domingo, 21 de octubre de 2012

Mariposas


Seguí los pasos de aquel poeta japonés
que, enojado porque no lograba
componer el poema de una mariposa,
salió al jardín, rompió el papel con furia,
lo arrojó al aire, y los pedacitos de papel
se posaron en las ramas de los árboles.
Yo tampoco pude lograr el poema.
Y sin embargo no obtuve el mismo resultado.
Me quedé absorto mirando el ficus
y después el suelo: sentí compasión por los
pedacitos de papel esparcidos a mi alrededor.
Los examiné en silencio, lentamente,
como si practicara un ritual milenario.
El sol de la tarde bajaba y el canto de los
pájaros se escabullía detrás de los tejados.
Había algo de poesía japonesa en el aire.
Luego fui por un cesto. Y en él arrojé,
una a una, todas mis mariposas muertas.



The monster

La tortuga raspa su caparazón
contra la reja del ventanal. Produce
un temblor que retumba en los vidrios.
Es evidente que quiere entrar.
Insiste levantando la puerta de la reja
unos milímetros y se queda mirándome.
Yo le hago un gesto de susto, como en las viejas
películas de terror. Me gusta que ella crea,
aunque sea por un instante, que representa
una verdadera amenaza para toda la familia.



Máximo Ballester



Máximo Ballester: nació en la ciudad de San Fernando (Buenos Aires, Argentina) en 1964. Cursó talleres de literatura con Claudia Torre y de teatro con Rolando Malié en la Biblioteca Popular de Martínez. Escribe poesía y aforismos. En 1998 apareció “Disfraz al agua” (Ediciones Ocruxaves), su primer libro de poemas y, luego de participar en varias antologías, publicó en 2008 “Musas Extraviadas” (Editorial Dunken), que reúne buena parte de su producción de los últimos años. Su último libro es “En la orilla”, publicado por Ediciones del Mono Armado en 2009. Reside en la ciudad bonaerense de San Isidro.

viernes, 19 de octubre de 2012

La contradicción o la aventura de la inmortalidad




Lo limpio

¿No ves cómo se lava la tierra
ante mí?

¿No ves los granos de arena
semillar la piel de desgano
                   calentar el músculo

filmar
la escena del sol
con los reflejos del ojo?

La lavo yo.

Yo revoleo tierra, arena; agua:

le hago la danza al desierto
y se moja entero de adentro; del fondo
de abajo:

llueve
de sur a norte
en los sueños, y en la realidad.




En boga está pegar


los cielos
contra el piso
para mostrarle a dios que
no es misterio
ni un mar de apocalipsis
ni la redención

lo que acucia

la mente del hombre;

no es el concurso
de almitas bellas
danzando el infinito
lo que despierta clamores
y alcanza temperaturas infernales
en los estadios de fieras,
                   millares de cuerpos
                   ávidos incontinentes.

No no; sólo más tierra.

Unos pedazos de carne

una galera

una etiqueta grande para pegarse
en la frente

y escribir

                         de "El gusto del desierto"


Paulina Aliaga (Comodoro Rivadavia, Argentina, 1985)








miércoles, 17 de octubre de 2012

Ya son muchos los años




























Ya son muchos los años, siempre en marzo,
en que comienzo a sentir lástima por estos días
tranquilos y de cielos nublados. La llegada
de la verdadera primavera tiene algo 
atemorizante: todo es 
repentinamente nuevo y extraño- el felpudo, las ventanas sin limpiar,
capullos en los sauces, matas de pasto saliendo entre la nieve,
los estorninos y la luna por sobre la planicie.
Todo es un llamado, todo tienta 
a salir de la habitación, de la casa, fuera de vos, de tu mente
para fluir por sobre la tierra y el agua, ir a algún lado,
estar en otro lado, ser otro,
y si no podés, entonces, al menos
danzar, gritar, escribir
cantar alguna estúpida canción de primavera
para calmar este impulso.
No podés entender si está en tu sangre o en tu mente
o en algún otro lado. Quizá esté en la memoria celular
de tus ancestros- peces, pájaros o campesinos-
los recuerdos de vidas previas despertándose en mí
el impulso de nadar en praderas inundadas para desovar
buscar una pareja y un nido
sentir con tu mano si la tierra es lo suficientemente cálida;
o incluso algo más misterioso y arcaico:
la comprensión de la semilla de que es tiempo de brotar,
la emoción y el miedo por otra muerte y otro nacimiento más.


