domingo, 24 de febrero de 2013

RESTO



Quedan los movimientos elementales
de la sangre
y el rostro, espejo ciego
donde se precipita el mediodía.

Quedan las manos, apenas,
suavemente dibujadas
en la espalda negra del aire.

Quedan las palabras, no la música, 
no el rumor equidistante del sol 
cuando hace noche, dolor y miedo.

Quedan los anímalitos cansados 
de golpear, cara y ceca, 
en su jaula de huesos.




Susana Thénon (Argentina, Buenos Aires, 1935-1991)





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