martes, 3 de julio de 2018

DAME TU SUCIO AMOR



























Besé sus labios como una ramera besaría sus labios, acerqué mi mano a su rostro, como una ramera lo haría, clavé mis ojos en los suyos pero desvió la mirada, apretó fuerte el volante como si algo escapara de la escena, desvirtuó las señas para no confundirse en el abismo, estuvo al borde; la arenilla cayó desde la pendiente, las pequeñas piedras rodaron, el silencio escampado de la noche, acá desde el límite, en la ruptura, la caricia huidiza sobre las medias, como se acarician las piernas de una ramera, el pecho sudoroso, los ojos revueltos con la sangre, el signo espectral del abandono, entonces abrí la puerta del automóvil y me eché a andar, crucé la avenida en medio del tráfico.


No cierres los ojos para olvidarme
no me dejes tendida en medio del tráfico
no sé aguantar de ningún modo.


Todas estas mujeres salen cubiertas de pieles de la ópera, yo escucho a Jessie Norman semidesnuda, bebiendo un poco, escribiendo estas cosas que no sé qué son, ni para lo que podrían servir, salvo para otros que están como yo aburridos, sin hacer más que leer o arrojarse en una butaca a ver un buen film, no intento conmover a nadie, la jubilosa masa de gente recorre el centro, y sus ropas cambian de color bajo los innumerables letreros, yo descanso de ellos en este apartamento sin ninguna compañía. Des la ventana los veo caminar enmudecidos por el tráfico y la música de los clubes nocturnos, un par de muchachos cantan un viejo bolero a la entrada, una fina lluvia comienza a caer. Este es mi futuro, mi tremenda soledad.


En sus adaptadas caras los años pasan sin perdón, es mi fastidio lo que los mantiene vivos, si no los viera felices cuando el tiempo se invierte, pensaría que la vida ha sucumbido, por suerte ha pasado la hora, mientras la lluvia cae más gruesa, la calle ha quedado sola, cojo del frasco un par de pastillas y me hecho a dormir.


EL CEMENTO

Me perdí en Buenos Aires, ebria, me hallaron en un Bunker,
bailando en medio de travestis, un hombre pensó que yo era
un muchacho, salimos a la calle a tomar unas cervezas, me
habló de su amado por horas, me dijo que lo golpeaba, que
cuando quiso matarlo él le besó su trasero, luego habló de unas
luces que ve al cruzar la calle de San Telmo, un viejo barco que
lo llevó una noche a un extraño lugar.
Deslizó su mano hasta tocar la mía.

nos parecíamos a una breve imagen del abandono.


Dame tu sucio amor que se quema sin llamas, mi corazón ha afollado, derramado en su vicio, alojado en su tumor, labré mi dolor en la peor herrería, el barro cubre mis pies, me he revolcado en un amor bastardo, con la holgadura de una delincuente cercené, arrojé la dura carga de amar en la soledad, en medio de la caída y el desfallecimiento, dame ese amor sucio, lastima mi alma, cúbreme.


(Del libro: Dame tu sucio amor, 
Editorial Surada, 2001)
Malú Urriola






Malú Urriola. Poeta chilena. (Santiago de Chile, 1967). Ha publicado Piedras Rodantes, 1988; Dame tu sucio amor, 1994, Hija de perra, 1998 y Nada, 2003, y Bracea, 2007. En el 2004 Recibe el Premio Mejor Aporte Televisivo, que otorga el Servicio Nacional de la Mujer a medios de comunicación, por el guión Sofía, (Una historia de maltrato a la mujer) dirigido por Christine Lucas, para la serie “Cuentos de Mujeres”, transmitido por Televisión Nacional de Chile en el 2003. En el 2004 Recibe el Premio Municipal de Poesía por el libro Nada. Y el Premio Mejores Obras Editadas 2004, que otorga el Consejo Nacional del Libro. En el 2006 recibe el Premio Pablo Neruda. En el 2002 realiza el proyecto poético de intervención urbana Poesía es +: Lectura de poesía desde globos aerostáticos en diferentes partes de Santiago y en la ciudad costera de San Antonio de Chile.




