martes, 20 de enero de 2015

SOY UN HOMBRE SUMAMENTE CARNAL




Soy un hombre sumamente carnal y veo 
en tu cuerpo lo que conmueve mi espíritu. 
Y mi espíritu es íntimo de la mano, 
íntimo del pecho y del corazón, 
íntimo de los labios separados 
que podrían buscar el consuelo 
en tus labios.

Recíbeme; un cuerpo desgastado y cálido soy. 
Soy más que nada fuego carnal, y anhelo 
que tu cuerpo alimente de nuevo mi llama. 
Te abrazaría y me nombraría 
nuevamente en tu piel.

El verde de la rama de un eucalipto
colgado en las distancias del aire.
Les terraces au clair de la lune
jugaban en el orbe del mediodía, en el área
azul e iluminada por la luz del sol por donde
nos movíamos:
la japonaiserie de la bahía
y de las islas en la neblina humeante
parecería llevar una sutil impresión
distinta y solitaria del diseño de la razón
y haciendo señas insinuantes de un amor
en cuyos días como golondrinas volaron
uno por uno, desde el bosquecillo opaco del corazón
para trazar con su vuelo los lineamientos de la verdad.
Te hablé e intenté decirte
busco el descanso del cuerpo en el estado de gracia.

Oh debería haberme arrodillado en el suelo 
y llorado;
Me debería haber rendido a la fe del cuerpo
y arrodillado,
suplicante de la buena hora que vino
y se fue
una sombra luminosa en la sangre.
He hecho mi promesa en la carne, y veo 
en ti el dorado pacto del cuerpo. 
Y el espíritu es íntimo de tu cuerpo, 
íntimo de tu pecho y labios. 
Pretendo de ti ese sacramento carnal, 
el testamento de fe del amante 
en cuyo cuerpo liberaremos 
la inmortalidad del espíritu.

Ven a mí, oscuro espíritu inquisidor espíritu,
moras en el umbral de mis pensamientos.
Este anhelo es una eternidad inmensa
en lo que nuestros desperdicios cuestionan las mentiras,
y nosotros, en el limbo del amor incorpóreo,
miramos fijamente los cuerpos que negamos.

Soy el más carnal de los fuegos.
Te abrazaría en esa llama,
y deberemos mentir atrayendo entonces el descanso
y mirar fijamente, nos miraremos fijamente uno al otro
                                         [en esa hora 
cuando recién creados uno en el otro
quedemos suspendidos como la música humeante en el
                                             /aire.




Robert Duncan (E.E.U.U., California, Oakland, 1919- 1988)


(Traducción: Marta López-Luaces)


I AM A MOST FLESHLY MAN

I am a most fleshly man, and see / in your body what stirs my spirit. / And my spirit is intimate of my hand, / intimate of my breast and heart, / intimate of my parted lips / that would seek their solace / in your lips. // Receive me; worn and warm body I am. / I am a most fleshly fire, and yearn / for your body to replenish my flame. / I would embrace you and name myself/ anew in your flesh. //The green of eucalyptus boughs / hung in the distances of the air. / Les terraces au clair de la lune I playd in the orb of the afternoon, blue /and sunlit atea where / we moved. / Thejaponaiserie of bay / and islands in the smoky haze / seemd to bear the fine imprint, / distinct and lonely, of the mind's design, / and beckoning intimation of a love/ in which the days like swallows flew, / one by one, ftorn the heart's dim grove / to trace in their flight the lineaments of truth. / I spoke to you and tried to say / I seek the body's rest in grace. / O I should have knelt upon the floot / and wept. /1 should have surrenderd to the body's faith / and knelt, / suppliant to the hour's god that came / and went, / a luminous shadow in the blood. //I have made my vow in flesh, and see / in you the body's golden covenant. /And the spirit is intimate of your hand, / intimate of your breast and lips. / I woo that carnal sacrament of you, / the lover's testament of faith / in which in body we release / the spirit's immortality. // Come unto me, questioning dark spirit. / You dwell upon the threshold of my mind. / This yearning is a vast eternity / that waste about us questioning lies, / and we, in the limbo of disembodied love, / stare upon the bodies we deny. //1 am a most fleshly fire. /1 would embrace you in that flame, / and we should lie brought then to rest / and gaze, gaze upon each other in that hour / when newly created each in die other / we hang like smoky music in the air.



domingo, 18 de enero de 2015

INTEMPERIE






































“…no me puedo explicar a mí misma, porque yo no soy yo…”
L. Carroll
I

La casa de ese silencio es como la del conejo blanco
y adentro, apretada contra sus paredes, soy Alicia.

