sábado, 5 de diciembre de 2015

EL MUNDO NO SE ACABA (Parte I)
































     ESCALÍGERO palidece mortalmente al ver un berro. Ticho Brahe, famoso astrónomo, se desmaya al ver un zorro enjaulado. María de Médicis se marea súbitamente al ver una rosa, hasta en pintura. Mis antepasados, entretanto, comen repollo. Remueven el cazo buscando un pezuña de cerdo que no existe. El cielo es azul. El ruiseñor canta en un soneto renacentista, e inmediatamente alguien se va a la cama con un dolor de muelas.



     ELLA me alisa suavemente con una plancha de vapor, o desliza su mano en mi interior como si fuera un calcetín que necesita un zurcido. El hilo que usa es como el gotear de mi sangre, pero lo punzante de la aguja es todo suyo.
     "Te vas a arruinar los ojos con esa luz tan mala, Henrietta", le advierte su madre. ¡Y tiene razón! Nunca desde que empezó el mundo ha habido tan poca luz. Se sabe que nuestras tardes de invierno han durado a veces cien años.


     "TODO EL MUNDO sabe lo que me pasó con el doctor Freud", dice mi abuelo.
      "Estábamos enamorados del mismo par de zapatos negros del escaparate de la misma zapatería. Por desgracia, la tienda siempre estaba cerrada. Había algún cartel del tipo CERRADO POR DEFUNCIÓN o VUELVO  DESPUÉS DE COMER, pero por mucho que esperara, nadie venía a abrirla.
      "Una vez sorprendí al doctor Freud admirando aquellos zapatos con descaro. Nos fulminamos con la mirada antes de partir en direcciones opuestas, para nunca volver a encontrarnos".


     ¡YA LLEGO, ya llego, amante de infinitas desilusiones con tu colección de postales antiguas! Quieres mostrarme una estación del tren con el reloj parado a las cinco y cinco. No podemos ver nada por la ventana del Jefe de estación por culpa de la mugre. Ni siquiera sabemos si hay un tren esperando en el andén, mucho menos si una mujer de negro entra con prisa por la puerta principal. Debe ser una estación tranquila, pues no se ve a nadie más. Un pueblito tan borrado por el tiempo que ya sólo alberga una viuda cubierta con velo, y ahora también ella se marcha llevándose su secreto.




Charles Simic (Belgrado, Yugoslavia, 1938-En 1953 emigra a E.E.U.U.)


(Traducción: Jordi Doce)