domingo, 1 de julio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (1)















VI

Todo el amor cabe en la mano 
cuando la mano se vierte sobre un cuerpo 
que se derrama de goce 
al roce de la mano:

de un cuenco a otro cuenco 
se vuelca la transparencia 
que calma la sed más antigua, 
los veranos más violentos,

y de esta ligereza nace el empeño 
de desmentir la gravedad del mundo, 
hasta que se cuelen por entre las caricias 
sus cuerpos suspendidos, 
únicos.


Alberto Szpunberg 




Alberto Szpunberg. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires, Argentina,  en 1940. En 1973 fue profesor en las cátedras de Literatura argentina y Medios de comunicación y literatura, en la Universidad de Buenos Aires. Como periodista dirigió el suplemento cultural del diario La opinión de Buenos aires hasta 1976. Tras el golpe militar se exilió en España. Como poeta publicó: Poemas de la mano mayor (1962); Juego limpio (1963), El che amor, Su fuego en la tibieza (premio Alcalá de Henares de poesía, España, 1983), Apuntes y Como sólo la muerte es pasajera (poesía reunida, Entropía, 2013). Publicó, además, Poesía y prosa místicas en la literatura española, ensayo y selección de textos místicos cristianos, musulmanes y judíos. Ganó en Francia el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado 1993/94 por Luces que a lo lejos. Su obra ha sido traducida al polaco, al alemán, al francés y al checo.






viernes, 29 de junio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (2)



















XI

Ella es él y él es ella, dos son muchos, 
como hoy es mañana y ayer o siempre son lo mismo: 
uno en el otro se trasvasan como mareas de un mismo mar 
hasta no ser uno ni otro sino todos y todo 
en costas infinitas que las aguas vuelven distantes, diferentes.

Terribles son las horas que faltan 
para que el otoño se apiade 
y acorte los días.


Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)




miércoles, 27 de junio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (3)

















XXVI

La mujer que amo 
no es siempre la mujer que amo.

A veces,
se parece tanto a la mujer que amo 
que vuelvo a amarla 
como si no la conociera.

Cuando estoy perdido 
irrumpe en mis sueños 
y me encuentra: 
creo que dice mi nombre 
para que yo crea que soy yo 
pero yo soy otro que la ama.

A veces,
suelo equivocarme 
y la llamo por su nombre, 
pero ella sigue de largo.

Como la casualidad rige sus pasos, 
yo sé que viene hacia mí.

Cierra los ojos
hasta que encuentro en sus caricias 
las líneas de sus manos 
que descifran a tientas mi futuro.



Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940) 



IMAGEN: Fotograma de "Persona", de Bergman.




lunes, 25 de junio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (4)
















XXXIII


Ella se desnuda como si todo, 
aun lo que será, 
ya fuera cierto,
mientras los compañeros caballos 
bordean la ensenada:

las olas espejan sus crines 
que cubren la playa 
de canto rodado:

van en fila hacia la isla 
que galopa sobre las aguas, 
sostenida
por la moción de un relincho 
que el viento debate y multiplica.



Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)






sábado, 23 de junio de 2018

UNAS BOLITAS DE MERCURIO








































La delicadeza lírica.
La Paz. La profundidad del alma.
¿Pero qué profundidad sería ésta
sin la belleza (estúpida, sentimental)?
La condena de la belleza
es siempre
(es siempre)
ser sentimental: como el arte,
un golpe bajo.
—Teníamos esas virtudes, sólo ineptas:
en las yemas de los dedos
estaban el juicio
y los signos:
la mujer que se maquilla
y el hombre que se emperra.
La Proclama:
por un arte/sano.
La Pancarta:
los títeres
sufren más.



