su libro "La mujer pintada", Lumen, 2021)


Foto: Maxi Failla.

PUEDEN leer más poemas de la autora en entradas anteriores (N.del A.)



lunes, 26 de diciembre de 2022

UNA MONTAÑA ES



Una montaña es
una catedral 
sustantivo 
y permanencia

(esconde su prehistoria 
en restos y capas 
su bioactividad)

como toda palabra es 
un indicio del cielo 
o el fondo del mar

(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)

Patricio Foglia

Villa Lugano(Bs. As.)-1984 Montserrat (Bs. As.)


 

jueves, 22 de diciembre de 2022

Los hongos



Los hongos 
crecen sobre el moho 
de los árboles.

Arranco sus cabezas, 
y escupo 
sin tragar.

Tengo aliento 
a humedad, 
a subsuelo, 
a escondite.

Aplasto los pétalos 
de las amapolas, 
me pinto la cara 
con su jugo.

Lamo el polvillo 
de las mariposas, 
abro el caparazón 
de los escarabajos.


La fuerza de lo débil 
me posee.

(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)
Natalia Litvinova

Gómel (Bielorrusla) -1986 
CABA (Bs. As.)

(Pueden LEER más poemas y biografía -parcial-en entradas  anteriores de la 
autora)

 


martes, 20 de diciembre de 2022

PAYANDO


Compongo a un dios verde
sin mayores argumentos
que un toque de alba, un par de berenjenas
un frío a todo dar.

Ni asilos ni inmundicias el campo.
Marron el silencio durmiendo en mecedoras 
y la tierra de tus buenas gentes.

Tu noche es más grande 
y se abren más en ti los domingos.

No se te ocurra esa tristeza de trébol.
Hotel de Gea:
dilata tu cuarto menguante,
tu azul clausurado, vamos al grano.

El mar te espera hace tiempo 
y habría traído sirenos a estar frente a tu casa, 
un altar por todos los dioses.

¿Quiere la vida esta lejanía para siempre?

(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)

María Paula Alzugaray

Rosario (Sta. Fe) -1974 Rosario (Sta. Fe)

(Pueden LEER más poemas y biografía -parcial-en entradas  anteriores de la autora)



domingo, 18 de diciembre de 2022

Abro la puerta

 



Abro la puerta para que el aire de campo 
se vaya
y quede la sensación 
de haber sido respirado 
pasto/ tierra/ sol 
un alambrado maltrecho
los cardos violetas/ qué luz contra los eucaliptos 
esta mañana.


(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)

Inés Legarreta

Chivilcoy (Bs. As) -1951 Chivilcoy (Bs. As)

(Pueden LEER otros textos y biografía parcial, en entrada anterior de la autora. Nota del Administrador).



 

viernes, 16 de diciembre de 2022

PAISAJE CON TEROS

 



Todo lo que en definitiva puede suceder, sucederá.
Busco el nido para desesperación del tero.
El mundo parece tan sencillo como un campo abierto.
El viento levanta la tierra donde aran.
El aíre del campo abierto donde el tero puso el huevo 
que no pisen, que defiende, allá lejos
en el hedor de un animal muerto, rodeado de caranchos y moscas.
La vaca la boca los ojos abiertos, van encontrando su forma de tero. 
Que nadie toque el huevo que el tero enloquece.
La casa allá lejos donde hay agua.
La bomba, el agua fresca del pozo en el balde gris.
Allá lejos hay agua donde los árboles y el techo de la casa, la quinta. 

Los árboles y mis pesares corriendo como la centella en el alambrado. 
Allá el molino, donde un rayo partió el árbol 
y mató al abuelo.

(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)
Fernando Belottini

San Jorge (Sta. Fe) -1962 Concordia (E. R.)


Pueden leer más poemas y biografía en entradas anteriores del autor (Nota del administrador)



miércoles, 14 de diciembre de 2022

Late una perdiz


Late una perdiz 
en la bolsa de arpillera 
como un último miedo

cazamos siete con mi hermano

vamos a pelarlas al costado del camino 
nos llenaremos de polvo y de plumas

después
mamá preparará la olla a presión

agua rompiéndose en burbujas 
adentro las perdices pálidas

yo arrancaré las patas 
y dejaré que su corazón 
suene adentro mío


(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)
Belén Zavallo 

Paraná (E. R.) -1982 Paraná (E. R.)



