jueves, 25 de julio de 2013

Abedules


























Cuando veo abedules oscilar a derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se les oye crujir,
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve...
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles...
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano,
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar. Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo
Siempre conservó el equilibrio 
Hasta la copa, trepando con cuidado 
Con igual esfuerzo que al llenar un vaso
Hasta el borde y aun por encima del borde. 
Después se balanceó, los pies primero,
Y voló con un silbido al suelo. 
Así me balanceaba yo en las ramas. 
Y así sueño con hacerlo una vez más. 
Cuando estoy harto de contemplaciones,
La vida se parece a un bosque sin caminos, 
El rostro arde y pica, atravesando telarañas, 
Y un ojo llora, azotado por las ramas. 
Me gustaría salir de la tierra un tiempo
Y volver a ella y empezar de nuevo.
Espero que no me malinterprete la fortuna, 
Concediéndome a propósito la ida
Pero negándome el retorno.
La Tierra es el lugar apropiado para amar: 
Ignoro si existe mejor sitio. 
Me gustaría pasar mis días trepando un abedul, 
Por las negras ramas de su nevado tronco,
Hacia el paraíso, hasta que vencido por mi peso,
Curve su copa y me devuelva al suelo. 
Eso sería bueno, ir y volver. 
Hay cosas peores que mecerse en abedules.



Robert Frost


(Traducción: Agustí Bartra y Julieta Marina Herrera)
BIRCHES


When I see birches bend to left and right
Across the lines of straighter darker trees,
I like to think some boy's been swinging them.
But swinging doesn't bend them down to stay.
Ice-storms do that. Often you must have seen them
Loaded with ice a sunny winter morning
After a rain. They click upon themselves
As the breeze rises, and turn many-coloured
As the stir cracks and crazes their enamel.
Soon the sun's warmth makes them shed crystal shells
Shattering and avalanching on the snow-crust
Such heaps of broken glass to sweep away
You'd think the inner dome of heaven had fallen.
They are dragged to the withered bracken by the load,
And they seem not to break; though once they are bowed
So low for long, they never right themselves:
You may see their trunks arching in the woods
Years afterwards, trailing their leaves on the ground,
Like girls on hands and knees that throw their hair
Before them over their heads to dry in the sun.
But I was going to say when Truth broke in
With all her matter-of-fact about the ice-storm,
I should prefer to have some boy bend them
As he went out and in to fetch the cows--
Some boy too far from town to learn baseball,
Whose only play was what he found himself,
Summer or winter, and could play alone.
One by one he subdued his father's trees
By riding them down over and over again
Until he took the stiffness out of them,
And not one but hung limp, not one was left
For him to conquer. He learned all there was
To learn about not launching out too soon
And so not carrying the tree away
Clear to the ground. He always kept his poise
To the top branches, climbing carefully
With the same pains you use to fill a cup
Up to the brim, and even above the brim.
Then he flung outward, feet first, with a swish,
Kicking his way down through the air to the ground.
So was I once myself a swinger of birches.
And so I dream of going back to be.
It's when I'm weary of considerations,
And life is too much like a pathless wood
Where your face burns and tickles with the cobwebs
Broken across it, and one eye is weeping
From a twig's having lashed across it open.
I'd like to get away from earth awhile
And then come back to it and begin over.
May no fate willfully misunderstand me
And half grant what I wish and snatch me away
Not to return. Earth's the right place for love:
I don't know where it's likely to go better.
I'd like to go by climbing a birch tree
And climb black branches up a snow-white trunk
Toward heaven, till the tree could bear no more,
But dipped its top and set me down again.
That would be good both going and coming back.
One could do worse than be a swinger of birches. 




