jueves, 12 de marzo de 2026

ARROZ



Bienvenidxs a la feria. Elijan una palabra,
llévenla consigo hasta que crezca y se transforme
en otra palabra, que mañana signifique más.
El acto preside, pero antes, en general la palabra.
Elegir es un privilegio hermoso, por naturaleza libre.
Disfruten la feria, de eso se trata: ver y compartir,
escuchar y sentir, degustar y oler. Los signos
vestidos de gala, aunque insulte la comparsa,
o se beba de más. De eso se trata, diversidad,
diversión y distracción. Dejen un rato el dinero
en sus bolsillos, si es que lo tienen. Pasen y vean.
Sientan, escuchen y huelan; lo demás vendrá después
y lo que esté de más, estará de más:
nunca anochece si la dicha es buena.



Una muda de ideas significa:
juntar los índices, palmas arriba,
pulgares afuera. Ideas en las manos,
cerrarlas y soplar. A la cuenta de tres
liberarlas, lo más lejos posible del alma.
Aunque no sólo en lo externo
se puede cosechar, las ideas se concretan.
Las ideas sin palabras, son paracaídas sin piolín,
sensaciones grabadas a fuego
registros únicos, de una mente
que revela fotos en las sombras;
y al cabo de los años las olvida,
o idealiza su funeral.



He visto dulces chicas, paseando perros rabiosos;
las riendas eran de ella, el collar de él y la orquesta
de Belén. Entre los besos materos, en los lotes
pastosos de cuatro calles, se sentaron a esperar la tarde
que no caía, sino que crecía entre los árboles alrededor.
Para el firulais siempre es hora de morder, pero ella
lo acaricia, soltando la rienda, apretando el collar.
Él se entrega y lengüetea apoyado en sus muslos.
Ella sabe que manda, y eso le da paz, una paz natural
como el aire que hace chiflar las hojas. No es serena,
lo simula, es un instante de placer. Antes que él
pueda dormirse, lo despierta, vuelve a apretar el collar.
Le recuerda quién es y quién manda. Él sonríe despreocupado
y vuelve a lengüetear, se levantan con la energía de un duende
campero; pasean por la plaza, que gobierna el cemento
con dictadura, para que el pasto no desbande.
Ella sonríe mientras enreda la cuerda a su muñeca, y lo mira
con el amor que dan los que premian. Lo acaricia para ocultar
su frialdad, y lo lleva caminando a su lado
como un recuerdo constante de “lo que hay que hacer”.



Es la cocción fuente de sabiduría,
ni el comer, ni la crudeza, dan
espacio suficiente para domar el deseo.
Pausa que adoba el ojo de la tormenta
segundos antes de largar la partida,
entre miradas tentadoras,
antes del primer “hola”.
Los precios de las cosas, los síntomas.
“Araca” compadritos y compatriotas:
el arroz, noble servidor, almidón del país;
soporta un hervor, a toda costa.
Es nuestro fiel compañero, un remanso,
en el progreso de la historia.

(del libro "Arroz",
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)

Fernando Ayala


Fernando Ayala, nació en 1987, en San Justo, partido de La Matanza, Provincia de Buenos Buenos Aires, pero habita el barrio de Ciudad Evita desde hace décadas. Ha ejercido (sin diplomatura académica) el oficio de Periodista, gracias al cual se relacionó con escritores y poetas, que afianzaron su relación con la escritura. Colaboró con revistas de tracción popular y difunde obras de escritrxs, a través de su blog Esmeralda Literatura. Coordina junto a Rosa Oviedo, desde el 2025, el Taller Literario Realismo Mágico. Publicó junto a Barnacle: “Tanto Amor Plateado” (2017); “Conurbano, mano de obra” (2018) y “Fuera del Ombligo” (2021).


 

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