sábado, 26 de diciembre de 2015

ACERCA DE LAS VIOLETAS






















Al ver sus muslos me puse pálido.
Era primavera y automáticamente comencé a seguirla,
no fui el único. Pronto, íbamos todos tras ella en procesión 
por el parque y, cuando la chica se detuvo
de pronto, quedamos petrificados, coagulados,
y cuando se dio vuelta, toda atrevida, nos convertimos
en hierbas, flores de primavera, arbustos, 
reverdecimos todo el parque con nuestra pasión, y la verde, 
esbelta pendeja paseaba por ahí,
sus muslos dirigían nuestro metabolismo,
en su cartera, los cuadernos se reían de nosotros
con sus ángulos doblados, blancos,
y escondimos nuestros globos oculares
entre el follaje y los árboles
y los doctores se olvidaron de sus doctorados,
los peones camineros de sus carreteras,
los profesores de sus conferencias,
los comerciantes de sus beneficios;
todos nos sentimos unidos en una hermandad fatal, peligrosa,
y nos tapábamos implacables con las ramas mutuamente,
nos asfixiábamos con las raíces, nos apartábamos con las ramas,
de modo que las violetas comenzaron a perecer lentamente,
y luego los hierbas y los arbustos,
hasta que sólo quedaron los robles más altos,
la hermosa les hizo guiños con alegría
y también a ellos les estalló el sistema circulatorio
y comenzaron a secarse, descomponerse, derrumbarse,
mientras que la chica se alisó la falda y subió al autobús. 


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)

(Traducción;Marjeta Drobnič y Francisco Javier Uriz)






lunes, 21 de diciembre de 2015

UNA DÉCADA



Cuando llegaste, eras como el vino tinto y la miel,
y tu sabor me quemó la boca con su dulzura.
Ahora eres como el pan de la mañana,
suave y agradable.
Casi no te paladeo del todo porque conozco tu sabor,
pero estoy completamente nutrida.




LA LÁMPARA DE LA VIDA

Siempre estamos persiguiendo una luz,
y siempre la luz se aleja. Con las manos a tientas
nos estiramos hacia esa gloria, mientras las tierras
que atravesamos se ocultan a nuestra vista,
oscuras y misteriosas, plegadas en la noche profunda.
No nos importa, toda nuestra mayor necesidad
no exige más que luz, ¡la luz! Tan quieta permanece
pero seguramente será nuestra si ejercemos nuesto poder.
¡Tonto! Nunca podrás captar ese destello fugaz,
su llama brillante moriría si fuese capturada,
su vigencia es siempre aparente,
pero sólo un poco más al frente. Consternados,
pero iluminados siempre desde adelante, somos llevados
por nuestro camino desconociéndolo, como en un sueño.





Amy Lowell (E.E.U.U., Brookline, 1874-1925)

(Traducción: Miguel Grinberg)



(Versión NO bilingüe)










sábado, 19 de diciembre de 2015

PÉTALOS
















La vida es una corriente 
donde se derrama
pétalo a pétalo la flor de nuestro corazón; 
el final perdido en el sueño,
flota más allá de nuestra vista,
sólo vemos su grato y temprano comienzo.

Cargados de esperanza,
enrojecidos de alegría,
dispersamos los pétalos de nuestra rosa abierta;
su ámbito expansivo,
su empleo distante,
nunca lo conoceremos. Y a medida que fluye la corriente
los va llevando,
cada uno se ha ido
más allá de infinitas maneras.
Nos quedamos solos
mientras los años se apuran:
la flor retrocedió, pero su fragancia aún permanece.



Amy Lowell (E.E.U.U., Brookline, 1874-1925)



(Traducción: Miguel Grinberg)


(Versión NO bilingüe)





jueves, 17 de diciembre de 2015

MI VIDA


El muñeco enorme de mi cuerpo
rehúsa levantarse.
Soy el juguete de las mujeres.
Mi madre

me exhibía a sus amigas.
"Habla, habla", imploraba.
Y me movía la boca
pero nunca llegaron las palabras.

