lunes, 12 de mayo de 2014

LA MEDIANERA



ENTRE SÁBANAS

dice Claudine desde la cama,

Blanco, el color más temible. 
Blancos los huesos, 
las vendas, las mortajas. 
Blancos rosarios y blancas 
esperanzas.

(Los papeles vacíos, a veces, 
son tan blancos.)

Blancos tules de novia y blancas
ambulancias.
Blancos azahares,
nardos,
los perversos jazmines.

Los hospitales blancos 
con sus
blancos pasillos de azulejos 
tan blancos.

Blancos los ojos de un hombre
que ha olvidado,
blanca la espuma de la rabia,
las gélidas estatuas, 
el sexo de los santos.

Blanca la espera, la nada 
y el silencio. 
Blanco, tan blanco, 
el corazón del sueño.



UN OTRO CIELO

dice Claudine con aire teatral,

Quiero mentirte siempre,
fingir, quiero ser otra.
Nada más verdadero, más bello, más amable.

Quiero mentir, mentirte, 
y honestamente en falso 
hundirme en la mentira 
como en un otro cielo.

Voy a mentirte siempre, 
no quiero que me veas. 
Voy a hablarte de andanzas, 
de glorias, de países. 
Voy a ser otras cosas: 
otros nombres acaso, 
otros cuerpos acaso, 
tal vez, 
otros lenguajes.

Uno de estos días,
voy a aparecer descascarada y loca,
corriendo por los pasillos de tu casa.
Oscura y triste, 
puro desasosiego. 
Voy a ocupar tu cama 
con mi vestido negro. 
Voy a llorar de espanto, 
voy a insultar de quejas. 
Voy a besarte tanto, 
a quererte tanto...

No, no pongas esa cara, 
no es cierto lo que digo. 
Voy a mentirte. Siempre.



LO REAL

Lo que usted dice no es real, dice el hombre. 
Son sueños, solo sueños.

Se equivoca usted, caballero,
dice Claudíne,
desplegando su abanico de niebla.

—Se equivoca.



BESOS

Naves.
Besos hechos de besos
eran
los besos nuestros.

Sólidos como una fortaleza,
húmedos como las partidas,
lentos,
amor,
como el olvido.





Silvia Arazi (Buenos Aires)