Robert Frost. Poeta norteamericano nacido en San Francisco en 1874 y muerto en Boston en 1963. Considerado uno de los fundadores de la poesía moderna en su país, por expresar, con sencillez filosófica y profundidad sentimental, la vida y emociones del hombre rural de Nueva Inglaterra. Estudió en la Universidad de Harvard y en 1885 su familia se trasladó a Lawrence, Massachussets. Desempeñó varios oficios, tales como maestro, hilandero, zapatero, granjero y editor de un periódico rural. En 1912 viajó a Inglaterra, donde contactó con poetas de fama, como Abercrombie y Edgard Thomas, publicando allí sus dos primeros libros, una colección de poemas y un conjunto de monólogos dramáticos. Tuvo un éxito inmediato y en 1915 regresó a Estados Unidos, donde ya era reconocido. Dio a conocer posteriormente Intervalos en la montaña (1916), El arroyo que fluye al oeste (1928), Una cordillera de más allá (1936), En el calvero (1962) y otros volúmenes de versos y dramas. Sus poemas reflejan la naturaleza ligada a las emociones de los hombres que la habitan, con un lenguaje sencillo que va tejiendo no obstante máximas o moralejas complejas. También innovó en la métrica y los recursos prosódicos y melódicos, encontrando rimas tan sencillas como vigorosas: con un metro sencillo podía realizar variaciones infinitas. En este sentido se distinguió de muchos de sus contemporáneos de principios del siglo XX, que utilizaban la experimentación indiscriminadamente. Innovó, además, en los diálogos dramáticos, unificando las formas poéticas con el habla coloquial. Recibió cuatro veces el premio Pulitzer y ha sido reconocido como uno de los poetas nacionales, además de gozar de una amplia popularidad en varias generaciones de lectores. Junto con W. Whitman y E. Dickinson, está considerado el mayor poeta de Estados Unidos.




martes, 23 de julio de 2013

Tres piedrecitas


























En la mesa 
bajo la lámpara 
hay tres piedrecitas 
que traje de Dieppe

a menudo cuando como
bebo café o hablo
interrumpen
el curso de mis pensamientos

una es de color verdoso 
alargada y ancha 
y se zambulle en el mantel 
como un pez

la segunda es marrón 
y abierta con una lengua 
cuando la vi por primera vez 
pensé en un hocico

la tercera es ovalada
gris oscura entre líneas blancas
común y fortuita
no me recuerda a nada

cuando las piedras interrumpen
alargo la mano
para tocar
lo que encuentro en ellas

oriento el pez 
para así poder ver 
sus ojos 
y el envite de su cola

coloco
el dedo meñique 
entre las mandíbulas 
del animal marrón

la tercera piedra la levanto 
y sostengo detenidamente 
para volver a dejarla en la mesa 
y así

se me parece sólo a lo que es



John Berger
(Traducción: Pilar Vázquez)



John Berger. Escritor inglés (Londres, 1926 - Francia, Antony, 2017). Inició su vida profesional como pintor y profesor de dibujo. Las marcas de la guerra en el futuro incierto de su padre, el radicalismo político postergado de su madre y la dureza de la escolaridad británica lo hicieron anarquista a los quince años, desertor del preparatorio de Oxford a los dieciséis, y alumno rebelde más tarde en la Escuela Central de Bellas Artes. Después del fin de la guerra, su fe marxista, otra escuela de arte, esta vez en Chelsea con profesores artistas como Henry Moore, y el primer oficio, una columna semanal de crítica de arte en el New Statesman y el Tribune, editado por George Orwell.También fue guionista de cine. Su primera novela Un pintor de nuestro tiempo, fue duramente criticada por su aparente simpatía con la dirigencia húngara prosoviética; y su ensayo Modos de ver, libro de referencia para toda una generación de historiadores de arte, fue un éxito inesperado. Recibió el Premio Booker por su novela G, donando sus beneficios en parte a las Panteras Negras. Más tarde se exilio definitivamente en el continente europeo, en una pequeña comunidad de campesinos en los Alpes y actualmente divide su vida entre un suburbio parisino durante el invierno y el pueblo alpino en verano. Las novelas de Berger hablan de una dialéctica moderna implacable entre memoria y pérdida, progreso y nueva barbarie. Su trilogía De sus fatigas, compuesta de Puerca tierra (1979), Una vez en Europa (1983) y Lilia y Flag (1990), es una extendida meditación sobre el camino del campesino que cambia una pobreza por otra en la ciudad. Además publicó: Y nuestros rostros, breves como fotos (1984), Hacia la boda (1995), King (2000), Aquí nos vemos (2005), Fotocopias (2006), EL sentido de la vista y El tamaño de una bolsa, entre otros. En la actualidad es uno de los novelistas y ensayistas más originales y revelantes del mundo anglosajón.




