domingo, 20 de mayo de 2018

LAS CASAS


3

recordarás un día. el contacto de mi mano
en la tuya. el que ahora te ofrezco. sólo diremos 
que era en junio, hace muchos años. recuerdo un 
día sólo porque viene con tu nombre mezclado. y 
lejos y muy cerca. y pronto.
como una ola, pronto. y donde todo acaba
o todo comienza. como mi padre me miraba
un día. suelo asentir a lo que decís. y sé que eso 
me alboroza. ahora ya soy viejo
y lo comprendo, hija.


9

necesito dormir hasta la próxima ciudad
en la que el ómnibus se detenga. todo plan resulta 
perfecto si nadie se equivoca. aprendimos
esa lección al punto de cometer un error tras otro. 
una respuesta en la cabeza: se acabaron
las costumbres. ya no sirven. ya no queda nada. 
cedo a la negra noche. a la ruina de un hogar 
cuyos horcones encierran el color del mistol 
pulverizado. desde la primera huella de mi tranco 
aplico un cartabón convertido en su espejo.


14

ya te mostré la derrota en aquel mundo 
vespertino y perdido. en la pureza del brillo 
intacto de la luz, lo que era real desaparece 
con un bullicio apagado. pasa de largo el mar
a oscuras. resultó de la colisión entre un conjunto 
de datos objetivos y la línea tersa donde la orilla 
se perfila con nitidez y se hace a un lado
y se aleja al fin. llevado por la ligera huida 
de los elementos todo ha caído,
ahora todo ha caído.


15

las casas se derrumbaron. desaparecieron
las últimas poblaciones. se inundaron los prados. 
el único producto exportado es la luna. estaba 
incluido en los cálculos. tengo mis privilegios.
o soy cómplice o soy testigo.
eso quiere decir que estoy pensando en vos. 
en no olvidarte al pensar. las cosas que haga
un tipo siempre tienen alguna relación entre sí.
esta noche ya bebí demasiado.
que alguien me encierre, por favor.


22

la pared desnuda de una choza de adobe. 
horcones. una casa, alega mi padre. de otrora, 
de afuera.fijate si empleás un canto venerable,
adecentado, enfrente de tu hilera de teclas negras. 
o la extrañeza. para la postal revisionista
de los fogones. fogatas, dirías vos. datos 
biográficos, listas de tus obras, pa, tus empleos. 
solicitaría un plus de sentido. preferimos
la limeta. señala la boca del subte: 
acá empezaba el zanjeo.


26

sus ojos se humedecieron tras los lentes. 
cantábamos en voz alta canciones de amor
y de júbilo. sin otras ocupaciones que el cuidado
del jardín. y parecía que se hubiese suavizado 
mi rudo acento. vitrales, añicos de la iglesia
de combray, en mi vaso. y alcohol con cocaína,
para no quedarme dormido, en mi vaso. 
hallaría su formulación explícita. la sucia 
nieve de los recuerdos en pleno sueño.


31

la casa está en orden y silente el barro, 
permitime  que intente evocar el antiguo 
rito de magia negrísima, adversa y trabajo 
manuaL irreconciliable, sin alias propios, 
palabras, locuciones en clave, implícitas, 
jergas o giros particulares. e indiferente 
respecto a todo lo ajeno, a tantas sectas 
encantadas. y así aceptar lo que es posible 
de nuevo y que pase más deprisa el tiempo que 
falta para que volvamos a vernos.


32

nunca vamos a estar más cerca
de lo que estamos ahora. sin importar
qué o quiénes somos. la oportunidad histórica 
del comunismo concluyó. aún podríamos estar 
en el rincón de donde escapamos. un rincón 
donde habríamos podido vivir siempre.
no puedo prometerte  lo que ya sé ahora, 
lo que buscaba en algún lugar del mundo, 
la idea de estar seguro, a salvo en algún 
lugar, con alguien como vos.


34

qué grandes somos todos juntos a la luz
del cielo. tal vez hoy les dije lo mismo,
no lo recuerdo. nuestros criterios no precisan 
cumplidos, una divisa, una soledad artificial
o partir el amor que otros tuvieran entre sí.
la emoción que en ellos concurre seguirá 
presente cuando muchas cosas de solidez 
notable ya no estén en su sitio.


57

hoy, recién hoy, me di cuenta de que tenemos 
todo el tiempo. y el mejor lugar del mundo, 
merlina. lanzás una canción al aire y yo
que nada sé, cedo y recuerdo en el mismo 
instante. porque aparecen tu imagen y tu voz 
y te encuentro aquí y allá. veremos pasar
y pasar el disco cobrizo del péndulo 
como una luna plena. y finalmente 
todos  se irán. pero nosotros no.


