lunes, 9 de octubre de 2023

LOS DESAPARECIDOS


Muere un peón
               y nadie echa de menos su ladrillo,
el andamio vacío como si le hubieran arrancado un agujero,
el plato con la fétida migaja del pan que se ha acabado...

Muere un joven
               y nadie vio su muerte,
su oración bajo tierra,
                        su esqueleto
sin dientes,
             sin los fémures quebrados...

 
Muere una madre en punto
                          y el hijo es una estéril
traducción,
            una antorcha de veneno...

 
Muere un anciano
                 y no aparece
la huella de una cama,
                       el hospital
ni su radiografía de corazón tan grande...

 
Muere un pedazo de gangrena,
                             un libro
cuya tapa no inclina la cabeza,
una palabra exacta como un vector
o una mímica de arte abstracto...

Muere el sueño,
                la sábana,
                           el boliche,
el sigiloso Documento de Identidad,
la madrugada a solas en la calle,
                                  el timbrazo
como una sirena bajo la puerta derribada...

Mueren los pocos que quedaban.
                               Mueren
los que se anuncian con el corazón en voz alta,
aquellos que no hicieron cola en la peluquería
y tienen en el dedo una gota de metralla...

Muere conmigo aquella que me hizo
y va hacia su tumba con un duelo de pañuelo blanco...

Disponemos de un álbum nacional
con muertos llenos de fotografías,
¡un cementerio que ya tiene escrito
el epitafio desde el cual empiece a vivir la Historia!...



José Carlos Gallardo



José Carlos Gallardo: nació en Granada (España) en 1925. En 1957 se trasladó a Argentina. Fue jefe de Cursos del Instituto Argentino de Cultura Hispánica y secretario de la Oficina Cultural de la Embajada de España. Periodista, conferenciante, novelista, ensayista, crítico de arte. Fue fundador y presidente del Aula de Poesía Española «Antonio Machado», en Buenos Aires. Publicó los libros de poemas: “Madrugada” ( Granada, 1946); “Hombre caído” ( «Noticia» preliminar por Antonio Aróstegui, Granada, Ediciones CAM, 1954); “Carta desarraigada a Blas de Otero” (Granada, 1956) ; “Mar que viene” (Granada, Colección El Zodiaco, 1956); “De mar en mar” (Granada, Colección de Poesía «Veleta al Sur», 1961); “Oda al Paraná” (Rosario, Argentina, Editorial Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, 1965, Colección Artes visuales); “Después del verano” (Arcos de la Frontera, Cádiz, Colección Alcaraván, 1965);  “La hora angosta” (Carboneras de Guadazaón, Cuenca, El Toro de Barro, 1967); “Amor americano” (Madrid, Rialp, 1968, Adonais); “Piedra serena” (Madrid, Editora Nacional, 1970);  “El tiempo y de la muerte” (con ilustraciones de Guillermo Gulland, Buenos Aires,  1970); “Los días que pasan” ( León, Provincia, colección de poesía, 1972); “Aparición de la alianza” (Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1973, Leopoldo Panero); “La esperada transparencia” (Sevilla, Editorial Católica Española, 1973, Ángaro); “Juicio inicial al hombre” (Palma de Mallorca, Ediciones Cort, 1974); “Palabra en pena” (San Sebastián, Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1976); “La edad del patio” (dibujos de Paco Izquierdo, Granada, Ayuntamiento de Granada, 1978); “El polvo de los desaparecidos” (Sevilla, Colección Aldebarán, 1978); “A la orilla del tiempo” (Buenos Aires, Ed. Rodolfo Alonso, 1978); “Dolor en cera” (Madrid, Colección Dulcinea, 1979); “Crónica de las postrimerías” (Rota ,Cádiz, Fundación Alcalde Zoilo Ruiz-Mateos, 1980); “Alfabeto incendiario” (Barcelona, Víctor Pozanco, 1981, Ámbito literario); “Con arcilla en la voz”  (Granada, Diputación Provincial de Granada, 1981, Genil); “Manifestación” (Talavera de la Reina, Toledo, Colección Melibea, 1981); “Jardín que sigue cerrado” (Granada, Universidad de Granada, 1982, Zumaya); “Ser a oscuras” (Aranguren,Vizcaya, El Paisaje Editorial, 1982); “Postdata previa” (prólogo de Antonio Hernández, «José Carlos Gallardo en su leyenda de luz», Cádiz, Diputación Provincial de Cádiz / Instituto de Estudios Gaditanos, 1983); “En segunda persona” (Valdepeñas (Ciudad Real), Ayuntamiento de Valdepeñas, 1983, Juan Alcalde); “Un aire imaginado” (Toledo, Ayuntamiento de Toledo, 1983); “Homilía del transterrado” (prólogo de Amalio García del Moral, Sevilla, Colección Vasija, 1983); “Memoria albaycinera” (Granada, Los Papeles del Carro de San Pedro, 1984); “Declaración jurada” (Granada, Ediciones A. Ubago, 1986, Ánade); “La soledad en fiesta” (Granada, Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada, 1986); “La otra luz” ( Jerez de la Frontera,Cádiz, Caja de Ahorros de Jerez, 1987); “Soledad sin soledades” (Buenos Aires, Libros de Hispamérica, 1989); “En la orilla la luz levanta vuelo” (León, Provincia, colección de poesía, 1989); “A los cuatro gritos” (Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1990, Escritura de  Hoy); “Figuras al aire libre” (Madrid, Colección de poesía Aguacantos, 1990); “Versos a la memoria de mi padre, aún vivo” (Burgos, Ayuntamiento de Burgos, 1991); “Prueba de página. De los pájaros vengo” (Cuenca, Ayuntamiento de Cuenca, 1992,  Papeles del Júcar); “El agua fue en Granada” (Jaén, Ateneo Guadalquivir de Jaén, 1993); “La mano fuera de su funda” (Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, Instituto de  Cooperación Iberoamericana, 1993); “La luz tenía sabor a hojaldre” (Murcia, Editora Regional de Murcia, 1996, Poesía); “Concierto para una sola cuerda” (precedido de Carlos Baos Galán, Todavía naciendo, Cartagena Murcia, Fundación Emma Egea, 1997); “Los dominios prestados” (Tafalla ,Navarra, Fundación María del Villar Berruezo, 1998, Col. de poemarios María del Villar); “De casidas y otros perfumes” (Las Palmas de Gran Canaria, Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, 1999); “Nunca pude decirte adiós” (1956/1999, Granada, Ayuntamiento de Granada, 1999, Granadas); “Epitafio para el siglo que viene” (en Premio Nacional de Poesía «Ciudad de Purchena» 1997, 1998 y 1999, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2001). También editó varios libros de narrativa y ensayos. Murió en octubre de 2008.

