lunes, 26 de mayo de 2014

EL PUENTE

















Las columnas herrumbradas por el aire delgado
de la altura
suben desde las pendientes de la quebrada y sostienen con
    gruesos remaches 
los travesaños de hierro.
Hay miles de remaches en la estructura del puente 
pero en el centro hay uno solo fijando el encuentro 
de todas las fuerzas, uno solo, insospechado y firme,
    evitando que el mundo se venga abajo. 
Aquí alguna vez un hombre se sentó a horcajadas, hercúleo,
             sobre el abismo
y selló el remache decisivo, acero al rojo y con esquirlas. 
Imagina la acción tensa y peligrosa de su brazo 
golpeando acompasado 
como si nos transmitiera serenamente un mensaje:
          nadie asegura el mundo en su contra. 
El remache
permite el paso del tren de los metales y del tren de los migrantes. 
y el paso contrario de los que vamos a mirar sus paisajes y
     cortamontes. 
Y mientras cruzas el puente y miras aterrado el vacío del
     desfiladero
siente el interminable poder de ese hombre, 
pero imagínalo después caminando como cualquiera,
     sin alardes, 
hacia los viejos campamentos desmontados
donde durmió sobre un pellejo su sincero cansancio.




José Watanabe (Perú, Laredo, 1945- Lima, 2007)