EL NO VERSE EN VERSO

La incomparable intimidad del orgullo
Confirma a Hegel y anticipa
una audacia mayor: la del marxismo,
que incansable trabaja por un solo objetivo:
el fracaso.
Pero de qué clase de fracaso se trata
Hegel introduce lo real
en lo real de la muerte
y es así que arranca de cuajo
Un fruto
Una riesgosa partida y su apuesta
El todo o nada limitado a un punto
A la disputa por un negro amanecer y gana
Gana un corte, el hachazo imperial, absoluto
de un principio de razón, que es la muerte,
y también gana el derecho
Tan moderno
de mostrar a la muerte desnuda
adornada sólo por una perla
esa joya que tal vez no merricemos
El punible comienzo de la Historia


Un paso más sin embargo
Y ése lo dieron los marxistas
Que asediaron las murallas
y por fin nos impidieron
abandonar el temblor
Aterrado de la Historia
así como el amor al corazón y a la distancia
de la catástrofe imposible de evitar.


Hoy ya está prohibido
vivir como en el mito reversible
la aberración de la muerte interminable


        Le mostré estas líneas a mi culta prometida
        Y obtuve la pera madura de un resultado sin tacha
con tu más que es mi cruz
me quedé solo en mi cuarto empedernido
        Desligado ya de todo compromiso
        las ventanas estaban abiertas 
         Me gustó mirar el río
hace tiempo dejé de preguntarme
por qué mi pensamiento o el impulso
que luego se convierte en pensamiento
         Debe abolir a una mujer y escribirse


Desasosiego de repetir el mismo comienzo
maquillado de muerte y de historia
y también la infantil alegría
de fortalecer cada vez más mi propósito
el de cansarme y aterrarme y sonreír
cuando en mis manos queda el triunfo firme
         El siempre lo mismo
la incomparable intimidad del orgullo


LA: íntima perla de Lugones
era grande: logró escribir concha, no vagina.
El íntimo cuchillo en la garganta del vencido


El amor los dejará para unos labios
sabios en la ida y vuelta e ignorantes
bah del hormigueo del tiempo a pesar suyo
          Y sin embargo
          Ahora que el tajo ya está hecho
          Y la Historia constituida
          Me gustó mirar el río


“Hegel” no, tampoco los “marxistas”
y con la “Historia” ocurrió lo mismo:
nombres que aparecen en estas líneas
sólo para decir: estoy CANSADO,
hasta aquí llegó, por hora, lo que de mi virtud merecía
Hablo en serio
Pero lo imperdonable fue nombrar el río.


***

Hay gente con nostalgia
La década del ’30,
de sus ultrajes afilados.
Se estaba mejor, se dice
en esa placenta.
En San Isidro y sus barrancas,
el refinamiento disimulaba a los tarados
escuchando a Tagore, Ortega,
gente medio culta
y peores deslices
(para reírse: hasta el conde Keyserling).
Mientras la limosna llega, pensarían los hombres sabios
Mejor mirar al río, la vista fija,
la boca apretada
para aguantar la risa:
no perdonaba chistes
la bestial Victoria Occampo;
la estulta,
Que se lo pregunten al ético Borges
y a ese genio que es Pepe Bianco.



PRIMERA INTRODUCCIÓN A LOS TADEOS?

Y así no hay relato que progrese,
la palabra está aquí, en este lugar.
El cuerpo, en un crepúsculo de blandura
(o varios amaneceres) se envuelve en una piel con agujeros
—escribamos— se triza en el lugar,
y así.
El primer tono, el humorístico,
queda de lado como el cuerpo y el humor.
Cosa de hombres,
la máquina de escribir se traga a los hombres
(rasga el manuscrito)
con evidente perfección
poco menos que fordesca.
Perfección, en fin. Pero de adónde
ha de venir a ser posible ella
(invidia desolada del campo huero)
si certeza hay una sola y común,
la tercera.
Es el encanto,
todo se entiende tan bien
tan injusto suena aquello
(ese decir: naides entiende).
Entenderse, y tan claro.
Cada uno habla desde su lugar
invirtiendo el lugar.
Propone el estigma de la adivinanza
y el enigma crece. Crece
hasta crecer
hasta creerse en el haber nacido
y en payada cualquiera se raja.
Rezuma en su encordado:
“Ajá: o el hombre se hace mundo
o zas: el mundo hombre se vuelve”.
Tanto la una como la otra,
esas dos procosas
imposibles son.
Entonces telón.
Veintisiete letras.



