martes, 6 de agosto de 2013

Todas las cosas por Él fueron hechas...













Ella derramó perfume sobre mis pies. 
EVANGELIO DE LUCAS
MAGDALENA llora y habla sola
mientras lava la ropa,
seca sus mejillas con el reverso del antebrazo.
Nadie la ve.
Magdalena se regocija
con el regocijo de los demás.
Comete errores, por supuesto:
no mirar a través de sus ojos,
sus ojos, por ejemplo,
servir la comida a gusto del hombre,
a gusto de los hijos.
La felicidad se encuentra en algunas cosas,
dijo. En alguna de esas cosas.




Y por sus frutos los conoceréis. 
EVANGELIO DE TACIANO

SIMÓN, llamado Pedro, ¿qué es lo que ves?
¿Has sido bueno para mí?
¿Has sido malo por mí?
Yo soy el fruto y fui la savia,
hubo otros,
que cayeron, también hubo otros,
como semillas en el viento, esparcidos
pero estériles.
Yo caí tan cerca.
Soy un fruto delicado
que mira el humus con amor
para encontrar una tumba en el silencio
y el sabor de las cosas,
el líquido que las mordidas podrían derramar,
su sonido, cascaras que limpian los dientes
en el oxígeno que guarda el manto de la tierra.
Simón, que dices sembrar en el desierto:
¿por qué estás quieto
y yo tan cerca? ¿Por qué no caminas
y amplías el horizonte?
Hay tanto desierto, tanta semilla y tierra estéril.




Todas las cosas por él fueron hechas, 
y sin él nada de lo que es hecho fue hecho.
EVANGELIO DE TACIANO


LIJO mi molino, polvo en el aire,
salitre que flotó sobre la casa de mi abuelo,
ahora lejos, una hoja de papel descama
su capa córnea de metal, hojas
sobre las que derramo cristales, más o menos livianos,
y pueden hacer brotar lo rojo, el óxido
de aquello viejo y gastado:
la estructura gris y brillante nos sobrevive.




Marina Serrano (Argentina, Quequén, Provincia de Buenos Aires, 1973)





Los poemas que presentamos fueron extraidos de "La única cosa necesaria" (Ed. del Copista, 2012).