79

aunque ya no nos pertenezca. y es seguro 
que no volveremos más. los más tersos
y hermosos haces de estrellas. creí que eras vos, 
que regresabas. también podía ver que sonreías. 
no ceso de atisbar todos los ruidos de la noche. 
de seguir esperando a que se abra aquella puerta. 
y después, lo volví a pensar, cada cual regresó
a su sitio, en silencio. nada ha cambiado todavía.


85

intentás contar los puntitos, la noche
estrellada. pero siempre perdés la cuenta. 
tal vez tengan algo para vos. un montón
de arena y mucho cielo azul. aunque el brillo 
no resista más y caiga hacia adentro
como si estuviera lleno de piedras. 
te escribo porque no estás
sola en el mundo.

(Envío de Verónica, 
del libro Las casas
editado por Barnacle, 
Bs.As., 2018)
Alberto Cisneros (Argentina, Buenos Aires, La Matanza, 1975)



IMAGEN: Casa de las tejas, fotografía de Hugo Aveta.






viernes, 18 de mayo de 2018

PAPÁ TRAJO A CASA UN CUATRO ELE

























HUÉRFANO

En el desayuno de esta mañana
cambiaste sin decir nada
las galletas, el queso, la infusión acostumbrada
cuando ya me había acostumbrado
a ver en tu cara
el rostro de una mujer
desconocida.



ALGO COMIENZA

El pelo recogido resalta el brillo de sus ojos
y el rojo de sus labios recién pintados
sin que la vea su madre fuma en la vereda
esperando el viejo coche que la lleve al trabajo
fuma y repasa los temas mentalmente
no quiere titubear frente a unos chicos de campo 
que elogian su letra prolija en la pizarra 
sus dibujos con tizas de todos los colores
a veces la esperan al borde de las vías 
en un cardal florido donde liban las abejas
les habló alguna vez del polen y el estambre
sus palabras parecían verdaderas.



UNA VISIÓN

Mientras contemplo
el trigo
llovido
de los campos

que todo
—y nada—
pertenece
a este mundo.



UN HIJO PREDESTINADO A PAGAR LA CULPA DEL PADRE

Ahora que he alcanzado la de edad de la razón
que he dejado de ser un hijo bueno y piadoso
que escucha a través de la puerta entreabierta del baño
ahora que camino por las veredas siempre rotas de mi barrio natal y mi destino inevitable empieza a ser el que debe ser Marita, vieja amiga y costurera de la familia, me saluda, apoyada en el dintel de la puerta de una casa que nunca abandonó. No es lo que me dice Marita, es la forma
elocuente de mirar que tienen los ojos en la mañana
luminosa (unos ojos y pestañas pintados de manera
anacrónica) de quien ha conocido a la familia de cerca
ha zurcido su ropa interior, ha sentido el olor que dejan
las pieles en las prendas. Su juicio resulta a las claras
(aunque en principio me importe poco lo que piense de mí) condenatorio. Cuando me alejo lo bastante, apenas
unas pocas cuadras, para aceptar lo que sentencia su mirada esto es, a pesar de todas las insinceridades que me permito para conmigo desde que tengo memoria, creo que puede haber algo de cierto en su manera de mirarme, en la verdad de lo que yo ahora mismo siento: la falta de amor de mi parte que Marita ha comprobado como asidua visitante
de una casa con las puertas siempre abiertas en estos años
de convalecencia y deterioro que mi padre (el gordito,
como lo sigue llamando, al que recuerda en voz alta en el cuerpo del hijo avejentado) ha puesto con indiscutible tesón en mis narices. Más acá de las palabras Marita no odia pero ha dejado de amar seguramente a un hijo condenado.


(Envío de Verónica, 
del libro Papá trajo 
a casa un cuatro ele
editado por Barnacle, 
Bs.As., 2018)
Diego Colomba




Diego Colomba (San Nicolás, Santa Fe, 1972).  Poeta y crítico literario. Ha colaborado con reseñas, notas y entrevistas en numerosos medios. Seleccionó y prologó Imaginarios Comunes. Obra periodística de Fernando Toloza (2009). Publicó su tesis de doctorado Letras de Rock Argentino (2011) y el libro de crítica Mesa de novedades. Poesía y narrativa del presente (2013, premio obra inédita del Concurso Provincial de Ensayo Juan Álvarez 2012). En poesía publicó Baja tensión (2012, mención en el Premio Municipal de Poesía Felipe Aldana 2011), Desaire (2014), Inmemorial (2015), Chispero (2016), El largo aliento (2016) y el ebook La hospitalidad del mundo (2017).





miércoles, 16 de mayo de 2018

¿CÓMO SE LEE UN POEMA?