Mi esposa me tomó del escaparate.
Me acomodé en sus brazos. "Sufrimos
la enfermedad de ser", susurró
y me acomodé en silencio.

Ahora mi hija me ofrece
un biberón con agua y dice:
"Tú eres mi verdadero bebé".

¡Pobre criatura!
Miro el oscuro
espejo de sus ojos
y me veo a mí mismo
disminuyendo, hundiéndome
en una profundidad que ella desconoce.
Aliento no me queda,
no me levantaré otra vez.

Yo crezco en mi muerte.
Mi vida es insignificante.
El mundo es verde.
Nada es todo.


PARA JESSICA, MI HIJA

Esta noche caminé
cerca de casa
y sentí temor,
no del rumbo del viento
que me hizo amar y ser
sino de la oscuridad y la distancia.
Caminaba escuchando el viento,
sintiendo frío, interesado
en las estrellas que alumbran
la inmensa bóveda del cielo.

Jessica, es más fácil
pensar en nuestras vidas
mientras caminamos
bajo el breve lustre de las hojas,
amando lo que poseemos,
que pensar en seres tan pequeños
como nosotros
viajando en la oscuridad
sin un camino posible,
sin un final a la vista.

Aún recuerdo otras épocas
bajo el mismo cielo
cuando se aligeraban los huesos
y la heridad del cráneo estaba abierta
a los fríos rayos del mundo
y por un instante eran el mundo.
Entonces yo creía
que éramos hijos de las estrellas,
que nuestras palabras estaban hechas
del mismo polvo que brilla en el espacio.
Entonces podía sentir en la levedad del aliento
el peso de un día entero
venir suavemente a descansar.

Pero esta noche
es distinto.
Temeroso de la oscuridad donde vagamos
o nos desvanecemos juntos,
imagino una luz
que impedirá que nos apartemos demasiado,
una secreta luna o un espejo,
una hoja de papel,
algo que tú puedas llevar
en la oscuridad
cuando esté lejos.


MI HIJO

A la manera de Carlos Drummond de Andrade

MI hijo
mi único hijo,
el que nunca tuve,
podría ser un hombre.

Se mueve 
en el viento
descarnado y sin nombre.
A veces

viene 
y apoya en mi hombro
su cabeza
más ligera que aire.

Y yo le pregunto,
hijo,
¿dónde te encuentras,
dónde te ocultas?

Con frío aliento 
me responde,
no lo advertiste
y sin embargo llamé
y llamé
y sigo llamando
desde un lugar
lejano,

más allá del amor,
donde nada,
todo,
quiere nacer.




Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)

(Traducción: Ezequiel Zaidenwerg)










martes, 15 de diciembre de 2015

ELEGÍA A MI PADRE


2. RESPUESTAS

¿Por qué viajaste?
Porque la casa estaba fría.
¿Por qué viajaste?
Porque lo he hecho siempre, desde el anochecer
  hasta la llegada del alba.
¿Qué llevabas puesto?
Llevaba un traje azul, una camisa blanca, una corbata
  amarilla y medias amarillas.
¿Qué llevabas puesto?
No llevé nada. Una bufanda de dolor
  me mantuvo abrigado.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí con mujeres distintas cada noche.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí solo. Siempre he dormido solo.
¿Por qué me mentiste?
Siempre pensé que decía la verdad.
¿Por qué me mentiste?
Porque no hay nada que mienta más que la verdad
  y yo amo la verdad.
¿Por qué te vas?
Porque las cosas no tienen ningún sentido para mí.
¿Por qué te vas?
No lo sé. Nunca lo he sabido.
¿Cuánto tiempo debería esperarte?
No me esperes. Estoy cansado y quiero
  echarme a descansar.
¿Estás cansado y quieres echarte a descansar?
Sí, estoy cansado y quiero echarme a descansar.




3. MURIENDO


Nada pudo detenerte.