 BIOGRAFÍA y poema tomado de Poemanía--Hoja literaria de aparición virtual



 

sábado, 7 de octubre de 2023

INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS

 


(Últimos fragmentos)

     Hay ceguera para los colores y hay medios para constatarla. En los enunciados sobre colores que hace la gente considerada normal domina, por lo general, completa concordancia. Esto caracteriza el concepto de enunciado sobre colores.
     Esta concordancia no existe en general acerca de la cuestión de si una manifestación de sentimientos es auténtica o no.
     Estoy seguro, seguro, de que él no disimula; pero un tercero no lo está. ¿Lo puedo convencer siempre? Y, si no es así, ¿comete él un error conceptual o de observación?
    «¡No entiendes nada!» — así decimos cuando alguien pone en duda lo que nosotros reconocemos claramente como auténtico — pero no podemos demostrar nada .
     ¿Hay juicios 'expertos' sobre la autenticidad de una expresión de sentimientos? —También en este caso hay personas con capacidad de juicio 'mejor' o 'peor'.
Del juicio hecho por un mejor conocedor de los hombres saldrán, por lo gener al,
prognosis más correct as.
     ¿Puede aprenderse el conocer a los hombres? Sí; algunos pueden aprenderlo . Pero no tomando lecciones, sino a través de la 'experiencia'. — ¿Puede ser otro nuestro maestro en esto? Sin duda. De vez en cuando nos hace la advertencia correcta. — Así son aquí 'aprender' y 'enseñar'. — Lo que se aprende no es una técnica; se aprende a hacer juicios correctos. También hay reglas , pero no constituyen un sistema , y sólo el experto puede aplicarlas correctamente. A diferencia de las reglas de cálculo.
    Lo más difícil aquí es poder expresar la indeterminación correctamente y sin
adulteración.
     «La autent icidad de la expresión no puede demostrarse ; hay que sentirla.» — De acuerdo — ¿pero qué más pasa con este reconocimiento de la autenticidad? Si alguien dice «Voilá ce que peut diré un coeur vraiment épris» — y si también pudiera convencer de esta opinión a otra persona — ¿qué consecuencias tendría esto? ¿O no tiene ninguna, y el juego termina con que a uno le gusta lo que al otro no?
Hay ciertamente consecuencias, pero son de tipo difuso . La experiencia, o sea la
observación variada, las puede enseñar; y tampoco se puede formularlas de manera general, sino que sólo en casos dispersos se puede emitir un juicio correcto, fructífero, se puede constatar una conexión fructífera. Y las observaciones más generales proporcionan a lo sumo lo que aparece como las ruinas de un sistema.
     Ciertamente es posible convencerse, por medio de pruebas, de que alguien se
encuentra en tal o cual estado anímico, por ejemplo, que no disimula. Pero aquí
también hay pruebas 'imponderables' .
     La cuestión es: ¿Qué efectúan las pruebas imponderables?
supón que hubiera pruebas imponderables de la estructura química (el interior ) de
una sustancia; con todo tendrían que mostrarse como tales pruebas a través de ciertas consecuencias ponderables.
     (Las pruebas imponderables pueden convencer a alguien de que esta figura es
auténti ca... Pero esto también puede resultar ser correcto por medios documentales .)
      Entre las pruebas imponderables se cuentan las sutilezas de la mirada, del gesto, del tono de la voz.
      Puedo reconocer la mirada auténtica del amor, distinguirla de la falsa (y naturalmente puede haber aquí una confirmación 'ponderable' de mi juicio). Pero puedo ser completamente incapaz de describir la diferencia. Y esto no es por la razón de que las lenguas que conozco carecen de las palabras para ello. ¿Por qué no introduzco simplemente nuevas palabras? — Si yo fuera un pintor de extraordinario talento , sería imaginable que pudiera representar en figuras la mirada auténtica y la hipócrita.
     Pregúntate: ¿Cómo aprende un ser humano a tener 'buen ojo' para algo ? ¿Y cómo se puede emplear ese buen ojo?
     El disimulo naturalmente sólo es un caso particular de que alguien, por ejemplo,
profiera manifestaciones de dolor y no sienta dolor. Si esto es posible, ¿por qué debería darse siempre disimulo en tales casos — esta figura tan especial en la cinta de la vida?
     Un niño debe aprender muchas cosas antes de poder disimular. (Un perro no puede ser hipócrita, pero tampoco puede ser sincero .)
Incluso podría darse un caso en que dijéramos: «Éste cree disimular».

