LA MUJER DEL AGUA
La mujer del agua
sostiene un niño llorando.
El río toma una forma que habla.
Ella le cuenta la furia del hombre
el dolor del viejo del bosque
el sudor del trabajo.
El río canta con la voz de su madre
le dice: Amor mío
le susurra: calma, calma.
La mujer del agua se escurre
en los ojos del niño que ríe y
suelta su risa entre las piedras.
La mujer del agua
llena el cuenco
donde beben los seres del mundo.
Mujer del día se espuma
en los quehaceres de la casa
una pasionaria se cierra
en el camino de sus ojos.
Mujer que se enjoya de deseos
la luz que la señala
es superflua y amarilla.
Ella, pinta un desborde de primavera
pisa lugares oscuros
una flor de cal en la pared
una flor de loto en las manos.
En tránsito de lluvia
la chimenea y el pan.
¿Dónde está la risa de la casa?
Ellos dejaron una tregua donde volver
a encontrar el té de la tarde
a desollar el animal del silencio.
LA MUJER DE LA TIERRA
El tiempo se abre como mamushkas
en el cajón una caja
allí la imagen de tus ojos niños
llevás puesta la sonrisa
de ir a la plaza y aquel morral
que te tejió enhebrando siestas.
En esa foto de niñez
tu mirada refleja su rostro.
¿Cómo te cabía el nombre en esa época
en la que no sabías que el nido
cae por su peso?
Numa multiplicadora
la que bajó del monte constelar
en la nevada noche.
Ibas hacia las vías
para traer el vuelo de los pájaros.
Bajo los barrotes tibios de la lluvia
devorabas las tardes.
Negra, temida por los oráculos
cazabas cuanto podías para ofrendar amor.
Numa la que me salvó
del derrame oscuro del silencio
la que se durmió
en brazos de la vejez.
Numa tu nombre suena
como las huellas de Diana
tu sombra lista para el ataque
rasga las sillas, amasa mi corazón
LA MUJER DEL FUEGO
La mujer del fuego
contonea su figura
toma por los cuernos
al toro de la noche.
Una mujer que cura las
llagas del que la mira
que purifica rencores
ardiendo en los caminos.
Se propaga en los reflejos de ser
síntoma de ave herida en vuelo
surge de un tiempo de cenizas.
Incendia la vida en su llanura
donde el hombre se quema y muere
de soledad y de intemperie
Después de innumerables brindis
nos reímos hasta quemar el llanto
caímos sobre la mesa como cenizas
La navidad siempre es excusa
tirábamos por la borda la fe
nos agarrábamos del amor
fuegos artificiales reventaban
el espanto.
Extraño que me ames
aunque no aceptes mi forma
de ver las cosas.
LA MUJER DEL AIRE
La mujer del aire
confunde el tiempo y el viento
lleva niños de la mano
ser madre un destino más.
Pierde a las aves en su pelo
no sabe contar un cuento
no amasa.
Conduce su vida
viaja sin valijas
sabe decir basta
sabe contra quién se lucha.
(Del Libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Mercedes Burgos (San Salvador de Jujuy, 1964), Es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras y Licenciada en Letras (UBA). Realizó una especialización en “Procesos y Problemas de la Sociedad y la Cultura Latinoamericanas”. Publicó: “Luna de Río” (Poesía, 2022) Obtuvo, entre otros premios, la 3ra. Mención Nacional del Concurso Internacional de Cartas, Museo Casa del Faro (Quequén, 2018).

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