Todo intento por escapar del espejo
todo intento por escapar
todo intento
era peligroso.
“Cómeme”
“Bébeme”
me decían.
Eternamente comerás silencio
beberás silencio
serás un silencio inmaduro
arrancada del árbol
cayendo del árbol
como por un pozo.


IV

como una cierva
por la boca del lobo
pastaba en su lengua
juntaba flores en su garganta.


3.

Porque habito y acecho
porque he de encontrar en los vértices de la noche 
la desmesura y la tormenta,
llévenme los faunos
llévenme las músicas, las danzas,
hagan de mí su presa,
beban en el cuenco de mi sombra.
Llévenme a pastar en el lomo del verano
y a cantar melodías de fuego.
Llévenme.
Abran mi boca cerrada al canto.
Suelten las liebres sus crías hambrientas para que amamanten,
para hacer de este otoño una colmena, 
un arroyo, 
celebración o sendero.


6.

Y es entonces
que la esperanza nos habita:
un pájaro que canta sobre el ramaje de la tarde



Carla Olivera




Carla Olivera, poeta y bailarina, nacida en Gualeguaychú hace 29 años, donde reside desde siempre y enseña Lengua y la Literatura. Ha participado y dictado diferentes talleres literarios desde 1998 hasta la fecha. Publicó en 2006 “Partición de voces” (poesía), Edit. De los cuatro vientos, Bs. As. e “Intemperie” (poesía), en Singular Ediciones, Gchú, 2014.



viernes, 16 de enero de 2015

VOCES IMPRECISAS





















VI


Índice
líquido en silencio
huella azul

Entre los ojos y la boca
llueve

para abrir sólo las manos



VII

Desnuda la tierra
de su vestido gris
y el polvo atravesado
de puntas
por la lluvia



VIII

En la intersección
del abrazo con su cuerpo
hay un vacío

un lugar
despojado
en la piel de las palabras.



XI

En tiempo de los sueños
la niña se despierta
y trepa por los labios
de la risa

en tanto una mujer
dormida en hilos
no deja de pender
del más absurdo




DE OLEAJES


En la rompiente
no hay ola que sepa el devenir
solo salpica
al cielo y a los lados
cristales partidos
de una forma antigua

Así
me siento en esa nube
a mar abierto
soy gota en lo que duele
antes de nacer.



Habitar
también
la penumbra
la duración de la grieta
la tierra expuesta

el lado abierto
del suelo

la soledad
de las aves



Alejandra Marotta





Alejandra Marotta (Lomas de Zamora, 1965- Vive en  Monte Grande).  Lic. En Psicopedagogía, egresada de la Universidad del Salvador en el año 1987. Orientadora Educacional en el Sistema Educativo de la Prov de Bs As;  EDIA (Equipo de Infancia y Adolescencia) de Esteban Echeverría. Fue profesora de la UNLZ en la Cátedra de Psicología del Aprendizaje y en la de Introducción a los Estudios Universitarios. Ha colaborado en diferentes proyectos educativos y de salud, siendo una de las autoras/compiladoras del libro “Los Dinosaurios no tenían SIDA”. Durante el año 2014 la revista El viento ha publicado una selección de sus poemas así como la revista digital Inventiva Social, Hasta el momento permanece inédita en libro.
Su blog es: al.alma (alejandraalmapoesias.blogspot. com).




miércoles, 14 de enero de 2015

NOCHEBUENA





Pasamos noche buena en tu casa
esa que hace tanto no veías.
Lavamos las copas con polvo
antes de las doce
Ahí estaba el pesebre en una caja
rotulada con tu letra 
de caligrafía militar.
Tu auto, impecable
como lo dejaste
enpotrado en el garaje
con el motor fundido,
mis dibujos infantiles con tiza
en las paredes
todavía resistían a la humedad
y las jaulas de pajaritos, vacías
¿Te acordás cuando los liberábamos en la terraza?