 

lunes, 12 de diciembre de 2022

CAMINO


El campo está cambiado.
Ya no se ven los molinos — hace años 
las vacas en los tambos 
los girasoles.
Duermen en silos descartables
semillas y gérmenes torrados por el sol
no perecen, y esos robots
siguen vigilando entre los árboles - tensan cables

lo que no importa se mantiene.

El verde, el agua, el bicherío 
resisten alejados del camino 
que se enrula y que se extiende 
hierve gris, resplandece 
pero no lleva a ninguna parte.
 
(De la antología CAMPO
100 poemas sobre la tierra
100 poetas argentinos,
Camalote, 2022,
Compilación de Ferny Kosiak)

Aixa Rava

Río o Grande (T. del Fuego) -1982 Neuquén(Neuquén)

Pueden leer más poemas y biografía en entradas anteriores de la autora 
(Nota del administrador)

IMAGEN: Aixa Rava-Ph.-Adolfo-Rozenfeld-


 

sábado, 10 de diciembre de 2022

LA CANCIÓN DE LA TIERRA



Gustav Mahler y Hao-Jan Mong

La Despedida, (Final) de la Canción de la tierra

El sol se oculta tras la montaña
Desciende la tarde en el valle
con sus sombras frescas
¡Oh miren cómo flota un barco plateado!
La luna en el mar azul del cielo
Siento una leve brisa soplar
detrás de los sombríos abetos.
el arroyo canta dulces melodías en la oscuridad.
Las flores palidecen.
La tierra respira profundamente
inmersa en el reposo y el sueño.
Todo sentimiento es ahora sueño.
Los hombres cansados vuelven al hogar
y encuentran en el descanso la olvidada alegría
y aprenden a ser jóvenes nuevamente.
Los pájaros permanecen silenciosos en las ramas.
El mundo se duerme...
Sopla un viento frío a la sombra de los abetos.
Me quedo aquí y espero a mi amigo.
Lo aguardo para el último adiós.
Ansío, amigo mío, disfrutar a tu lado la belleza
de esta noche. ¿Dónde estás? ¡Me has dejado
solo hace ya tanto tiempo!
Errando voy con mi laúd
por senderos cubiertos de suaves hierbas.
¡Oh, Belleza! ¡Oh, amor eterno!
¡Vida! ¡Mundo embriagado!
Él baja de su caballo
y le brinda el cáliz del adiós.
Él le pregunta hacia dónde va
y también por qué debe ser así.
Él habla. Su voz suena velada:
¡Amigo mío,
a mí, en este mundo, la felicidad
no me fue propicia!
¿Hacia dónde voy? Ando, yerro
por las montañas:
Busco descanso para mi corazón solitario.
Camino hacia mi país, hacia mi morada.
Jamás saldré ya a vagar por la lejanía.
Sereno está mi corazón y aguarda su hora.
La amada tierra florece por doquier
en primavera y reverdece una y otra vez.
Por todos lados el azul resplandece en el horizonte
Eternamente...

(Traducción: Del chino al alemán: Hans Bethge;
del alemán al español: Carlos O.Garde)

  Das Lied von der Erde (Der Abschied) "The Farewell"



jueves, 8 de diciembre de 2022

SANSETTI (2018)

 


VERBO

Cada cosa del mundo comenzó en unos labios,
No es el amanecer el revés del crepúsculo,
Ni los tigres del agua son los tigres del fuego 
Ni bastan seda y sangre para tejer la rosa.

Qué tintas y metales el taller de los nombres,
Con cada hoguera a punto de volar y ser pájaro, 
Hay peldaños y hay hierbas que esperan su profeta 
Pero quizás la luna se cansó de su música.

Silban, tiñen, aroman, pero la luz se quiebra 
Y más allá hay silencios sobre ramas de cuarzo, 
Cada nombre se duele del cielo que ha perdido, 
Las palabras voraces persiguen las palabras.



VIDA

Sangre, lo que fue hecho para no ser visible,
Las músicas oscuras de la savia que asciende,
Los laberintos previos que intentan ser la rosa,
El futuro implacable aún disperso en sus causas.