Jaan Kaplinski

De: "Õhtu toob tagasi kõik" (Evening brings everything back)
Traducido del estonio al inglés por J. Kaplinski and Fiona Sampson/ 

(Traducción: Marina Kohon)



For many years already, always in March, 
I begin to feel sorry for these quiet
days and cloudy skies. The arrival
of the real spring has something
frightening in it: then everything
is suddenly new and strange - the door mat, unwashed windows,
buds on the willows, tufts of grass sticking up through the snow,
the starlings and the moon above the floodplain.
Everything is like a call, everything's tempting and luring you
out of the room, out of home, out of yourself, out of mind,
to flow over land and water, to go somewhere else,
to be somewhere else, to be somebody else,
and if you cannot, then at least
to shout, to dance, to write, 
to sing some stupid spring songs.
in order to soothe this urge.
You cannot understand whether it is in the blood or in the mind
or somewhere else. Maybe it is the cellular memory
of my ancestors - fish, birds or peasants -
the memory of previous lives awakening in me
an urge to swim to flooded meadows to spawn
to look for a partner and a nesting place,
to feel with your hand whether the soil is warm enough;
or something even more mysterious and archaic:
the understanding of a seed that it's time to sprout,
the thrill and fear of yet another death and birth.





Jaan Kaplinski (Tartu, 22 de enero de 1941) es un poeta, filósofo, y crítico cultural estonio. Kaplinski es conocido por su independencia intelectual, centrada en temas globales y a favor de un pensamiento de izquierda y de corte liberal. Ha sido fuertemente influenciado tanto por la filosofía oriental (como el taoísmo y en especial por el budismo), como por la lengua y la mitología celta. Uno de los temas recurrentes en sus escritos es la relación de los seres humanos consigo mismos y con la naturaleza que los rodea. Kaplinski estudió lenguas y lingüística en la Universidad de Tartu, obteniendo un título en filología francesa en 1966. Ha trabajado asimismo como traductor, editor, y sociólogo, actividad que sólo pudo desarrollar hasta cuando el laboratorio de la universidad fue cerrado por las autoridades soviéticas.Es miembro de la Academia Universal de las Culturas, fundada en París en 1992 por Elie Wiesel. En 1997 recibió el premio de literatura de la Asamblea Báltica, y ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones. Kaplinski ha publicado varios libros de poesía, autobiográficos, de ensayo, drama y otros textos de corte literario. Ha traducido textos en francés, inglés, español, chino (incluyendo el Tao Te Ching, y del sueco, en particular un volumen de poesía de Tomas Tranströmer. Por su parte, los textos de Kaplinski han sido traducidos a cerca de veinte lenguas. Sus ensayos tratan sobre problemas ambientales, la filosofía del lenguaje, la poesía clásica china, la filosofía, el budismo, y el nacionalismo estonio. Obra publicada: Huellas al borde de la fuente, 1965; De polvo y colores, 1967;El día de los cuatro reyes, 1977; La tarde devuelve todo, 1985;De dónde viene la noche, 1990; Un pedazo de vida vivida, 1991; Varios veranos, varias primaveras, 1995; El hielo y el Titanic, 1995; y El ojo, 2000.



lunes, 15 de octubre de 2012

QUINCE MINUTOS DESPUÉS





















A Celia, siempre

Estaba ordenando las cosas para salir...

