domingo, 21 de septiembre de 2014

BALANDRO




en el espejo de la laguna
los pescadores
se reflejan cabeza abajo
con sus cañas negras
a contraluz del sol
de pronto 
sobre mi cabeza pasa simétrico 
contra el cielo azul de otoño  

un  flamenco rojo
que corta la tarde
un tímido cardenal 
apenas salta 
en la grava sin piar
quieto y silencioso el parque
nubes bajas y oscuras
un hombre con sombrero
sentado de espaldas
frente a la fuente blanca

esta leve luz de invierno
oprime como garra



En una copa de cristal tallado
guardo viejas conchillas, restos fósiles
de pequeños animales marinos.
Busco en ellos un olor a mar 
que no responde.
Oigo los agudos que produce frotarlos,
llega tu risa
con las olas grises de tiempo.
Eramos jóvenes -¡tanto!-
La pelota de voley vuela
por encima de la red en la arena.
Tus ojos verdes brillan.
Todo está allí,
en la copa de cristal tallado 
donde revuelvo las conchillas.
Todo,
pero te extraño. 

                                                                    (para Susana, in memoriam)


Temprano en la mañana, 
antes de irse, él pone la taza 
limpia, reluciente 
sobre el individual con flores,
el platito, los cubiertos,
la servilleta de papel
junto a la cafetera térmica
con el café recién hecho.
Hay veces que ella 
ni siquiera los usa.
Los guarda prolijamente en el armario
sin decir nada, sonriendo.
Pero piensa: extraño lenguaje 
el de este amor.





Graciela Perosio (Argentina, Buenos Aires, 1950)