Ni tu mejor día. Ni el reposo. Ni el movimiento del mar.
Tú continuaste muriendo.
Ni los árboles que abrigaron tus pasos,
ni los árboles que te ensombrecieron.
Ni el doctor que te advirtió,
el canoso y joven doctor que te salvó una vez.
Tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte. Ni tu hijo. Ni tu hija
que te alimentó y te hizo un niño nuevamente.
Ni tu hijo, que creyó que vivirías para siempre.
Ni el viento que agitó tus solapas.
Ni la quietud que se ofreció a tu movimiento.
Ni tus zapatos que se hicieron cada vez más pesados.
Ni tus ojos que rehusaron mirar hacia adelante. 
Nada pudo detenerte.
Te sentaste en tu cuarto y miraste fijamente la ciudad
y continuaste muriendo.
Ibas a trabajar y dejabas que el frío entrara en tus ropas.
Que la sangre chorreara en tus medias.
Que tu rostro se volviera blanco.
Que la voz se te quebrara.
Te apoyabas en el bastón.
Pero nada pudo detenerte.
Ni los amigos a quienes aconsejaste.
Ni tu hijo. Ni tu hija, que cuidó tu crecer a lo pequeño.
Ni la fatiga que vivió en tu aliento.
Ni tus pulmones, que se llenarían de agua.
Ni tus mangas que cargaron el dolor de tus brazos.
Nada pudo detenerte.
Tú continuaste muriendo. 
Cuando jugabas con los niños continuabas muriendo.
Cuando te sentabas a comer.
Cuando despertabas por las noches, bañado en lágrimas,
  el cuerpo llorando.
Tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte.
Ni el pasado.
Ni el furturo con su promesa de buen tiempo.
Ni la visión de tu ventana, abierta al cementerio.
Ni la ciudad. La terrible ciudad con sus edificios
  de madera.
Ni la derrota. Ni el éxito.
Nada hiciste sino seguir muriendo,
Apoyabas el reloj en el oído.
Te sentías resbalar.
Te echabas en la cama.
Cruzabas los brazos sobre el pecho y soñabas
  el mundo sin ti,
en el espacio bajo los árboles,
en el espacio en tu dormitorio,
en los espacios vacíos de ti
y tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte.
Ni tu respiración. Ni tu vida.
Ni la vida que esperabas.
Ni la vida que tuviste.
Nada pudo detenerte.



Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)


(Traducción: Eduardo Chirinos)







domingo, 13 de diciembre de 2015

SÓLO UNA CANCIÓN




PREFIERO pasar el día entero
como costal en una silla
y echarme la noche entera
como piedra en mi cama.

A la hora de comer
abro la boca.
A la hora de dormir
cierro los ojos.

Mi cuerpo canta
sólo una canción:
en mis brazos 
encanece el viento.

Las flores brotan.
Las flores mueren.
Más es menos.
Yo anhelo más.


EL VESTIDO

SI te tiendes en la colina luminosa 
con las manos de la luna en tus mejillas,
tu carne oscura en los blancos pliegues del vestido,
no oirás al topo extender con pasión
la longitud de su tiniebla, ni al búho
disponer sabiamente de la noche, ni al poema
llenar tu almohada con plumas azules.
Pero si escapas del vestido y te diriges a la sombra,
te hallará el topo y también el búho y el poema
y caerás en otra oscuridad, y te encontrarás a ti misma
haciéndola y rehaciéndola. Hasta que sea perfecta.


BAHÍA OCURA

XXIII

VISITABA la vieja casa de campo de un amigo,
llena de habitaciones acortinadas contra el sol
y helados pisos de mármol sin alfombrar.

Para la cena había invitado a unas cuantas
mujeres rusas. Recuerdo el gusto de las natillas
que ningún otro invitado probó.

Me sentí solo. Las mujeres empezaron a apagar
las velas. Me pregunté si ellas también habían estado
en la Tienda del Amor. No, habían estado

en Italia, dijeron. Cuando volví a la habitación
me puse el sobretodo y me tiré en la cama.
Escuché entonces un crujido tras la puerta.