           Pido perdón por estas tres hojitas que voy a leer. Sé que la expresión improvisada es más vívida, aunque menos exacta, pero en estos siete años de alejamiento de los claustros universitarios he olvidado casi todo lo que aprendí y me cuesta extraer como de un pozo lo poco que sé. El tiempo elástico de la escritura me ayuda a lograrlo. No voy a hacer por lo tanto una exposición doctoral de cómo debe leerse un poema. Eso, como dije, ha quedado atrás. Actualmente me considero sólo un poeta. Además, he hecho ejercicios de origen budista para vaciar mi mente del exceso de conceptos, para tenerla disponible para lo que se presente en el momento. Ustedes conocerán probablemente la anécdota del erudito occidental que fue a visitar a un sabio budista para preguntarle por el sentido del budismo. Mientras el monje preparaba el té, el erudito se explayaba en la exposición de sus innumerables conocimientos. Cuando el té estuvo listo, el monje pidió al occidental que acercara su taza y fue vertiendo el té hasta que éste desbordó de la taza, llenó el platillo y amenazaba con chorrear sobre el suelo. ¿Qué pasa?, preguntó el erudito, ¿no ve usted que la taza está desbordando? Así está su mente, contestó el sabio, ¿cómo podría entrar en ella el sentido del budismo? No sólo el sentido del budismo requiere una mente vacía —0 vaciada sino también el sentido de un poema.
          Cuando voy a leer un poema me presento a él con la mente libre de preconceptos. Primero hago una lectura global no analítica para tener una primera impresión. Generalmente basta para saber si el poema es bueno o no. Cuando éste está escrito en una lengua extranjera que no domino completamente pero cuyas estructuras fundamentales conozco, como me ocurre con el inglés, lo primero que observo es la construcción sintáctica; es la armadura, el hueso del poema, su columna vertebral. Luego observo la constelación de imágenes; ésta me da el clima del poema. Finalmente hago una traducción, que es mi lectura de ese poema. Si éste está escrito en mi propia lengua, el proceso es el mismo, sólo que no tengo que hacer la traducción. Si la estructura sintáctica es coherente y animada, el poema tiene Vida. Casi seguramente, también tiene una buena estructura sonora, porque la sintaxis determina el fraseo, que es más allá de la métrica, el verdadero ritmo del poema. Luego veo si la constelación de imágenes es realmente una constelación; es decir, si es coherente, si las imágenes se apoyan y refuerzan mutuamente o si chocan y se neutralizan. En este último caso el poema es malo. Luego trato de Ver si hay una hilación conceptual explícita o si el . sentido está en la constelación imaginaria y sonora.
          Hay tres clases básicas de poemas: 1) los que tienen un hilo conductor conceptual, generalmente con disminución de los elementos imaginario y sonoro; 2) los que consisten esencialmente en imágenes, con probable disminución de los aspectos conceptual y sonoro* 3) los que ponen el acento en la música de las palabras: en la métrica, el ritmo, asonancias, consonancias y disonancias, paronomasias y juegos de vocablos en general, subordinando esto al sentido conceptual y en parte al imaginario. De más está decir que estas tres categorías rara vez se dan puras sino combinadas. Los tres elementos fundamentales del lenguaje: concepto, imagen y sonido pueden entrar en combinaciones múltiples, como lo prueba la apabullante variedad de la poesía a través de las lenguas y los siglos.
          Si se trata de un poema principalmente conceptual, los conceptos nos guían desde el principio hasta el fin, las imágenes ilustran los conceptos y el ritmo los va articulando. Pero ojo, que un poema conceptual, pese a su claridad, que a veces se complica en deliberada Oscuridad y dificultad, puede ser muy poco poético. Si el poema está compuesto básicamente de imágenes, es importante ver si hay una buena organización o simplemente una acumulación de ellas. La acumulación incoherente de imágenes es el recurso favorito de los malos poetas. Si el poema es esencialmente sonoro hay que descubrir si es significante, si no es un mero juego de vocablos. Hay un tope que este último tipo de poesía no puede sobrepasar: la anulación del concepto y de la imagen; si esto ocurre no hay ya lenguaje y por lo tanto tampoco poesía; ciertas experiencias extremistas lo han probado Si el poema, como ocurre en la mayoría de los casos, consiste en una dosificación variada de los tres elementos constitutivos, importa ver qué papel juega cada parte en el conjunto y saber apreciarlo.
          Un problema que se plantea frecuentemente al lector es el del hermetismo de cierta poesia. Un poema puede ser hermético porque es incoherente, o porque tiene una articulación muy compleja de concepto, imagen o sonido, o de los tres a la vez, o porque intentan comunicar experiencias inefables. Está el hermetismo sintáctico de Góngora, el hermetismo por elipsis de ciertos sonetos de Mallarmé, el hermetismo esotérico de Lubicz Milosz y el hermetismo transparente, al menos para el que tiene siquiera una vislumbre de la experiencia mística, de San Juan de la Cruz. Hay una clase de hermetismo que sólo se da, creo, en la poesía con-temporánea: es el de los poetas que parecen esforzarse intencionalmente por no decir nada: construyen una textura verbal vacía en el Vacío En este último caso, especialmente, pero en todos los casos hasta cierto punto, un recurso muy efectivo es el de la familiarización: aprender de memoria el poema hasta que forme parte de nuestro propio ser.
