jueves, 14 de febrero de 2013

Zoológico Wapner



La jirafa

La jirafa reduce su paso cuando se encuentra con el obstáculo, que está por debajo de su esternón. Flaquea su cuello y hace que se agacha, pero no es así y se cansa de pensar así. Más bien, deja pasar a la manada, que le viene pisando los talones. Cuando todos hubieron de dejar polvareda que, a decir verdad, no sirve ni para efecto, la jirafa se queja.
Es tonta la jirafa.

La cebra
Estaba una cebra enganchada a un alambre o remedo tosco de trampa. Se lo había tendido un bantú, quien al ver al animal atrapado, se esmeró en fabricar una flecha, que habría de acabar con la vida del pariente africano del asno. El bantú, desarraigado de su tribu, de la que estaba ausente por expulsión, creaba sus utensilios en la medida que los necesitase. El exilio en la jungla, y el poco contacto con la cultura humana, lo habían reducido a una condición de pionero negado de memoria, que inventaba las cosas mal. Nunca coincidían su inteligencia con su instinto, y la cebra se dio cuenta de esto. Porque no es tonta la cebra. Pero no es hábil para desatar nudos.

El papión

No le dicen "cara de perro", porque suele morder más que otros monos, pero este dato es cierto. Tuvo problemas con todos sus vecinos, pero lo que más le indignó fue cuando alguien le dijo "sub-mandril". ¿Hay racismo en el mundo animal? En todo caso, aquél que profirió el insulto tuvo pasado de convivencia con personas en una vivienda en donde había poco espacio y todos vivían hacinados. No se puede revelar la identidad del ofensor, para evitarle más problemas de los que tiene. El papión, mientras tanto, todavía no dio respuesta, pero le pidió su padre, que aún está activo, que le cuente de nuevo el cuento de cómo perdió los colores el papión, y de cómo se alegró, porque algunos colores lastiman.

El elefante

Se han dicho tantas cosas del elefante, y el elefante ha dicho tantas cosas de sí mismo, pero no por ello hay que callar el accidente que tuvo uno de ellos, cerca de la ruta a Dahomey, hace aproximadamente unos años. El elefante piensa en secuencia espiral, y a veces se lo confunde con un borracho. Cuando un elefante arranca un árbol de raíz, es porque cree que el único arraigo es el aire. Y si suelta el árbol y este cae, es porque piensa que un tronco es un lastre. Y si fuere que el tronco cae sobre el lomo de otro elefante más pequeño, es que el elefante fracasó como agente de la historia.

La hiena

La hiena también muere, pero nunca piensa en eso. Y tampoco puede pensar en nada más que en lo que tiene en el entrecejo, pura obsesión. En la obsesión de la hiena hay siempre algo que se desintegra y se vuelve a integrar para repetir su degradación. Al revés de otros animales, la hiena sólo considera el pasado como sujeto constante. El pasado es el único presente que existe, y es por eso que vive intoxicada. La intoxicación es la responsable de sus alucinaciones, y ¡de allí a creerse que todo lo que se pudre es regresado!


David Wapner



David Wapner. Poeta argentino. Nació en el barrio de La Paternal (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), en 1958. Cursó en forma parcial diversas carreras (medicina, musicoterapia, profesorado en historia) y llevó adelante distintos proyectos como poeta y músico. En 1982 fundó la banda Gutural, que tuvo varias formaciones hasta su disolución en 1990. Su contribución a la ficción y poesía para niños es reconocida por la crítica a través de los años con premios y ensayos en revistas especializadas, libros y conferencias. Entre los años 1995 y 2006 editó la hoja literaria Extremaficción (a partir de 1998, Correo Extemaficción, e-zine), en la que publicó un seleccionado de los principales poetas jóvenes de aquellas décadas. Desde 1998 vive en Israel. Publicó entre otras obras: Bulu - Bulu, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987; El otro Gardel (relatos para niños), Libros del Quirquincho, Serie Negra, Buenos Aires, 1989; Tragacomedias, Trompa de Falopo, Buenos Aires, 1993; El águila (nouvelle), Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1994;  Violenta Parra , Del Diego, Buenos Aires, 1999;  Algunos son animales, Norma, Buenos Aires, 2003; Los piojemas del piojo Peddy, Ediciones del Eclipse, Buenos Aires, 2004;  Una novela de mil páginas, Siesta, Buenos Aires, 2007;  La noche (cuentos - reedición), Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2007; Tierra metida (crónicas), Macedonia, Buenos Aires, 2009; Mardablogues, Imprenta Argentina de Poesía, Buenos Aires, 2010 y Perrupagia Amoghino Búnfeld (poesìa), Alción, Córdoba, 2012.


Blog
Mardagobio Blogo
mardablogues.zoomblog.com





1 comentario:

Comandante Cansado dijo...

Hola, Marcelo. En este post linkeo hacia aquí. Se aceptan sugerencias de otros poetas expatriados. Gracias y saludos.