lunes, 22 de agosto de 2022

FICCIONES SUPREMAS (III)













LOS DOMINIOS PERDIDOS

JORGE TEILLIER
Fondo de Cultura Económica Santiago, Chile. 2007.

El pasado-futuro de la poesía lárica


     La literatura, nuestra fiel testigo histórica, ha registra­do a través de los siglos ese sentimiento de añoranza que acompaña el destino del hombre. Ya Hesíodo en Trabajos y días echaba de menos aquel tiempo idílico del reinado de Saturno, donde los días eran inocentes, plenos de jus­ticia, abundancia y bondad; una Edad de Oro donde la hu­manidad, que entonces vivía su primavera perpetua, era pura e inmortal.
     El pasado siempre ha sido útil a la hora de estimular la imaginación, ese paraíso perdido que resulta la memo­ria. À la recherche du temps perdu, de Marcel Proust, tal vez sea el esfuerzo intelectual más ambicioso y sostenido por ese principio, puesto que intentó recuperar del pasa­do los mejores días vividos con el fin de convertirlos en presente continuo. Otros, más modestos, se han refugiado            en la nostalgia, aunque circunstancialmente revestida por aire romántico. Lord Alfred Tennyson, por ejemplo, cuyos temas mitológicos y medievales desarrollados en plena época victoriana revivieron con su poemario Idylls of the King, las historias artúricas, buscando siempre el heroi­co espíritu británico de antaño. En Latinoamérica, Felisberto Hernández, José Antonio Ramos Sucre e inclusive Rolando Cárdenas avivaron a través de distintos grados de escritura la esperanza que despierta el futuro como re­greso al venturoso pasado.
     Pero ha sido Jorge Teillier quien más acertadamente supo crear un espacio para recordar el pasado. Los domi­nios perdidos lo comprueba. Todos sus libros vindican y aspiran a ese estado de gracia cuya tendencia de replegarse hacia la infancia ofrece una alternativa ética y estética que se articula con un fuerte sentido de unidad. Su crepusculismo hace hincapié en la búsqueda de los valores del paisaje del sur de Chile, de sus aldeas y de la provincia atravesada por los solitarios y hui­dizos trenes de frontera. Con un lenguaje sencillo y sereno, diseña un sentimiento de evasión por el presente. La ensoñación alcanza realidades más altas y secretas a través de acertadas metáforas. “Un día u otro / todos seremos felices. / Yo estaré libre / de mi sombra y mi nombre. / El que tuvo temor/ escuchará junto a los suyos/ los pasos de su madre, / el rostro de su amada será siempre joven / el reflejo de la luz antigua en la ventana, / y el padre hallará en la despensa la linterna/ para buscar en el patio / la navaja extraviada.” Versos íntimos que marcan el estilo de un sobreviviente, tal vez el último, de una Edad de Oro. Así, la presente selección de poemas intenta recuperar los últimos vestigios del mundo misterioso del que se imaginó honroso testigo.
     Ahistórica, situada en las antípodas de la poesía social, la escri­tura teilliereana tiñe sus libros de una realidad que subvierte lo co­tidiano, dotándolo de mayor vitalidad. Su lírica desde Para ángeles y gorriones (1956), hasta el póstumo En el mudo corazón del bosque (1997)- producto de un fino lenguaje arcádico,
revela un paciente ca­mino de búsqueda de identidad, algo que pudo consolidar durante cuarenta años de abnegada vocación. Jorge Teillier fundó una mito­logía lárica, poesía del Lar, del Origen.
 
 
Ed. Griselda García, 2021,
originalmente publicado en
Revista La Mancha N° 14 Junio 2009)
 
 
 
Augusto Munaro (Buenos Aires, 1980)



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