XII
     Si la formación de conceptos se puede explicar a partir de hechos naturales, ¿no nos debería interesar entonces , en vez de la gramática, lo que subyace a ella en la naturaleza? — Ciertamente, también nos interesa la correspondencia de conceptos con hechos naturales muy generales . (Con aquellos que debido a su generalidad no suelen llamar nuestra atención. ) Pero resulta que nuestro interés no se retrotrae hasta esas causas posibles de la formación de conceptos; no hacemos ciencia natural; tampoco historia natural — dado que también nos podríamos inventar una historia natural para nuestras finalidades.
     No digo: Si tales y cuales hechos naturales fueran distintos, los seres humanos
tendrían otros conceptos (en el sentido de una hipótesis). Sino: Quien crea que ciertos conceptos son los correctos sin más; que quien tuviera otros, no apreciaría justamente algo que nosotros apreciamos — que se imagine que ciertos hechos naturales muy generales ocurren de manera distinta a la que estamos acostumbrados, y le serán comprensibles formaciones conceptuales distintas a las usuales.
     Compárese un concepto con un modo de pintar: ¿Es también nuestro modo de pintar arbitrario? ¿Podemos escoger uno a discreción? (por ejemplo, el de los egipcios). ¿O se tra ta aquí sólo de lo que es bonito y feo ?

XIII
      Si digo «Hace media hora él estaba allí» — basándome, pues, en el recuerdo — ,esto no es la descripción de una vivencia presente. Las vivencias mnémicas son fenómenos concomitantes del recordar. Recordar no tiene contenido vivencial. —¿Acaso no se puede reconocer esto por introspección? ¿No muestra ésta precisamente que no hay nada allí cuando busco un contenido? — Esto sólo lo podría mostrar en algunos casos. Y no me puede mostrar ciertamente lo que significa la palabra «recordar », es decir, ¡dónde habría que buscar ese contenido!
     La idea de un contenido del recordar me viene sólo por una comparación entre los conceptos psicológicos. Es parecido a la comparación entre dos juegos. (En el fútbol hay goles, en el voleIbol no.) 

     ¿Podríamos imaginar esta situación: Alguien se acuerda por primera vez en su vida de algo y dice : «Sí, ahora sé lo que es 'recordar ', lo que hace el recordar»' ' — ¿Cómo sabe él que este sentimiento es 'recordar '? Compárese con: «Sí, ahora sé lo que es 'sentir hormigueo' (por ejempl o, por primer a vez ha sufrido un electrochoque) — ¿Sabe él que lo que ha sentido es el recordar porque ha sido producido por algo pasado? ¿Y cómo sabe lo que es algo pasado? Justamente el concepto de algo pasado lo aprende el ser humano al recordar.

     ¿Y cómo volverá a saber en e! futuro cómo se hace el recordar?
(En contra de esto se podría mencionar quizás el sentimiento de «Hace mucho,
mucho tiempo», pues da lugar a un tono de la voz, a unos gestos, que corresponden a ciertas narraciones de tiempos pasados. )

XIV
     La confusión y esterilidad de la psicología no se puede explicar por el hecho de que es una «ciencia joven»; no se puede comparar su estado, por ejemplo, con el de la física en sus comienzos. (En todo caso más bien con el de ciertas ramas de la matemática. Teoría de conjuntos.) En efecto, en psicología existen métodos experimentales y confusión conceptual . (Así como en el otro caso mencionado existen confusión conceptual y métodos de demostración .)
     La presencia del método experimental nos hace creer que ya disponemos de los medios para librarnos de los problemas que nos inquietan; cuando en realidad
problemas y métodos pasan de largo sin encontrarse.
     Para la matemática es posible una investigación totalmente análoga a nuestra
investigación de la psicología. Es tan poco una investigación matemática como la otra lo es psicológica. En ella no se calcula, por lo cual no es, por ejemplo, logística. Podría merecer el nombre de una investigación de los 'fundamentos de la matemática.
(1947-1949)
(Sin mención del traductor)

Ludwig Wittgenstein (Viena, Austria, 1889-Cambridge, Reino Unido, 1951)

Filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, posteriormente nacionalizado británico.


jueves, 5 de octubre de 2023

EL PEQUEÑO NIÑO NEGRO


Mi madre me alumbró en el sur salvaje,
Y soy negro; pero, ¡ay!, mi alma es blanca;
Como un ángel blanco es el niño inglés,
Pero yo soy negro, como despojado de la luz.

Mi madre me enseñaba bajo un árbol,
Y sentada ante el calor del día,
Traíame a su falda y me besaba,
Y el este señalando me decía:

«Mira el sol que se eleva: habita Dios allí,
Y nos da su luz, nos da su calor,
Y flores, y árboles, y bestias, con los hombres reciben 
Consuelo de mañana y gozo a mediodía.

»Y en esta tierra estamos brevemente
De modo que aprendamos a llevar los rayos del amor;
Y estos cuerpos negros y esta cara quemada por el sol, 
Es tan sólo una nube, igual que un bosque umbrío.



Canción de cuna

Dulces sueños, cread una sombra 
En la hermosa cabeza de mi niño,
Dulces sueños de arroyos placenteros 
Bajo los mudos rayos felices de la lima.

Sueño dulce, con flojel delicado 
Teje tu frente una corona de niño.
Sueño dulce, Ángel bueno,
Inclínate sobre mi niño feliz.
Dulces sonrisas en la noche Vuelan sobre mi deleite;
Sonrisas dulces, sonrisas de madre,
Que llenan mi noche de mágico encanto.

Dulces lamentos, suspiros de palomas, 
No ahuyenten el sueño de tus ojos. 
Dulces lamentos, sonrisas más dulces 
Hechizan lamentos que son de palomas.

Duerme, duerme, feliz niño,
Toda la creación durmió y sonrió; 
Duerme, duerme; feliz duerme,
Mientras por ti tu madre llora.



Noche

Ya declina el sol al oeste,
Brilla la estrella del crepúsculo, 
Callados están los pájaros en sus nidos, 
Yo debo buscar el mío.