domingo, 21 de julio de 2013

INTERIOR




Forcejeada carne
de lo absolutamente otro y uno.
Y cada cosa, aquí, como si fuera lo último
en ser dicho: el sonido de una palabra
casada con la muerte, y la vida
que es este afán en mí
por desaparecer.

Contraventanas cerradas. El polvo
de un yo anterior, que vacía el espacio
que no lleno. Esta luz
que crece en un rincón del cuarto,
adonde todo el cuarto
se ha movido.

La noche se repite. Una voz que me habla
sólo de los objetos más pequeños.
No ya de objetos, sino de sus nombres.
Y donde no haya nombres,
de las piedras. El alboroto
de las cabras al remontar los pueblos
a mediodía. Un escarabajo
devorado en la esfera
de su estiércol y, más allá, un enjambre
de mariposas púrpuras.

En la imposibilidad de la palabra,
en la palabra no hablada
que asfixia,
me encuentro a mí mismo.


Paul Auster


(Traducción: Jordi Doce)

INTERIOR

Grappled flesh
of the fully other and one.
And each thing here, as if it were the last thing
to be said: the sound of a word
married to death, and the life
that is this force in me
to disappear.

Shutters closed. The dust
of a former self, emptying the space
I do not fill This light
that grows in the corner of the room,
where the whole of the room
has moved.

Night repeats. A voice that speaks to me
only of smallest things.
Not even things—but their names.
And where no names are—
of stones. The clatter of goats
climbing through the villages
of noon. A scarab
devoured in the sphere
of its own dung. And the violet swarm
of butterflies beyond.
In the impossibility of words, 
in the unspoken word 
that asphyxiates, 
I find myself.





Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 3 de febrero de 1947) está considerado como uno de los más grandes autores norteamericanos contemporáneos, destacando por obras tan conocidas como La trilogía de Nueva York. Auster estudió en Columbia y tras licenciarse en literatura se instaló en París, donde trabajó como traductor hasta su vuelta a Estados Unidos en 1974. Establecido en Brooklyn desde entonces, Auster se dedicó a la literatura tras el éxito conseguido por sus novelas Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada. Auster combina temas cercanos a la filosofía y al existencialismo con tramas en ocasiones cercanas al realismo mágico con resultados que le han llevado a conseguir numerosos éxitos, como El país de las últimas cosas, El palacio de la luna o Leviatán, entre otros. Además, Auster siempre ha sentido una especial predilección por el mundo del cine, siendo el autor de guiones como La música del azar, Smoke, Blue in the Face, Lulu en el puente o La vida interior de Martin Frost, entre otros, algunos de los cuales ha llegado a dirigir.A lo largo de su carrera literaria, Paul Auster ha recibido numerosos galardones, entre los que habría que destacar el Premio Médicis, la Orden de las Artes y las Letras de Francia o el Príncipe de Asturias de las Letras.

viernes, 19 de julio de 2013

PARECE AMOR





Cuando él y yo estamos juntos, parece amor
Y cuando estamos hablando y riéndonos juntos
parece amor
Y cuando nos abrazamos y vamos juntos a lugares
simplemente parece amor, parece amor
Y cómo me mira y la cara que pone
Y lo que dice y lo que yo siento
Y las cosas que hace y los sentimientos que nacen en mí
Y las canciones que suenan y mi mente a la carrera
Y la primavera a la carrera que nos va ganando y el sol y
/la luna
y la luz baja del atardecer
recortando los árboles oscuros y los pájaros en llamas 
simplemente parece amor 
de verdad parece amor 
No sé 
Seguro que lo dije todo mal