Y mientras ordenaba mis cosas
veía al lobo,
al lobo que fui
y no sé si al lobo que seré...
La palabra "cinzas",
una palabra en una canción de Wilson Simonal
me atrae...
Una palabra que no puede traducirse como cenizas, en castellano.
Una palabra que resplandece como los ojos de los gatos en la
oscuridad.
O los faros de los coches en una ruta pavimentada,
cuando la noche se hace madrugada
entre Córdoba y Villa María.
Salí de mi casa para verte,
con todas esas cosas en la cabeza...
lobo aullando junto a la "cinza" resplandeciente...
ojos de gato gato en la oscuridad,
faros de coches sonámbulos que se acercan y se alejan de
Córdoba.
Y llegué quince minutos después...
No quisiste hablar.
"Ya se me va a pasar", dijiste.
Y durante un tiempo largo nos miramos en silencio.
El plato vacío,
el tuyo y el mío,
eran más blancos que nunca.
Y después vino el pedido.
¡A llenar el plato!
¡Tu plato y el mío!
Y empezaste a hablar...
¡Y hablamos!
Después de comer, un paseo.
El sol no estaba...
pero en ese momento, qué importancia tenía?
Yo me sentía un inmenso pancito de azúcar
rodeado de árboles muy verdes.
Los trenes que pasaban a lo lejos
eran un poco tus caricias tímidas,
tus miradas...
Un perro trataba de jugar al fútbol
con dos chicos.
Un avioncito con motor giraba y giraba.
El paseo, el descanso, era un vuelo.
Y después el cine.
Un cine de domingo nublado.
Un cine de madera blanca
donde la película, buena y todo,
al fin y al cabo,
fue lo de menos.
Después salimos.
Nos bastaban apenas
unas pocas palabras.
Y después...
Después siempre.
Pero yo recuerdo.


 


Ricardo Zelarrayán (Argentina, Paraná, Entre Ríos, 1940- Buenos Aires,2010)




IMAGEN: Lara Harris, Fotografía (1988), de Robert Mapplethorpe.


sábado, 13 de octubre de 2012

EXVOTO














A las chicas de Flores

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.

Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus  mamás —empavesadas como fragatas— van a pasearse la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.
 

Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan lavereda.

                               Buenos Aires, octubre de 1920



Oliverio Girondo




Oliverio Girondo. Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos. Estudió Derecho, y muy pronto, a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por «Calcomanías» en 1925, «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye su trabajo más audaz en el campo de la poesía. Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa. En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas. En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967. Es sin duda uno de los poetas más relevantes de la primera mitad del siglo XX.
                                                                    Biografía tomada de A media voz.




jueves, 11 de octubre de 2012

CUANDO LA BRISA NO TENGA CONSISTENCIA













cuando la brisa que no tenga consistencia llegue
habrá una ventana añeja a la espera
que le diga algo que tenga que ver con la conformidad de las cosas
un filo que a lo lejos devuelve estrellitas
una verdad que se saca la ropa
una mirada clavada en una baldoza
tu vientre alistándose a 10000 kilometros





inmenso pesar de los pesares
un grito tan desgarrador con el cuadro de Munch
vibran las cuerdas vocales de manera compleja
miro el lapiz y pienso en tus ojos y gestos
así quiero morderme el labio y dejar correrme en la hoja
esgrimir el Viento fuerte  frío del noroeste que sopla en la costa septentrional
y expirar en el verde final sin pavura alguna.




                                                                                    (Inéditos)

Pablo Gabo Moreno (Caleta Oliva, Santa Cruz, 1974)