          Recuerdo una experiencia que hice cuando era estudiante de filosofía en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba. La materia Metafísica consistía exclusivamente en la lectura de cuatro libros. Uno de ellos era la Introducción a la metafísica de Heidegger. Yo era alumno libre desde Rosario, y no contaba con la ayuda constante del profesor, que era excelente: nada menos que Juan Adolfo Vázquez, entonces director de la colección de filosofía de Sudamericana. Recuerdo que leí tres veces la traducción al castellano y copie en un cuaderno las partes más difíciles sin lograr ningún avance. Conseguí entonces una versión francesa autorizada por el mismo Heidegger y continué mis lecturas con la avuda de un amigo filósofo que había estudiado a Heidegger en Alemania y en alemán. Él me hizo la traducción literal de los pasajes más significativos. Aqui hay que recordar que Heidegger es un filósofo-poeta que se crea de cabo a rabo su propio lenguaje aprovechando la ventaja de que el alemán, lengua aglutinante, permite formar siempre nuevas palabras por yuxtaposición de otras o partes de otras. Después de todo este esfuerzo, no puedo
decir que haya logrado traducir a Heidegger a un lenguaje filosófico convencional, pero sí que la obra se abrió dentro de mi y toda ella me resultó luminosa. Fue casi una experiencia mística
          Este es el esfuerzo que nos exigen los poetas auténticamente herméticos: que hagamos nuestra su poesía por la incansable relectura y, algunas veces, memorización. En ciertos casos también hace falta análisis, mformación, leer las notas del poeta y de sus exógetas y los libros que lo incluyeron. Pero hay una clase de hermetismo que no se justifica estéticamente; es el hermetismo por exceso de individualidad: cuando el poeta, en vez de símbolos universales utiliza símbolos exclusivmente personales y alusiones a sus propias experiencias privadas que no se explican en ninguna parte. Este, además de la abundancia de material no poético, es el defecto que hace ilegibles, salvo por fragmentos, los ‘Cantos de Ezra Pound, el más importante ejemplo de este tipo de hermetismo. Habría que leerlo con un diccionario explicativo, si pudiera hacerse, pero aún así sería muy engorroso.
          A mi los poemas que más me gusta leer son los intensamente líricos y a la vez metafísicos, de forma más bien cerrada que invita a volver sobre ella. Me cuestan los poemas narrativos y los poemas-río, que empiezan en cualquier lado, fluyen largamente en cualquier dirección y terminan inesperadamente en cualquier momento, Siempre he considerado importante como en los buenos cuentos el final del poema, un final que lo cierra definitivamente pero que al mismo tiempo lo abre para la relectura, que nos reenvía al primer verso, haciéndonos recorrer innumerables circunferencias en torno a un centro, circunferencias que encierran la pulpa sabrosa que no se consume al comerla sino que cada vez tiene un sabor distinto y como enriquecido. Estos poemas esféricos que vuelven sobre sí mismos se mueven internamente, para decirlo con palabras de Eliot, ‘como se mueve un jarrón chino inmóvil/perpetuamente en su inmovilidad’.
          Como habrán observado, he hecho hincapié en la lectura intuitiva del poema. Pero no ignoro que el análisis puede arrojarnos a la boca frutos sabrosísimos. Recuerdo que hace unos diez años yo dictaba en el Instituto Superior de MÚSICA de la Universidad Nacional de Rosario una Integración Cultural de cuatro años que culminaba en un curso de Estética y que comprendía un año de Poética. Empezábamos con Bécquer y terminábamos con los Cuatro cuartetos. Recuerdo la decepción de los alumnos cuando empecé con la lectura y análisis de “ Del salón en el ángulo obscuro…“, un poema tan fácil, tan simple y resabido. Pero me llevó más de un mes analizar la riqueza de las sonoridades en relación con el sentido, las correspondencias entre concepto y concepto, imagen e imagen, concepto e imagen. Recuerdo también el asombro de los alumnos al ver convertirse la humilde semillita de mostaza en semilla del universo. Creo que no olvidarán en su Vida que todo poema, como el Lázaro de la rima, necesita una voz que le diga: Levántate y anda. Lo único que no puede hacer, desgraciadamente, la buena lectura es transformar un poema malo en un poema bueno. Esto sólo puede hacerlo Berta Singerman (y no es una broma).
          Quiero recordar, por último, que un buen poema es una obra de arte. Que más allá de lo que el poeta dice -información, concepción del mundo, comunicación de experiencias, ‘mensaje’, como se decía antes, el poema es un objeto de belleza. La función de la belleza en la Vida de un individuo y de una cultura es incomparable e irremplazable. Por eso quiero terminar recordando los versos del Endymion de Keats: ‘A thing of beauty is a ]oy for ever;/its loveliness increases; it will never/pass into nothingv ness/ Que más o menos puede interpretarse: ‘Un objeto de belleza -una obra de arte- es un gozo para siempre; su encanto se acrecienta, nunca pasará a la nada’. O, para decirlo con palabras de una poeta contemporánea (Marianne Moore): ‘Beauty is ever— lasting and dust is for a time-. la belleza es eterna; el polvo sólo por un tiempo.