(De: "Antología bilingûe", 
Allianza editorial, 2009

William Blake (Londres, 1757- Id.1827)

(Traducción: Enrique Caracciolo Trejo)



The Little Black Boy
My mother bore me in the Southern wild,
And I am black, but O! my soul is white;
White as an ángel is the English child,
But I am black, as if bereav’d of light.
My mother taught me underneath a tree,
And sitting down before the heat of day,
She took me on her lap and kissed me,
And pointing to the east, began to say:
«Look on the rising sun: there God does live,
And gives his light, and gives his heat away;
And flowers and trees and beasts and men receive 
Comfort in morning, joy in the noonday.
»And we are put on earth a little space,
That we may learn to bear the beams of love;
And these black boches and this sunburnt face 
Is but a cloud, and like a shady grave.


A Cradle Song

Sweet dreams, form a shade 
O’er my lovely infant’s head; 
Sweet dreams of pleasant streams 
By happy, silent, moony beams.

Sweet sleep, with soft down 
Weave thy brows an infant crown. 
Sweet sleep, Angel mild,
Hover over my happy child.

Sweet smiles, in the night 
Hover over my delight;
Sweet smiles, Mother’s smiles,
All the livelong night beguiles.

Sweet moans, dovelike sighs, 
Chase not slumber from thy eyes. 
Sweet moans, sweeter smiles,
All the dovelike moans beguiles.

Sleep, sleep, happy child,
All creation slept and smil’d; 
Sleep, sleep, happy sleep,
While o’ er thee thy mother weep.


Night

The sun descending in the west, 
The evening star does shine;
The birds are silent in their nest, 
And I must seek for mine.


Pueden LEER la Biografía en entrada anterior del autor (N.del A.)



martes, 3 de octubre de 2023

Quien tropieza en el vacío...


























Quien tropieza
en el vacío
quien se agrieta
y dice: yo
echa hojas
florece.
Así luchamos.

De "De papel"
Versión de Coloma Chamorro


Teatro antiguo

A mediodía, cuando se encontró en el centro del antiguo teatro,
aquel joven griego, seguro de sí mismo,
tan hermoso como sus antepasados,
lanzó un grito (pero no de admiración; admiración
no sintió en absoluto, y si la hubiera sentido,
no la demostraría de seguro); simplemente, un grito,
puede que de la alegría indomable de su juventud,
o para probar la resonancia del lugar. Enfrente,
de lo alto de los acantilados, el eco contestó
- el eco griego que ni imita ni repite,
sino que sencillamente continúa, desde altura incalculable,
el eterno clamor del ditirambo. 



Gris y blanco

Por la tarde, el café estaba vacío. Se sentó solo y esperó,
exactamente detrás del vaso de agua, sintiendo
las sillas vacías, y los cristales que se oscurecían,
los ruidos pequeños que se detenían en el primer escalón
de la puerta, sin pasar adentro: una espera que había estado tan clara,
ahora indefinida, incumplida, boca abajo. Enfrente de él,
sobre los árboles del parque, se levantó la luna grande,
profunda, oscura, detrás de los cristales; una luna también de cristal,
que puso una mancha cárdena en la frente de la mujer,
que se había sentado en silencio en el asiento contiguo.
Levantó el vaso. El agua estaba tibia. La luna, tibia también.
Tendría que vaciar las dos. La mano de la mujer estaba totalmente blanca.


Yannis Ritsos

 (Traducción: Juan Ruiz de Torres)



Yannis Ritsos. Poeta, ensayista y político griego nacido en Monemvasiá  en 1909. Los grandes traumas sufridos en la niñez debido a la muerte temprana de su madre y de su hermano mayor, a la enfermedad mental de su padre, y a la ruina económica de su familia, marcaron para siempre la obra del poeta. Recuperado de  una tuberculosis que lo mantuvo hospitalizado de 1927 a 1931, se afilió al partido comunista griego, iniciando su carrera poética a partir de 1934 cuando publicó "Tractor", "Pirámides",  y "Epitafio" en 1936, obra que significó un profundo cambio de la poesía griega. Ha sido reconocido junto a Cavafy, Palamas, Seferis y Elytis, como uno de los grandes poetas de su país.  De su obra, que incluye más de cien volúmenes de poemas, ensayos y obras de teatro, sobresalen muy especialmente "Grecitat" y "Sonata del claro de luna" con la que obtuvo el Premio Nacional de poesía. Por su lucha política fue detenido varias veces durante la segunda guerra mundial, y en 1967 enviado a prisión en Yiaros y Leros  por la dictadura Papadopoulos. Falleció en Grecia en el año de 1990.

(Biografía tomada de la página "A media voz")

domingo, 1 de octubre de 2023

ESTROFA (a tu donaire)

 

Mujer, huésped de mi alma,
me queda mi sorpresa,
hermosa mujer amada,
en este absurdo atardecer, hay

los negros eslabones de tus ojos
y el sutil espanto de la noche...
Incilnate, quimera, por volver
a su vaina el filo de mi silencio.



Te volviste torbellino,
alma centrIfuga
que nos deja
con amarga soledad.

Cuando anochece contemplo la espesura
en los ojos entornados de los mios.



iAdónde fue el dia de doble filo que todo lo mudó?
iNo tendremos un río navegable?
iNo tendremos un cielo que destile rocío
sobre el alma que se durmió con narcótico alimento del loto?

En la roca de la paciencia aguardamos el milagro
que abra el firmamento y haga todo lo posible
aguardamos, como en el drama antiguo al mensanjero
cuando desaparecen las rosas abiertas del ocaso...

