jueves, 27 de agosto de 2026

ASÍ HE PASADO POR EL MUNDO y otros poemas

 


Así he pasado por el mundo

En páginas de libros aún no escritos,
en pétalos que leves se entreabrían
bajo el velado sol de una selva lluviosa,
en los labios desnudos de una mujer dormida
se posaron mis labios.

No se posa la abeja en el estambre
con menos peso. El toronjil, la menta,
el tomillo, en la miel serrana ocultos,
no se insinúan en la boca pura
de una niña con menos insistencia.

Así he pasado por el mundo, 
sin dejar otra huella que la que deja el tiempo
sobre sí mismo. Fui sólo una hebra
volátil del telar de aquella reina
que desteje de noche lo que teje
cada día... La Reina de la Vida. 

Y hermoso es lo que fue si lo miramos
nimbado por el oro fatal de lo perdido.
Más hermoso es aún lo que pudo haber sido
en los pliegues del tiempo, lo que una vez soñamos.
Y aún más hermoso es siempre, aquí en tu casa,
el instante de amor que desearíamos
detener en su vértigo y que pasa.

2016


La mitad en la sombra

La mitad de la cara está en la sombra
siempre, la luz no abarca todo el cielo
ni es posible saber lo que te oculta
el pleno mediodía. Sueño o música
o selva oscura o fuga de rapaces
o en el hilo de Ariadna la ilusión
de ser libre algún día –son la prueba
de que tu propia voz esconde al otro
que ríe o que sonríe a tus espaldas
mientras vas por el mundo. No te espantes
de las iridiscencias y matices
del ambiguo crepúsculo en el agua
más transparente. En lo que digo late
un secreto, un secreto, en lo que callo 
asiente su verdad tu ayer sepulto.
La mitad de la voz está en la sombra
siempre. Nadie lo dice nunca todo.
Tampoco yo, que todo te lo digo.


Enero 2026


Arabesco

El alto dinoterio escuchaba tu primer arabesco
absorto en las praderas del mioceno,
querido Claude, y la mojada primavera
subía por las venas rígidas de los árboles 
y el futuro se abría en nubes ligeras, deshilvanadas, flotantes.
Allí estaban también los cuadernos y lápices de la felicidad,
la que no necesita explicación, 
porque la dama que esperaba –descalza, grandes ojos
y cintura que anhela como un álamo cuando la luz vacila – 
no tenía un solo nombre sino todos
y mi deseo la llamaba.

No conocía aún la fábula del rey y de sus hijas ciegas 
que encienden en la torre una lámpara vana
y esperan al que nunca vendrá.

Entonces penetré en el hipogeo
y visité a escondidas, solo y temblando,
la voz que me invitaba bajo el lino traslúcido,
el beso del silencio bajo la voz desnuda.


2004-2015


(Inéditos; Gentileza del autor)


La garganta en la roca

XIV. Maestra ciruela

Cinco pétalos blancos y en su centro 
los pistilos de oro y madrugada.
Vimos así al ciruelo florecido 
y era todo el ciruelo una flor blanca.
Era todo el ciruelo una flor blanca 
y nuestra huerta entera perfumaba.

Era una maravilla
ver y sentir la flor y su perfume.
Con vientos y con lluvias vino octubre 
y las flores cayeron.

De las mil ciruelitas diminutas 
que al fallecer los pétalos dejaron, 
algunas prosperaron.

Verdes, ya del tamaño de una uva 
pequeña, ayer las vi al sol de la tarde, 
en una tregua de la lluvia.

Nada la vista en ellas imagina 
de la profunda púrpura y dulzura 
que se deshará fresca entre los dientes 
y dejará en los labios un sabor 
parecido al amor.

Nada tienen que hacer, sino dejarse 
vivir, permanecer, bien agarradas 
a las ramas, ocultas en las hojas, 
hasta ponerse dulces y moradas.

Sin esfuerzo, sin maña, sin escuela, 
nada más que con tiempo, 
aprende la ciruela a ser ciruela.


(Del libro:"Un oráculo de agua",
Fénix,2023)



La voz humana

Como dos soledades que se tocan 
desde planetas muy lejanos, 
ella v yo hemos hablado por teléfono 
oyendo más la voz que las palabras 
tal vez, como si las palabras 
dijeran menos que la voz, 
como si las palabras fuesen algo 
pero la voz lo fuera todo.

Casi desconocidos, ella y yo
nos hemos casi amado por teléfono,
como dos soledades que se alcanzan
desde planetas muy lejanos,
unidos aun por la distancia,
sin vernos, sin tocarnos, sin olernos,
sólo oyendo esa voz en el teléfono,
como si fuéramos fantasmas
hablándonos desde otro más allá,
como dos almas que habitadas
por densas multitudes de voces implacables
pudieran descansar por un momento
en esa sola voz que no es fantasma,
que no acusa ni miente,
en esa sola voz piadosa,
en esa voz humana resonando en la noche.


(De: "Letras de agua"; 
Pliego de Poesía,OVA
        Ed.Juan Meneguín)

Alejandro Bekes


Alejandro Bekes (Santa Fe, 1959) ha publicado los volúmenes de poesía Camino de la noche (1989), La Argentina y otros poemas (1990), Abrigo contra el ser (Ediciones Río de los Pájaros, 1993),El hombre ausente (Colección Fénix, 2004), Si hoy fuera siempre (2006) y Virgen de proa(Pre-textos, 2015) y Un oráculo de agua (Fénix, 2023). Ha traducido una selección de la Poesía de Nerval, Venus y Adonis, de Shakespeare, Geórgicas de Virgilio, Fábulas de Fedro y la obra completa de Horacio (en cuatro tomos: Odas, Epodos, Sátiras y Epístolas, 2005-2022). Milagro de Ia noche (2019) incluye las traducciones de la Elegía de Thomas Gray y de En Villequier, de Víctor Hugo, con extenso prólogo. Es autor del diccionario de lingüística y teoría literaria Breviario filológico (2013) y de los libros de ensayo Los caminos tortuosos (1998) y Lo intraducibie. Ensayos sobre poesía y traducción (2010) y de un diccionario mixto titulado Breviario Filológico. Ha sido docente titular de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Ha dictado numerosos cursos v conferencias sobre la enseñanza de la lengua materna, la literatura y la traducción. Actualmente coordina el taller de lectura Amaranto”,


Pueden LEER todos los poemas del autor:  AQUÍ



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