viernes, 10 de mayo de 2013

Una canción tan fría y tan apasionada como el alba




Latas, vasos de plástico tirados al azar. Arranca 
el día; arranca y muestra drástico en la playa 
vacía el final de la fiesta. En la luz fría, 
tapado con arena a nuestros pies, el resto 
carcomido de un tronco humea apenas.

Detrás el mar, el ruido 
opaco de las olas repetido.



Cuerpo


Belén, casa del pan. Pasa la noche.

Son de noche los huecos en la pared de piedra
mirando en el vacío de la noche.
Y son ojos callados mientras pasa la noche.

Belén, casa del pan.
Un llanto, una mujer abierta.

Pasa la noche. Pasa
por el cuerpo del asno,
por el cuerpo del buey, echados en la paja,
por la bruma caliente que respiran
mientras pasa un segundo
y después otro
y otro,
por sus ojos abiertos que reflejan
un llanto que se calma
cuerpo a cuerpo.

Belén del cielo despejado y frío. 
Belén del asno santo.

Belén, casa del pan, el trigo roto, el agua. 
Casa del pan, Belén, la harina, el fuego, 
la pura levadura: una mujer, la rosa repentina 
de su risa en la noche, cuerpo a cuerpo, 
la risa de su carne.

Pupila que titila,
pupila vulnerable que titila
mientras pasa la noche,
casa del pan,
Belén.



Alejandro Crotto (Buenos Aires, 1978)