miércoles, 30 de enero de 2013

Si una mujer debiera ser el Mesías



Si una mujer debiera ser  Mesías
no sería un drama impresionante
sólo sería un evento leve e inadvertido
no podría no ser bello.
Tal mujer  seguramente diría poco
sobre  moral y religión
Tal mujer seguramente nunca  viajaría 
o  inspiraría un góspel.
Viviría en paz tímidamente
junto a  un lago y en ciertos días
se forzaría  en él con una angustia  casi divina
con la más femenina de las caricias
como llorando sin dejar marcas
de lágrimas no más maravillosas
que las de cualquier otra mujer.
Ella  no tendría ansias forzadas,
ni pocos amantes,
no haría trucos evangélicos
con piedras y palos
hasta emplearía el arte común
para ganar el corazón
de un hombre  común,
como cualquier mujer voluntariosa.
Y, como muchas otras mujeres,
su confesión sería guardada
cerca del  pañuelo, bajo la almohada donde duerme.
Podría ser adorada por sus habilidades domésticas
nunca les ocultaría sus  propias faltas
y  consentiría  sus  tonterías  secretas
Hablaría demasiado sobre sus sueños,
 le rezaría a un dios personal
lidiaría con  los hechos fuera del tiempo
sería dulce en el matrimonio y en la maternidad
¿quién se daría cuenta de su trabajo callado?
¿quién la llamaría una salvadora o hasta una santa?
¿quién la molestaría con una cruz o una iglesia?
Nadie lo haría.




Laura Riding (E.E.U.U. -New York, 1901 – 1991)



(Versión: Marina Kohon)


If a Woman Should Be Messiah

If a woman should be Messiah
It might not be an impressive drama,
It would be but a slight event and unsignaled
 It could not but be beautiful.
Such a woman would surely say very little
Of morals and religion.
Such a woman would surely never travel
Or inspire a gospel.
She would live at peace shyly
With a local lake and on certain days
Intrude some nearly divine distress
Upon it, with a most feminine caress
As of weeping spotlessly over it
In tears no more wonderful
Than any other woman's.
She'd have no unnatural hungers,
No fewer lovers,
Do no evangelical tricks
With stones and sticks,
Even employ the innate art
To win the ordinary heart
Of an ordinary man,
As any wilful woman can.
And, as with any other woman,
Her self-confession would be kept
Close to her kerchief, under the pillow where she slept.
She might be adored of her household.
She could never deny them her faults.
She would pamper her private follies,
Talk too much of her dreams,
Pray to a personal God,
Deal unhistorically with facts,
Be sweet in marriage and motherhood.
Who'd be aware of her quiet work?
Who'd call her a savior or even a saint?
Who'd trouble her with a cross or a church?
No one would.