lunes, 9 de marzo de 2015

LA POLÍTICA DEL OTOÑO















(Haikus)


Sobre su cuerpo
es el sol quien escribe
líquidas letras.


¿Dónde mezclar
la pena y el poema
de las ciruelas?


El viento se
ilusiona con que
haya un descanso.


El tenue talle
tan rebelde se inclina
contra las brisas.


Los elementos
de la naturaleza
¿se poetizan?


No hojas secas
ni un papel a los vientos
apenas chispas.


La aparición 
de la luz nunca anuncia
su retirada.


Ya ni siquiera
la música mantiene
esos poemas.


Las madreselvas
no existen más que en tangos
y en ciertos hijos.


La brisa fresca
recuerda su cabello
mojado y suelto.


Paulina trae
en su bolso los vientos
de un mar austral-


Antipoemas
flotan en cotidianas
lagunas líricas.


Una pequeña
estrella desvaída
sobre la mesa.




POEMAS LUMBARES

4

Desde la ventana
se abre un corazón sentimental
hacia fuera y hacia dentro.

Las paredes del departamento
del que espera —al menos— un grito de los muebles
o canción del desayuno

deberían tener color especial, 
o ser de tela liviana que mostrara 
ese corazón anfibio

a piedras que de vez en cuando
el cíelo arroja.
El corazón respirará como mariposa

dispuesto al vuelo rasante 
sobre lugares comunes 
ametrallado por las piedras.



5

La cortina esconde el ámbar del sol
en día fresco,
tul sobre rostro del frío.

Mientras tanto en las islas
se disponen basiliscos
a pestañear los primeros edificios.

Esos, que han ganado el río 
dejando a los demás 
el mero atisbo.

Y mientras tanto alguien 
abre una carpeta en un sitio 
entre el poema y las cosas

y la cierra, para colocarse luego 
en ese arduo lugar 
entre el poema y el resto.



13

El analgésico y el alcohol 
pueden potenciar sus efectos 
como la madrugada

y elenco en retirada de la noche. 
Los fracasos del amor 
pueden tener efecto similar

y algo parecido suceder
con ladridos,
sirenas y el ruido de los autos,

todos juntos hasta creerse música 
de una película sin director 
o poema anónimo.

Y un buen verso resplandece 
junto a otro 
condenado al ruido.



Lisandro González


Lisandro González, nació en 1973. Reside en Rosario. Publicó los  poemarios: Esta música abanica cualquier corazón (1994); Leña del árbo erguido (2000); Hobbies de hotel (2004); Inervalo lúcido (2007), Los cauces vacíos (2011), La política del otoño (2013) y Poemas lumbares (2014). Colaboró en suplementos y revistas como Poesía de Rosario, Letracosmos y La Guacha, y participó en diversas antologías, entre ellas : 11 jóvenes poetas: homenaje a Edagar Bayley, Los que  siguen y Fin Zona Urbana.