martes, 27 de julio de 2010

NOTA



Para los cazadores de lo maravilloso tengo muy pocas cosas

que dar. Yo no poseo magias. No envidio a los que
tienen una magia.
Tampoco me interesan los cristales cifrados
donde se transparenta el himno sucesivo que me plagian o plagio.
Me queda ese Brancusi de la pared manchada,
palabras que acuden cuando hablo,
neutras y desprovistas de ilusión.
Centellean no porque yo las pula con trapos de metal,
las encuentro a la diabla, entre las calles, tontas alegres como niños.





Heberto Padilla (Cuba, Puerta del Golpe, Pinar del Río, 1932- E.E.U.U., Alabama, 2000)