UNAS BOLITAS DE MERCURIO

a Susana Cerdá


Cuando la pasión se hace fuerte, pero muy fuerte,
El cielo monta su gatillo
Y entonces estamos perdidos
Mi muy querida
Más, tal vez, nos valdría...
¡Oh, no, nada nos valdría!
(Salvo este gustito de perecer en el intento)
Porque la cuestión es nuestro galimatías adrede.
Claro: no hay cuestión.
Aunque (jamás escribir aunque)
¿Por qué no hay cuestión?
No me preguntes, querida
Ya estoy un poco harto de tus preguntas
¡Aunque!
Igual te amo al calor del diálogo
Y, y no nos entendemos
Prefiero tus pies de monja sobre la boca
“Del que no sabe pensar”
Yo
Electrizantes pies de monja
Cada uno de tus hermosos pensamientos
Los tiraré a la basura
¡Aunque!
Porque siempre estaré a tu lado
Millones de lados
Una sola mujer
¿Dónde estás, paradisíaca?




Osvaldo Lamborghini




(Poesía Completa - 
Edición al cuidado de César Aira)



Osvaldo Lamborghini nació en Buenos Aires en 1940. Poco antes de cumplir los treinta años, en 1969, apareció su primer libro, El  fiord que había sido escrito unos años antes. Era un delgado librito que se vendió mucho tiempo, mediante el trámite de solicitárselo discretamente al vendedor, en una sola librería de Buenos Aires. Aunque no fue nunca reeditado, recorrió un largo camino y cumplió el cometido de los grandes libros: fundar un mito. En 1973 apareció su segundo libro, Sebregondi retrocede. Poco después formó parte de la dirección de una revista de  avant-garde, Literal, donde publicó algunos textos críticos y poemas. Por algún motivo, sus poemas causaron una impresión todavía más enfática de genio que su prosa. Durante el resto de la década sus publicaciones fueron casuales, o directamente extravagantes (sus dos grandes poemas, Los Tadeys y DieVerneinung [La negación], aparecieron en revistas norteamericanas). Unos pocos relatos, algún poema, y escasos manuscritos circulando entre sus numerosos admiradores. Pasó por entonces varios años fuera de Buenos Aires, en Mar del Plata o en Pringles. En 1980 salió su tercero y último libro, Poemas. Poco después se marchaba a Barcelona, de donde regresó, enfermo, en 1982. Convaleciente en Mar del Plata, escribió una novela, Las hijas de Hegel, por cuya publicación no se preocupó (no se preocupó siquiera por mecanografiarla). Y volvió a irse a Barcelona, donde murió en 1985, a los cuarenta y cinco años de edad. Esos últimos tres años, que pasó en una reclusión casi absoluta, fueron increíblemente fecundos. Su espolio reveló una obra amplia y sorprendente, que culmina en el ciclo Tadeys (tres novelas, la última interrumpida, y un voluminoso dossier de notas y relatos adventicios) y los siete tomos del Teatro proletario de cámara, una experiencia poética-narrativa-gráfica en la que trabajaba al morir.



