sábado, 16 de agosto de 2025

CENIZAR


VI


¿Y si después de tantas palabras el hecho haya sido en vano?
Rotundo el muro, tanto que faltan símbolos que lo demuestren.
Albergamos solo sombras de señales que semejan aquel alarido
nunca olvidable, o lo que algunos llaman plegarias.
Tersura masticada, palabras que no encuentran su valor, aquello
que se agrupa en la configuración sintáctica de lo que se ve, lo 
que se dice y lo acumulado que se produce en este siempre antiguo
escenario que dice ser lo real.

Ahora que, inconsultos, fuimos arrojados gracias a Dios del paraíso
ya no podemos ni orar sin desoír el llamado de la pared tapiada, su 
alfabeto roto. Elípticamente fantástica, como toda oración, aquella 
hoja de diario que surca el espacio, serpenteando entre elementos
también de la creación, nos trae una exacta y callada definición. 
El silencio oscila como un muestrario a la intemperie donde ya nada 
tiene que ver con la verdad.

¿Y si después de tantas palabras, entre con mezcla de saliva y arena, 
quedamos letreando los restos del sudario ajado ya por la repetición?
Amparamos solo aquella interrogación siempre presente y heredada,
pero sin consecuencias. Solo palabras. Un episodio sucio por el ruido,
y la gota agria que el bebedor destierra y que justifican, una y otra vez,
estos tumultos atolondrados.

Ahora que, irredimibles, fuimos arrojados gracias a Dios del paraíso
las hojas de nuestro grimorio casero se vuelven un pliegue que arde
y gotea en un altar ya vacío. Rezo sin tierra. Roto. Precario como un
manto precario; y destemplado, como toda plegaria perdida por los 
aires del mundo. Sin tregua.



VII


Y sí. Siempre volvemos a viejos rastros.
Ahí habitamos todo cuanto podemos.
Papeles amarillos, voz de otro y escenario
propicio para gastar a cuenta todo ese alfabeto
desusado, la búsqueda de nómades y traidores;
aquella señal de paso que, para los cazadores,
significa el purgatorio.

Quien allí se haya mojado recordará siempre esos
licores, sus combinaciones. Ya poco nos reanuda.
Nosotros, los de palabras de antes, formamos parte
de la inmedible química que significa mirar, ver, y
decir tras la orfandada voluntad de cenizar; bestias
de vivir, solitarios, indispensables para la simple
constitución de una oración. 

Las cosas tal como son. Las voces tal como se
escuchan. Y el humo siempre estuvo presente.
Entonces, ahora, cenizar. Con justa e inmedible
oración no usada. Con lo que de manifiesto designa
todo ese resto de vela que interroga; la lumbre
del dialecto que condena su lugar pertinente de
lectura de los hechos. Antiguos modos; berretines,
cansadas y viejas costumbres.

(Del libro Homónimo,
Barnacle,2025)
Lucas Peralta

Lucas Peralta (Avellaneda, 1977). Alfabetizador, Docente de Literatura. Integra el Departamento de Literatura del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”. Es autor de los libros de poemas “Escombros” (Barnacle, 2017) y “Praxis” (Barnacle, 2020).  



 

jueves, 14 de agosto de 2025

ARCO DEL VIDENTE


¿Qué es lo anterior al lenguaje que me abandona en un silencio tal que las palabras son estelas borradas, incomprensibles?

Sentí el esplendor y la muerte en el mismo instante. Era el atormentado en vos. Me vi en tus ojos inmóviles, fijos de desierto, te vi calcinar la tarde y contar en abalorios de cristal mi rostro.

Ebrio hablándote del fulgor, pidiéndote que leas mi novela en voz alta, que la leas con tu carnalidad, con mi fiebre lo que llevabas escrito en el pecho, y yo no lo sabía hasta que te escuché, en mis propias pulsaciones y no querer más que acariciarte amor para siempre.

