martes, 20 de septiembre de 2016

De: TRES MUJERES: POEMA para TRES VOCES



























SEGUNDA VOZ:

No estoy fea. Estoy incluso bonita.
El espejo me devuelve una mujer sin deformaciones.
Las enfermeras me devuelven mis vestidos y una identidad.
"Estas cosas pasan", me dicen.
Es algo normal, en mi vida, y en la de los demás.
Soy una de cada cinco, más o menos. Aún tengo esperanza.
Soy hermosa como una estadística. Acá está mi lápiz de labios.

Me pinto la vieja boca de siempre.
La roja boca que guardé junto a mi identidad
Hace un día o dos, o tres: un viernes.
Ni siquiera necesito descansar; puedo ir a trabajar hoy mismo.
Puedo amar a mi marido, que lo va a entender.
Que me amará a través de mi confusa deformidad
como si hubiese perdido un ojo, una pierna, la lengua.

Y aquí estoy, un poco ciega pero erguida. Marchándome
sobre ruedas en lugar de con las piernas, pero tanto da.
Aprendiendo a hablar con los dedos, no con la lengua.
Porque el cuerpo está lleno de recursos.
El cuerpo de una estrella de mar puede regenerar sus tentáculos,
y los tritones son pródigos en piernas. Que yo también
pueda ser tan pródiga en aquello que carezco.




Sylvia Plath

(Traducción de Xoán Abeleira)

SECOND VOICE:

I am not ugly. I am even beautiful.
The mirror gives back a woman without deformity.
The nurses give back my clothes, and an identity.
It is usual, they say, for such a thing to happen.
It is usual in my life, and the lives of others.
I am one in five, something like that. I am not hopeless.
I am beautiful as a statistic. Here is my lipstick.

I draw on the old mouth.
The red mouth I put by with my identity
A day ago, two days, three days ago. It was a Friday.
I do not even need a holiday; I can go to work today.
I can love my husband, who will understand.
Who will love me through the blur of my deformity
As if I had lost an eye, a leg, a tongue.

And so I stand, a little sightless. So I walk
Away on wheels, instead of legs, they serve as well.
And learn to speak with fingers, not a tongue.
The body is resourceful.
The body of a starfish can grow back its arms
And newts are prodigal in legs. And may I be
As prodigal in what lacks me.




Sylvia Plath  nació en Boston, E.E.U.U., en 1932. Su padre, un destacado biólogo alemán, fue para ella "un gigante" amado y odiado, "el coloso" que da título al único libro de poemas que publicó en vida. Al morir él, teniendo Sylvia ocho años, empezó a escribir. Cuenta que descubrió el hechizo de la poesía mientras su madre le leía un poema de Mathew Arnold: "Vi que se me ponía la carne de gallina. No sabía por qué. No tenía frío. ¿Habría pasado un fantasma? No, era la poesía. Una chispa de Arnold se desprendió y me sacudió un escalofrío, y tuve ganas de llorar. Me sentía extraña. Había descubierto un nuevo modo de ser feliz." Asiste a los mejores colegios, destacándose en todas las disciplinas y obteniendo beca tras beca. A los 19 años gana un premio para ser redactora durante un mes en una revista neoyorkina. Relata esta etapa de su vida en su novela La campana de cristal, publicada un mes antes de su muerte. De regreso en Boston, su estado psíquico, ya deteriorado, hace crisis e intenta suicidarse. Luego de tomar una gran cantidad de somníferos, permanece encerrada dos días y medio en el sótano de su casa, en el mundo subterráneo que evoca el Poema para un cumpleaños. A lo largo de toda su carrera de estudiante escribe cuentos y poemas, y los publica en diarios y revistas. Siempre temió la falta de dinero y la marginalidad social que implica el ser poeta. Su diario registra obsesivamente su miedo de no llegar a ser famosa: "Sí, quiero el elogio del mundo, dinero y amor, y me pongo furiosa con cualquiera que tenga una trayectoria similar a la mía y me lleve la delantera". En 1955 gana una beca para continuar sus estudios en Cambridge. Allí conoce a Ted Hughes, con quien se casa y tiene dos hijos. La pareja vive de 1957 a 1960 en los Estados Unidos. Sylvia trabaja como profesora, pero la abruma el tiempo que le quita a su escritura la enseñanza. Deciden volver a Inglaterra y consagrarse exclusivamente a escribir. Al tiempo, compran una casa de campo en Devon, donde viven hasta que se separan, a mediados de 1962. Sylvia se va a vivir a Londres con sus hijos e inicia su última y más febril etapa creativa escribiendo los poemas que póstumamente se recogieron en Ariel (1965) y Arboles invernales (1971).  Teniendo apenas 30 años, se suicida en 1963.