miércoles, 3 de febrero de 2016

LA MITAD ABIERTA



















PERSPECTIVAS 

Si subiéramos rápido tal vez llegaríamos
a ver la puesta del sol desde un último piso
pero nos movemos al ras del suelo
nuestra casa es baja, está lejos, y además
todas las ventanas dan al Este.

Nos alcanza igual
el resplandor rosado de las medianeras
para saber que el día termina
y otra vez quedaron sin hacer las cosas de la lista,
y otra vez preferimos ajustarnos
al reloj de hoy que era no tenerlo.

Me pregunto si en las ventanas más altas
alguien mira nuestros cuerpos diminutos,
pero nunca vamos a saberlo
porque en ese edificio no conocemos a nadie
y el portero dorado tiene tantos botones
que encandila. 



LA MITAD ABIERTA

Como nube herida,
llega a mi ventana
de los techos una gata; 
viene a decirme 
que soy ella
también
en la tormenta 

y como a mis huesos, 
casualmente,
se les ha dado por temblar,
y a mi cabeza por pensar
la muerte, yo le creo, 
le creo y le abro
y me abro así
un tajo: 

en el reflejo soy ahora 
un solo ojo, 
un solo hombro, 
un gesto hachado

y en la mitad abierta,
venido de la noche,
descalzo y blanco
un animal entero.



PASTO 

Me voy por las ramas 
como ardilla hacia arriba
o por el bosque como un ciervo
con mi cabeza de árbol,

o como un pájaro incluso 
¡y hasta libre me creo! 
aunque sólo lleve pasto
hacia un lugar común.



(Del libro: TORO (2015)


Carla Sagulo (Buenos Aires, 1977)



IMAGEN:  Puesta de sol en la Capital de Buenos Aires, por Fernando Nowhere.