viernes, 13 de octubre de 2017

SUTURA






































1

Sálvate de tu madre y del padre de tu madre
y de la madre del padre. Sálvate de tus hijos
y de los hijos de tus hijos. Sálvate de la tradición,
de la escoria. Sálvate por el hallazgo, por la ambición
de entrar solo por una puerta que da a un lugar solo.
Sálvate y queda mirando ese desierto: ciénagas de hambre,
ciénagas de sombra;

sé un sueño solo sin voces ni gritos: tu huésped.


2

Se debe ser paciente y esperar
el golpe o el sonido o el relato
del golpe. No se necesita nada
de ninguna cosa de nadie: no
se trata de explicar ni hacer ni escribir:
sólo habrá un ruido, una cáscara
que se desprende, unos pensamientos
que caen:

una cortina de lluvia en todo el mundo.


6

Como si toda la vida se estuviera
tumbado boca arriba, mirando
el cielo, los dibujos del cielo,
haciendo preguntas para una palabra
que nunca llega, para algo que nunca
sucede.


10

Lástima
cuando uno ve el borde y trata,
por pobreza y miedo, de no dañarse
demasiado.  Lástima, por no ir
más allá, allá donde esperamos que pasen
las cosas, que pase, si algo pasa,
en la vida. Quiero decir la vida
que flota en el vacío como un punto,
un pájaro: lástima
por mí que no puedo
y por los otros que no pueden
                                                      lástima
porque no viene la redención
                no llega la plegaria
                no viene la cura.


18

Entre las cosas viejas, entre las cosas
que uno guarda como viejas, encontré,
un ovillo de papel viejo, un dibujo.
No lo había olvidado, pero con los años
todo se hace flaco, se entumece la memoria.
Abrí la cartulina, la clavé en una pared
y miré largo rato ese cuerpo austero,
cara, ojos, boca, lo joven intacto.
Entonces le hablé, hablé a ese que fui,
y era ajeno, extraño a mi corazón.
Sin arrepentimiento volví a ovillarlo
y lo guardé en el lugar de lo viejo.

Después caminé por la casa y vi un jardín
(que no tengo) y leopardos que eran pumas
y panteras o pájaros altos (que no conozco)
y también cebras que eran burros o asnos
y la cola de un caballo blanco y la seda
de una yegua dormida como un gato.
Me dije, entonces, que el recuerdo era otro
y la memoria otra: una trampa que ardía,
extranjera, monótona, como la vida.


23

No sé por qué es mejor escribir una carta.
No sé por qué escribir es, a veces, más fácil
que hablar. No sé ni siquiera qué quiero decir;
y tampoco hablar puedo. No sé, no sé nada
de cartas, escritura, hablar. Pero hago, hago
algo que siento, debo: escribirte.
Digo, sólo, hacer algunas palabras y ponerme
a oír con la oreja pegada a unos pensamientos
que se forman y deforman; lo otro, lo que late
otro: es una confinación, un espejo, un desierto
donde dos se miran en un hoyo de agua y son
distintos. Digo, un arroyo que va como ausencia,
en distinta corriente, y va y va entre costas,
orillas.
No sé por qué es mejor escribir una carta, escribirte,
mientras el tiempo es pausa o perspectiva
anudado a otra marea, otro sube y baja, otro
andamio, otro equilibrista sobre el hilo: lo tenso
de las púas sobre el pie, lo descalzo.


33

Esas flores, casi secas, que insisten
en el color, que insisten a la parecida
belleza del primitivo color, esas flores
que parecen mirar el tiempo, resistirlo,
anudarlo, hacerlo quieto, eterno, único,
van a caer, rancias, oscuras. Esas flores,
en su costumbre cotidiana de durar
se parecen al hábito del café, el cigarrillo,
la amistad, el amor; esas flores
fatigadas que nos miran y miramos
se parecen a nosotros.



Jorge García Sabal





Jorge García Sabal.  Poeta argentino, nació en Balcarce, Provincia de Bs.As., en 1948 y murió en Buenos Aires, en 1996.  Obra publicada: El fuego de las aguas (Botella al mar, Buenos Aires, 1979, Premio Fondo Nacional de las Artes 1981); Mitad de la vida (Editorial de Rawson, 1983, Premio Miguel Hernández, Municipalidad de Comodoro Rivadavia, Chubut); Lugares propios (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987); Tabla rasa (Ediciones del Dock, Buenos Aires, Premio La  Nación, 1990); Sutura (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1994) y Antología poética (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1998). 





2 comentarios:

Oscar Bedogni dijo...

Gracias por el post, no conocìa a este poeta. El pequeño extracto presentado me resulta de una profundidad magnìfica e incòmoda.

bea dijo...


los textos 2 y 18 !!!!!!

qué poeta, por dios !