sábado, 13 de febrero de 2010

LOS POEMAS DEL MAR MUERTO

















Y yo viajaba ligero, descalzo sobre la roca,
y luego por tierras zurcidas
de manzanilla y bardana; o acaso

cadillo. Vivía de conducir
un torrente de cabras hacia las aguas claras,
cuando una de ellas se desprendió hacia una cueva

sobre los riscos. Para hacerla emerger hice
una honda con vendas de algodón
o acaso una sábana; tiré una piedra

hacia el blanco, y se oyó un estruendo;
un sonido que delataba objetos humanos.
En la cueva como un juego de bolos

se erguían doce urnas; y al ser abiertas
cada una resopló —un tanto teatralmente —
soltando un aliento a almizcle y a polen,

y al hurgar entre la arena fresca encontré
unos poemas escritos por mi propia mano.
Harto necesitado de ropa y comida, sin dinero,

me deshice de ellos por una bicoca;
pero esta primavera los he vuelto a ver,
expuestos al público e inalcanzables,

bajo rayos infrarrojos y ultrasonido,
y al parecer valuados en un dineral.
Ahora que sé el valor de mis primeras letras
he comenzado a tomármelo a pecho,
a llevarlo todo en la mente,
como plegarias que repito y repito,

por las noches; y canto toda mi obra
para mí mismo, cada página de esta inocente,
cotidiana versada, que comienza

con éste.



Simon Armitage (Islas Británicas,Huddersfield, West Yorkshire, 1963)


(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
THE DEAD SEA POEMS

And I was travelling lightly, barefoot
over faedrock, then through lands that were stitched
with breadplant and camomile. Or was it

burdock. For a living I was driving
a river of goats towards clean water,
when one of the herd cut loose to a cave

on the skyline. To flush it out, I shaped
a sling from a length of cotton bandage,
or was it a blanket, then launched a rock

at the target, which let out a racket
-the tell-tale sound of man-made objects.
Inside the cave like a set of skittles

stood a dozen caskets, and each one gasped -
a little theatrically perhaps —
when opened, then gave out a breath of musk

and pollen, and reaching down through cool sand
I found poems written in my own hand.
Being greatly in need of food and clothing,

and out of pocket, I let the lot go
for twelve times nothing, but saw them again
this spring, on public display, out of reach

under infra-red and ultra-sonic,
apparently worth an absolute packet.
Knowing now the price of my early art
I have gone some way towards taking it all
to heart, by bearing it all in mind, like
praying, saying it over and over

at night, by singing the whole of the work
to myself, every page of that innocent,
everyday, effortless verse, of which this

is the first.




IMAGEN: Biblioteca del autor.


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