*leído en un encuentro de poesía
realizado en buenos aires.



Hugo Padeletti (Argentina; Santa Fe, 1928 - Buenos Aires, 2018)








lunes, 14 de mayo de 2018

EN UNA CAJITA DE FÓSFOROS





En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo
(pero hay que encerrarlo muy rápido,
si no, se lo come la sombra)
Un poco de copo de nieve,
quizá una moneda de luna,
botones del traje del viento,
y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.
En una cajita de fósforos
yo tengo guardada una lágrima,
y nadie, por suerte la ve.
Es claro que ya no me sirve
Es cierto que está muy gastada.

Lo sé, pero qué voy a hacer,
tirarla me da mucha lastima

Tal vez las personas mayores
no entiendan jamas de tesoros.
Basura, dirán, cachivaches
no sé porqué juntan todo esto
No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones,
tachuelas, virutas de lápiz,
carozos, tapitas, papeles,
piolín, carreteles, trapitos,
hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.

Las cosas no tienen mamá.



María Elena Walsh




María Elena Walsh nació en 1930 en Ramos Mejía, La Matanza, suburbio de la ciudad de Buenos Aires. Caserón grande, con patios y gallinero, un pomerania negro, rosales, gatos, limoneros y naranjos y una higuera muy cómoda sobre cuyas ramas la hija rubia y pecosa de «un inglés del ferrocarril» leía durante la siesta de los mayores Los Tres Mosqueteros, Robinson Crusoe y La Cabaña del Tío Tom. Antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, a los diesisiete años, escribió su primer libro: Otoño Imperdonable, libro de poemas que mereciera el segundo premio Municipal de Poesía. Ya antes, en 1945, había publicado sus primeros versos en la legendaria revista El Hogar y en el suplemento literario de La Nación. En 1948, viajó a los Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez. En 1952 partió hacia Europa, radicándose en París durante cuatro años. Allí, con Leda Valladares, formó un dúo que se dedicó a difundir el folclore argentino, recibiendo premios y el aplauso del público. Es en esa época también que comienza a escribir versos para niños. Desde 1959 escribe guiones para TV, obras de teatro, canciones y novelas para niños. Las canciones de sus obras de teatro (Canciones para mirar, Doña Disparate y Bambuco, etc.), la letra y la música de sus canciones son cantadas por millares de niños en la Argentina, generación tras generación, quienes participan del mundo de fantasía e ingenio que les propone María Elena Walsh. "Dailan Kifky", "Versos para cebollitas", "Hecho a mano", "Desventuras en el País Jardín de infantes", son algunas de sus obras literarias más recordadas.Murió en Bs.As., en 2011.



IMAGEN: Walsh por Grete Stern.




sábado, 12 de mayo de 2018

MUNDO LEGO





















Cuando de visita nos dicen:
hacé de cuenta que es tu casa,
nunca es nuestra casa.
No nos desnudamos en la cocina
ni revolvemos el secreter
en busca de un papel imaginario,
una declaración de amor.
No. A lo sumo nos sacamos los zapatos,
pedimos permiso primero.



Y abrís la puerta de calle
cincuenta metros al fondo,
escalera a la izquierda un piso
pensás en la cantidad de gente,
casi legión abandonando la casa
a la una dos tres de la mañana
sin camisón ni pantuflas, creés,
mejor conseguirte una novia
darles las llaves para que abra,
no estar soltero jamás.