Un dolor me recorría todo el cuerpo. Un dolor tan vasto, un amor tan vasto. Todas las imágenes confusas. Puñales hasta no poder respirar. Estabas ahí mirándome, ningún amparo para que haga lo que quisiera de tu alma.
Caí en el colchón como un faquir. Te acostaste a mi lado.

Me dijiste mientras amanecía.
-Soñé con el olvido. Estabas fundiéndote en mi espalda. Anoche fui casa y tumba al mismo tiempo.

Escuché que te levantaste. Murmurabas mi nombre. Arrastraste tu maleta hasta la puerta y desde allí, lo insostenible. No debías regresar. Pero lo harás. Por años vendrás a esta puerta, la traspasarás a pesar de mí.

La amaba en lo más profundo de mi desesperación como si ése fuera el lugar exacto para verla.

Temía su belleza, la belleza de la que gozan los que asilan el mar en sus ojos, la claridad de su hálito cuando arremete mi corazón enfermo y lo sana el silencio de esa mujer que hace un jardín y se va.






Amo a otra mujer, desde hace tiempo. Ella es para mí.

Te lo dije antes, y me da un poco de miedo volver a contártelo por tu extrema sensibilidad.

Sé que prefieres no escucharme.

Pero tengo necesidad de la verdad.

Te hablo y mi lengua se desdibuja en tu corazón ébano. Puedo escuchar su latido igualmente ébano. Estás quietita. No quiero lastimarte. Adivino por dónde estás. No es igual ni parecido yo te adoro. Hemos vivido parte de nuestra vida para encontrarnos y aquí estamos.

Si acaso pudiera partir el mundo en dos y tenerte allí para siempre.

«Parte el mundo en dos y yo estaré allí para siempre. »En espejo me escuché apoyada sobre tus piernas, ver las flores del campo santo que cuando las mueve el viento parecen que están llorando. Astillas de fuego en mi estómago, tuve la claridad, oh dios, vi en tus ojos anteriores y me prometí inocencia. Me acariciabas los cabellos.»






Li Ch'ing Chao en su barca de orquídeas viene a buscarme. Esa poeta de China, en canto perfecto traza los caminos del agua. He soñado que mi barca de flores me llevaba hasta él.


¿Dónde está mi alma, su hálito?
¿Quizás en estos dedos pálidos 
que se vuelven aire en el aire?
¿Dónde el pájaro que canta cuando aún el alba 
no?
¿Dónde para que la luz sea cierta?
¿Árida rosa temporal por qué eres polvo?
¿Es tu alma lo que toco, mi alma?
¿Ansían tus pétalos tenue roce?
Y el polvo de ti, rosa 
Acaso niebla 
o seda del instante

¿Aire del aire en estos dedos
pálidos?

¿Dónde está la planicie que me llevará de regreso, por fin de regreso al cuerpo del amor, y quedarme allí, viaje inmóvil desde la orilla, a la oscilación en súbita brisa, hasta la morada donde quedarme soplo de viento?

Li Ch'ing Chao no alcanzo a distinguir en esta inmensidad de estrellas negras, los relámpagos, sus dibujos en el cielo.

¿Es la pena? ¿Adonde hemos llegado Li Ching Chao?


-Nada puede hacerla esfumarse / y desaparecer. En un momento, la sientes /en las cejas. En el siguiente, /se vuelve un peso atroz en el corazón.

(Del libro homónimo,
Último Reino, 2008)

Adriana Arédez



Adriana Arédez nació en San Miguel de Tucumán en 1961. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Tucumán. Ejerce como docente en la provincia de Neuqucn. Coordina Talleres de Lectura y Escritura en la ciudad de Cutral Có y en Mar de Cobos y Santa Clara del Mar. Es autora de obras de teatro: "Memo-riabilis" y "Vestirse para el paraíso",estrenadas en la ciudad de Neuquén.
Participa como actriz amateur en el grupo de teatro independiente Ojo-sauro.
La piel del agua fue su primer libro. Publicó en la Antología de Poetas Neuquinos: Insurgentes. Arco del vidente es su segundo libro.



