miércoles, 25 de febrero de 2015

VISITA GUIADA










CONOZCO A UNA MUJER

Yo conozco a una mujer, las manos de niña
un ballet los cisnes de sus dedos
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, las piernas celestiales
dos pilares de carne divina
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, los ojos vitreaux de templo
luces de incesante gala
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, los dos pechos buenos
manjares legados para todo el hambre toda la sed
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, el tono de voz
entre plañido y dulce queja de amor
que sueño tomar, apropiarme,
llevármelo a la boca.
Hoy descubrí en esta mujer que conozco
una épica hinchazón en sus heroicas piernas,
agua bendita olí en sus manos de santa fregona,
en sus ropas los óleos sagrados de su cocina,
y vi nubes de congoja
en su boca de recluta doméstica.
Esta mujer que conozco _
hoy profirió palabras de bella lucidez
y palabras de lúcida belleza;
y todo ello vuelve más querible
más inevitable y cierta y deseada
a esta mujer que conozco
y que sueño tomar, apropiármela,
llevármela a la boca.



MAQUINITA LA SINGER

Cedieron los hilos de la memoria
y puntada tras puntada se le desató la lengua.
(Sube y baja la pedalera
como que viene y va;
debajo, los pies suben y bajan
pasos que vienen y van).
Cuenta cielos, sutura tierras,
tules de nacer, gasas de novia;
curó guantes heridos, dejó afuera al invierno;
amigó partes rivales, paños de gala resucitó, harapos;
desposó géneros masculinos y femeninos;
fulgores le regresó a la anciana bata,
entusiasmos a la tullida mantelería.
Para siempre entregó
su melodía de animal laborioso.
(Sube y baja la pedalera
pasos que vienen y van)
Está sola.
Es vieja y habla sola.



TRES

La pelirroja se para en medio de la pista
como en el trono del centro del mundo.
Los hombres susurran y ella lo sabe
por eso avanza las tetas,
el mascarón de su proa.
La rubia de pelito corto sonríe,
los hombres susurran y ella lo sabe,
por eso todo el tiempo sonríe
con dibujo de tonta felicidad.
La morena planta en la escena
su cabeza de mar nocturno que perturba,
y ella lo sabe.
Los hombres apuntan
al camino de seda negra de su pelo
después que pone el cielo en el grito
"el que no se desnuda bajo la lluvia
no juega;
el que no trepa hasta la cocina de la pasión
no juega.
Vamos muchachos, vamos,
hasta la victoria siempre".



ESCENA

Adentro de la habitación de una casa
de adentro del mundo
un hombre se clava se congela
en una prisión sin tiempo,
hechizado por la imagen   postal   cuadro
de su amada, desnuda, que duerme.
Afuera nada sucederá digno de ser contado,
y el sueño, los trabajos, la pasión
harán lo suyo y nadie lo recordará.
El hombre mira.
Ella no sabe que se deja mirar.
Los ojos de todo, del agua, del fuego,
del aquí y del allá
se citan en el hombre que mira
y siente que allí
es el centro de la casa el centro del mundo;
y que entre ese instante y el que sigue
son el dar y el tomar invencibles
de una cinta sin fin.
(Todo llamado de afuera resultará vano)
Reposada la escena.
Gloriosos se los ve. Colosales.
Con uno que mira
y otro que se deja mirar.



CONVERSEN MÁS CERCA

Si no se miran la luna abdicará;
si no se dicen el aire se pondrá a ladrar;
si despegan los cuerpos el agua volcará su mar;
si alejan las manos el tiempo se bajará de las horas,
el descalabro visitará cada casa
y con lo puesto la confusión andará por ahí.
Si uno y otro los dos dejan de amarse
no querrán llegar los no nacidos todavía.
Si uno y otro los dos se dejan de amar
la salud se apagará para todo
y tocará a rendición la alegría.
Se derramará la leche de la tierra
y los cuatro elementos cuatro
se detendrán en plena calle.



ARDORES

A ver, a ver quién rabia más 
Quién se lanza más afiebrado, 
quién muerde con más ceguera. 
A ver, a ver quién busca más voraz 
quién llega más bestial  
quién embiste y derriba
y toma y desarma más veloz; 
quién con más furor come y bebe 
y traga y saborea al otro 
y respira más vendaval 
en este día radiante 
que manda amar o morir.


Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)