La intención de vivir en este lugar
con muebles nada que elegís
es usar la vida de otros
sentir qué te pasa cuando te llaman
para la cena,
ponen la mesa, se acuestan
los chicos en sus camas.
La digresión sensorial alerta.
A las seis y media de la mañana
no hay persianas
la luz derrocha un festín
goloso de cucarachas muertas.




Josefina Saffioti


Josefina Saffioti, Poeta argentina, Buenos Aires, 1983. Publicó poemas en el volumen colectivo Felicidades también (2005); los libros:  Basurita editado por Colección Chapita, en 2009; y  Mundo Lego, en Ediciones en Danza, 2015.




jueves, 10 de mayo de 2018

O soy yo...





















está el que sube
y está quien baja
y se turnan
y es la idiotez más grande jamás igualada
porque no se ve nada desde ese arriba que no es
sino la cara idiota del que mira desde abajo y espera
y desde abajo, la cara idiota del idiota que no sabe
que no hay nada en ese arriba que no es… 

o soy yo...

que no sé desprenderme del suelo
ni dudar


***


Una mariposa no se detiene a pensar
en el grave error
de detenerse
a pensar.
Hagamos lo que vinimos a hacer:
el tiempo de la mariposa se desintegra en el aire.


***

también busco la rama en la copa que me asile
hasta que sople una brisa
y marque el rumbo.
no existe más certeza que la efímera quietud del aire




Iris Alejandra Giménez






Iris Alejandra Giménez. Poeta argentina. Nació en mayo de 1969. Reside en la ciudad de Viedma, provincia de Río Negro. Publicó el libro Lugar necesario, Colección Biblioteca Patagonia, Ediciones El Camarote-2006. Forma parte de la antología “Leer la Argentina”, literatura para adolescentes, Fundación Mempo Giardinelli, con el cuento “La especialidad de la casa”. Ha publicado en antologías, revistas literarias y sitios Web. Tiene inéditos el poemario Luz primera, del cual surgió la propuesta poético teatral “Alguna de mí” (año 2000). Otros libros de poemas como El umbral que me atraviesa –mención en el concurso XXIII del Encuentro de Escritores Patagónicos de la ciudad de Puerto Madryn, año 2003 y Musa Desnuda, 2004; Intangible y Sueños de avenidas anchas. También Caracoles y piedritas, cuentos breves y relatos. Estos poemas fueron tomados de su blog: Lugar necesario, clic aquí.






martes, 8 de mayo de 2018

ARTE Y FUGA





XVIII

(contrario motu)
A esto
enamorarse le llamamos 
Pere Gimferrer


¿entonces no estábamos bien 
cuando estábamos mal?


¿no estábamos tranquilos? 
bueno ¿bastante?


qué va -dije yo misma 
la vida no es extirpable


sin que nada lo anuncie 
un día cualquiera 
     algo llega


en efecto algo llega como salido del vacío 
como salido del vacío algo llega y se presenta 

Bonjour                  soy el tema real

un sol          o tal vez una sombra


la tarde con banderas 
   la posibilidad de todo


¿estoy allí?
¿estuve allí alguna vez?


mmm -dije yo misma 
¿y si no dónde?


oh río
cada cosa recuerda 
lo que no ha llegado a ser


a eso lo llamábamos quizá 
enamorarse
     hondamente guerra prolongada 
amantes
con ejército encima


        ¿y Ud. qué opina del señor Baudelaire? 
         no lo registro


¿y del exilio?
en el campo las espinas

        ¿cómo?
        ¿es posible no estar 
        en dos sitios a la vez?


        claro -dije yo misma 
habremos estado en Roma 
antes o después de Roma 
y no fuimos felices 
no lo somos


a propósito -dije 
en toda vida
      como en todo poema 
toma tiempo avanzar 
por la palabra 
nunca


con un poco de suerte 
está lejos de aquí 
pero cerca de aquí 
el corazón
      ávido de nada


el río sueña


tu flecha distraída
    se posa en lo indecible




María Negroni





María Negroni (Rosario, Argentina, 1951) .Escritora, poeta, ensayista, novelista y traductora argentina. Obtuvo su doctorado por la Universidad de Columbia, con una tesis sobre literatura latinoamericana. Desarrolla actividades académicas en la Sarah Lawrence College.​ Desde 2008, es profesora visitante en la New York University. ​ Además, dirige la Maestría en Escritura Creativa, en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (provincia de Buenos Aires) donde también es docente. Está radicada en Nueva York. Ha publicado varios libros de poesía: La jaula bajo el trapo (1991); Islandia (1994); El viaje de la noche (1994); La ineptitud (2002); Arte y fuga (2004); Cantar la nada (2011); Elegía Joseph Cornell (2013) e Interludio en Berlín (2014). Y las novelas El sueño de Úrsula (1998) y La anunciación (2007). También ha escritos los ensayos: Ciudad gótica (1994); Museo negro (1998); Galería fantástica (2009); Pequeño mundo ilustrado (2011); Cartas extraordinarias (2014) y La noche tiene mil ojos (2015).





domingo, 6 de mayo de 2018

ANDANZA




























¿Y cómo es un tiempo que no tiene leyes? 
¿dónde se guarda lo que no se tuvo? 
se dicen tales cosas tales otras 
nadie sabe de qué experiencias muere 
y el sol de enero y vos que tan venías 
tan como aliento allí me trabajabas 
por restringir lo alrededor del cuerpo 
a la hermosura exacta de la falta.



