jueves, 21 de abril de 2011

[EL RELOJ]


























Mucho tiempo, ¡oh!, mucho tiempo, cuando sonabas en vano, ahora una atmósfera de ausencia, tu sonido de oro volvía a ti, en mi sueño, y te creaba, joya de oro, y te lanzaba indicándome en tu complicación estelar y marina las circunstancias externas del mecanismo de los mundos; pero puedo decir, haciendo alusión a los recuerdos de una raza que tú evocas, que nunca, sobre estas superficies que marcan los juegos múltiples y combinados de la multiplicidad del pensamiento universal, nunca, resumen del universo que eres, joya de las cosas, has hecho un minuto de una concordancia tan magnífica, y dudo que este instante tenga su semejanza en el presente entre la indecible multiplicidad de los mundos. Mi pensamiento se ha, pues, recreado, pero ¿lo estoy yo? Sí, siento que este tiempo vertido en mí me devuelve el yo, y me veo semejante a la onda de un tranquilo narcótico cuyos círculos vibratorios, yendo y viniendo, hacen un límite infinito que no alcanza la calma del centro.



[L'HORLOGE]

Longtemps, oh! longtemps, quand tu sonnais en vain, maintenant une atmosphère d'absence, ton son d'or revenait à toi, dans ma rêverie et t'y créait, joyau d'or, et jeu-en m'indiquant sur ta complication stellaire et marine, les occurences externes du jeu des mondes; mais je puis dire, faisant allusion aux souvenirs d'une race que tu évoques, que jamais, sur ces surfaces qui marquent les jeux multiples et combinés de la multiplicité de la pensée universelle, jamais, résumé de l'univers que tu es, joyau des choses, tu n'as fait une minute d'une aussi magnifique concordance et je doute que cet instant ait dans le présent son pareil, parmi l'indicible multiplicité des mondes. Ma pensée est donc recréée, mais moi, le suis-je? Oui, je sens que ce temps versé en moi me rend ce moi, et je me vois semblable à l'onde d'un narcotique tranquille dont les cercles vibratoires, venant et s'en allant, font une limite infinie qui n'atteint pas le calme du milieu.



Stephane Mallarmé








Stéphane Mallarmé (París, 1842-Valvins, Francia, 1898) Poeta francés. Tras un viaje al Reino Unido, donde contrajo matrimonio con su amante Marie Gerhardt (1863), fue profesor de inglés en el instituto de Tournon, pero pronto perdió el interés por la enseñanza. Sólo podía dedicarse a escribir al término de su jornada laboral, y así compuso L’azur, Brise marine, empezó Herodías y redactó una primera versión de La siesta de un fauno. En 1866, el Parnasse Contemporain le publicó diez poemas y poco después fue trasladado al liceo de Aviñón. Conoció a Paul Verlaine, y finalmente consiguió un puesto en el liceo Fontanes en París (1867). Publicó Herodías en una segunda entrega del Parnasse; la dificultad de su poesía le había granjeado la admiración de un reducido grupo de poetas y alumnos, que recibía en su casa, pero los juicios favorables de Verlaine y de Huysmans le convirtieron en poco tiempo en una celebridad para toda una generación de poetas, los simbolistas, que acogieron con entusiasmo su volumen Poesías y su traducción de los Poemas de Edgar Allan Poe. Lideró a partir de entonces frecuentes tertulias literarias con jóvenes entre los que se encontraban André Gide y Paul Valéry. En 1891 publicó Páginas, y un año después el músico Debussy compuso el Preludio a la siesta de un fauno. En 1897, la revista Cosmopolis publicó Una tirada de dados nunca abolirá el azar, fragmento de la obra absoluta que Mallarmé llamaba el Libro, que no llegó a completar, y en la que intentaba reproducir, a nivel incluso tipográfico, el proceso de su pensamiento en la creación del poema y el juego de posibilidades oculto en el lenguaje, sentando un claro precedente para la poesía de las vanguardias. La dificultad de la poesía de Mallarmé, a menudo hermética, se explica por la gran exigencia que impone a sus poemas, en los que interroga la esencia para desembocar frecuentemente en la ausencia, en la nada, temas recurrentes en su obra.






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