Dorothea Lasky (E.E.U.U., St.Louis, 1978)


(Traducción: Cecilia Pavón)


It feels like love: When he and I are together, it just like feels like love/ And when we are talking and laughing together/ It feels like love/ And when we are hugging and going places together/ It just feels like love, it feels like love/ And his eyes on me and the way he looks/ And what he says and the way I feel/ And the things he does and the feelings I get/ And the songs that play and my rnind a racing/ And the Spring racing before us and the sun and moon/ And the low light of the evening/ With the dark trees/ silhouetted and the birds aflame/ It just feels like love/ It really does/ I don't know/ I must have said it all wrong




miércoles, 17 de julio de 2013

¿Era esa tu idea del amor?




























¿Era esa tu idea del amor? 
¿Era esa tu idea del amor?

Esas brillantes mentiras inventadas a tu antojo 
que me pegaban justo en medio de los ojos. 
¿Era esa tu idea del amor?

Ese escarbar y escarbar buscando mugre, 
ese hurgar en la herida por costumbre... 
¿Era esa tu idea del amor?

Y todas esas acusaciones que me hiciste 
sobre la artera traición que padeciste ... 
¿Era esa tu idea del amor?

   Me sentí como un ahogado. Parecía una inmersión
   en un mar de culpas, negro.
   Hasta que entendí que era pura distracción.
   En secreto, otro era tu juego.
   Tenías un juego, y lo jugaste a fondo.
   ¿Era esa tu idea del amor?
      
     Curioso que no me haya dado cuenta de lo que se 
            /nos venía encima,
       esta cosa vengativa, este rencor.
       Curioso cuánto tiempo aún seguí pensando
       existe una manera simple de que todo esté mejor.
       Y lo más curioso es pensar cómo fingiste
       buscar terapia, apoyo,
       cuando lo que querías era librarte de mí
       a cualquier precio para todos, 
       a cualquier costo para mí...

¿Era esa tu idea del amor? 
¿Era esa tu ¡dea del amor?
El resentimiento con un disfraz encantador, 
el cuidado puesto en causar tanto dolor... 

¿Era esa tu idea del amor?
Esa destreza en el uso de evidencias 
para demoler hasta la última defensa... 
¿Era esa tu idea del amor?
Esa manera de convertir el bien en mal, 
de quedar como la víctima al final... 

¿Era esa tu idea del amor?
       Sin duda mereces felicitación
       por esta campaña eficaz.
Me gustaría saber los términos de la capitulación, 
pero supongo que has dejado claro por demás 
que van a ser muy duros. 
¿Es ésta tu idea del amor?
Líbrate de mí te lo suplico. Déjame en paz.
Di que no quieres saber nada conmigo nunca más. 
¿Ese fue el cálculo? 
¿Así te dan las cuentas? 
¿O queda más de esto... 
falta algo más, no te contenta?
¿Es ésta tu idea del amor?


James Fenton

(Traducción: Mirta Rosenberg)