Salimos a caminar 
por el jardín
para que muevas las piernas
después de la comida 
¿Te acordás del girasol
que te pedí que plantaras?
¿y de tus jazmines?
Mirá, ahí están, en marzo seguro florecen
y de esa planta que se abría 
una vez cada tres años
¿Te acordás de esa noche
que nos quedamos despiertos
jugando a las cartas
para esperarla?

Y así íbamos nombrando 
la ausencia de cada cosa:
Yo lo hacía con palabras,
vos, con la mirada.

¿Por qué no hablarás más, abuelo?
¿será por el dolor?
¿o por sabiduría?

Ya se escuchaban los primeros 
tiros en la calle
así que salimos,
bajo los fuegos artificiales
caminábamos.
Enseguida aprendimos 
a acompasar la marcha:
cinco pasos pequeños tuyos
equivalían a dos míos.
Pasabas el dedo por las rejas
como un chico
hasta que no te pude detener.

Con dulzura te separaste de mi brazo 
y fuiste decidido hasta el árbol,
Con furia arrancabas las hojas
y las dejabas caer 
¿querías destruirlo, abuelo
para olvidarlo? 
¿querías que no fuera
el tiempo, ni tus hijos, ni Dios
sino la fuerza de tus propias manos
quienes lo mataran?

Así debería ser, abuelo.
Así de violentos deberíamos ser con el pasado.



TANGO

No lo supe nunca
pero el tango
fue mi primera experiencia sexual.
9 años apenas,
falda negra de gamuza
a kilómetros de la rodilla
-un ataque genial al código de convivencia
que decretaba los 3 centímetros por encima-
los zapatos de flamenco de mi mamá
-ella le pintó una flor roja en el taco,
para poder reconocerme ese día-
y él, el chico que me gustaba, 
me lo disputaba con una rubia
que el día de elegir las parejas
se enfermó
y le encajaron al gordito.
Yo, 9 años apenas o 10
en el patio del colegio
haciendo el 8
como si en eso me fuera la vida,
la firma con sangre de mi belleza.
Su mano arrimándose 
hasta esa zona 
que más tarde los adultos
considerarían prohibida.
Casi agarrándome de la axila
en el final.
"Mi Buenos Aires querido"
¿qué sabia yo de Buenos aires,
de hombres, entonces?
¿del querer?
¿qué sabia yo de mí misma?
Sonó el "chan chan".
Llegamos perfecto.
Sonreímos.

No nos saludamos después
Él se fue con sus amigos
Yo miré victoriosa a la rubiecita.



AUTOS

“Si a mi me gusta que suenen, ¿pa´que las voy a engrasar?” 
(Los ejes de mi carreta, Atahualpa Yupanqui)
  
La primera noche
en la que no pude dormir con un hombre
escuché a los autos.

Recostando mi cabeza 
en una almohada compartida
me entregué
a esa corriente silenciosa
que empezaba a formarse
cuatro pisos más abajo.
-los escuchás?-
-Eh?-
-Si los escuchás-
-¿…Qué cosa?-

Hay algo imposible en ese sonido
algo más que la inercia sobre un plano.
No puedo decir que se muevan, yo no los estoy viendo.
Pero rugen y rasgan
cada punto por el que pasan.
Si hasta los siento deslizarse por mi piel
como una lengua áspera. 

Y entonces olvido que son autos 
Chapa sobre ruedas
Animales electrónicos
que alimentamos con hidrocarburo
y los escucho:
Es como la hierba
que se expande hasta volverse finita
y desaparecer.
Ese ruido hacen 
cuando se alejan.
Es una especie de dolor,
algo así como una mirada
retirándose no tan definitivamente.

Yo no quiero que los vuelvan supersónicos
¿Como soportaría, por ejemplo, esta noche
junto a un cuerpo que no puedo amar
si no fuera por su rugir?

Esa turba diminuta al filo del asfalto
como la brasa que queda prendida
y en mitad del silencio
suena…
y suena…
a veces
es lo único que puede salvarme.



