miércoles, 22 de abril de 2015

EL MONTE
























un niño juega
entre las piedras
que de mayor arrojará
a la frente del recuerdo
no sabe nada
del ligustro
y los horneros
de la sombra que proyecta
sobre las roderas
no interroga la hierba
ni a las avispas que liban
el agua de la bomba
despierta una mañana
y está en otro lugar
en otro tiempo
le dicen que es el mismo
que si mira hacia atrás
verá el camino
se detiene
y mira
lo enceguece el brillo del sol
en la moneda



en el país desconocido
que es la grieta en la roca 
o la serenidad del que al fin 
calla ante el erial 
porque ha llegado 
desnudo de sangre 
de entendimiento 
desde la casa saqueada 
a reclamar las ruinas



oirás el reclamo de los pájaros
jilgueros cardenales
verás la labor de los horneros
la de las moscas
sobre los excrementos
el sudor de la mano
entre la esmeralda
de los limoneros
y serás el invitado
el expulsado del festín
el indigno de abrir el libro
y leer las palabras
que te describen



te has extraviado 
sin que tus ojos vean 
ni tu corazón desee 
y aun así te obligan 
a ser el mismo 
con otra cara 
otros ojos 
un corazón distinto



lo mismo la rama
que su sombra

así el olvido



en el reflejo del sol
tras una nube
has encontrado por azar
el mismo cielo
de los libros de tu infancia
y has respirado el aire
que en el monte grande
dispersaba el humo
de las fogatas
entre el que bailabas
mientras se acercaba la noche
con su rumor de grillos
su temblor de luciérnagas
su ídolos y su desierto



iba y venía
del huerto al huerto
por entre las acequias
buscando un punto
desde el que orientarse
los pasos que lo separaban
del limonero
de la casilla
y miraba hacia el brillo
de los aviones
hacia el relincho
de los caballos
en la polvareda
y después la partida
los terrones calcinados
el color de la memoria
que delataría sus huellas



ganarás el desierto
buscarás en los pajonales
dirás he escapado
dirás no he de pagar
mis días serán como esta tierra
más de un puñado
más de dos
de fatiga
pero no me alcanzará
la vista del juez
del verdugo
seré como el polvo
sobre el lomo de las bestias
la razón de la riqueza de otros
el destino del que repite
hasta el aturdimiento
las palabras


(Del libro Ganar el desierto
Ediciones en Danza, 2009)

Jonio González




Jonio González nació en Buenos Aires en 1954. Reside en Barcelona desde 1982. Cursó la carrera de letras en la facultad de Filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires. En 1977 fundó el grupo Onofrio de Poesía Descarnada, junto a Miguel Gaya y Javier Cófreces. Desde 1981 y hasta el 2001 codirigió la revista de poesía La Danza del Ratón,  editada en Buenos Aires. Como traductor publicó: Tres Mujeres, de Sylvia Plath (Zaragoza, 1992) y El asesino y otros poemas, de Anne Sexton (Barcelona, 1996); ambos trabajos en colaboración con Jorge Ritter. Preparó varios prólogos para ediciones españolas de poesía; entre ellos a Poesía Escogida, de Blanca Varela (Barcelona 1993). Publicó los siguientes libros de poesía: El oro de la república (1982); Muro de máscaras (Tierra Firme, 1987); Cecil (1991); Últimos poemas de Eunice Cohen (Plaza y Janés, Barcelona, 1999); El puente (Emboscall, Barcelona, 2001).  Fue traducido a varios idiomas y aparece en antologías argentinas y extranjeras. Colabora asiduamente en publicaciones dedicadas a la poesía y se desempea como columnista en revistas especializadas en jazz. 



1 comentario:

Anónimo dijo...



Hermoso y asfixiante poema. Gracias.

Susana Tosso.