Was That Your Idea of Love?: Was that your idea of love/ Was that your idea of love// Those brilliantly corrected lies -/ They hit me straight between the eyes.// Was that your idea of love//that endless digging for the dirt/That motive-seeking where it hurt -/Was that your idea of love// And all those accusations you made/ About the subtle ways you'd been betrayed -/Was that your idea of/ore//It felt like drowning. It felt like an immersion/ In a dark sea of blame/Until I found out that it was all a diversion.//You had a secret game./ You had a game to play and you played rough./Was that your idea of iove//funny I never noticed it creeping up on us,/This vengefulness and spite./ Funny how long I went on thinking/ There must be a simple way to put things right./ And funniest of all to think of you/ Pretending to seek professional advice,/ When what you wanted was to be shot of me/ At any cost to anyone,/ At any price/ To me...// Was that your idea of love/ Was that your idea of love// Resentfulness disguised as charm,/That care in plotting future harm -/ Was that your idea of love//That skilful use of evidence/To batter down each last defense -// Was that your idea of /oi/e//That conjuring of bad from good,/ That mimicry of victimhood -/ Was that your idea of /ove/You certainly deserve congratulation/ On an effective campaign./ I'd like to know the terms for outright capitulation/ But I suppose you've made it plain/ They're going to be tough./ Is this your idea oflove//Be shot of me I beg you. Let me be./ Tell me again you want no more of me./ Was that the reckoning?/ Was that the sum?/ Or is there more of this -/ Is there more of this to corne?// Is this your idea of love/' Is this your idea of love// Be shot of me I beg you. Let me be./ Teli me again you want no more of me.///s this your idea of love?







James Fenton Lincoln, Inglaterra, 1949. Poeta, profesor universitario, crítico de teatro, periodista, corresponsal de guerra en Camboya y Vietnam. También ha residido y cubierto eventos en Filipinas, Sur de Corea e Indochina. Realizó estudios de Filosofía y de Sicología. Sucedió al premio Nobel Seamus Heaney como profesor de Poesía en la Universidad de Oxford. fue nombrado miembro de The Royal Society of Literature en 1983. Su poesía ha sido recogida en dos volúmenes: Children in Exile, 1968-1984; y Out of Danger, 1994. All the Wrong Places: Adrift in the Politics of the Pacific Rim, 1988, es otra de sus obras.






lunes, 15 de julio de 2013

En mi principio está mi fin


Aquí o allá, en ninguna parte. 
Pero éste es el reino 
¿ Y para qué ojos
            cuando es necesario inventar 
            aquello que deberíamos mirar?
Así es difícil hablar de la Historia sin narrar algún hecho. 
Desde mí ventana veo árboles, desfiles, Escuelas de Guerra. 
(Cada uno está solo cuando muere) 
Así
   pienso en Lorenzo el Magnífico, 
   en su política de orden y de equilibrio. 
   Pienso en "La Rebelión de los Locos", 
   en el puñal que hirió el brazo de Lorenzo, 
   en su sangre que fue un ópalo de fuego 
   cayendo como una paloma ciega
                              como un rojo demente
   sobre la traición pálida y mesurada del sucesor de Pedro. 
   (Cada uno está solo cuando gobierna) 
Pienso en el Capitello de Giotto, 
en las campanas de Florencia, 
en el cuerpo y en la voz magnífica de las florentinas 
que son un susurro y una caricia celeste, 
una melodía sensual y continua, 
un agua de sombras o recuerdos ardientes
                      donde toda la realidad se desvanece. 
(Así
   el paisaje geométrico de La Anunciación 
   ese paisaje donde las líneas son el hombre
   el trazo que hace de María y el ángel el comienzo de lo terrible 
   la armonía del número y las tinieblas.)
(Cada uno está solo cuando crea
                    cuando hace de su vida 
                    un artificio de la eternidad)
Así pienso en mi país,
   en el hombre que un día se fue para su trabajo
   y dio trabajo a los asesinos. 
También se llamaba Lorenzo, 
también creía en el orden y en el equilibrio 
pero no en la política. 
También su agonía fue roja y oscura
como su vida         como su verdad.
(Cada uno está solo cuando muere.) 
Pienso, finalmente,
   en el último discurso de Bartolomé Vanzetri en la Corte. 
(Si no hubiera sido por esto
   yo hubiera podido vivir mi vida 
   charlando en las esquinas 
   y burlándome de la gente.)
Nuestras palabras        Nuestras vidas  Nuestros dolores. ¡Nada!
La pérdida de nuestras vidas
   —la vida de un zapatero y un pobre vendedor de pescados-
   ¡Todo!
Ese momento final es de nosotros
                                Esa agonía es nuestro triunfo.
(En mi fin está mi principio) 
Acá concluye el sueño. 
Acá comienza la palabra.
                        Oh el hombre 
                        Oh la antigua llama