 

martes, 12 de agosto de 2025

SAERIANAS


Las páginas que siguen, son el rastro 
de una lectura parcial 
de la obra de Juan José Saer
(En ese vínculo pueden leer todo lo que
publiqué de este autor en el blog -Nota del administrador-)


Quimera
una imagen fija 
las instantáneas 
se mueven 
duran
y no hay cálculo

tangentes 
convergiendo 
en filigrana 
las imágenes



Borradores que siguen 
gestándose
¿y entonces?
se avanza y se retrocede 
puntitos     destellos
luz lucecita 
señales
y todo para contemplar 
una fuente
un núcleo remoto 
desnudo delirio



Amanece
y ya está con los ojos abiertos

Enjambre de visiones 
entre las hojas
del limonero real 
rojas las sandías 
frito el pescado 
vino y limón
sacrificio del cordero 
y tanto río tragándote 
Wenceslao
 
Amanece
y ya está con los ojos abiertos

recurrentes el barro 
la cruz de sal gruesa 
dibujada en el piso 
la canoa las islas 
mariposas blancas 
mariposas negras 
sddzzz zac sddzzz 
y la cosa en el agua 
tratando de atraparte

Amanece
y ya está con los ojos abiertos

despliegue inacabable 
esa muerte de tu entraña 
Wenceslao
obligada gesta 
de otro nueve
 
Amanece
y ya está con los ojos abiertos




Corre el agua
no deja de correr
y no importa dónde 
es el agua de ese río 
ancestral y sin orillas

bolsa materna 
desleída o brillante 
vientre multiplicado
empastado con el mundo 
como el Uno con el Otro.



La espalda apoyada 
contra el sauce 
alpargatas negras 
en los pies
miras y miro 
sientes y siento
la frescura del agua 
en los pies de esa otra

delicia
de los ojos a los pies 
por los míos los tuyos 
los de otros.



Eso que ya pasó 
no deja de pasar 
materia objetiva 
dicen algunos

así
la tinta verde
el ritmo del juego 
el cordero asándose
de la noche al amanecer 
minucioso
el corte del salamín 
las chispas del vino
fluctuación de la mente

así
manos moviéndose 
a la luz del fuego
y esa caminata 
buscando moncholos 
a la luz de la linterna

eso que ya pasó 
sigue pasando 
en la voz y voz
que sigue contando



Este ahora de lo que termina 

se escande se escande
                                    y no termina



ese río arcaico 
materia
inmemorial 
corre y corre 
trae todo
lo que vimos 
lo que hicimos

y me deja
un balbuceo ínfimo 
encuentro forzado 
en la copia
a media luz.



Veloz frente a sus ojos
el rojo furioso del vestido 
entonces el deseo
y su misterio

acontecer fortuito
¿fortuito?
vibra en su centro 
sacude el cuerpo

y luego
diálogo interminable 
sexo y relato.



Desde otras lejanías 
volviste y volviste
a ese ámbito 
en el que
siempre estabas

ritos de la apariencia 
encanto
de lo que fue común 
imágenes interiores 
ondulando juntos

y la intuición fugaz 
con la certeza
del no retorno.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2025,
Envío de Alberto Cisnero)



