jueves, 29 de mayo de 2014

EL SALMÓN ROJO




Si sombras son ahora de esposa y esposo 
¿cuál su cielo?
Un cielo desadornado, que así les agradó 
tenerlo en la tierra.

Practicaban
la admirable belleza del amor huraño 
donde el macho se queda rondando por ahí, 
oliendo la tierra, las plantas, el lecho, 
esperando otro llamado áspero.

De pronto, en ese ardor seco, una gentileza:
el esposo le obsequió a la esposa
una bala con un salmón rojo en la espalda.
La esposa, turbada por la inusual gracia,
vistió la prenda de seda
y el cielo estoico se rasgó por primera vez:
un rayo de luz iluminó al salmón
que parecía subir a gusto por la cascada
de los hermosísimos cabellos azulados de la esposa:
una bella imagen que ella, tan conmovida, no podía ver.

Dígasela usted, padre, para que deje de llorar.



José Watanabe (Perú, Laredo- 1945- Lima, 2007)