Rosa escarlata del viento y del destino,
quedas solo en ci recuerdo, como una cadencia grave
has pasado, rosa de la noche, ondulación de púrpura
ondulació de la mar... Sencillo, asI, es el mundo.

Atenas. octubre '29 . diciembre '30.





LEYENDA
25
VI

M. R.

El jardín con surtidores bajo la lluvia
tan solo lo verás desde la ventanita
tras el vaho de los cristales. Tu cuarto
estará solo iluminado por Ia llama del hogar
y alguna vez, a la luz de relámpagos lejanos, aparecerán
las arrugas de tu frente, viejo Amigo mío.

El jardín con surtidores que en tu mano
eran cadencia de otra vida más allá de los mármoles
rotos y trágicas columnas,
danza entre las adelfas
junto a nuevas canteras,
un cristal turbio lo habrá cortado de tus horas.
No volverás a respirar: la tierra y savia de los árboles
volarán de tu memoria para estrellarse
contra ese cristal peinado per la lluvia
del mundo de afuera.


Yorgos Seferis

Traducción de
Pedro Badenas de la Pena

"Poesía completa", Alianza 
editorial, Madrid, 1986


Poeta, ensayista, diplomático y traductor griego nacido en Esmirna, en 1900.
Heredó de su padre el gusto por la literatura, iniciando su carrera poética a la edad de catorce años. Terminó estudios básicos en Atenas y cuando su familia se trasladó a Paris en 1918, estudió Derecho en La Sorbona. En 1925 regresó a Atenas cuando fue admitido en el servicio diplomático, iniciando desde entonces una larga carrera  durante la cual ejerció cargos en  Inglaterra y Albania. Durante la Segunda guerra mundial vivió en el exilio, y a su regreso en 1944, continuó representando su país  hasta su retiro voluntario como embajador en el Reino Unido, en el  año de 1962. Obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1963 y el doctorado Honoris Causa por las universidades de  Cambridge, Oxford, Salonika y Princeton. Falleció en 1971. 




viernes, 29 de septiembre de 2023

DIÁLOGO PAOLETTI/DERRIDA


Catherine Paoletti mantuvo, durante la semana del 14 al 18 de diciembre de 1998,
una conversación con Jacques Derrida. El que se transcribe es el fragmento inicial 
de la entrevista:
 

Pregunta: —Es una tarea temible el tener que presentarle. Diga lo que diga, voy a
caer en la anécdota o en unas categorías universalizantes vacías que usted no ha
dejado nunca de criticar, igual que si afirmo que usted es el padre de la deconstrucción. Finalmente, si digo que basta con leer cualquier pasaje de sus textos para ver resplandecer en él toda la riqueza de sus reflexiones, me podría responder que infiero que desde hace cuarenta años usted no hace más que repetirse, aunque la repetición haya adquirido con usted un valor filosófico. Sé por último de antemano que nunca tendré razón al darle a usted la razón. Yo podría decir, a la manera de Kant: «Jacques Derrida nació el 15 de julio de 1930 en El‐Biar, cerca de Argel, vive, escribe y escribirá todavía». Sin embargo, no tengo más remedio que constatar que lo que constituye el hilo conductor más explícito de su recorrido intelectual se inscribe, se escribe, en sus textos con el filtro
mismo de la autobiografía.

J. D.: —Es verdad que, al repetirme, al desplazarme —porque lo que me interesa es el desplazamiento en la repetición—, no he dejado de acercarme a una escritura de la que con frecuencia se dice que es cada vez más autobiográfica. Aunque los primeros textos que publiqué no estaban en primera persona y eran conformes, con ciertas distancias, a unos modelos más bien académicos, ya en el transcurso de los dos últimos decenios, de un modo a la vez ficticio y no ficticio, los textos en primera persona se han multiplicado: rememoraciones, confesiones, reflexiones sobre la posibilidad o la imposibilidad de la confesión… Estoy convencido de que, en cierto modo, cualquier texto es autobiográfico y esa «tesis» se vuelve a encontrar dentro de esos escritos así llamados autobiográficos. Por lo tanto, diré que lo que ha variado en la repetición no es la relación con la autobiografía o el paso de unos textos no autobiográficos a unos textos autobiográficos, sino cierta modulación, cierta transformación del tono y del régimen de la autobiografía. Creo, de hecho, que habría que desconfiar tanto de la apariencia no autobiográfica de mis textos así denominados antiguos como de la apariencia autobiográfica de mis textos llamados recientes. En Mémoires d’aveugle, texto que escribí para la exposición del Louvre, intento demostrar en qué medida incluso cuadros que no son autorretratos son autorretratos y que, en todo caso, la distinción ya no es tan pertinente como se cree.


Jacques Derrida (El Biar, Argelia, 1930-París, Francia, 2004)


Edición electrónica de
www.philosophia.cl / Escuela de
Filosofía Universidad ARCIS

miércoles, 27 de septiembre de 2023

LA LITERATURA Y LA VIDA

Los libros hermosos están escritos en una especie de lengua extranjera.