El tiempo y sus innúmeros mecanismos de arena,
Los cansados planetas mendigando en los sueños, 
Cuando en trenes mojados las ciudades se ausentan, 
Todo lo que se abisma cuando Dios parpadea.

En el cristal las lágrimas que agrandan los suburbios, 
Que entre tantas miríadas sólo un dolor exista,
El anciano en las ráfagas de los otoños muertos,
La mañana guardada bajo guerras y escombros.



ELLA

Alguien guardò en sus cántaros la belleza que pierdes,
Con ella alumbra túneles en noches de tormenta, 
Presta tus viejas sílabas al eco en las terrazas, 
Peleará por tus ojos al final con la muerte.

Tú no hagas caso, mira las piedras como incendios, 
Pon las tres lunas rotas al pie de las murallas, 
Enumera los huesos del ala del murciélago,
Oye la honda cigarra de los bosques solares.

Un rubí fue bastante para desviar el río,
Una hoja de tilo desamparó una espalda,
La ciudad de altas torres se perdió por un beso 
Pero al fin nadie supo de quién fueron los labios.


TATUAJE

Usa la voz de un río para medir la noche 
Mientras los soles cambian de color en la hondura, 
Un día verás lo que hubo antes de lo visible,
Los rostros que se forman uniendo las estrellas.

Y esa tarde, ese crimen, ese avión, esas ráfagas, 
Todo tendrá un preciso lugar en el relato,
Verás volver tu infancia desde un planeta en llamas, 
Verás el beso incauto que se alargó en herida.

Cada calle empinándose desde su propia sombra, 
Barcos que en su desvelo retienen las bahías,
Y esos brazos tatuados que fueron tu refugio 
Cuando caían los mundos y temblaba el futuro.



(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina



William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954), poeta, novelista y 
ensayista es considerado uno de los escritores más destacados de las 
útlimas generaciones y sus obras son mapas eruditos de sus amores 
literarios, acompañados de declaraciones ideológicas sobre la Historia y 
el mundo moderno. Autor de numerosos libros de poesía, entre ellos  "Hilo 
de arena" (1986), "La luna del dragón"(1992) y "El país del viento" 
(Premio Nacional de poesía del Instituto Colombiano de cultura, 1992, y de 
ensayo, como"Los nuevos centros de la esfera" (Premio Ezequiel Martínez 
Estrada de Casa de las Américas, La Habana (2003), "Es tarde para el 
hombre (1992), "¿Dónde está la franja amarilla? (1996), entre otros. Entre 
sus títulos más recientes destacan: "El año del verano que nunca llegó" 
(2015),"La lámpara maravillosa"" (2015) y "Guayacanal" (2020). 

(Biografía parcial tomada de la solapa de la edición de Lumen). Nota del 
administrador.   


martes, 6 de diciembre de 2022

LA MUCHACHA DE LA FOTOGRAFÍA

 



Lo que me inquieta
es que esa frágil criatura disuelta por los años 
siga siendo belleza para el mundo.
Las pocas veces que la vi sentí asombro.
Quise saber qué centro indefinible,
qué invisible alfarero va ordenando en belleza
la substancia terrestre;
por qué designio sus cabellos copiaban
el oro evanescente de los atardeceres,
bajo qué ritmo suavemente sus párpados
hablaban de la luz y del sueño,
de qué manera tan perfecta y terrible
su piel suave y sus gestos
ocultaban su red de misterios y entrañas,
la animal persistencia del corazón en la sombra,
la sangre ciega por las negras arterias.
Nadie, viendo los giros de su danza,
quiere pensar en esa fronda interna
de calcio y linfa y púrpuras fractales,
ni en cómo se destilan el sudor y las lágrimas,
ni en cómo avanza el aire a ordenarse en canciones
por la red de los bronquios.
Ni en las internas flores de su sexo,
ni en los cimbreantes nudos de bambú de las vértebras
por la espalda adorable,
ni el paladar estriado y rosa y dulce
tras el milagro de la risa.
Lo bello es sólo la expresiva apariencia 
y lo más misterioso es lo visible.
Viéndola, yo sentía que el amor es hermano 
de la fe, y el saber hermano de la duda.
Por eso no entendí las sombras de su alma.
Pensábamos que la belleza era la irradiación de la dicha, 
pero la indescifrable muchacha sufría.
Que el esplendor que dura en sus retratos
era expresión de un orden.
Pero era un estallido de la sombra el relámpago. 
También irradia su fulgor la desdicha.
Todo oculta sus causas, 
y donde el hombre ve en la carne fértil 
la tácita promesa de vida inagotable, 
también hila la muerte otras promesas.