martes, 9 de octubre de 2012

equilibrio por peso




He pensado sentarme

frente al portón

de tu casa

y preferí detenerme

en el lado opuesto a tu calle

en el que nada de vos

sería

hipotéticamente visible

y yo podría

comprobar a mi antojo

el equilibrio

por el peso

de la falta

de tu cuerpo





estoy parada

en la vereda

de atrás de tu casa

hasta donde llega

desde el corazón

o el centro de la cuadra

algo de vos, el aroma

de tus cenas , el ritmo

de tus tambores y ordenados viajan

hacia el norte

como sobre alfombras

voladoras

tus pares

de zapatos



tal vez la ausencia existe

para demostrar

aquello

que no lo está

y la vida ahora

tal vez sea solo eso, puro

equilibrio, puro destruir

para comprender



no querías que yo fuera así

como una democracia de alta intensidad

ni que mi cuerpo se debatiera contra el tuyo

como cianuros y oros química

indisolublemente atraídos,

no querías que yo fuera excesiva

en los detalles

y olvidara

las magnificencias

pero ya ves

es el exceso el que prefiero

otra vez

y acá

equilibrando el sentido

de la falta

de tu cuerpo




he pensado sentarme en el frente de tu casa

a esperar que entres o salgas

para mirarte caminar algunos metros

sin decir nada

y preferí

venir a esto

atrás

a la calle opuesta

a escuchar qué dice

la zona convexa a tu cama



he pensado

escribir con aerosol

el portón de tu casa

he planeado cada detalle

la hora, el modus

operandum, he pensado

enviarte flores sin tarjeta

para que puedas leer

en el blanco

que no te guardo rencor, no te guardo

amor, no hago nada respecto al tema

de vos guardo el libro que me prestaste

el dvd

que me prestaste

y que alguna vez

me gustaría

devolverte



camino por los alrededores de tu casa

sabiendo que no volveré a golpear

el portón que te separa o te une a mi

el mismo que clausuré por fuera

esa noche



no moriré

por vos

tampoco viviré, por vos

estoy en plena elaboración

de mis deseos

más saturados, más

viscerales, mis fantasías

mas turgentes, esas que me desregulan

o me alivian

de la calma





la ausencia es como mis ojos o mi amor

necesita peso

para equilibrar su sinsentido

mi amor no es el de Sylvia Plath

sé, que te inventé en mi mente

y que algunas partículas

de tus días conmigo

te hacen bastante parecido a eso,

mi amor no es

un amor idealista, platónico

amor mio, mi amor

no es amor



he pensado mudarme a tu barrio

para cruzarte en el todo suelto

o la que sería

para saber que estás

antes o después que yo

esperando a que te atiendan

con tu número en la mano, antes

o después que yo

pero cerca mio

visible y nada

pudiendo contra eso



pero vine acá

al revés de tu calle

a sentir qué me dice tu falta

y a saber qué es

lo que yo

le respondo.


                                                                                                      28/08/12
                                                                                                      (Inédito)



Marcela Saracho



Marcela Saracho. Nació en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires en 1964 y reside en Bariloche desde 1984. Publicó Soledad y otras Equivocaciones (1987) Animales, locura, peste (1988) y Desalojo (2007). El poema que presentamos integra el libro "Campo azul", que está inédito.






domingo, 7 de octubre de 2012

La Chacra en Confluencia




La casa rodeada
por el camino de piedras,
piedras que chasqueban
anunciando unas pocas
llegadas y partidas.
Un balcón estirándose
hasta tocar el Limay,
de telón barda rebelde,
un jardín,
toda la chacra era un jardín,
un pino
artífice de los rituales de navidad,
una farola- partenaire de danzas.
Una calesita y una hamaca.
Más allá
la acequia,
las ranas
besándose en la orilla,
el bajo
(sacrílegos los pasos
que osaban internarse)
los rayos de sol
filtrándose en ocres
entre las hojas caídas.
Una mesa de troncos,
un banco,
lugar de reunión de los peones.
Después, los frutales y las vides.
Por encima, el ojo de una nena
comprendiendo la abstracción de lo lejano.


veinte años
es sólo una medida
del instante siglo
una lámina incolora
que no me ha dejado
ni siquiera mover
tu foto de mí.


Marina  Kohon (Mar del Plata, Argentina, 1965- reside en Bahía Blanca)




viernes, 5 de octubre de 2012

LLUVIA




Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos, todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro
apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo
seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al
caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los
automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de
nuestra esperanza, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y
acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima,
recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.


