Hugo Padeletti
Es la seda o la vida. La crisálida
muerta, la abolida
mariposa
son
residuo. El poema
es otra
cosa. Es,
de
pronto,
su
propia mariposa.
Lo
primero es la hebra. Lo que sigue
-acogido
o cambiado,
reducido,
realzado, dividido,
en eco
o en contraste-
depende.
Largamente
se
rehace. Si vive,
sobrevive.
Suele
ser caprichosa
la
punta, una ocurrencia
casual:
el
vuelo de una mosca, los humores
del
mar, un pensamiento
de
Marco Aurelio. Acaso,
jubiloso,
un monumento
de
retamas en flor -la inteligencia
de su
ahora amarillo.
Y
basta. Lo segundo
es
saber detenerse. La homilía,
el
despliegue previsto, lo rotundo
simétrico
es
coturno. El que escucha
se adelanta.
Los puentes
discontinuos,
al reves,
valorizan
el salto.
Diría, pese a Horacio,
a tal
cuerpo otros miembros:
delfines
en los bosques, jabalíes
en el
mar e imprevistos
de
púrpura. El poema
respira
por sorpresa. Cada pausa
lo deja
renacer,
le
incorpora silencio -ciertas islas
son el
agua.
Demetrio
definía
el estilo
que me
gusta como árido. Estilo
de
semillas, diría,
fertilizante:
‘MULTA
PAUCIS’.
Las
órdenes son cortas, los lamentos
son
largos, las semillas
son
árboles.
Volvamos
a las
orlas de púrpura, a las astas
de
ante, al engastado
de
granates. ¿Son gratuitos?
El
lugar del poema
es la
atención, el foco. Donde nace,
allí
renace. Halos
de oro,
campos
de
gules, lemas
morales
-el botín
de la urraca-
son
anzuelos.
Son redes, estas rutas
cifradas
cuyo
anverso es tapiz.
Del país
de la
seda sinuosas caravanas
trajeron
esta muestra
donde
duermen dragones.
Hugo Padeletti (Argentina; Santa Fe, 1928 - Buenos Aires, 2018)
Pueden leer más poemas de Padeletti en entradas anteriores.
Sobre “DEMETRIUS ON STYLE”
por Horacio Zabaljáuregui
Horacio Zabaljáuregui nació en América, Provincia de Buenos Aires en 1955.
Estudió Letras en la UBA. Formó parte de la revista y editorial Último
Reino. Publicó los libros Fragmentos órficos (1981), Fondo
blanco (1989), la última estación del mundo (2001), Querella
(2006) y América (2014). Enseña en la Universidad Nacional de las Artes
y fue editor en el Fondo de Cultura Económica de Argentina.
(De la revista N°43,
Hablar de Poesía,
Bs.As., 2021)
“Demetrius on style” es un poema de Hugo Padeletti (1928- 2018)
publicado en 1974, en el que el poeta vuelve sobre su oficio, despliega
paciente y lúcido sus procedimientos e inscribe su poética en una genealogía.
Labra así, en su escudo, la cifra de un estilo, los emblemas de su arte.
En principio, este es uno de los poemas en
los que Padeletti no incorpora formalmente el título en el cuerpo del texto. Sobre
el estilo -el tratado de retórica y crítica literaria escrito por Demetrio
de Falero en la Grecia helenística entre el siglo III a. C. y el I de esta era- es citado en inglés, lengua en la que seguramente
lo leyó el poeta y que, en todo caso, es una manera de inscribirse y
reconocerse en una tradición, la de los clásicos, pero también en la tradición
de la lengua inglesa. En el poema, el retórico griego se vuelve Demetrius y, junto con el latino Horacio, constituyen
las referencias a la preceptiva clásica que aparecen allí. En ambos casos a
contrapelo, contraviniendo la prescripción del autor de las Epístolas
quien, en su poética, la famosa Epístola a los Pisones, recomienda tanto
al pintor como al poeta que la obra no debe estar compuesta por partes que no
tengan una coherencia, pues está necesariamente sometida a la ley de la unidad
temática y de la armonía de sus partes: “Me afano en ser breve, me hago oscuro;
nervio y aliento faltan al que persigue la ligereza; otro, buscando lo sublime,
cae en la ampulosidad; se arrastra en la tierra el prudente en exceso y el
temeroso de la tempestad; el que desea trocar un tema sencillo con prodigios,
pinta un delfín en los bosques, un jabalí en las olas. El evitar
un fallo lleva, si se carece de arte, a un vicio.’’