Melina Alexia Varnavoglou





Melina Alexia Varnavoglou nació en Buenos Aires en 1992.  Estudia Filosofía en la Universidad de General San Martín. Participa de varios ciclos literarios y colabora en la organización del Festival de Literatura de Azul junto al poeta Jotaele Andrade.  Su obra es aún inédita.



sábado, 10 de enero de 2015

EL PÁJARO VIENE ENVUELTO





El pájaro viene envuelto para regalo
no sé si abrirlo y 
que muera
o si dejarlo envuelto
y que muera
igual
solo.


¿podemos amar a los pájaros
como a nosotros mismos?


¿qué pájaro serás hoy?


Pájaro cordillerano,
ajenjo del aire,
tu vuelo 
embriaga
la vista de los viajeros
y acompaña, silencioso,
la mano del pescador
que pide perdón
cuando  mira
tu vuelo circular
suspendido
encima
del pez.


Y se llamará pájaro mañana
ese líquido
que brotará alcohólico
desde tu boca
bendiciéndote
a pesar de una larga noche
de ausencia


no cuentes pájaros
no cuentes los días
no cuentes años
ni amigos
no cuentes hasta diez
ni los billetes
no cuentes pájaros
ni errores
no cuentes estrellas
ni botellas
la noche nos hace
analfabetos
en cuestión de pájaros
ellos nos ven
pero aletean
cuando empezamos
a impacientarnos


Felices los ojos que aletean
Observando pájaros
Pues serán los ojos
Que se llenarán
De lágrimas
El día que el colibrí
Detenga su danza


Un dibujo de mí
puede ser en blanco y negro
sentada con las piernas
abiertas
apoyando las puntas de los dedos
de los pies
levantando hasta el cielo
los talones
firmes en tierra fría
apoyando mis manos en los glúteos
distantes del cielo
aferrados al tamaño
de mi deseo
con el abdomen recluido en algún lado
el cuello erecto y relajado hacia la izquierda
con el mentón rozando el hombro
y los labios
húmedos rojos hinchados
naturalmente
deseándote
con estos ojos negros
de pájaro sin alas.


y si fueras pájaro
ebrio y volador?
y si fueras alas,
puntero de bandada?
y si fueras plumas
brillantes del aire?
y si fuéramos pájaros
hambrientos de cielo
de día y de noche
con alas de a muchos.


fue jaula por jaula
infiltrándose entre
los damascos oscuros
se oyó silenciando
aleteos
se vio empapada de mijo


dejó las jaulas
allí intactas
y echó vuelo
dentro de ellas


ahora los pájaros
la visitan por las mañanas
llevándole flores.



Maria Eugenia Cavallin 




Maria Eugenia Cavallin nació en Bahía Blanca en 1980. Desde 1993 reside en el Alto valle, Cipolletti, Río Negro. Es profesora en Letras, egresada de la UnCO (Neuquén). Trabajadora de la educación en la escuela pública. Integra la serie artesanal Libros Celebrios, a cargo del grupo poético Celebriedades con su libro de poemas “Callar o hablar para siempre” (2005). Fue seleccionada a través de un concurso para integrar una Antología poético-narrativa “Territorio Literario” a cargo de Educo, editorial universitaria de la UnCO, Neuquén (2005).






jueves, 8 de enero de 2015

conspiración de perlas que trasmigran


















El detalle inmenso

Agridulce, hostil, se disgrega el pasado.
Dijiste, a bracear contra corriente.
Remos de bonsái llevaba yo.
Entre las escamas de mariposas que husmean o se pierden
en los matices de las llamas, te encontré
silenciosos flamencos nos miraban a lo lejos, desde la orilla
con peinados raros, como adornos del viento, perplejos
reflejos que se armaban en el agua
y dudé si el infinito no era más que una hilera
de codornices de plata
o de incontables abedules azules que remojan sus pies
justo siempre donde estamos los dos.
Un umbral esmerilado que la lluvia después lava.
O un camino a lo lejos de caracoles estelares
que se quitan la corteza cuando llegan a vos.



Soltar nuestras manos
                                             a mi papá
Dirías algo
como anunciando
como vos y yo caminando por la calle
la foto de niña
irse en verde
la hoja donde nací: el pájaro
en donde estoy, ahí
quedó guardada
para que se seque
para que no se pueda fugar
tu mano
como el rumor que nos habita.
Poblar el sol. Sufrir las nieves.
Yo quisiera poder decírtelo todo.