Mario Morales





Mario Morales (Pehuajó, 1936 — Ciudad de Buenos Aires, 1987) fue profesor de filosofía, poeta y maestro de poetas. En su juventud frecuentó las reuniones de poetas organizadas por Roberto Juarroz y dirigió con él la revista poesía=poesfa. En esa época ambos recibieron la influencia decisiva de Antonio Porchia. Más tarde, en la década del setenta, nacen los grupos de poesía Nosferatu, El sonido y la furia, y luego Ultimo Reino, creados en torno a Mario Morales. Alrededor de esos grupos se generaron traducciones, libros de poesía, recitales, debates, polémicas y publicaciones de revistas, Nosferatu y Ultimo Reino, entre ellas. En la década de 1980 el legado de Morales alcanzó plenitud pública a través de la revista y la editorial Ultimo Reino, que ocupó un lugar central en la historia de la poesía argentina de esos años. En 1973 recibió el premio Fondo Nacional de las Artes por su libro Plegarias. Es autor de los libros Cartas a mi sangre (1958), Variaciones concretas (1962), Plegarias o el eco de un silencio (1974), La canción de Occidente (1981), La tierra el hombre el cielo (1983) y En la edad de la palabra (1986).


En la Foto: Victor Redondo, Jorge Zunino y Mario Morales, Barranca de los Lobos, 1982.

sábado, 13 de julio de 2013

El foso

















Respiré por última vez el aroma de los eucaliptos 
y pasé bajo el arco donde estaba escrito: Aquí termina 
     el mundo.
¿Dónde estamos? —preguntó el niño que todavía no 
     había nacido.
En ninguna parte —contestó el hombre que ya había 
     muerto.
Y señalando en el medio del campo un inmenso foso
agregó: Todos saldrán por ese mismo lugar.
¿Dónde estamos? —preguntó el hombre escondiendo los
ojos en el bolsillo de la chaqueta. 
En ninguna parte —contestó la mujer plegando su
     cabellera como un mantel. 
En ese momento el viento cambió de dirección 
y sentí por primera vez el olor de la nada. 
Y ese olor nos atormentó durante el resto de la jornada,
     y la jornada siguiente,
y todas las que siguieron hasta el fin de nuestros días. 
¿Dónde estamos? —preguntó el hijo templando las
     cuerdas de las alambradas. 
En ninguna parte —contestó el padre pasando una
     esponja sobre los árboles. 
Pero los veteranos, encendiendo fogatas, se ponían a
     cantar
y todo parecía un alegre campamento de verano. 
¿Dónde estamos? —preguntó el muchacho con el cordero
     sobre los hombros.
En ninguna parte —contestó la muchacha con el ramo de
     nomeolvides en el pelo. 
¿Cómo podíamos cantar mirando día y noche el negro
     foso?
Un día, sin embargo, el aire amaneció fragante; 
olía a almidón, a cabello de mujer recién lavado, 
acaso porque ese día ella descendió por el negro foso, 
¿Dónde estamos? —preguntó el niño con el rayo de sol
     entre los dientes. 
En ninguna parte —contestó el anciano revolviendo el
     caldo negro de la memoria. 
Ese día, en cuclillas junto al fuego, empezamos a
     cantar.
Cantábamos bajo las duchas de la luna llena, 
cantábamos pelando papas infinitamente oscuras, 
cantábamos separando la uña de la carne. 
Aun el último día entre los vivos cantamos. 
En fila india, con el clavel de los mansos en el corazón, 
caminamos lentamente hasta el borde del pozo. 
¿Dónde estamos? —preguntó la niña que dormía con el
     ave fénix en sus brazos. 
En ninguna parte —contestó la madre con el balde de
     olvido sobre la cabeza.
Así, tomados de la mano, esperamos el amanecer 
y bajamos cantando a la eternidad.