"Soy yo, Olga, ¿puedo pasar?" Cuando entró
salté de la cama, me quité la ropa y me puse de pie
frente al espejo. Ella se acomodó a mi lado. "Finalmente

estamos a salvo uno del otro", me dijo. "Sí", 
admití un poco triste, "en el espejo los cuerpos
se vuelven simultáneamente visibles e intocables."

Entonces, en la sombría casa de campo, pasamos la noche
mirando brillar nuestros cuerpos desnudos y fríos
mientras un fuego poderoso rugía en el hogar.


BLANCO


Para Harold Bloom
AHORA, en la mitad de mi vida,
todas las cosas son blancas.
Camino bajo los árboles,
las cansadas hojas,
la amplia red del mediodía
y el día es blanco.
Y mi respiración es blanca,
flota sobre manchas
de verdor y campos de hielo
hacia altos círculos de luz.
Cuando camino la oscuridad
de mis pasos es blanca,
blanca la sombra que arde
bajo mi cuerpo. En toda estación
el silencio donde me hallo es blanco,
blanco lo que hago por nada.
Blanco de dolor,
blanco de muerte.
Incluso la noche que invoca
como un oscuro deseo es blanca;
cuando al dormir me entrego 
a la intemperie de los sueños
son las sábanas blancas
y el blanco dibujo de las sombras
lunares sobre el suelo
lo que me salva en las mañanas.
Y fuera de mi despertar
el círculo de luz se extiende,
se llena de árboles, casas,
espacios de hielo.
Todo lo cubre. Rodea
el ojo con su blanco. Aún más allá
de los límites de la visión
todas las cosas están juntas.
Todas las cosas son una sola.


EL JARDÍN


Para Robert Penn Warren
BRILLA en el jardín,
en el blanco follaje del castaño,
en el ala del sombrero de mi padre
cuando camina por la grava.

En el jardín detenido del tiempo
está mi madre con su silla de madera roja;
la luz colma el cielo,
los pliegues de su vestido,
la maraña de rosas junto a ella.

Y cuando mi padre se inclina
para hablarle al oído,
cuando se levantan para irse
y las golondrinas vuelan
y la luna y las estrellas
se han  marchado juntas, brilla.

Incluso al apoyarse en esta página,
tarde y solitario, brilla; incluso ahora,
antes de que desaparezca.





Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)



(Traducción: Eduardo Chirinos)


                 
IMAGEN: "Espejismo", pintura de Claudio Bado.



viernes, 11 de diciembre de 2015

MANUAL DE POESÍA NUEVA





















1   Si un hombre entiende un poema,
           tendrá dificultades.


2   Si un hombre vive con un poema
           morirá solitario.


3   Si un hombre vive con dos poemas
           le será infiel a uno.


4   Si un hombre concibe un poema,
           tendrá un hijo menos,


5   Si un hombre concibe dos poemas,
           tendrá dos hijos menos.


6   Si un hombre lleva puesta una corona cuando escribe,
           será descubierto.


7   Si un hombre no lleva puesta una corona cuando escribe,
          no engañará a nadie salvo a sí mismo.


8   Si un hombre se enfurece en un poema,
          será despreciado por los demás hombres.


9   Si un hombre sigue enfurecido en un poema,
          será despreciado también por las mujeres.


10   Si un hombre acusa públicamente a la poesía,
          sus zapatos se llenarán de orines.


11.   Si un hombre renuncia a la poesía por el poder,
          tendrá mucho poder. 


12   Si un hombre alardea de sus poemas,
          será amado por los tontos.


13   Si un hombre alardea de sus poemas y ama a los tontos,
            no escribirá más.


14   Si un hombre reclama atención por sus poemas,
            será como un asno en un claro de luna.


15   Si un hombre escribe un poema y alaba el poema de un amigo,
            tendrá una amante muy hermosa.


16   Si un hombre escribe un poema y alaba en exceso el poema de un amigo,
            ahuyentará a su amante.


17   Si un hombre se arriesga por el poema de otro,
            su corazón crecerá el doble de tamaño.


18   Si un hombre deja a sus poemas ir desnudos,
             tendrá miedo a la muerte.


19   Si un hombre tiene miedo a la muerte,
             será salvado por sus poemas.


20   Si un hombre no tiene miedo a la muerte,
             podrá ser salvado o no por sus poemas.


21   Si un hombre termina un poema,
              se bañará en la estela vacía de su pasión,
              será besado por la página blanca.




Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)



(Traducción: Eduardo Chirinos)




IMAGEN: Fotograma de  WITTGENSTEIN,  película de 1993 del director Derek Jarman. Se basa libremente en la vida del filósofo, así como en su pensamiento filosófico. El Wittgenstein adulto es interpretado por Karl Johnson. El guion original pertenece al crítico literario Terry Eagleton. Jarman reescribió intensamente el guion.




miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL MUNDO NO SE ACABA (Parte III)



MI IDENTIDAD SECRETA ES

El cuarto está vacío,
y la ventana abierta


OH EL GRAN DIOS de la Teoría, no es más que la punta de un lápiz, una punta mordida con una goma de borrar gastada al final de un enorme garabato.


DONDE LA IGNORANCIA es una bendición, donde uno yace de noche en la cama de la estupidez, donde uno reza de rodillas a un ángel insensato...Donde uno sigue a un zopenco a la guerra con un ejército de necios beatíficos...Donde los gallos cacarean todo el día...
     El precioso cabeza hueca está cantando una y otra vez el mismo fragmento de una canción de amor. Para desayunar en la terraza tenemos uvas pintadas con tanto realismo que hasta los pájaros las picotean. Y ahora los besos...para los que hemos olvidadom quitarnos nuestras caretas de Halloween.


     LA ERA DE LOS POETAS MENORES se acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenidos aquellos cuya fama jamás traspasará la frontera de vuestros familiares cercanos, y tal vez un par de buenos amigos congregados después de la cena ante una jarra de áspero vino tinto...mientras los niños se caen de sueño y se quejan del ruido que haces al revolver los cajones buscando tus viejos poemas, temeroso de que tu mujer los haya tirado a la basura después de la última limpieza general. 
     Está nevando, dice alguien que se ha asomado a la oscuridad de la noche, pero también él se vuelve hacia ti mientras te preparas para leer, con gesto algo teatral y las mejillas enrojecidas, ese largo y divagante poema de amor cuya estrofa final (que desconoces) se ha perdido sin remedio.
                             -sobre un poema de Aleksandar Ristovic-
                   



Charles Simic (Belgrado, Yugoslavia, 1938-En 1953 emigra a E.E.U.U.)
(Traducción: Jordi Doce)







lunes, 7 de diciembre de 2015

EL MUNDO NO SE ACABA (Parte II)



     TODO es predecible. Todo ha sido ya predicho. Lo predestinado no se puede evitar. Incluida esta papa hervida. Este tenedor. Este trozo de pan negro. También este pensamiento...
     Mi abuela, que barre la vereda, lo sabe. Dice que no hay dios, sólo un ojo aquí y allá que ve con claridad. Los vecinos están demasiado ocupados viendo la televisión como para quemarla por bruja.


     UN POEMA que habla de estar sentado en un tejado de Nueva York en una noche fría de otoño, bebiendo vino tinto, rodeado de edificios altos, niños que corren peligrosamente cerca de la cornisa, y la hermosa joven de la que todos están secretamente enamorados sentada a solas. Morirá joven, pero nosotros aún no lo sabemos. Tiene un agujero en sus medias negras y el dedo gordo asoma con la uña pintada de rojo...Y los rascacielos...al declinar la luz...como nuevos Caldeos, pitonisas, Casandras...por sus muchas ventanas ciegas.


     "EXUBERANCIA TROPICAL en torno a la idea del alma", escribe Nietzsche. ¡Siempre lo sentí así, Friedrich! La selva amazónica con sus pájaros de colores brillantes que graznan y graznan, aunque sus profundidades son oscuras y sosegadas. La hermosa muchacha perdida le da la teta a un pequeño mono. Los lagartos que están de servicio visten togas eclesiásticas y se dirigen a ella en francés entonando: "La Reine des Reines". Que pueda descartarse por absurdo no es uno de los encantos menores de este cuadro.