Gorgoteo en el centro de la tierra

Entiendo
las certezas son como piedras que se acomodan en un nido
si se desbarranca el océano brillante
capaz después encuentro
la llanura fértil igual
y el invierno, como rastro de un naufragio.



Lo que va en el río

Y todo es eco.
O todo se dice en otra parte.


Pero nadie nos mostró la superficie. Tanto atardecer y magos y dioses. Tanta gracia pálida genera una frontera. Camalotes que trae el río hasta esta orilla. Arrastrados en todo lo anaranjado que una tarde puede llegar a ser. Cuevas cubiertas de mil malvones violetas o fresias. Laberintos artificiales para confundir a quien se adentra. Y se enreda en todo. Hasta que eso mismo se entienda al derecho y al revés. Igualdad. O resonancia en una caja para prolongar o hacer. Un elástico de inmensidad que corre a trasfondo.



Ana Claudia Díaz


Ana Claudia Díaz. Nació el 31 de diciembre de 1983 en Santa Teresita. Estudió letras en la UNMDP y participó de varios ciclos literarios. Actualmente reside en Buenos Aires, estudia guión de cine y asiste al taller de Romina Freschi. Publicó la plaqueta de poesía Vuelto Vudú (2009), Limbo (2010) en Pájarosló editora y Conspiración de perlas que trasmigran, en Zindo & Gafuri (2013), de donde fueron tomados los textos que publicamos. Poemas suyos fueron publicados en ramona, poetas al volante, las elecciones afectivas y algunos blogs.
También escribe en: www.anaclaudiadiaz.blogspot.com


martes, 6 de enero de 2015

ME ESPERABA PERO DEBÍA ESCRIBIR




Las puntas de los lápices están vacías, será que no debo escribir?

Otras puntas no lo están, voy a escribir que debo leer, que debo escribir, que debo entender para superar; que Hegel no está, sumido ante mis ojos porque Don Ello se impone, gobernando, empujando, o por que no, negociando con todo deber. 

Voy a escribir tambien, que pienso en él leyendo este escrito y cuando escribo este escrito, pensando riendo y riendo pensando en el lector confundido o en el lector pelotudo que cree ser "muso" de inspiración, no puedo evitarlo, río un poco más. Es libre de creer lo que quiera, claro esta... Ahora de saber... No se... 
Solo digo que me da risa, nada mas. 

Él es uno solo, otro no habrá. Utopía sera su nombre, ya no quiero la realidad, aquella realidad. Jamas... 

Queria aclarar, queria volcar, queria escribir y dirimir. Ahora puedo volver, al maldito deber, por momentos molesto, por momentos necesario, por otros hasta placentero deber. 

Hoy Leer. 



Camila Zapata




Camila Zapata, nació en Buenos Aires, vive en Paraná, Entre Ríos. Estudió en la Uader. Es Profesora de ciencias sociales y cantante de folclore y música popular. De vez en cuando, escribe.




domingo, 4 de enero de 2015

VUELTERO





















Me miró de otro modo
(más allá de mi cara
la simetría
un cuerpo
una sonrisa
lo delicada)
cuando dije algo
sobre lo que para mí es
teoría de calle.
Un ejemplo
de agresividad pasiva.
El día a día
de una mujer
bien vestida y arreglada
que pasa
frente a un montón
de monos expectantes.

Me llamó dos días después.
La charla con los otros tres
había sido muy agradable.

Quería mandarme flores.
Me pareció anticuado
(aunque no reprochable).
Se hizo una cirugía de nariz.
Aunque le guste el skate
la bici o el fútbol
lo noté cuando hablamos.

Estaba feliz, si.
me invitó a salir.
Caminé con él varias cuadras.
Caminamos sin darnos cuenta.
Me daba lo mismo
cualquier lugar
donde pudiéramos charlar
contarnos cosas
dispersarme.

Mientras charlábamos
me dió a entender
que era muy linda.
Casi que me obligó a comer.
Me pidió un plato
porque él (ay)
no podía hacerlo solo.
Yo no entendí por qué.
Quería tomar un trago
pero no fué.

No sé que quiso poner a prueba
Si mis gustos
mi solidez
mi ignorancia
mis defectos
o mis conocimientos y divagues.
Parecíamos coincidir
pero se sentía incómodo.
Fue falluto
¿un poco cínico?
¿irónico?
petulante.
Yo estaba con zapatillas
en el medio de Palermo Puto.