Mirtha Lucía Makianich. Nació en Rosario, vive en Villa Carlos Paz, Córdoba. Abuela feliz. Lectora de Poesía y Ensayo. Su obra incluye los siguientes títulos:
1997- “En la intemperie”, Mónica Figueroa Editora. 1997- “Dispersión”, mención de honor Concurso Provincial "Alberto Díaz Bagú (sin publicar). 1999- “De mi jardín”, mención de honor Concurso Jorge Vocos Lescano, Pcia.de Córdoba (sin publicar). 2005- “Derivas”, en colaboración con Roxana Carrizo, Yugen Editora. 2008- “Saerianas”, Imix editores. 2011- “tensiones”, en colaboración con Marcela Argañaraz, Secretaría Cultura Gobierno de Córdoba. 2014- “prosaico”, auspicio Municipalidad de Villa Carlos Paz. 2017- “en lo que resta”, Alción. 2020- “Kafka mi repetición”, Alción. 2023-“Círculo real”, Barnacle.
Mail: mirthaluciamakianich@gmail.com


 

domingo, 10 de agosto de 2025

HOY NO HAY TIEMPO PARA LA ETERNIDAD


Madre se inclina, pide por favor que me aquiete, dice que 
existe enlazada a los pájaros y los caballos del cielo y encuentra 
allí cercanía con su Dios. ¿Madre, dónde te detenés, cómo, 
cómo te acercás?


Una pluma cae delicada y en tiempo real a mis pies. Y madre se 
ilumina, ríe ante esa constatación de su presencia en mi mundo. 
Una permanencia sin remedio. Ese amor.




Antes de saber si ya es el día, de abrir los ojos, pensar: voy a 
salir con madre, a caminar, a mirar las nubes, los espejos de 
agua salpicados de aves blancas, los tonos alterados del otoño.
Antes, detrás de mis ojos, en la órbita. Antes madre dónde.






Estoy escribiendo los poemas de mi madre.
El desafío: acercarme a otro modo de existencia.

Ella no existe en la cronología.




Hoy pienso en lo escaso, en la materialidad disminuida del 
lenguaje. El vocabulario no es accesible. El hueso se cortó. 
Y con él vasos, nervios, filamentos. Lo que hacía luminoso 
el atardecer que vivo. Tengo una edad que no comprendo 
del todo     eso fue ambicioso, comprender. Madre decía que 
hasta los ochenta años fue bueno     y ahora ¿cómo vivir 
este tiempo de cielos excesivamente abiertos?




Vivo otra vez esta mañana entre las cosas del mundo. La olla 
hierve detrás del chillido de un insecto, un grito a lo lejos, 
las hojas del fresno se demoran, flotan, un vaivén por unos 
segundos antes de caer.
De esa imperturbable manera existo. Mi vida se ha vuelto 
casi representable    más diáfana y solitaria.




Estás aquí, como los hilos de luz que ahora filtra la persiana 
o el sonido de los pájaros, entreverada mi tristeza con 
una serenidad que lo aplasta todo hasta decir: las vidas no 
dejarán de ser así.




La música crece y crece sobre la epidemia de información 
de este siglo en el que no estás. Un siglo brutal, inabarcable, 
¿escuchás? suena Bach, suena Jacqueline Du Pre, una música 
que no es de este mundo ¿escuchás? esto va a chorrear 
sentimiento. Eliminar. Sí, eliminar los sentimientos 
imperiosos ¿habrá que morir así? ¿escuchar sin descanso 
una música que desprecia la materia, la carne pesada? 
¿encontrar la sal mientras se alcanza la velocidad? Eliminar 
los sentimientos imperiosos entonces. Una vertical atraviesa 
como un Rayo tu órbita y la mía. En esa intersección 
escribo ahora.





En el sueño se puso el sol sobre nosotras 
junto al río Ibicuy 
y era brillante
los peces saltaban con insistencia 
    - o no ¿eran gallaretas? -
y el reflejo del sol cortaba el río en dos 
un corte limpio 
como de geometrías afiladas 
separó de pronto el paisaje
una divisoria que dejó de un tajo mi respiración en una orilla 
y la tuya lejos    río abajo corriendo con los peces y las aguas





¿Y si no hay nadie allí afuera?