(del prólogo de César Aira al libro "Novelas y cuentos")




jueves, 21 de junio de 2018

EL SALVAVIDAS (para Christian Jorge Larsen)



Yo no podía decirte que no, ese “no...o”,
porque te me había apegado: así,
cuando me bajaste la malla con musculosa mano,
sin saber lo que ocurriría pensé:
ahora tendré otra alma en mi alma
grabada, y otro cuerpo henchido en mi cuerpo,
hasta diría: en mi corazón.
Fue más poderoso el amor que el dolor de la penetración.
Eras bañero. Yo me enorgullecía:
¡Cuántos se habrán ahogado mientras vos te dedicabas a montarme!
Y con los años: ¡cuántos me habrán montado
mientras, viejo, vos perdías el acceso
al mar
al Atlántico
que es feroz y perfecta
perfectamente traicionero!
Y no te comparaba con los dioses griegos
(me abstengo de semejantes boludeces).
Me parecías más bien la rapiña del ave,
los excrementos se adherían a un miembro
¡nada sutil!
cuya premisa mayor era la de no pertenecerme.
(impronunciable, de todos modos, aquel “no...o”)
Es seguro que todavía lo tenés colgando,
so ganso, aunque ahora te condenaron
por una serie, raid, de estúpidos asaltos
—la verdad: nunca fuiste una lumbrera—
Y bien,
y ahora, las locas carcelarias se harán la fiesta.
¡Que no es la misma!


***

Se empieza en la esquizofrenia
digo yo
y se termina en la femineidad
luego de un breve tránsito
por el amor
digo yo
por lo que yo


¡pero cómo me gustaba su cuerpo!



Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





martes, 19 de junio de 2018

JUANA BLANCO


























Soy una mujer, joven, por la treintena
entendida en muchas cosas
incluso universitaria
profesora:
con un buen par de piernas
y tetas sin corpiño:
caliento a los machos,
bárbaro: así de mí hablo, puta vanidosa
...porque...
¡a tantas cosas ando fallo!
sin embargo.
No tengo pene, por ejemplo.
No tengo y no tengo.
Y no sé si esto va en broma. Y no sé
si esto es
es en serio.

Yo me llamo Juana Blanco,
Soltera y con...
con mis menstruaciones
y con todos esos hormigueos
que van de las uñas pintadas de los pies
el depile sobaco y la pintura
hasta las milagrosas, sí milagros
jaquecas justo en el momento de acabar
cuando empiezo a susurrar y medio
hasta gemir
hecha una horqueta debajo del tipo,
sea
sea que me la den
por adelante o por el culo:
por atrás.
Zonas, en fin
zonas erógenas si así se dice
¿para qué echar panes?
la verdad no tengo:
hormigueos entonces,
hormigueos por todo el cuerpo.
Hormigueros.
Y las hormigas me van a comer
toda la carne hasta los huesos.
Por mi culpa. Por hacer mientras me maquillo
mohines frente al espejo.
Por yegua y por caliente.
Yo me llamo Juana Blanco
y es mucho, demasiado,
lo que me pajeo. Pero,
no puedo remediarlo.
Me encanta estar echada
y yo solita dármela.
Miro el techo y primero susurro
ronroneo, así empiezo,
y en el cúlmine después jadeo.
También sueño ensueño
en pleno día a veces
(¡esos sí que días plenos!)
Antropóloga, profesora de His
—¡vaya Historia!— me cago sin embargo
me recontracago en los tres mundos
en Oriente y Occidente
en las deres, el centro y las izquierdas
pacíficas o frenéticas guerrilleras.
Juana Blanco yo me llamo,
vengo de una
—así se ortiva,
me meo por el lunfardo— familia
buena por el apellido y por los mangos,
una familia de la alta
burguesía argentinoide.
(Sarmiento: “Argentino es anagrama de ignorante”)
Pero, cuándo no, fue Macedonio
—yo me llamo Juana Blanco—
el que dijo al enterarse del pegol de Uriburu,
“Corremos peligro de que” —¡este deque,
digo yo!— “en los manuales psiquiátricos cambien
la designación de mongoloide.
Ahora en su lugar pondrán, saben,
argentinoide”. Las espadas 

salvadoras son,
aunque un sorete me importan,
neuronas muertas.
Con ellas valúa y transvalúa
el economista demente
y así,
aunque me cago con mi culo
por tantas porongas siempre abierto,
así el loco de la economía
y el paquete armado con sus neuronas muertas,
así construyen el infierno.
Yo no soy pobre.
El cono Sur, la tortura y el hambre
y las ejecuciones y las boletas,
Latino
América,
todo esto me divierte.



Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 




domingo, 17 de junio de 2018

EL RETORNO DE HARTZ



























La música se lleva en la bragueta
o en el corpiño si uno es hembra
pero
Hartz
el pobre Hartz
el pobrecito Hartz tan moderno
en el sudor de su grasa llevaba el pentagrama
la notación de esas parcas
miserables perlas
(lo imposible igual es no tenerlas


Hartz es poco
y harto calla
y mira por la ventana
y no es para él tampoco
para su laya
la bendita estrella de la mañana


Judío pero no del Antiguo Testamento
más bien un liberal apenas, a secas,
ni siquiera acérrimo,
Hartz entró en el Tortoni
y entre los mármoles buscó una mesa.
Así como de libros, La Casa Editorial,
también tenía acciones de alpargatas.
Pidió primero un té.
Después, una menta:
no tanto para beberla
como para divertirse con sus colores memos.
Pero el tiro le salió por la culata:
se aburrió
como el suicida Svichigailov
cuando la noche previa de pindongueo y aguacero
anunció su largo viaje
irrumpiendo en la casa de su novia
que púber y dinero y padres y rubor
sólo era una nena





Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





viernes, 15 de junio de 2018

“Yo soy tu proveedora de droga”




A la madre Hogarth la encadenaron
a un minúsculo obelisco de piedra carmesí.
La ubicaron para el cachetazo.
Cualquiera puede infligirle una herida cortante de arma blanca
o propinarle un golpe contundente.
Cualquiera puede divertirse con ella,
que sangra y brilla en hematomas espléndidos.
El semen le chorrea por las piernas y ha perdido un ojo,
consecuencias del látigo.
Le arrancaron también todos los dientes
para verla florearse con más clase
en su habilidad de mamavergas.
Pero.

“Yo soy tu proveedora de droga”.

No es un consuelo, es una profecía de universales esperanzas.
Y cuando la canturrea en forma de canción
no hay quien deje de escucharla.

“Yo soy tu proveedora de droga”


En los alrededores de Once, 

en mi recorrida,
hice negocio con un renguito y nos fuimos juntos.
Con cuidado.
Había que rehuir los patrulleros.




Cuanto más límpidas te parezcan
Las aguas del lago
Y aun cuando creas
Rebosar de plenitud
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga
Cuando contemples
Con mirada ascendente y pura
El triunfo de los pájaros
Y la derrota de las olas
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga
Cuando vayas al encuentro
De la amada o el amado
Sintiéndote seguro
Del esplendor de sus pupilas
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga
Y no me abandones
Prematuramente
No te comportes
Como un ingrato
Recuérdame siempre


Yo soy tu proveedora de droga





Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





miércoles, 13 de junio de 2018

HE LLEGADO


Sí, he llegado.
Estoy en la casa de su mujer.
Señora, piedad. Ábrase de piernas.
Sésamo, ábrete. Me gustan estos muslos
de manteca. Me gusta abstractamente claro, la muerte
Ella y su corpiño,
por añadidura negro, hacen aparecer
Los senos inefables.
Si desde la ventana me disparan
Mientras estoy en cópula
El disparo me desparramará los sesos
Y me iré al hueco sin cabeza.
Usted, Señora, fue su mujer y lo es aún.
Cuénteme de ese hombre suyo:
Señora, sus tobillos,
Por de alguna manera decirlo
Tienen la rara calidad del alabastro
Y la blancura de las hostias.
Las venitas del empeine,
de la mala pécora del empeine,
Son todos mis días de deseo, los 

cálices,
Una vida religiosa de deseo.
Empeine, Empeine
Oh Señora
Oh Clítoris
Mi lengua crotta quiere estar ahí
En su covacha de sal incierta
En la penumbra de la hornacina.
Encendió el hornillo y puso el agua.
Me excitó no poco verla moverse por la cocina
envuelta en aquel vestido
tan ajustado. Todo
en ella me atraía.
A la noche me tomé una botella entera de ginebra
y unas cuantas pastillas de veronal.
A la mañana siguiente no estaba muerto




Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, Argentina, 1940- Barcelona, España, 1985) 





lunes, 11 de junio de 2018

LA IMAGEN RUEDA








































Alguien toma la palabra como quien bebe un vaso de agua  
como quien bebe un vaso de vino    sereno uno embriagado el otro 
la palabra dice y no dice      señala y señala algo distinto   
alguien dice   alguien tiene la palabra   aclara   acota   responde   
alguien pregunta   otro dice tener las palabras    dice tener la palabra  
el oro de la lengua dice   el oro (así lo dice) el oro de la lengua  
alguien dice tenerlo  otro lo retiene   lo roba   otro más lo deja ir
como río sin agua lo deja ir    como perro enfurecido    alguien no quiere oír
no quiere escuchar    las palabras (dice) están rabiosas     muerden
alguien teme las palabras   teme que otro le dirija la palabra
ahí de frente con su cuchillo     la palabra es un cuchillo afilado
(dice el otro)    la palabra mata como una espada    como río con agua
la palabra salva  (dice alguien por ahí)   la palabra (dice ese) es un salvavidas
         eso es la palabra (dice)    ahí lo real tiene dientes
                            ahí martillean las palabras   

                                           allí (adentro) como quien martillea un sillón desfundado.



*

(a dareila)

Como un monolito muy pesado     como una espada que corta
como una piedra rugosa o una pared llena de texturas
 como una puerta que no se abre       como un pez que se escapa
sólida   cortante   áspera
                              infranqueable   huidiza     
como una espada que corta      como una puerta que no se abre
(afuera)  adentro     cortante    como un monolito lleno de texturas
áspera      como un pez que escapa  
                                     infranqueable      como una espada rugosa
sólida     como una puerta que corta     
                              áspera   cortante   huidiza       así es
desprovista de nombres       hueso para roer
                                                                         dareila.



*


más rápido, más rápido  [decía en la pantalla] ─ conteste rápido y puntual─ (pensó
sin pensar)  ─rápida y exacta la respuesta─  la velocidad (pensó) y luego el miedo
todo marchando ─sin pausa─  la pausa es el error  (pensó)    [como máquinas]
                                  ─rápidos y exactos, puntuales y veloces─  (sin pensar)  pensó:
“la inteligencia es una serpiente sigilosa se arrastra lenta hasta dar veloz con su presa”
pausa…. …pausa…….y de pronto el zarpazo  ─así el tigre─  así el cazador─
                                                                   la caza estática? (recordó aquel concepto)
¿cuántos tipos de inteligencia hay?

                                         [mientras tanto la máquina la había vencido]


(Del libro inédito:
"La imagen rueda", 
envío de la autora)

Tania Favela




Tania Favela Bustillo (Ciudad de México, 1970). Cursó el Doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Nacional Autónoma de México. Publicó el libro de poemas Materia del Camino (Compañía, 2006), la traducción (junto con Jahel Leal) del libro En la tierra de Robert Creeley (Textofilia, 2008), el libro de poemas Pequeños Resquicios (Textofilia, 2013) y la antología de poesía El desierto nunca se acaba de José Watanabe (Textofilia, 2013) y Un ejercicio cotidiano, selección de prosas de Hugo Gola (prólogo y selección, Toé, 2016). Actualmente es académica de tiempo completo en la UIA. Desde 1994 imparte clases de literatura en el Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana. Del 2000 al 2011 formó parte del Consejo Editorial de la revista El poeta y su trabajo dirigida por el poeta argentino Hugo Gola. Ha publicado poemas, traducciones y ensayos en distintas revistas, tales como El poeta y su trabajo, El pez náufrago, Este País, Periódico de Poesía de la UNAM, Revista Laboratorio (Chile), Tierra Adentro, entre otras.