—PROUST, Contre Sainte–Beueve 


Escribir indudablemente no es imponer una forma (de expresión) a una materia vivida. La literatura se decanta más bien hacia lo informe, o lo inacabado, como dijo e hizo Gombrowicz. Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida. Es un proceso, es decir un paso de Vida que atraviesa lo vivible y lo vivido. La escritura es inseparable del devenir; escribiendo, se deviene–mujer, se deviene–animal o vegetal, se deviene–molécula hasta devenir–imperceptible. Estos devenires se eslabonan unos con otros de acuerdo con una sucesión particular, como en una novela de Le Clézio, o bien coexisten a todos los niveles, de acuerdo con unas puertas, unos umbrales y zonas que componen el universo entero, como en la obra magna de Lovecraft. El devenir no funciona en el otro sentido, y no se deviene Hombre, en tanto que el hombre se presenta como una forma de expresión dominante que pretende imponerse a cualquier materia, mientras que mujer, animal o molécula contienen siempre un componente de fuga que se sustrae a su propia formalización. La vergüenza de ser un hombre, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir? Incluso cuando es una mujer la que deviene, ésta posee un devenir–mujer, y este devenir nada tiene que ver con un estado que ella podría reivindicar. Devenir no es alcanzar una forma (identificación, imitación, Mimesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya no quepa distinguirse de unamujer, de unanimal o de unamolécula: no imprecisos ni generales, sino imprevistos, no preexistentes, tanto menos determinados en una forma cuanto que se singularizan en una población. Cabe instaurar una zona de vecindad con cualquier cosa a condición de crear los medios literarios para ello, como con el áster según André Dhôtel. Entre los sexos, los géneros o los reinos, algo pasa. 1 El devenir siempre está «entre»: mujer entre las mujeres, o animal entre otros animales. Pero el artículo indefinido sólo surge si el término que hace devenir resulta en sí mismo privado de los caracteres formales que hacen decir el, la(«el animal aquí presente»...). Cuando Le Clézio deviene–indio, es siempre un indio inacabado, que no sabe «cultivar el maíz ni tallar una piragua»: más que adquirir unos caracteres formales, entra en una zona de vecindad. 2 De igual modo, según Kafka, el campeón de natación que no sabía nadar. Toda escritura comporta un atletismo. Pero, en vez de reconciliar la literatura con el deporte, o de convertir la literatura en un juego olímpico, este atletismo se ejerce en la huida y la defección orgánicas: un deportista en la cama, decía Michaux. Se deviene tanto más animal cuanto que el animal muere; y, contrariamente a un prejuicio espiritualista, el animal sabe morir y tiene el sentimiento o el presentimiento correspondiente. La literatura empieza con la muerte del puerco espín, según Lawrence, o la muerte del topo, según Kafka: «nuestras pobres patitas rojas extendidas en un gesto de tierna compasión». Se escribe para los terneros que mueren, decía Moritz. 3 La lengua ha de esforzarse en alcanzar caminos indirectos femeninos, animales, moleculares, y todo camino indirecto es un devenir mortal. No hay líneas rectas, ni en las cosas ni en el lenguaje. La sintaxis es el conjunto de caminos indirectos creados en cada ocasión para poner de manifiesto la vida en las cosas. 

Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sueños y las fantasías propios. Sucede lo mismo cuando se peca por exceso de realidad, o de imaginación: en ambos casos, el eterno papá y mamá, estructura edípica, se proyecta en lo real o se introyecta en lo imaginario. Es el padre lo que se va a buscar al final del viaje, como dentro del sueño, en una concepción infantil de la literatura. Se escribe para el propio padre–madre. Marthe Robert ha llevado hasta sus últimas consecuencias esta infantilización, esta psicoanalización de la literatura, al no dejar al novelista más alternativa que la de Bastardo o de Criatura abandonada. 4 Ni el propio devenir–animal está a salvo de una reducción edípica, del tipo «mi gato, mi perro». Como dice Lawrence, «si soy una jirafa, y los ingleses corrientes que escriben sobre mí son perritos cariñosos y bien enseñados, a eso se reduce todo, los animales son diferentes... ustedes detestan instintivamente al animal que yo soy». 5 Por regla general, las fantasías de la imaginación suelen tratar lo indefinido únicamente como el disfraz de un pronombre personal o de un posesivo: «están pegando a un niño» se transforma enseguida en «mi padre me ha pegado». Pero la literatura sigue el camino inverso, y se plantea únicamente descubriendo bajo las personas aparentes la potencia de un impersonal que en modo alguno es una generalidad, sino una singularidad en su expresión más elevada: un hombre, una mujer, un animal, un vientre, un niño... Las dos primeras personas no sirven de condición para la enunciación literaria; la literatura sólo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo (lo «neutro» de Blanchot). 6 Indudablemente, los personajes literarios están perfecta-mente individualizados, y no son imprecisos ni generales; pero todos sus rasgos individuales los elevan a una visión que los arrastran a un indefinido en tanto que devenir demasiado poderoso para ellos: Achab y la visión de Moby Dick. El Avaro no es en modo alguno un tipo, sino que, a la inversa, sus rasgos individuales (amar a una joven, etc.) le hacen acceder a una visión, veel oro, de tal forma que empieza a huir por una línea mágica donde va adquiriendo la potencia de lo indefinido: un avaro..., algo de oro, más oro... No hay literatura sin tabulación, pero, como acertó a descubrir Bergson, la tabulación, la función fabuladora, no consiste en imaginar ni en proyectar un mí mismo. Más bien alcanza esas visiones, se eleva hasta estos devenires o potencias. 

No se escribe con las propias neurosis. La neurosis, la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, como en el «caso de Nietzsche». Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (se produciría en este caso la misma ambigüedad que con el atletismo), pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él, demasiado fuertes para él, irrespirables, cuya sucesión le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante haría imposibles. 7 De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud bastaría para liberar la vida allá donde esté encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? Pues la salud pequeñita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una nueva visión a la cual se va abriendo al pasar. 

