miércoles, 7 de diciembre de 2016

ISLAS





























Para Margaret

Sencillamente para darles un nombre existe la prosa
de quienes llevan un diario, darte un buen nombre
entre lectores que gustan que el viajero alabe
por igual sus relaciones sexuales y las playas.
Pero las islas sólo pueden existir
si hemos amado en ellas. Yo busco,
tal como el clima busca su estilo, escribir
un verso crujiente como la arena, claro como la luz solar,
frío como la ola encrespada, corriente
como un vaso de agua en las islas;
pero luego, lo mismo que quien lleva un diario,
saboreo sus cuartos tomados por fantasmas de sal
(tu cuerpo que deshace el mar plisado
en sábanas revueltas), cuyos espejos se ven privados
de nuestras imágenes que se acurrucan cuando duermen,
como palabras que el amor había esperado usar
borradas con las páginas de la marea.

Pues, como quien escribe un diario en la arena,
tomo nota de la paz con que embelleciste 
ciertas islas, bajando
por una angosta escalera para encender las farolas
contra el rumor del rompiente nocturno, protegiendo
un incierto mechero incandescente con una mano,
o nada más pelando el pescado para la cena,
cebollas, lucio, pan, pargo colorado,
y en cada beso el agrio sabor de la mar;
y también cómo fuiste creada al claro de luna
para estudiar por encima de todo la indomable paciencia
de las mareas, aunque parezca tiempo perdido.



Derek Walcott
(Traducción: José Luis Rivas)

ISLANDS

[For Margaret]


Merely to name them is the prose
Of diarists, to make you a name
For readers who like travellers praise
Their beds and beaches as the same;
But islands can only exist
If we have loved in them. I seek,
As climate seeks its style, to write
Verse crisp as sand, clear as sunlight,
Cold as the curled wave, ordinary
As a tumbler of island water;
Yet, like a diarist, thereafter
I savour their salt-haunted rooms
(Your body stirring the creased sea
Of crumpled sheets), whose mirrors lose
Our huddled, sleeping images,
Like words which love had hoped to use
Erased with the surf’s pages.

So, like a diarist in sand,
I mark the peace with which you graced
Particular islands, descending
A narrow star to light the lamps
Against the night surf’s noises, shielding
A leaping mantle with one hand,
Or simply scaling fish for supper,
Onions, jack-fish, bread, red-snapper;
And on each kiss the harsh sea-taste,
And how by moonlight you were made
To study most the surf’s unyielding
Patience though it seemed a waste.






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