Padeletti escribe:
“...Diría, pese a Horacio,
a tal cuerpo otros miembros:
delfines en los bosques,
jabalíes
en el mar e imprevistos
de púrpura. El poema
respira por sorpresa. Cada pausa
lo deja renacer,
le incorpora silencio -ciertas
islas
son el agua...”
Padeletti revela su recurso: en principio,
reconoce su arte para evitar el vicio o lograr virtud de lo contingente, de lo imprevisto,
“esa hebra o punta caprichosa” de todo comienzo de escritura a la que refería
un poco antes.
En lo que respecta a Demetrio, este examina
cuatro clases de estilo: el llano o sencillo, el elevado, el elegante y el
fuerte o vigoroso, y los cuatros vicios que son la contraparte de estos. Para
el estilo sencillo, su defecto es el “estilo árido”, cuyo vicio está en la
composición típica de la estructura aforística que acumula proposiciones,
vocabulario trivial y un pensamiento afectado. Padeletti por su parte escribe:
“...Demetrio
definía el estilo
que me gusta como árido. Estilo
de semillas, diría,
fertilizante:
“MULTA
PAUCIS...”
He aquí un segundo elemento de la poética de
Padeletti, una divisa en el escudo de su estética: ese “lo mucho en lo poco”;
el valor del epigrama, como disparador del poema, el poder germinal de la
frase, las resonancias de un refrán o una palabra.
El poeta evoca el resto, el residuo que ha
transmutado en poema: “El poema / es otra cosa. Es, / de pronto, / su propia
mariposa.” Se abandona la crisálida, pero también la mariposa que suscitó el
poema, y la metamorfosis se lleva a cabo en el lenguaje: “Es la seda o la
vida...”
El comienzo es la ocurrencia, el surgimiento
caprichoso de la hebra que será tapiz. Una contingencia llama la atención. Adviene
a la atención, que es para el poeta “el lugar del poema”. En esa extática
contemplación, el vuelo de una mosca, un pensamiento de Marco Aurelio, o la
retama, monumento del ahora, del presente, se despliega o se repliega, “en eco
o en contraste / depende. Largamente / se rehace. Si vive, / sobrevive”.
En ese foco, en la contemplación puntual,
inspirada, se compone la heráldica del oficio, se despliega el escudo con sus
ornatos, sus lemas morales, sus motivos de contrastes engarzados. Una poética
debe -y aquí se hace con suprema maestría- plasmarse en un escudo: “Halos / de
oro, campos / de gules, lemas / morales.”
Daniel García Helder en el número 14 de Diario
de Poesía, en la reseña del libro Poemas 1960/1980, esbozó un escudo
del linaje del poeta e imaginó sobre un campo de gules, una mosca de plata y
debajo un dragón dorado sobre un campo de azur. La mosca simbolizaría el
presente tautológico y omnipresente y el dragón la figura mitológica que en la
tradición anuda el Ying y el Yang, la tierra y el cielo, lo masculino y lo
femenino.
En su Demetrius, Padeletti no se
remite a la simbología profusa del rojo sangre (gules) o del dorado en la
heráldica (en esta disciplina los colores presentan correspondencias simbólicas
con un metal, un signo del zodiaco, un elemento, un ave, una flor, virtudes
teologales y mundanas, etc.), sino que compone estéticamente un estandarte. Es
un poeta y también un artista plástico y elige los colores que prefiere.
Juega a cifrar, a ocultar (“emblema” es según
su etimología griega “lo que está puesto dentro” o “encerrado”) a pesar de que
no aluda más que a la pura forma. Del mismo modo que se adivina una leve ironía
en poner como título del poema “Demetrius on style”. Una puerta falsa. Acude a
un retórico menor del período helenístico para fundar su clave poética sobre
aquello que el griego descalifica: la aridez de un estilo.
Así, con la astucia de la urraca, se oculta
esa palabra que trae la otra, “el motivo es el anzuelo”, diría parafraseando a
Girri. De ese modo teje el poeta, ocultando el punto y levando redes que
recogen aquello que se vuelve el anverso del tapiz. Allí, en un relieve del
bordado, se entrevé el sueño del dragón, la figura demiúrgica que hace de la
contingencia acontecimiento, palabra primordial que une cielo y tierra,
potencia prodigiosa que de las semillas hace árboles.