La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar un pueblo que falta. Es propio de la función fabuladora inventar un pueblo. No escribimos con los recuerdos propios, salvo que pretendamos convertirlos en el origen o el destino colectivos de un pueblo venidero todavía sepultado bajo sus traiciones y renuncias. La literatura norteamericana tiene ese poder excepcional de producir escritores que pueden contar sus propios recuerdos, pero como los de un pueblo universal compuesto por los emigrantes de todos los países. Thomas Wolfe «plasma por escrito toda América en tanto en cuanto ésta pueda caber en la experiencia de un único hombre». 8 Precisamente, no es un pueblo llamado a dominar el mundo, sino un pueblo menor, eternamente menor, presa de un devenir–revolucionario. Tal vez sólo exista en los átomos del escritor, pueblo bastardo, inferior, dominado, en perpetuo devenir, siempre inacabado. Un pueblo en el que bastardo ya no designa un estado familiar, sino el proceso o la deriva de las razas. Soy un animal, un negro de raza inferior desde siempre. Es el devenir del escritor. Kafka para Centroeuropa, Melville para América del Norte presentan la literatura como la enunciación colectiva de un pueblo menor, o de todos los pueblos menores, que sólo encuentran su expresión en y a través del escritor. 9 Pese a que siempre remite a agentes singulares, la literatura es disposición colectiva de enunciación. La literatura es delirio, pero el delirio no es asunto del padre– madre: no hay delirio que no pase por los pueblos, las razas y las tribus, y que no asedie a la historia universal. Todo delirio es histórico–mundial, «desplazamiento de razas y de continentes». La literatura es delirio, y en este sentido vive su destino entre dos polos del delirio. El delirio es una enfermedad, la enfermedad por antonomasia, cada vez que erige una raza supuestamente pura y dominante. Pero es el modelo de salud cuando invoca esa raza bastarda oprimida que se agita sin cesar bajo las dominaciones, que resiste a todo lo que la aplasta o la aprisiona, y se perfila en la literatura como proceso. Una vez más así, un estado enfermizo corre el peligro de interrumpir el proceso o devenir; y nos encontramos con la misma ambigüedad que en el caso de la salud y el atletismo, el peligro constante de que un delirio de dominación se mezcle con el delirio bastardo, y acabe arrastrando a la literatura hacia un fascismo larvado, la enfermedad contra la que está luchando, aun a costa de diagnosticarla dentro de sí misma y de luchar contra sí misma. Objetivo último de la literatura: poner de manifiesto en el delirio esta creación de una salud, o esta invención de un pueblo, es decir una posibilidad de vida. Escribir por ese pueblo que falta («por» significa menos «en lugar de» que «con la intención de»). 

Lo que hace la literatura en la lengua es más manifiesto: como dice Proust, traza en ella precisamente una especie de lengua extranjera, que no es otra lengua, ni un habla regional recuperada, sino un deve-nir–otro de la lengua, una disminución de esa lengua mayor, un delirio que se impone, una línea mágica que escapa del sistema dominante. Kafka pone en boca del campeón de natación: hablo la misma lengua que usted, y no obstante no comprendo ni una palabra de lo que está usted diciendo. Creación sintáctica, estilo, así es ese devenir de la lengua: no hay creación de palabras, no hay neologismos que valgan al margen de los efectos de sintaxis dentro de los cuales se desarrollan. Así, la literatura presenta ya dos aspectos, en la medida en que lleva a cabo una descomposición o una destrucción de la lengua materna, pero también la invención de una nueva lengua dentro de la lengua mediante la creación de sintaxis. «La única manera de defender la lengua es atacarla... Cada escritor está obligado a hacerse su propia lengua...» 10 Diríase que la lengua es presa de un delirio que la obliga precisamente a salir de sus propios surcos. En cuanto al tercer aspecto, deriva de que una lengua extranjera no puede labrarse en la lengua misma sin que todo el lenguaje a su vez bascule, se encuentre llevado al límite, a un afuera o a un envés consistente en Visiones y Audiciones que ya no pertenecen a ninguna lengua. Estas visiones no son fantasías, sino auténticas Ideas que el escritor ve y oye en los intersticios del lenguaje, en las desviaciones de lenguaje. No son interrupciones del proceso, sino su lado externo. El escritor como vidente y oyente, meta de la literatura: el paso de la vida al lenguaje es lo que constituye las Ideas. 

Estos son los tres aspectos que perpetuamente están en movimiento en Artaud: la omisión de letras en la descomposición del lenguaje materno (R, T...); su recuperación en una sintaxis nueva o unos nombres nuevos con proyección sintáctica, creadores de una lengua («eTReTé»); las palabras–soplos por último, límite asintáctico hacia el que tiende todo el lenguaje. Y Céline, no podemos evitar decirlo, por muy sumario que nos parezca: el Viaje o la descomposición de la lengua materna; Muerte a crédito y la nueva sintaxis como lengua dentro de la lengua; Guignol's Bandy las exclamaciones suspendidas como límite del lenguaje, visiones y sonoridades explosivas. Para escribir, tal vez haga falta que la lengua materna sea odiosa, pero de tal modo que una creación sintáctica trace en ella una especie de lengua extranjera, y que el lenguaje en su totalidad revele su aspecto externo, más allá de la sintaxis. Sucede a veces que se felicita a un escritor, pero él sabe perfectamente que anda muy lejos de haber alcanzado el límite que se había propuesto y que incesantemente se zafa, lejos aún de haber concluido su devenir. Escribir también es devenir otra cosa que escritor. A aquellos que le preguntan en qué consiste la escritura, Virginia Woolf responde: ¿Quién habla de escribir? El escritor no, lo que le preocupa a él es otra cosa. 

Si consideramos estos criterios, vemos que, entre aquellos que hacen libros con pretensiones literarias, incluso entre los locos, muy pocos pueden llamarse escritores. 

Gilles Deleuze (1925, París, Francia-Id.1995)

(Sin mención del traductor)

 


1 Vid. André Dhôtel, Terres, de mémoire, Éd. Universitaires (sobre un devenir–áster en La Chronique fabuleuse, pag. 225). 

