domingo, 17 de marzo de 2013

Iemanjá




















Ramitos a lemanjá
llevábamos como raíces de la luna.
El mar espeso, errante,
confitado por nuestras flores repentinas.
¿Su número? No importa.
(Flotan, son pequeñas mamilas celestes,
una suerte de enagua instantánea
que deshilacha el murallón.)
El mar. ¿Y la Diosa del mar?
¿Subió donde tu boca, hecha rocío?
¿O acaso agradecer
significó abrigarte con espuma,
mientras de la extraña, oscura plegaria
huían trozos de cielo?

Demasiada atención había entonces 
merodeando tus ojos. 
Y una divinidad sin sacrificios. 
Y un rezongo en el mar.




ESCENA FAMILIAR

Sé que negamos algo, hijo,
y nos reímos:
jueguitos de video hasta las doce.
Una madeja de reflejos antes de dormir
y, claro, tu deseo es quedarte,
como yo, en el living,
a la espera de algunas palabras.
Me pregunto qué rostro considerarás
del tipo que lo impide.
Fría, la noche enciende imágenes estables,
y este vistazo rutinario
me demuestra que en sueños todavía ríes,
como si desde lejos te arrullaran
los callados objetos de la habitación
y los asuntos de tu alma.



(de: El arreo y la fuga,
Ed. del Dock, 2000)

José Emilio Tallarico



José Emilio Tallarico. Nació en Buenos Aires en 1950. Su obra poética comprende Huésped y testigo, 1986; Siglonía, 1988; Ese espacio que tiembla, 1993; El arreo y la fuga, 2000 y Andariveles, 2006. Publicó artículos y poemas en varias revistas literarias del país. Fue traducido parcialmente al portugués, al catalán, al italiano y al neerlandés. Reside en su ciudad natal en la que ejerce su profesión de médico.