¿si el espíritu de los objetos es el espíritu de los objetos y 
el espíritu de la niebla sobre el río -que parece hablarme-
sólo esa niebla sobre el río?
¿y si el alma de los árboles que resplandecen en la noche 
-incluso la de tu árbol-
es sólo la del árbol en la noche 
y simplemente no estás aquí 
ya no estás entre nosotros?



6 de mayo de 2021 hoy tres años de su muerte

esta mañana caminábamos por la playa resplandeciente    una 
orilla de gaviotas en suspensión rasante sobre la espuma 
dijiste ¡qué belleza hija!¡cuánto para agradecer!




Escuchar ¡mamá! ¡mamá!
un susurro que es un grito en medio de la soledad de la noche 
en una ciudad vacía


que de nuestras bocas emerja un susurro que ruega: mamá 
mamita a los diez años, como a los treinta, a los cincuenta 
o a los ochenta, no importa, como si algo no hubiera crecido 
como si esa palabra agazapada no se hubiera separado y 
pudiera aún mecernos en cada noche atribulada del alma




pero nombrar me cansa


sí, las cosas han cambiado
los tiempos que nos tocan, mamá, son difíciles de transitar,
arduos de este lado de la existencia
tu muerte quedó atrapada, subsumida en los rastros
de la ciudad los lazos sueltos, los lazos fuertes, respiran
a la deriva la incertidumbre se ha salido de su cauce,
ahora, indiferenciada, avanza,
devora fe, devora voluntades
vamos sueltos, mamá, en el océano humano



y entonces ya no madre     ya no hija

(del libro homónimo,
hilos editora,2024)  

María Mascheroni


María Mascheroni nació en Buenos Aires en 1958. Poeta, editora, psicoanalista. Publicó en poesía: La inevitable curva (Botella al Mar, 1997); impaciencia de la sed (tsé-tsé, 200l); Jardín (tsé-tsé, 2004);El cansancio de los hijos (Hilos Editora, 20Il); Hierba sobre el mundo castigado -Colectivo poético involuntario (Hilos Editora, 2017) en coautoría con Teresa Arijón; Blues de las almas inquietas (Hilos Editora, 202l). En 2015 recibió el Segundo Premio Municipal por su libro El cansancio de los hijos.Estuvo a su cuidado la investigación de archivo y posterior edición de la Obra poética de Celia Gourinski En ocasión de la aparición de un cometa (Hilos Editora, 2022). Integra el Consejo editor de Hilos Editora desde su fundación en 2010, y están a su cuidado el arte de tapa y la imagen editorial.Ha publicado poemas y ensayos breves en distintos blogs, revistas y antologías.Fundó el Colectivo de Acción Poética El pez que habla junto a otras artistas. Coordina los talleres de pensamiento, investigación y acción poética Martes intenso.



 

viernes, 8 de agosto de 2025

POCO QUE DECIR

 


Apagón


la luz de la vela proyecta sombras desmesuradas que me alejan hasta donde ella duerme (y tiembla) en la actitud de un cuadro. Muslos a los que sólo les falta el rosa porque “El Sueño” se revela sobre la pared —por la luz de la vela— en el pulso frenético de las sombras.



Se dice de lo precario

se dice de lo precario: de poca estabilidad y duración.
En otras palabras,
el final en cualquier segundo anónimo, el espasmo
de una hélice.
Fragilidad, pánico en el 152, atiborrados y transparentes contornos
de amenazas urdidas en algún tugurio de la mente 
que proyecta, a intermitencias,
una estampida de luces de tubos fluorescentes.
Voces enmudecidas inclinadas al borde de la nada.
Y por fin, el apacible bip de una línea zigzagueante.

No te apenes más de la cuenta.
Pulso un botón mientras pienso en la precariedad del yo
y el agua arremolinada arrastrará
el amarillo como ayer.



Pieza conclusa para una mañana bien temprano

fluye, pero no tanto,
como la fuente de un río,
entre las piedras y a borbotones.