Mira esta imagen.
Libre ya de su abismo,
mírala aquí deslumbrante y perfecta.
Mira la risa mágica que acaso
no era en el alma risa sino desvelo y súplica.
Mira el hermoso cuerpo que incesante aún irradia 
su tentación, como una flor perfume.

Pulió la muerte su labor más perfecta,
disgregó lo adorable,
pero dejó esta rosa a la memoria.
Y aquí la joven danza ya más bella en su ausencia, 
con rostro indestructible.
Nada en su risa de la activa tiniebla, 
nada en su forma de la impura angustia, 
nada en su carne mortal de la muerte.

Como si fuera el sufrimiento un pretexto 
para que dure la belleza, 
para que sigan los hermosos labios 
riendo de su tormento.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN: La actriz francesa Emmanuele Béart.


domingo, 4 de diciembre de 2022

¿CON QUIÉN HABLA VIRGINIA CAMINANDO HACIA EL AGUA? (1995)

 


NIETZSCHE

Está muriendo un Dios en el centro de un ópalo del color del crepúsculo. 

Está muriendo una hoja de hierba en el pecho de Cristo.
Está muriendo una rosa en el aire estancado de la catedral de Maguncia, 

traspasada en el aire por una quemante aguja de sol.

Está muriendo una llanura donde retozan embriagados leopardos.
Está muriendo un ángel sobre un glaciar blanquísimo.
Está muriendo un barco lleno de ancianos en una colina del cielo, 
en un aire cargado de delfines livianos y azules.

Está muriendo una cúpula bajo el asedio de las mariposas.
Está muriendo un lupanar lujoso y sonoro de besos enfermos.
Está muriendo mi corazón bajo los crueles halcones del olvido de Lou. 
Me estoy borrando en sus pupilas bellas y esperanzadas como comienzos.

Está muriendo un pájaro en un bosque de nubes.
Está muriendo una luna glacial bajo mis sábanas de seda.
Algo muy bello está borrándose por las bahías de mi infancia.
Algo muy triste calla en sus violines.




MÁS ALLÁ DE LA AURORA Y DEL GANGES


Buda le dijo al elefante:
eres la montaña que se ha puesto en camino.

Buda le dijo al rio:
eres el sendero de cantos que inventaron los dioses 
para que las cumbres blancas conozcan los abismos azules

Buda le dijo a la Luna:
el que te vea desde el amor se sentira mas amado, 
el que te vea en soledad se sentirá más solo.


(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN:  Nietzsche hacia 1875 por Friedrich Harttann.


viernes, 2 de diciembre de 2022

EL PAÍS DEL VIENTO (1992)

LO QUE DICE UNA MUJER VIEJA 
EN UN PUERTO DEL PACÍFICO

Este rostro fue bello, pero la belleza no es más que el resplandor de lo 
nuevo o lo eterno,
y aquí de las antorchas extinguidas mi carne es la ceniza.
¿De qué nos sirve lo que puede perderse?
Estas manos morenas empuñaron la espada. No ría usted, yo fui    guerrera,
yo entré en la batalla y arriesgué mi cuerpo en sus vórtices de humo    y 
de hierro,
y acaté la voz de mi hombre como un soldado más de sus tropas,
pero en la noche de la victoria fue mío su lecho,
para mi dócil desnudez su desnudez invasora,
para mi oído atento el misterioso rumor de sus labios.

