martes, 13 de octubre de 2020

FRENESÍ


























EL RÍO

Vi el río, su orilla, la profundidad de su cauce,
su potestad, su desborde, el desconsuelo, la aparición
de algún cardumen de dientes afilados que siempre está al acecho,
un remolino que intentará llevarte a sus fauces.
La corriente y su mensaje atrayendo como un imán,
directo al corazón en el recuerdo de los días de la infancia.
La rama del sauce acariciando con su mano de seda
las oraciones del que pesca, el vuelo rasante de la garza,
el paso militar de los gallitos del agua
y la presa en el pico del martín pescador.
Veo el río, mi historia zambulléndose en sus aguas
y la torpe manera de sostener mi cuerpo en la superficie.
Sé que si hay un modo de tocar el barro
en barro habría de convertirme para sostener las raíces del irupé
y hacer mía esa fuente, esa flor, de una vez, para saber
que alguna vez la tuve.
Nada existe como es, sino existe como ha sido.

Alguien tira la red, alguien recoge el espinel.
Cada quien busca el sustento que lo mantendrá atado
a un paisaje, una religión de supervivencia y penas.
Siempre hay un anclaje que nos lleva al fondo de las cosas
y siempre una barca donde nos dejamos llevar.
Aunque dudemos, le quitemos un sí a ciegas
o nos vare la desconfianza, la corriente intentará
dejarnos en buen puerto, nos entregamos pensando
que siempre habrá un árbol de cuyas ramas
ha de surgir el sostén para salvarnos a tiempo.

Así el río ante nuestra mirada, la memoria y el eterno regreso.
Así nuestra manera de celebrar su modo de estar allí
y ser bautizados por sus aguas.
El río en el desborde de mi corazón
y la sensualidad al tacto de mis pies,
el río como una cuna donde me duermo
en la candidez del recuerdo y donde juego
y vuelvo a zambullirme para que no me pesquen.

El río, no como fuente sino como praxis.
El mismo donde alguna vez se te lavó la ropa,
donde enjuagaste tu pelo, te bañaste,
batiste un récord o simplemente usaste
para regocijo del verano,
como un modo de salvar lo que nos da la tierra.



ANTES, MUCHO ANTES

Eran los tiempos en que las chicas, antes de la noche sacaban
a pasear sus gusanos sin sobresaltos; las chicas que con pacien-
cia debían alimentarlos con hojas frescas de mora. Ellas sabían
cómo tratar la materia prima con que elaboraban sus vestidos,
Ellas conocían las implicancias de las manos de seda del mismo
modo en que cuidaban tiernamente sus gusanos. Esto fue mucho
antes de que la resaca de la avanzada tecnológica las abrumara
hasta devastarles los paseos del atardecer; mucho antes de que
llegaran las novelas mejicanas a la tele y Caro Cuore las tentara
con una nueva línea de lencería. Eran los tiempos en que cada
una acunaba una canción resonando desde el amanecer Una
canción que venía desde lejos y que nadie tenía en cuenta porque
la música era parte de la existencia; antes que Ricardo Montaner
les destrozara el corazón con sus baladas. Antes, mucho antes
que hablar de música con ellas se transformara en una charla
antropológica. Antes, mucho antes de que el atardecer fuera la
suma de adjetivos con que lo mataron en los poemas. Cuando
pasear los gusanos era el placer, la belleza.



EL ARTE DE BORDAR

Joan Cleeford bordó los 30 manteles
que se usaron en el casamiento de su hija Nancy.
Blanco sobre blanco la textura encantaría a los invitados,
después, los mismos se usarían en la película
El Gran Gatsby de Jack Clayton, en 1974.
Por estos días de diciembre del 2014,
la artista y diseñadora argentina Jazmín Berakha,
después de encontrar las telas que quería
en una tienda de Tokio y bordar durante todo un año,
presenta su muestra “Encantamientos “.
Dice ella que más allá del encantamiento instantáneo
con el material-, lo que fascina es la entrega
de trabajar con el bordado, una técnica poco inmediata
que requiere de muchísimas horas diarias
para poder generar una sola forma.

Mi mamá se crió trabajando para las familias inglesas
que tenían la administración de la Forestal
en el chaco santafesino, allí conoció los preciosos manteles
de hilos bordados con los que se cubrían las mesas
donde comían sus patrones.
Ella misma aprendió a bordar y las grandes bolsas
de azúcar que trasladaban en los trenes de la forestal
eran los manteles de mi casa.
Dos bolsas unidas bastaban para la mesa grande.
Sobre su madera, por dos veces
podía leerse en letras azules:
ZUGAR - The Forestal Land, Timber
and Railways Company Limited-
y a su alrededor, flores de intensas tonalidades,
o una extraña fauna que nos miraba y se dejaba mirar
sin que supiéramos nunca de donde aparecían
esas cebras lilas y naranjas, o las jirafas de cuello corto
y manchas azules sobre fondo rojo,
para que los dedos y los hilos de colores de mi madre
los copiaran como quien dice voy a dibujar
las vacas o las gallinas del corral.
Uno comía sin saber, en aquellos años
que tenían para sí la idea de lo exótico,
que ya éramos hijos del encantamiento.

Cuando la oración, a la luz del sol de noche,
mamá embellecía aquellas arpilleras blancas
que los ingleses desechaban, mientras mis hermanos
hacían la tarea bajo la tierna vigilancia de esa mujer bruta.
Sin saber -no podía saberlo-,
ponía ante nosotros, más que un arte,
la dignidad con la que nos iría educando.


La cita corresponde a Jazmín Berakha, 
RADAR, Página/12. 7 de diciembre de 2014.

 (Del libro “Frenesí” (La gran Nilson, 2017)

Patricio Torne




Patricio Torne . Poeta argentino. Nació en Helvecia, Provincia de Santa Fe, en 1956; pero vive en Villa Mercedes, San Luis, desde 1985. Publicó: Órbita de Endriago, 1989; )Ed. Filosalfía, 1990) Helvecia y otros tópicos, (Ed. Todos bailan, 1990); Donde muere la lógica, (Ed.Último reino, 1992), Anacrónica, (Ediciones de la nada, 2000; Perros (ed.Revistas callejeras, 2010;  Materialismo dialéctico (ed. deacá, 2013)  Perros y más Perros (Ed. deacá, 2015); Capital simbólico (Gatogrillé Ediciones, 2017) , Frenesí (La gran Nilson, 2017; y Antes de la caída (La gran Nilson, 2019).  Tiene inéditos: Los Cocineros y La voz del Zángano. Textos suyos han aparecidos en diferentes publicaciones de Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil, México y España. En la década del `70 militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y padeció las cárceles de la dictadura. En Villa Mercedes ha desarrollado actividades relacionadas con espacios sociales, periodísticos y culturales. Dicta Talleres de Escritura y Lectura en la Secretaría de Extensión Universitaria de la F.I.C.E.S. de la UNSL; y junto a sus talleristas lleva adelante el ciclo PRETEXTO desde 2010, del que han participado poetas de todo el país para que lean su producción junto a poetas del lugar. Ejercita la plástica como una de sus pasiones y el periodismo cultural.







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