Del Conurbano a Capital.
De humanólogo a martillero
curador de arte
¡Peronista!
(Pero nunca obrero).
De facturas con manteca
o pizza, pan, pastas
bien hechas.

Yo estuve verborrágica
no entendí si era interés
exámen de gourmet
psicoanálisis
o física cuántica.

Me pareció una estupidez
que a su edad no supiera decir no.
Ir a un cumpleaños sin ganas
y aguantar el aliento
hasta las tres de la mañana.

Yo fuí pedante
agrandada.
No pensé nunca
si era mejor
no decir nada.
El fue un histérico
arrogante.
No me importaba tanto su título.
Ni si leyó
todo Freud
y mucha literatura
antes.
Me gusta tanto la biología
como la psicología del  levante.
Yo esperaba un beso
y otras cosas
más intensas e interesantes.
El bostezó, se fué
me subió a un taxi
prometió
que repetiría.
¡Protocolo de porquería!
Me quedé pensando:
¿para qué carajo me llamaste?

A vos, vueltero, ni olvido ni perdón: masturbación perpetua.


Ana Paolini 





Ana Paolini (Buenos Aires, 1979). Estudia en la Facultad de Filosofía y letras de la UBA. Es Co-directora de la Revista Aglaura. Todavía permanece inédita. Escribe en un blog: http://placebosyliteratura.blogspot.com.ar/.







viernes, 2 de enero de 2015

POLICIAL NEGRO















En una fiesta de casi famosos
mendigando copas de vino
con mi amiga
bailamos así
agitando en el aire
el dedo índice,
damos tantas vueltas
que le tiramos las copas
a los que están al lado
y nos bardean
pero no los escuchamos
estamos en la capsula del baile loco,
de repente,
mi amiga reconoce a un famoso
lo saluda a los gritos
él apenas nos mira
y sigue desfilando
con su camisa de palmeras.
Los actores de la televisión y los músicos están sobrevalorados, 

pienso
aunque no puedo fundamentar este pensamiento
que se queda ahí, como flotando.
Un poco después
fumamos
discutimos con un viejo
que nos sigue por todo el boliche
como una mascota
dice que le gusta el policial negro
también me cuenta
que está escribiendo una novela
sobre La Pampa
es surrealista, dice
yo media borracha hablo
de la importancia de los clásicos
empiezo con una especie de discurso
que se pone cada vez más raro
no sé
de dónde saco tantas palabras
todo es muy vertiginoso
hasta que estamos afuera
en medio de un temporal
caminando del brazo
apenas nos mantenemos en pie
digo
no lo puedo creer
todavía es de noche
y el mar choca violentamente

contra las rocas.



TODA LA POESÍA DEL SIGLO XX

Somos tan malos poetas
como cantantes
Y esa es también una idea teórica
En realidad, solo podemos hablar
de las imágenes,
como sacar la cabeza por la ventana
un domingo por la mañana
los poetas buenos son aburridos
una se pregunta
¿cuándo van a tropezar en
El poema?
Ser consciente de toda la poesía del
Siglo XX ¿puede trasmitirte un destello
De alegría? ¿de inteligencia?
Podrían distinguirse miles de fases
De la luz a la mañana
Y eso es algo que no se puede describir,
sin embargo no es suficiente,
La sensación de perplejidad
una ruta de noche
En el 2006 el cielo de Santiago del
Estero era abrumador y saqué las piernas
Por la ventana del colectivo
En 2008 dormí en un campo
Al aire libre,
Mi cabeza
Como un punto fijo en el macro cosmos
Los sonidos amplificándose
Sin parar
Como pequeños roedores
Insectos con millones de formas
Y la galaxia haciendo estallidos
De 1.4 segundos.



CON JOAQUÍN ESTUVIMOS HABLANDO

no da escribir boludo

el otro día en una lectura una chica habló de que 
en el jardín la obligaban a tomar la lechita

tampoco escribir cosas sublimes 
ambos extremos son malos
Yo no soy fan de poner límites
a veces me gusta la boludez 
pero la poesía que más me gusta es la que tiene ideas



Flavia Garione (Buenos Aires, Argentina, 1990)