     UNA VEZ SUPE, luego olvidé. Era como si me hubiera dormido en un prado sólo para descubrir al despertarme que un bosquecito había crecido a mi alrededor.
     "No dudes de nada, cree en todo", era lo que mi amigo entendía por metafísica, aunque su hermano se había fugado con su mujer. Aún le compraba una rosa cada día, llevaba sentado veinte años en la casa vacía hablándole del tiempo.
     Yo me estaba quedando dormido en la sombra, soñando que los árboles susurrantes eran mis muchos yoes  explicándose todos al mismo tiempo, por lo que no era capaz de entender una palabra. ¡Mi vida era un bello misterio a punto de ser comprendido, siempre a punto! ¡Pensad en eso!
     La casa vacía de mi amigo con todas sus ventanas iluminadas. Los oscuros árboles multiplicándose a su alrededor.




Charles Simic (Belgrado, Yugoslavia, 1938-En 1953 emigra a E.E.U.U.)


(Traducción: Jordi Doce)


IMAGEN: Selva amazónica con pájaros.





sábado, 5 de diciembre de 2015

EL MUNDO NO SE ACABA (Parte I)



















     ESCALÍGERO palidece mortalmente al ver un berro. Ticho Brahe, famoso astrónomo, se desmaya al ver un zorro enjaulado. María de Médicis se marea súbitamente al ver una rosa, hasta en pintura. Mis antepasados, entretanto, comen repollo. Remueven el cazo buscando un pezuña de cerdo que no existe. El cielo es azul. El ruiseñor canta en un soneto renacentista, e inmediatamente alguien se va a la cama con un dolor de muelas.



     ELLA me alisa suavemente con una plancha de vapor, o desliza su mano en mi interior como si fuera un calcetín que necesita un zurcido. El hilo que usa es como el gotear de mi sangre, pero lo punzante de la aguja es todo suyo.
     "Te vas a arruinar los ojos con esa luz tan mala, Henrietta", le advierte su madre. ¡Y tiene razón! Nunca desde que empezó el mundo ha habido tan poca luz. Se sabe que nuestras tardes de invierno han durado a veces cien años.


     "TODO EL MUNDO sabe lo que me pasó con el doctor Freud", dice mi abuelo.
      "Estábamos enamorados del mismo par de zapatos negros del escaparate de la misma zapatería. Por desgracia, la tienda siempre estaba cerrada. Había algún cartel del tipo CERRADO POR DEFUNCIÓN o VUELVO  DESPUÉS DE COMER, pero por mucho que esperara, nadie venía a abrirla.
      "Una vez sorprendí al doctor Freud admirando aquellos zapatos con descaro. Nos fulminamos con la mirada antes de partir en direcciones opuestas, para nunca volver a encontrarnos".


     ¡YA LLEGO, ya llego, amante de infinitas desilusiones con tu colección de postales antiguas! Quieres mostrarme una estación del tren con el reloj parado a las cinco y cinco. No podemos ver nada por la ventana del Jefe de estación por culpa de la mugre. Ni siquiera sabemos si hay un tren esperando en el andén, mucho menos si una mujer de negro entra con prisa por la puerta principal. Debe ser una estación tranquila, pues no se ve a nadie más. Un pueblito tan borrado por el tiempo que ya sólo alberga una viuda cubierta con velo, y ahora también ella se marcha llevándose su secreto.




Charles Simic (Belgrado, Yugoslavia, 1938-En 1953 emigra a E.E.U.U.)


(Traducción: Jordi Doce)







jueves, 3 de diciembre de 2015

LA POESÍA ESTÁ DEBAJO







































La poesía está debajo, 
siempre está abajo.
Ella se agacha para buscar 
alguna antología de nacionales,
bien abajo, en sitios olvidados.
La gente pasa y mira
mira por arriba, 
a la altura de su ego.