Horacio Castillo (Argentina; Ensenada, Provincia de Buenos Aires,1934 - La Plata, 2010)



Imagen: Agujero negro.



jueves, 11 de julio de 2013

Tatuajes



VEJEZ

Vino a cobrarlo todo:
las trampas del amor, sus ademanes,
y estos turbios espejos
que se avergüenzan de mirar a nadie.




TATUAJES

Yo creo en las palabras 
que son carne y espíritu: 
tatuajes repujados 
a punta de cuchillo.




TERNO


Pantalón

Acróbata en su percha, 
se cae y se levanta 
y se levanta y cae 
pero queda 
colgado de sí mismo, 
como yo.



Chaleco

El botones, ausente
de mi panoplia ciudadana,
será custodio fiel 
en el combate 
cuando rinda sus ramas 
la cordura.



Saco

Mañana iremos a pedir limosna: 
Por una flor alargaré la mano 
y tú la esperarás en el ojal.



Jacobo Regen (Salta, Argentina, 1935)







martes, 9 de julio de 2013

Chejoviana



Es el jardín de los cerezos adentro del otoño; 
ocre se ven los gastados oros de las hojas 
y blancas las vaporosas mujeres de gasa. 
No alcanzan a oírse las voces, 
pero se muestran los cuerpos y sus sombras; 
la mantelería acostada debajo de una vajilla
que aguarda esperanzada; y la boquilla de Trigonin
que entra al espacio como pez de aire.
Del samovar escapan silbidos de nostalgia,
aires de tiernos recuerdos, trenes de dulces memorias.
Se hinchan como velas los pechos de las tres hermanas
con ráfagas azules de pasión.
No alcanzan a oírse las voces;
Masha pregunta o parece que pregunta:
"la gaviota que llega anuncia felicidad?"
Y antes que regrese el silencio
Tío Vania dice, o parece que dice:
"llegarán los visitantes de la ciudad,
entonces ya no estaremos tan solos
y todo florecerá..."
Es el otoño adentro del jardín de los cerezos.



Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)







domingo, 7 de julio de 2013

Quién




¿Quién caerá primero?
¿Quién estará solo
primero?
¿Quién 
se resistirá inútilmente
al cielo que avanza?



HABITANTE DE LA NADA

Vivo entre piedras,
su forma se me parece.
¿Yo soy una piedra,
un juguete en la tumba de un niño, 
una medalla ennegrecida?
Soy más bien un espejo gastado,
una superficie que no refleja,
un rostro impar,
un día que termina.



Susana Thénon




Susana Thénon (Buenos Aires, Argentina, 1935- 1991) Poeta, traductora y fotógrafa, también escribió algunos ensayos. Ubicada, según su momento de creación poética, dentro de la denominada Generación del ’60 en la Argentina. Contemporánea a poetas como Juana Bignozzi y Alejandra Pizarnik, aunque no formó parte de ningún grupo literario se la suele afiliar con ambas por el tipo de construcción marginal que trabaja en su poesía, sin adherirse a ningún movimiento reinante en aquellos años. Como se deja entrever anteriormente, su relación con los demás poetas de su generación es casi nula, salvo Pizarnik, con la cual se frecuentaba, y junto con quien publicó en la Revista Literaria Agua Viva (1960), quizás una de sus pocas señales de apertura al medio. Existe un vacío en sus publicaciones entre 1972 y 1982, ya que se dedica activamente a la fotografía, aunque de todas formas continúa escribiendo. La poeta María Negroni sería una de las compiladoras de sus libros póstumos (La Morada Imposible I y II) Sus libros de poemas son los siguientes: “Edad sin tregua” (1958), “Habitante de la nada” (1959), “De lugares extraños” (1967), “Distancias” (1984), “Ova completa” (1987) y las recopilaciones “La morada imposible, Tomo I” (2001) “La morada imposible, Tomo II” (2001).




viernes, 5 de julio de 2013

Debemos dormir



Debemos dormir, antes de quemar las naves, 
como quien supone que olvida, 
debemos dormir.

