lunes, 28 de enero de 2013

Cabeza, tronco y extremidades





Usted recordará a la mujer de la sombrilla rosa
que vivía en mi poema de entonces;
única, espléndida, se paseaba por las callecitas del texto.
Claro, el tiempo pasa, la vida.
Ahora se sale la mujer de la sombrilla rosa
en busca de la casa final.
Y llama que llama a la puerta la desvelada.
Y el guardia que no, lo siento.
Y que por favor, vengo de tan lejos.
No insista, no es posible.
Y le ruego, sea comprensivo.
Y que no, usted está viva,
debe cumplir con el requisito de morir.
Y ella que nada, por piedad, debo entrar,
traigo una gigante fatiga y debo conocer
el sitio donde me tumbaré para siempre.
Cede al fin el duro de la historia.
Agradece la mujer.
"Y la sombrilla ¿dónde debo dejarla?"





CRANEANA
(Visita guiada)

Día propicio, despejado. 
Desde el mirador abarcamos 
casi todo el territorio encefálico. 
Gris la sustancia del predio dominante, 
el resto, blanca.
Las calles - sinuosas- se dejan transitar 
sin mayor dificultad. 
Sobre la ladera oeste, 
casitas con luz de tiempo completo, 
y a oscuras otras de cuentos de terror. 
El panorama, reposado; 
salvo en las comisuras, con esos fosos 
protectores de centros palaciegos. 
Aquello, sobre la colina 
es la casa de Broca, donde se cocinan 
la primera y la última palabra. 
Día propicio éste, despejado. 
Fogoneros de incesante marcha 
en la pendiente temporal 
y lavanderas que vuelven 
-como siempre- cantando. 
A la izquierda, saltando la soga, 
las chiquitas
que se verán ancianas cuando anochezca. 
Ese otro, el muro occipital 
donde Goya alineó a los fusilados; 
y sobre el montículo del hipocampo,
junto al braserito,
el que calienta las manos
para apuntar letras de fuego.
Día propicio éste,
a cada lado del paisaje
-herrero pasional-
el Ludwig Van descarga martillos de furia
sobre el yunque negro del destino.
Y por allá, cerca de la grieta mayor
trepan la cuesta del regreso
gloriosos hermanos arrancados de los días.
Debe también saberse
que dentro de todo lo visto
arden ferroviarios compases.
En fin, hasta aquí el paseo;
ahora vamos a retirarnos,
oscurece
y todo lo nombrado debe descansar


(De "Cabeza, tronco y extremidades";
Ed. El mono armado, 2012)

Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)