sábado, 27 de febrero de 2010

CORRESPONSALES



El jueves cuando vengas tráeme una carta. Es nuestro

el lenguaje de las aves disecadas, de las tazas de té. No es nuestro
el lenguaje de los cuerpos. Mi esposo estará aquí.
Preguntaré por tu esposa al revolver su taza
con una cucharita, y mi mano no temblará.
Dame la carta cuando te recoja el sombrero. Habla
del frío que hace. Mi piel se incendia al verte.

Andamos por las ramas, chismeamos. Hornee este pastel y tú
lo comes. Las palabras vienen de ningún lado, se alejan
como el humo de su pipa. Bajo mi vestido mis pechos
se hinchan para tus labios. Mi vientre anhela ser aquietado
por tus manos morenas. Esta vida secreta es Gulliver
atado al piso por hilos de cumplidos. Sufro. Más tarde
tu carta se inflama en las brasas y se va.

Amada mía, imagina que estoy contigo... leo
tus oscuras palabras y hago conmigo cosas
que sólo puedes imaginar. Apenas me reconozco.
Tu suave y blanco cuerpo entre mis brazos... Besas
mi mano al despedirnos, haces una reverencia, la pasión
toda pacientemente contenida. A sus pies Señora. Ahora escribes
locas frases de amor. Las palabras se borran y un grito se me escapa.

Cuando volvamos a encontrarnos, en salón o jardín,
intercambiando cartas con cautela, nuestros ojos
atentos en el amor legal, imagíname aquí
en mi lecho matrimonial una hora después de tu partida.
He gritado tu nombre tantas veces en mi mente
hasta el punto al que me transporta tu ficción. He besado
tu dulce nombre en el papel, al arrodillarme junto a la chimenea.


Carol Ann Duffy (Escocia, Glasgow, 1955)

(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
CORRESPONDENTS

When you come on Thursday, bring me a letter. We have
the language of stuffed birds, teacups. We don't have
the language of bodies. My husband will be here.
I shall inquire after your wife, stirring his cup
with a thin spoon and my hand shall not tremble.
Give me the letter as I take your hat. Mention
the cold weather. My skin burns at the sight of you.

We skim the surface, gossip. I baked this cake and you
eat it. Words come from nowhere, drift off
like the smoke from his pipe. Beneath my dress, my breasts
swell for your lips, belly churns to be stilled
by your brown hands. This secret life is Gulliver,
held down by strings of pleasantries. I ache. Later
your letter flares up in the heat and is gone.

Dearest Beloved, pretend I am with you... I read
your dark words and do to myself things
you can only imagine. I hardly know myself.
Your soft, white body in my arms... When we part,
you kiss my hand, bow from the waist, all passion
patiently restrained. Your servant, Ma'am. Now you write
wild phrases of love. The words blur as I cry out once.

Next time we meet, in drawing-room or garden,
passing our letters cautiously between us, our eyes
fixed carefully on legal love, think of me here
on my marriage-bed an hour after you've left.
I have called your name over and over in my head
at the point your fiction brings me to. I have kissed
your sweet name on the paper as I knelt by the fire.


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