Si en la comba del vientre nos estamos 
si yo que me contraje y te me abría 
si algo así como un cielo que se expone 
a lo que encierra como azul de adentro 
si en tal disposición me dibujabas 
si yo existía donde me perdiste 
si hubo el espasmo y otras orfandades 
si toda imperfección es un regalo.



Vendrías por la parte silenciosa 
de mis labios pequeños figurados 
y también con tu voz sin luz atrás 
a mi versión soltera de la cama 
qué desastre me digo cómo fue 
que me dejé poner la lengua encima 
sin más anzuelo que tu contradanza 
sin más ganancia que la sed entera.



Contrario a las agujas del reloj 
hace cuánto a dos voces sin soltarme 
entre las piernas vos me caminas 
hacia el tumulto y nada que lo explique 
y yo insistiendo en eso que consigue 
sólo a veces la astucia femenina 
tatuar en el reverso del lenguaje 
tus señas de animal que no se deja.



Absuelta luz temblando entre las manos 
instigué en vos el juego sin por qué 
tan para hoy el hambre que me dabas 
sabiendo que besarte era lo más 
y vos te arqueás bajás en mí te erguías 
ahí en el agujero de diciembre 
ese espejo de carne donde yazgo 
premonición que gime todavía.



Mi querido mi noche mi fulano 
cada vez que me das un beso ahí 
y más nos adentramos suavemente 
por los pasillos de lo inusitado 
me estoy cayendo sí me haces caer 
comienza el mundo apuesto a deshacerme 
lo demás fue dejarse alucinar 
por lo pleno en lo pleno de la ausencia.



¿Y qué es el sexo sino un mar adentro 
que dice frases hacia todo y nada 
cada vez que en los trueques perniciosos 
abre fisuras tu animal concreto? 
no sé cómo llamar a estas mareas 
que me confunden por lo inesperado 
y hasta incentivan la ambición de ser 
herida entera que se canta muda.



Yo qué sé no es fácil explicártelo 
quererte no era el plan no lo sería 
sino insistir en lo que no se ve 
y un que no se me viera lo muy tímida 
el resto fue el dibujo que me hice 
llamémosle idiotez o viceversa 
por ver la hora de decir que sí 
al desajuste entre palabra y mundo.



No seré más y acaso para nunca 
la misma muñequita dulce y rubia 
que desafiante se cortaba sola 
por ser intensa y más intensa así 
a tal punto llegué en el extravío 
a ese lugar sin órbita y sin centro 
donde el enigma permanece enigma 
y el habla ciega ya no busca nada.



Y así perdura lo que no tuvimos 
más que en el acto de perderlo todo 
rendija abierta al filo de las cosas 
que no repara en costos de la empresa 
yo me voy te vas vos nos hemos ido 
qué importa la impresión de haber fallado 
la despedida es parte del encuentro 
el poema lo sabe antes que nadie.



(De: "Andanza", Pre-Textos,
2009)

María Negroni (Rosario, Argentina,1951)






viernes, 4 de mayo de 2018

LA FAMILIA CHINA




Son chinas  las tres chicas,  pintadas  por  el fino  pincel de un copista oriental. Ojos  como rendijas miran la escena de la madre, lavando el kimono en el  piletón del patio. Las miradas finitas rayan  las ojeras de la madre, imitación de la  sombra de un árbol exótico. Le  dibujan  persianas cerradas  para protegerla de  un sol de siesta, insoportable.

El alma china de la familia se llena como una palangana porteña al compás de los dichos maternales del agua. Y  las  tres chicas recuerdan,  al unísono, los agujeros dejados por las balas. Los agujeros del recuerdo, multiplicados por tres, ensucian con la sangre del padre el kimono que la madre lava, infinitamente, adentro del piletón de sus propias ojeras.

Recordar, abrir el ojal de una herida llamada ojo, provoca un dolor de sol, insoportable, entre ceja y ceja. Por eso, a la sombra de un árbol exótico, las tres chicas pintan el alma de un dragón subiendo al cielo, con el fino pincel de sus pestañas.


