miércoles, 19 de diciembre de 2012

El alma se me llena de estrellas


















El alma se me llena de estrellas cuando pienso 

que moriré. Imagino espirales de incienso 
decorando la caja mortuoria; luego el canto 
triste de las campanas.  (Igual que en viernes
santo
llorarán las campanas porque yo fui creyente, 
porque yo hablé de Cristo melancólicamente.) 
Después, ese silencio divino que buscaba 
día a día en la vida, pero que no encontraba. 
Después, la paz profunda.

Y al poco tiempo, acaso, 
se esfumarán mis ojos en el pálido ocaso 
del recuerdo... Y entonces el compañero amado 
dirá que fui una llama de luz que se ha
apagado.
Y la amiga lejana de mis días adversos 
abrirá el cofrecillo lírico de los versos 
y volcará las hojas pálidas de las rosas 
que yo gusté ofrendarle en las tardes hermosas. 
Mientras tanto la muerte no llega...
Pienso en ella 
y en mi alma florece de emoción una estrella.



DE VIAJE

Un niño, frente a mí, va mirando el paisaje; 
sus ojillos descubren las flores campesinas 
y como el tren se lanza por valles y colinas 
este niño se llena de emoción en el viaje.

Silabea palabras que apenas oigo, asombra 
esta mirada suya penetrante y tranquila, 
se dijera que ansia que su clara pupila 
aprisione los bellos pormenores que nombra.

Los demás, abstraídos, el paisaje olvidamos. 
El pensamiento nuestro cesa de hilar, reposa... 
Yo me he dicho ante el niño que admira el
cielo rosa: 
él es el más poeta de los que aquí viajamos.


                                     (Tono menor)



VERSOS A LA CALLE DE MI NOVIA

Vives en una calle donde siempre es domingo. 
Por esa calle única se derrama septiembre 
con sus campanas lentas, su aroma de glicinas 
y su tristeza casi alegre.

Un ángel invisible limpia la luz del aire: 
la luz eternamente fácil que te contiene. 
En sus cielos pacíficos una tarde sin nombre 
se ha detenido para siempre.

Tal vez por esa calle llegara hasta tu infancia: 
seto de lilas, libro de oraciones celestes, 
agua de primavera, tu nombre y senda clara 
que conduce a una calle donde es domingo 
siempre.


                                   (Poemas inéditos)


Francisco Lopez Merino

(De la Antología esencial
de poesía argentina (1900-1980,
Horacio Armani, Aguilar, 1981)






Francisco Lopez Merino. Nació en La Plata el 6 de julio de 1904. Se suicidó el 22 de mayo de 1928. Murió demasiado joven como para tener biografía. Su aparición se produce en La Plata junto a poetas como Alberto Mendíóroz, Héctor Ripa Alberdi y Pedro Mario Delbeye, que fallecieron también a temprana edad. Fue amigo de Borges y cultivó la amistad de algunos martin-fierristas, aunque su poesía se mostró alejada de toda innovación. Los maestros de López Merino se llamaron Juan Ramón Jiménez, Samáin, Francis Jammes, Rodenbach... Su poesía surge así con tonos delicados y menores (como él mismo lo reconoce al titular uno de sus libros). OBRA POÉTICA: Canciones interiores y otros poemas (1920). Tono menor (1923). Las tardes (1925). La Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires editó en 1968 (la edición carece de fecha) un tomito titulado Obras completas en el cual figuran poemas inéditos, pero no así Canciones interiores, libro que fue desechado por el autor al poco tiempo de su publicación.