Trabajar,
como el que cree que es útil,
hasta agotarnos.

Comer, hasta el hartazgo; 
debemos beber hasta el hartazgo.

Levantarnos en mitad de la noche 
para buscar agua o algo, 
mover una cortina, ver el cielo afuera, y 
volver a dormir.

Follar, hasta morir; después dormir.



(De: "Notas para una tanza",
Gog y Maggog, 2012)


Irene Gruss (Buenos Aires, Argentina, 1950-2018)










miércoles, 3 de julio de 2013

Poema







































La noche traspuso los umbrales del horizonte
la vida transcurre ahora más lentamente
El silencio traza surcos de soledad
sobre la tierra desnuda
y el tiempo,
más detenido que nunca
golpea aún nuestro cuerpo




Juan Manuel Inchauspe





Juan Manuel Inchauspe. Nació en la Argentina, en la Provincia de Santa Fe, en 1940, donde siempre residió, a excepción de unos años pasados en Rosario.En esta ciudad formó parte de la redacción de la revista Alto Aire, donde aparecieron, en 1965, sus primeros poemas. Su breve obra poética comprende los libros Poemas 1964-1975 (Ediciones La Ventana, Rosario, 1977) y Trabajo nocturno (Universidad Nacional de Santa Fe, 1985). Además estudió y enseñó literatura. Y realizó traducciones de poetas brasileños. Murió en la ciudad de Santa Fe en 1991, como consecuencia de un paro cardíaco.



lunes, 1 de julio de 2013

El libro de las formas que se hunden



(cantabile)


¿el caracol es eso que se calla 
cuando lo separas de tu oreja?

¿nadie tiene más para decir ahí adentro?

¿es así como se comienza a silenciar la historia 
en la minuciosidad de los hechos diminutos
             ignorados
     cuando un niño devuelve su molusco a la marea 
luego de exprimirle sus voces,
         jugos de un fruto de mar?

Y no.
Estarías días enteros, años,
hasta el fin de tu vida, Heráclito, escuchando
   sin que se agoten las voces 
porque vos sabes como todo el mundo sabe 
que un caracol no dice nada
     y no guarda secretos para nadie 
y sus sonidos
   son las mareas sanguíneas que desembocan en el tímpano 
y se amplifican contra el nácar de un caparazón puesto a oráculo: 
      un espejo sonoro frente a tu oreja 
          el oído escuchando al oído

        y para ello hubiese bastado 
el más humilde caracolito que se come las hojas de acelga en el patio
o el que ahora trepa las paredes de un viejo hotel 
junto a un dios no menos goloso

    Pero, ¿y Fox? 
     ¿y el Capitán?
        ¿y Francisco?
            ¿y Virginia?

¿qué escuchamos entonces?

un niño se ha enroscado sobre sí mismo
    y de sus espiras brotan relatos que se amplifican
como rayos de luz que pasan a través de cristales concéntricos
y entonces mirá
         escuchá la tormenta de tamariscos que se abate
sobre líneas en fuga de maderas tropicales
mirá el rayo que se amplifica cuando brota del ojo de una ventana 
   y abre y cierra los compases de la danza
baile en medio de la sierra de cuerpos que se precipitan
al fondo marino

mirá
escuchá 
escribí

los sentidos del cuerpo se vuelven sobre el sentido del lenguaje 
los sentidos sobre el sentido 
el cuerpo sobre el lenguaje

y escandí

otra vez


                       y el caracol asomó sus cuernitos
                         y empezó a comerse las palabras






Mario Ortiz


Mario Ortiz nació en 1965, en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Docente de literatura en el secundario y la universidad nacional del sur. Todos sus libros se llaman cuadernos de lengua y literatura. El libro de las formas que se hunden -de donde fue extraído el poema que presentamos- es el Cuaderno IV y fue publicado por Gog y Maggog, en 2010.