Fluye de pronto.
Ni la hoja seca navega los rápidos.
Ni la tapa de una gaseosa.
En la carrera desde la panadería
contra Languidez, se revela la maravilla
de una mañana bien temprano:

rumor de cascada,
aria del agua,

felicidad
que la pendiente de la calle
precipita al sumidero.



Como Chéjov

minutos antes del canto del zorzal
o de la alarma del despertador,
empieza a lamer mi cara.
El péndulo vivace del rabo
expresa la urgencia
de visitar el árbol y las mismas baldosas,
pero, especialmente
reconocer la marca
de su propia vida indiferenciada
y aunque nunca leyó a Chéjov
sigue el consejo sobre la escritura
en cuanto a su esencia: oler
como la primera vez
a diferencia del amigo que despierta,
que rastrea la pista del error existencial,
entre las brisas y las tormentas
de los recuerdos.



El devenir

miro las estrellas y reviso los acontecimientos de ayer.
Nada extravió el Recepcionista —otrora menos desafortunado—
confinado a un rectángulo oscuro y ventanilla a la pared.
Miro las estrellas exhausto de conclusiones
antes del amanecer sobre el devenir de las cosas.
Pero algo parece definitivo:
Equis de tres años durmió en este cuarto.
Aquí el pasado lo explica el artificio,
los autoadhesivos del cielo raso brillando en la oscuridad,
el firmamento
tan cerca
que te calma.



Condena a mi figura

ese del espejo no soy exactamente yo, incluso la camisa
parece otra:
luce mejor de este lado.
En el otoño de dos mil diez
desisto del porte baudelaire,
pero reniego
de la exageración del espejo.
El tiempo devasta y un árbol escuálido
no se advierte en el fondo esfumado.
Aquí, el primer plano registra 
la curvatura de la mitad del cuerpo en expansión implacable.

Ese no soy yo sino la verdad, 
partes de resignación y de otros.
De sigilosos fracasos.  
De tu amor 
que a duras penas me refleja



Una taza

desde el otro día que la taza permanece
delante de un portarretrato,
banda de colores, genuina loza de oferta,
el borde quizás pringoso y el interior manchado,
sorbos con fruición en la dádiva de un día casi igual.
La sobreviviente a mis torpezas, con destornilladores y letras,
en particular con los utensilios de la mesa,
oculta parte de la foto de los novios
en el patio andaluz del Rosedal, unos años antes que yo,
más de un lustro antes que la taza
obstinada en colorear el gris de los últimos recuerdos.
Llevo una vida tranquila, 
pero a veces los engranajes no funcionan bien.
¿oye el chirrido la flor altiva del patio andaluz?
¿se oye en los millones de estrellas que nos separan?

Días que persisto aquí, delante de una foto sepia,
para calmar distancias, arrimado en una taza.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2025,
Envío de Alberto Cisnero)

Pedro Donangelo

Biografía en primera persona:

Nací en 1949, en el barrio de Floresta, Buenos Aires, pero mi barrio de adopción fue el Bajo Belgrano, en diagonal a la cancha de Excursionistas y frente al Río de la Plata, proveedor diario de éxtasis por amaneceres vistos desde un tragaluz. En un poema no escrito se aproxima un barco a fundar mi origen. Participé en el Taller Mario De Lellis y posteriormente en el taller de creatividad de Alberto Mediza. Asistí al taller del grupo Grafein, originado en la Facultad de F y L. Publiqué en algunas revistas literarias, entre ellas, “Suburbio” del inefable Eugenio Mandrini y en “Mascaró”. Integré la antología “Poesía Argentina 1980”. Algunos blogs contienen mis textos y soy responsable de “El poeta ocasional” en https://epoelpoetaocasional.blogspot.com Ahora vivo en el sur de Mendoza, entre la ficción y la realidad porque sigo esperando que aparezca un barco en el horizonte del Río de la Plata.


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