domingo, 26 de abril de 2026

FLOR LITERAL

 



hubo uno bigbang

hubo uno bigbang, otra Hsichün y llegó Vallejo. y así otros 
siguieron y se unieron en cadena. 
¿habrá una gracia reservada al elegido? 
¿es el mal-decir de un ojo servil al paseo de la luna? 
¿a quién subyuga la imitación del rastro en la ceniza, 
el código sin fuego, la letra vacilante? 
¿y a qué dios pedirle el valor de una renuncia o el secreto? 
ningún santo responde. atisba un verso y agoniza. 
¿otro siglo sería más oportuno para la forma del hombre y 
su remesa ambigua? 
debería ser fácil y breve, como 
“salir de la nada a este bullicio; 
el último minuto se va ensordeciendo y 
pide una palabra que no deshonre”. 



miedo

miedo. de que no quede trazo / traza con silencio. témperas 
del temperamento / ardides del ardor /
perspectivas del espectro. qué demonios sulfurar 
del sufrir? buscan salideras los poetas del siglo y ven. 
versos que envejecen en la hermosura inicial, y otros 
naciendo siempre al último día. ser del tiempo y a fondo. 
ah, la existencia! la metáfora de la existencia, su acabóse, 
su querer! el lenguaje a tono con el lenguaje. relajarse con 
la cosita del coso o el coso de la cosita. o armarse  
con los revólveres de la ninfa. rompen las testas para dar 
en el blanco. sangran noches los montajes, las monturas 
de altos caballos. sueltan olimpos y quantum 
sobre una enredadera. muriendo 
como buscadores de oro en un río avaro. 
dan ganas de acariciar el dolor, de decir 
aquí está tu pepita, tu sueño dorado.



la poesía

la poesía, en la prosa o en el verso, 
en un relámpago de la mirada sobre un lienzo, una nube, 
sobre los restos gelatinosos de una espina de pescado, 
no cambia el mundo. es, el mundo: la aparición
del recluso, del torturado en la incesante vulgaridad 
de los días y de las tardes y de las noches. 
el encenderse de una antorcha entre los pliegues 
serviles y húmedos de la carne. el salto, el asalto, 
el dragado, la excavación. 
el pasaje del sedimento aceitoso de las razones 
al acto súbito, revelado. no gasta un minuto el estallido 
que da al aroma de las rosas. gasta techos gélidos, ratones, 
escozor. tiempo histórico, memoria.



exijo un límite 

exijo un límite. a las que se desmadran sin madre les digo: 
hasta aquí. llegaron lejos; no las pude parar pero esto se 
acabó. me bajan la cabeza y vienen al pie. al de cinco 
dedos y hueso sobresalido. al que patea la pelota, al 
descalzo, al bruto pie que se empolva intuyendo las 
huidas. no me traigan un arrozal, ni un cocotero de playa, 
ni un bosque a la brisa del mar. yo vivo en esta ciudad. 
aplíquense al territorio, bestias lengualargas. no se me 
mueven, no dan un paso más de la alcantarilla ni del 
jacarandá de la avenida. ladren como los perros, críen 
veneno de alta chusma. y ni hablar del sonambulismo por 
las medianeras, esa cosa fantasmagórica, felina, desacorde 
con la real realidad. y al brillo que ostentan de sólo 
pronunciarse se lo meten en el bolsillo. te voy a dar yo 
significante. van a hacer reverberar la tierra, como dios 
manda. la que pisa el pie. las voy a tener cortitas. 
lentejuelas
pa’l  carnaval.



las correspondencias

las correspondencias se van gastando, viejo poeta. 
los perfumes, la expansión de cosas infinitas. los símbolos 
se reducen como cabezas cortadas por los jíbaros.
los sentidos no tienen tiempo, no se detienen. 
ninguna materia trasciende la materia en la contemplación. 
acabados y solos. como el mundo. encapsulados como 
los eucaliptus y el mar. tendrías que tutelarnos Ángel 
en lo invisible, aquel del Niño desheredado.
quedamos pocos en el templo que se derrumba. 
los bosques se queman y la mirada de los árboles. los ecos 
y la oscuridad no caben en la certeza, 
en la forma dura, inconfundible, 
de cada palabra. ¿podrás sostener el hilo tembloroso
y maldito, 
sostenerlo 
como una copa de vino ante los insaciables? 



la voz se cansa de sí

la voz se cansa de sí, se aburre en imágenes, en formas de 
representación. espera que la tuerca gire sobre su eje. 
la tuerca es terca, empedernida, adiestrada. agonía. 
siempre el mismo agujero, el mismo torneado giro hacia 
la estancia estable. los mismos trozos de cal caída.
la repetición de la rotura, la tortura del tope invariable, 
los exactos centímetros de la perforación. y todo por 
un poco de belleza. y la misma musiquita. cruel metal. 
otra vez los pájaros, la palabra que intenta derrumbar 
las vigas, los pilares de un viejo edificio. los pájaros, abril,
las gotas siempre iguales de la memoria.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Cristina Daian


Cristina Daian en primera persona:
Nací en Villa Soldati, CABA, en 1951 y vivo actualmente en el barrio de Boedo. Egresé de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) con el título de Profesora en Letras. Participé de varios Seminarios de Psicoanálisis y de Cine y Psicoanálisis en la EOL (Escuela de Orientación Lacaniana). También participé de talleres de actuación en Timbre 4 (Claudio Tolcachir), Teatro El Cuervo (Pompeyo Audivert), Teatro Calibán (Norman Briski) y en el Centro Cultural del Teatro Gral. San Martín.



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