2 Le Clézio, Haï, Flammarion, pág. 5. En su primera novela, Le proces–verbal, Ed. Folio– Gallimard, Le Clézio presentaba de forma casi ejemplar un personaje en un devenir–mujer, luego en un devenir–rata, y luego en un devenir–imperceptible en el que acaba desvaneciéndose. 

3 Vid. J.–C. Bailly, La légende dispersée, anthologie du romantisme allemand, 10–18, pag. 38. 

4 Marthe Robert, Roman des origines et origines du roman, Grasset (Novela de los orígenes y orígenes de la novela, Taurus). 

5 Lawrence, Lettres choisies. Pión, II, pág. 237. 

6 Blanchot, La part du feu, Gallimard, págs. 29–30, y L'entretien infini, págs. 563–564: «Algo ocurre (a los personajes) que no pueden recuperarse más que privándose de su poder de decir Yo.» La literatura, en este caso, parece desmentir la concepción lingüística, que asienta en las partículas conectivas, y particularmente en las dos primeras personas, la condición misma de la enunciación. 

7 Sobre la literatura como problema de salud, pero para aquellos que carecen de ella o que sólo cuentan con una salud muy frágil, vid. Michaux, posfacio a «Mis propiedades», en La nuit remue, Gallimard. Y Le Clézio, Haï, pág. 7: «Algún día, tal vez se sepa que no había arte, sino sólo medicina.» 

8 André Bay, prefacio a Thomas Wolfe, De la mort au matin. Stock.

9 Vid. las reflexiones de Kafka sobre las literaturas llamadas menores, Journal, Livre de poche, págs. 179–182 (Diarios. Lumen, 1991); y las de Melville sobre la literatura norteamericana, D'oü viens–tu, Hawthorne?, Gallimard, págs. 237–240. 

10 Vid. Andró Dhôtel, Terres de mémoire, Éd. Universitaires (sobre un devenir–áster en La Chronique fabuleuse, pág. 225).



lunes, 25 de septiembre de 2023

ESTA FORMA DE VIDA NECESITA SEXO


Tendré que aceptar a las mujeres
si quiero continuar la raza,
            besar senos, aceptar
            extraños labios tras las
                     nalgas,
Visitar interrogantes ojos de mujer
            responder suaves mejillas,
sepultar mis lomos en la horca de ciruelo
             gordo tejido
                    he aborrecido
antes de dar el espasmodio salto
           frontal hacia la muerte —
Entre mí y el olvido se levanta una
             mujer desconocida;
No la Musa sino el vivo fantasma-carne,
un espantajo misterioso como mi dios en el fango
              hundiendo su pie en su cogote &
vomitando su propia imagen por el culo
— A esta mujer Porvenir estoy prendado
               nacida no para morir,
sino impreso mi propio cerebroverga réplica de Mi Mismo
           otra vez —¿Por miedo a la Mancha?
Cara de Muerte, mi Hembra, santificado
            a mi propio hueso,
Estoy destinado a encontrar una virgen para
               ignorante fornicadera —
palmeando mi panza & untado con Saliva
       cara avergonzada carnosa & húmeda,
—tener largas pláticas marchitas
             en tocadores de Cósmicos Deberes,
                       aburrido quizá?
O excitado Nuevo Prospecto, discutirla
     Porvenir, mi Esposa
       Mi Madre, Muerte, Mi única
         esperanza, mi propia Resurrección
Mujer
         ella misma, por qué he temido
                unirme de veras
Abrazado bajo las Pantaletas de la Eternidad
al hoyo que me ha repelido desde 1937
      — Me bajé los pantalones en la entrada de la casa
mostrando mi trasero a los coches en la lluvia —
& Ella interesada, este contacto
             con nuevo Estúpido Macho
    que ha mamado la verga de mi amante
en Adoración & limosna pura romance-de-pasmo
    trago-ahogo viene Esperanza de Vida
y me han jodido innumerables camaradas
          atardeciendo dentro y mi plexo solar
        siente a dios en mi como una puerta abierta —
Ahora que mi cuerpo de décadas cambiado
si bien admirando muslos de macho en mi frente,
          amor duro pulsando en mis oídos,
               severas nalgas alzadas
                  para mi Violación maestra
que fueran destinadas a cagar en privado
           si el Ejército fueran Todos —
Pero no mas respuesta a la vida
         que la estatua muscular
          Yo sentí sus mármoles
envidiando la Belleza inmortal en el
          museo de Yore —
Puedes coger con una estatua pero no
               puedes tener niños
Puedes gozar hombre a hombre pero el Esperma
              vuelve chorreando al ocaso
           en un baño del piso 45 —
& No se puede hacer un continuo misterio del
            acto concluido
              & horrible estremecimiento
           que termina cual comienza,
                estúpido grito reptil
vida negada por el Creador Maricón
             se vuelve Imaginario
          porque decidió no encarnar
             el opuesto — Viejo Fantasma
que no quiso ser un niño & morir,
           no quiso cagar y gritar
         expuesto a bombardeos en una
             carretera China RR
y creció para pasar su espasmo a
            la otra mitad del Universo —
Como un homosexual capitalista temeroso de
              las masas —
y esta es mi situación, amigos —


Diciembre 4, 1961




A LA MANERA DE YEATS


Ya el incienso llena el aire
y al deleite sigue el deleite,
una tranquila cena entre alfombras,
tañidos desde el Oriente hasta mi oído,
viejos amigos reposando en colchones brillantes,
viejos cuadros en las paredes, vieja poesía
pensada nuevamente, risas por una mística
estatua de juguete pintada en oro,
té sobre la mesa blanca.

Abril 26, 1964



Allen Ginsberg (E.E.U.U., Newark, 1926- NuevaYork, 1927)

(Traducción de Alberto Blanco, 
UNAM, México, 2011

Pueden LEER la biografÍa en entrada anterior del autor. (N. del A.)