Cuando las tres chicas se acercan,  el padre cierra el abanico de sus sentimientos, de golpe. Tiene miedo el padre chino  de que el  calor de sus  hijas  desplanche  las  rayitas  de su  alma,  plisadas  con  suma  paciencia  por  sus antepasados.

El miedo  le  hace  pitar  de una  boquilla elongada hasta  el límite. Chupa del pico el hombre, y de su boca  evaporada  por el  humo  se desprenden  pensamientos  finitos como el perfil de un pez   raya.

Es el opio de los pueblos con que  carga su boquilla el que lo hace  descifrar  sus pensamientos en voz alta. "Esas tintoreras  --dice de sus  hijas-- calientan la pava  y después  yo  salgo  hecho  una  planicie.  Qué  saben  ellas,  tan  chiquitas,  del  trabajo  que costó a mis antepasados imitar el oscuro abanico de las olas, escama por escama, durante milenios, hasta  hacer de mi alma este biombo musical que sólo los hombres chinos saben desplegar con dignidad."

Al escucharlo, la más china de las tres chicas desenrolla el caracol de su rodete en señal de rebelión. Cae ondulado el bandoneón de su pelo, y el padre recuerda el golpe, seco, de una sombrilla al cerrarse. 


(De: La familia china
Ed. Tierra Firme, 1999) 


María del Carmen Colombo



María del Carmen Colombo. Poeta argentina (Buenos Aires, 1950). Estudió Letras y Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Integró el grupo de poesía El Ladrillo. Ha publicado La edad necesaria (Ediciones Buenos Aires Sur,1979); Blues del amasijo (Ediciones El Tintero,1985); Blues del amasijo y otros poemas (Ediciones Mar Blanco,1992, reeditado por Alicia Gallegos Editora en 1998); La muda encarnación (Último Reino, 1993), La familia china (Tierra Firme, 1999). Y en 2016, publicó su primera nouvelle:El cuaderno de música (Cienvolando). Integra antologías de poetas argentinos publicadas en el país y en el extranjero; colabora en diarios y revistas. Desde 1980 coordina talleres literarios, entre otros, los talleres de la Casa de la Poesía de la Ciudad de Buenos Aires (1999-2000) y los talleres de la Casa Nacional de la Poesía (Secretaría de Cultura de la Nación). Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, al italiano, al inglés y al portugués.




miércoles, 2 de mayo de 2018

HACES DE LUZ



























Cómo se puede no hacer
lo que no se hizo.

No hubo pasado  mejor.
No hubo una vez.

Sin embargo te recuerdo
tomando de mi mano
el vaso gigante.

El agua rota en su llave doble.

Un dolor para cada umbral.

Vestida de encaje
la carne
mide la forma.

Estoy haciendo milagros con la sensibilidad.
La línea está bebida.

Sólo baila y mide la forma.

La foto es el principio del  fin.
Me toma el tiempo.



(De: El lado manco)


GOMERÍA      

la foto detuvo el cuentakilómetros
la chica de Good Year
abandona la pared
cubierta apenas
con dos parches negros

ningún agujero es de este mundo
por eso los clavos
a la larga
la dejan caer

el afiche pesa más que la herrumbre

como los pechos con la edad
el almanaque del buen año
orejea por los bordes

el pudor amarillea y la sonrisa
detenida en el acto
no es para la foto ni para el cliente


ella no es de este mundo
como tampoco lo es 
el agujero en la cámara

en la batea 
respira el exceso
corcovea hasta entregarse
como una ballena 
(De: Puelches)


(Poemas y biografía, 
tomados del blog:
"El infinito viajar") 
Silvia Castro






Silvia Castro nació en General Roca, provincia de Río Negro, en 1968. Reside en Buenos Aires desde 1993. Es poeta y fotógrafa. Es bibliotecaria en El Abasto, donde vive. Trabaja con niños, docentes y escritores. Coordina un ciclo de lecturas y entrevistas a poetas en el Centro Cultural de la Cooperación e integra la organización del Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro, de Buenos Aires.  Colabora con reseñas en algunas publicaciones. Integró varias antologías. Es discípula del poeta Alberto Muñoz. Mi obra hasta hoy se detalla a continuación.Libros de fotografía: Anagramas, Sphera, Pehuén, Abra, Sin párpados, La soga de la ropa, Caja china y Dulce Aldea/Copahue. Libros de poesía: La Selva Fría (En Danza, 2006), Tura - X ejercicios de Poesía Rubik (El Suri Porfiado, 2012), Isondú (El Suri Porfiado, 2014). Libros inéditos: Puelches, El doble de la nada (Lago Epecuén) y El lado manco.