sábado, 24 de julio de 2010

NIÑO QUE NOMBRA FLORES















Cuando las viejecillas, las comadres, se iban por el bosque,
yo era el héroe en la colina
bajo la claridad solar.

Los galgos de la muerte me temían.

Olor a hinojo silvestre,
tapanco de dulce fruta arriba entre las ramas
del ciruelo en flor.

Luego se me arroja
al terror de la infancia,
al espejo y las grasosas dagas,
el oscuro
montón de leña bajo las higueras
en la oscuridad.
Es sólo
la malicia de unas voces, el viejo horror,
nada,
padres que pelean,
algún borracho.

No sé cómo salimos adelante.
En esta mañana soleada
de mi vida adulta, observo
un durazno claro y puro
en una pintura de Georgia O'Keeffe.
Es la plenitud misma
de la luz. Un pinzón escarba entre las hojas
junto a mi puerta abierta.
Siempre lo hace.

Hace un momento me sentí tan mal
y tuve tanto frío
que apenas si me podía mover.




Robert Hass (E.E.U.U., California, 1941)


(Traducción de P. López Colomé)
CHILD NAMING FLOWERS

When old crones wandered in the woods,
I was the hero on the hill
in clear sunlight.

Death's hounds feared me.

Smell of wild fennel,
high loft of sweet fruit high in the branches
of the flowering plum.

Then I am cast down
into the terror of childhood,
into the mirror and the greasy knives,
the dark
woodpile under the fig trees
in the dark.
It is only
the malice of voices, the old horror
that is nothing, parents
quarreling, somebody
drunk.

I don't know how we survive it.
On this sunny morning
in my life as an adult, I am looking
at one clear pure peach
in a painting by Georgia O'Keeffe.
It is all the fullness that there is
in light. A towhee scratches in the leaves
outside my open door.
He always does.

A moment ago I felt so sick
and so cold
I could hardly move.