Raúl González Tuñón




Raúl González Tuñón nació en Buenos Aires, en 1905; y murio en la misma ciudad, en 1974. Poeta argentino. Participó de la vanguardia literaria argentina de la década de los años 1920 y viajó luego a Europa. Vivió en París y en Madrid, ciudades en las que hizo amistad con poetas como Robert Desnós, César Vallejo, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca y Pablo Neruda. Su obra se inicia con "El violín del diablo", que publicó en Buenos Aires en 1926, a los 21 años. En esa época, colaboró con la revista Martín Fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Eduardo González Lanuza, entre otros. La revista solía polemizar burlonamente con el llamado grupo de Boedo, que agrupaba a los escritores identificados con la literatura social, quienes a su vez denominaban a sus colegas de "Martín Fierro" como el "grupo de Florida". Siendo Boedo un barrio entonces proletario y Florida la calle elegante de esa época, los polos de la polémica eran más políticos que literarios. González Tuñón mantuvo relaciones cordiales también con el grupo de Boedo, especialmente con el poeta Nicolás Olivari. En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, González Tuñón publicó "Miércoles de ceniza". Ya en París, escribió uno de los libros considerados fundamentales en su obra: "La calle del agujero en la media", publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro de sus libros clave, "La rosa blindada", inspirado en un levantamiento minero en la provincia española de Asturias. Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón mantuvo siempre una relación de prudente distancia, no pocas veces tensa, con las estructuras partidarias. Entre sus poemas que aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes o de la Patagonia, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas, distinguió los que llamaba "poemas civiles", referidos a acontecimientos políticos y sociales. Juancito Caminador, un personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker) se convirtió en un alter ego literario del autor. González Tuñón fue también periodista. Trabajó en el diario "Crítica", un vespertino de los años 1920 y 30, de marcado tinte sensacionalista, pero que reclutó a notables escritores de la época (entre ellos Borges y Roberto Arlt), y en el diario "Clarín", donde escribió crítica de artes plásticas y crónicas de viajes. Influyó decisivamente en la cultura argentina de los años cincuenta y sesenta y es considerado uno de los fundadores de una corriente moderna de poesía urbana. Póstumamente se han publicado "El banco en la plaza" y "Los melancólicos canales del tiempo". "La calle del agujero en la media (1930); Todos bailan (poemas de Juancito Caminador -1934); Muerte en Madrid (1939) y "Canciones del tercer frente", son algunas de sus obras más recordadas.

Biografía tomada de: http://www.escribirte.com.ar/autores/104.htm.






miércoles, 3 de octubre de 2012

La belleza




















No he comprendido tu belleza ante mí.
No la he celebrado lo suficiente, ni agradecido
en el pasado.
Pero tampoco he sabido apreciarla
en su esplendor
ahora.
Tantos dones a los que creemos tener derecho.
Tantas mañanas o momentos en que tu presencia me llena
de gozo
y por las que antes, por imaginarlas tan sólo
daba gracias.
Pero, digo, 
tal vez hasta pueda disculparme de esto.
No somos
sabios, no,
sólo por amar.
Somos avaros.
Y bebemos con ansiedad
de los dones recibidos
para apurar una copa
que no sabemos si otro ha de llenar
algún día.
Y sin embargo.
Nada puede opacar tu belleza ante mí.
Ni el tiempo
ni
el olvido
ni
la corrosión del tiempo y del olvido
sobre la carne amada.
Nada de cuanto temes, y te hace
frágil e inestable,
ha conseguido doblegarte.
Nada de esto, con ser dolor, es nada
frente a ti
y ante ti
me detengo
y te celebro.
(De: Lo efímero y otros
poemas inestables,
Ediciones en danza, 
2009)
Miguel Gaya (Argentina, Buenos Aires, Ayacucho, 1953)




IMAGEN: La actriz italiana Monica Bellucci.



lunes, 1 de octubre de 2012

REFRACCIÓN





tengo un lenguaje 
donde romperme
donde decir no
no era esto
lo que buscaba
ando pasado
enchufado
a 220 volts
trato de bajar
con pastillas
pero sigo
ardiendo
no sé
si me
curaste
cuando
estuve
roto
no
no me
curaste

(De: Refracción; 
añosluz, 2012).

Javier Galarza (Buenos Aires, 1968)