Todo ocurrió hace mucho, tantos han muerto ya, 
tanta ceniza se va vertiendo en el suelo insaciable.
Pues la vida consiste en ver cómo se quiebran las espigas,
las altas y asombrosas vidas maduras que deben volver a lo informe,
en ver cómo se vuelven uno tras otro a la tierra los orgullosos corazones
que hicieron temblar al destino, que fueron la risa y la música,
la lealtad, la vanidad, la verdad, la perfidia,
los antiguos juegos humanos;
en ver cómo se borra lo increíble sobre los flancos de la montaña,
cómo se desvanecen en el cielo las nubes magníficas,
hasta que llega nuestro turno,
donde morían las letras la muerte de la página,
donde morían los peces la muerte tumultuosa del mar,
donde morían los colores la incomprensible muerte de las pupilas.

Estoy vieja, lo ve usted, y no sé a dónde fue mi belleza, 
a dónde fue mi esplendor, a dónde fue mi victoria, 
la plenitud que toqué con mis manos, la maravilla que besé con mis 
      labios.

Recosté mi cabeza en el pecho de aquel que gobernó las tormentas,
respiré la saludable envidia de las repúblicas,
moví al odio y al amor y a la veneración a miles de seres.
Nadie ha dejado ofrendas más preciosas en las fauces del tiempo.
En este puerto miserable, en un cuarto cualquiera, 
viviendo de un humilde comercio, 
en esta ranchería bajo cielos de amarillas tormentas, 
llena de selva el alma ya, llena de mares viejos, 
oyendo el partir de los lentos barcos decrépitos, 
yo trato de vivir, yo trato de espantar mis recuerdos 
como si fueran pájaros malignos;
en la luz de azafrán de las tardes bato en vano mis brazos 
espantando aquellos años de oro,
la embriaguez de las crueles batallas, la hora de las capitulaciones, la 
entrada bajo lluvias de flores en las ciudades libres, 
los orgullosos desfiles, las damas mudas en los bellos balcones, 
y yo entre todos los soldados, digna y radiante, 
la mujer del guerrero.

Pero lo que no pudo la batalla lo pueden los minutos inexorables, 
que ablandan la carne y fatigan los ojos y afantasman los finos cabellos y 
aquietan el corazón bajo los cielos invadidos.

Como las balas en el pecho del Mariscal, la enfermedad en su pecho, mi 
hermoso General dijo adiós a sus vastas repúblicas 
y sobre su ceniza recién enmudecida se alzaron las guerras facciosas, 
y todo se dio al cambio, al examen del fuego.

Yo, que lo tuve todo, sé que es de humo el mundo, 
reales de oro, trajes de seda, el poder, la victoria, 
nada resiste al soplo del viento sutil e implacable.

Nadie me reconoce, y ya no quiero que me reconozcan.
Soy una mujer más, una anciana que vende pescado en la plaza, 
no aquella reina en los salones radiantes, centro de un círculo de reyes   
   de espadas.

Nadie podría reconocerme sino uno.
Ese que llega cuando estoy sola al atardecer, en el balcón ruinoso mirando 
al mar que se apaga en torbellinos de amaranto y de sangre, ese que me 
susurra al oído «Manuela» y hace correr la sangre otra vez     joven por 
mis venas,
y que al volverme es vasto como el atardecer porque está junto a mí y me 
sacia de orgullo,
ese que intento rechazar con mis manos rugosas y viejas 
porque es un joven aún, elegante y travieso, 
ese que trata a una vieja pescadera como si fuera una reina, 
vestido de soldado en estos tiempos muertos,
ese que viene a decirme que sólo es nuestro lo que no podemos perder, 
lo que impregnó de orgullo cada fibra, 
un alto sueño de un día altivamente llevado y vivido, 
altivamente sostenido contra la tempestad, contra el mundo, 
y escrito con amor en cada piedra para que las noches en torrente     lo 
borren
y el día desnudo lo vuelva a escribir cuando una mano aparta las hierbas   
  fragantes.

Usted no creerá que un guerrero llega al crepúsculo
a esta cabaña olvidada en este puerto en ruinas,
al pie de un mar hirviente de calor y mosquitos,
pero debe saber que aunque los vivos sí,
los muertos nunca olvidan,
los muertos son antiguos como el aire y perduran,
soplan sobre los rostros evanescentes de los vivos con salvajes perfumes
y hacen pasar un alto pregón que habla del honor y la pasión y el orgullo
sobre los largos muelles abandonados.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)
William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: Anciana (De archivo).