Ella se esfuerza
rasca los estantes 
los anaqueles de ofertas
manteniendo el equilibrio
procurando que no se baje 
o se suba demasiado su short. 
Y el  pajarón del librero 
sigue la línea sinuosa
hasta su trasero
fijándolo en su mente.

La poesía sólo existe 
para los que bajan
la mirada, se agachan,
se arrodillan
y encuentran ese poema
que finalmente les dice
quiénes son.




MI MADRE tenía la piel como rociada por el abeto rojo, ese que se encontraba en el patio de la casa de mi abuela; de él brotaban cuatro ramas muy grandes, la más delgada tenía la forma del cuerpo de mi madre, sentada, a la sombra de aquel árbol; remendando alguna prenda vieja. Era una mujer muy llamativa; cuando iba al almacén del barrio, por el camino la saludaban y la miraban mucho; más no era por sus pecas en cantidad, yo creo que  sobresalía su alma pura; su blusa se volaba con el viento, dibujando en el aire algo parecido a una rosa china, eso la completaba; era por cierto la mujer más bella que jamás haya visto.



DE UNA PLAZA

Somos dos en una cama
me pedís que seamos tres
- la cama es muy angosta- digo 
No quisiera ser yo la que resbale en la noche
y caiga como saco roto.



CUANDO ME ENAMORÉ DE UNA CHICA

Las olas movían gelatinosamente sus piernas
Tenía que esperar la arena frotando sus pies.
Cada minuto era interminable.
No iba a soportar otro día más, 
verla llegar a la misma hora de siempre, 
aguantarme el ritual de la espuma en sus piernas.

Quince, veinte, sesenta minutos? Cuanto?
Pasé todo el verano adorando su pelo rizado, 
sus ojos de monedas de un peso.

Dos brazos se acercan para abrazarla,
aunque dos nubes oscuras pasan
y bastan para escabullirse en la noche.



DESPEDAZADO

El jueves paseaba por la peatonal
Me encontré:
Dos piernas pegadas a dos pies
Dos nalgas
Un pene
Dos brazos
Dos manos
Dos orejas
Dos ojos
Una cabeza
Una naríz
Una boca
Una lengua larga
Un torso

Eras vos!

Te pregunté qué hacías
Me respondiste:
Voy al doctor!
Pensé:
va a preguntar por qué nació sin huevos.




Ana Herrera (Guaymallén, Mendoza, Argentina, 1985)








martes, 1 de diciembre de 2015

AHORA ESTOY COMO QUERÍA ESTAR




Ahora estoy como quería estar: 
de algodón y rellena de aserrín
con la piel de antiguos enemigos bajo las uñas
tolero cualquier cosa de mis amigos imaginarios

sólo los insectos en nariz y oídos
me mantienen con vida.



LAS FIESTAS HAN PASADO

Las fiestas han pasado, nos dejaron
guirnaldas y píldoras
con mi compañero cósmico
vamos a bares del oeste 
hacemos collares con nuestros dientes
y cubrecamas con nuestras pieles

esta noche llevo lentejuelas en la sangre
pero no puedo ver la estrella que me guía.



TOMÓ MI MANO

Tomó mi mano
y esperamos juntos 
la maceración.



SI TE REGALAN FLORES

Si te regalan flores
sentís que el deseo 
es verte muerta y hermosa

en cambio cuando amanece 
y la luz se filtra por las rendijas 
lo tomás como visiones del futuro
y sabés qué es lo que soñabas. 



ODA 

Esta noche me subo a cualquier auto
invito a todo el que esté sentado en un umbral 
a beber conmigo.

Esta noche recito poemas a los marineros.
Trato de no ver el cariño con que ese hombre 
acaricia el cabello de su mujer.

Veo películas de Marilyn Monroe
y envidio su vestido salmón 
y su pequeña cintura.

Esta noche desespero 
al no recordar la voz de mi padre.



(De: "Mi pequeño acto privado"

-Barnacle, 2015)

Griselda García  (Buenos Aires, Argentina, 1979)