jueves, 2 de enero de 2014

EMPATÍA





















Muchas estrellas caían
en las noches desveladas
de Paso de la lana.
Caían a intervalos
imposibles de medir como sabemos.
Iban cayendo, sin embargo,
con la frecuencia exacta
para que pudiéramos pedir un deseo
y tuviéramos tiempo
para pensar en el siguiente.




Tata

Acercábamos las cáscaras
al fuego de las hornallas
y las apretábamos
para exprimirles
todo el aroma dorado
y todas las estrellas
anaranjadas posibles.




Entre líneas

Capas,
debajo de otras capas
de papel biblia.
Ruido de papeles que se rozan.
Capas infinitas,
superpuestas.
Hay una trama de finas líneas
imperfectas, horizontales
que hacen sombra unas sobre otras.
Podemos mover los sedimentos 
develar
buscar más abajo
adonde se concentra el color.
Dejar que cada hoja 
se vea a trasluz 
y que suene 
con el movimiento 
natural del viento
que recibe.




Desde el sur

Te creímos volver
cuando llegaste con las frutas
a la casa
que había estado triste.

El aroma de las manzanas
era decir fe o esperanza.

Hicimos brillar el rojo 
de cada una de las manzanas,
las envolvimos en papeles azules
translúcidos casi
y vendimos todos los cajones
que habías apilado.

Nada fue suficiente
para que quisieras quedarte.
Te fuiste distraído
silbando La Oma,
tirando para no aflojar.

La casa te miraba desde adentro
tibia de manzanas aún.




Cecilia Figueredo (Concordia, Entre Ríos, Argentina, 1976)