miércoles, 16 de septiembre de 2015

MIXTIÓN (2)




















DE MÁXIMA SIMPLEZA

Espacio; caída y densidad
si puedes, hazme,
házmelo llegar. 

En tal sentido.

Poco sucedió antes de verte.
Tu lengua ocupaba mi tiempo 
delicuescente. 

De la densidad si puedes
hazme. 
A gusto:
¡Olías demasiado bien!



LA ESCALERA

En las gruesas cremas
de la leche...          
Al beber la luz en las escalas.
                                        El mármol
                                        La rubia en el bar
alterna
          platinada
          fuera de él
también.

El viejo asciende la escalera
enjuto
y ebrio.          
           Fuera de él
ella.



POR EL ESTILO

Aguas. Montañas.
Te habías elevado. Yo me elevaba.
Huesos en las aguas, en las montañas.

Era como una resistencia al efecto 
de una declinante sonoridad.

Lejos, tan lejos de allí
¿te dejarás morir?

Bajan las aguas.
Signos de signos de nada.

Te habías elevado. Yo me elevaba.

Mas nadie pensaría hoy en dormir 
sin antes repasar sus dientes.

Signos en la piedra de agua.
Montañas.

Estamos tocados por ese cadáver
cuya expresión no es sino la del desdén.

De las montañas bajan las aguas.
Te habías elevado. Yo me elevaba.

Como murió mi padre me dejaré morir. 
Mas nadie pensaría hoy en dormir 
sin antes repasar sus dientes.

En la espiral del tiempo primordial 
todo es pasible de aligerarse.
Al tres le sigue el dos, en ese orden.

¿Prosigues hierático en el eco?
Yo me elevaba, porque tú te habías elevado.

La piedra comienza a agusanarse 
en las montañas, bajo las aguas, 
mientras las aves sobrevuelan en círculo 
ese oscilante campo sin centro.

Porque nos habíamos elevado
la medida de nuestra danza bastaba 
para que el cielo se extendiese,
(sobre las aguas  
                      en las montañas)
como el dos se extiende sobre el tres.

En ese orden, no pensaría hoy en morir 
sin antes repasar mis dientes. 



Luis Bacigalupo 





Luis Bacigalupo nació en Buenos Aires en 1958. Es poeta, narrador y editor. Ha publicado en poesía Trogloditas (1987), Yo escribía un poemita (1988), El relumbrón de la claraboya (1989), Madagascar (1989), Las purpurinas (1989), El océano (1992), Elíptica del espíritu (1995) y Mixtión (2014); en narrativa, la novela Los excomulgados, precedida por La deuda (2000).